Guayana Esequiba: la geografía humana que reivindicamos
en justo derecho
Dr. Abraham Gómez R.
Miembro de la Academia Venezolana de la lengua
Asesor de la Fundación
Venezuela Esequiba
Miembro del Instituto
de Estudios Fronterizos de Venezuela
Coordinador de la
Comisión Proponente de la UNAFRONT
Por propia experiencia – producto de
mis visititas a la zona-- puedo mencionar que aflora una inmensa motivación por
parte de los Esequibanos que viven en esa parte de Venezuela con marcado
interés para intercambiar ideas, experiencias y conocimientos históricos con
nosotros.
Esos compatriotas tienen necesidad de
saber, en esencia, cómo se conformaron desde el punto de vista
político-administrativo.
Ellos desean concienciarse qué fue lo
que sucedió realmente.
Así entonces, con tales fines, nos
piden que les expliquemos en qué consiste un documento llamado “Laudo de París”
y otro denominado Acuerdo de Ginebra, el único con pleno vigor jurídico en esta
contención.
También hago expresa mención que los
Esequibanos que viven aquí, entre nosotros: en Tucupita, San Félix, Tumeremo, Ciudad
Bolívar, Puerto Ordaz, Barrancas del Orinoco etc. aún conservan algunas
tradiciones religiosas, medicinales; sus propias instrumentaciones en cuanto al
cultivo de la tierra y producción piscícola, sobre manufacturas en general; demuestran
eficiencia en las actividades gastronómicas. Poseen sus intrínsecas
metodologías y estrategias educativas.
Acaso no podemos nosotros aprovechar
esos conocimientos; al tiempo que, en tal dialógica de saberes, los Esequibanos
reciban las pertinentes asistencias para
que refuercen el carácter identitario de la venezolanidad; con la finalidad de
que ellos se conviertan en agentes transmisores y repliquen tales componentes
patrios hacia sus familiares, que aún viven en la Guayana Esequiba.
Hagamos propio y oportuno el conocido
Principio: “La identidad nacional no se impone ni se decreta, sino que se
construye y se constituye progresivamente”.
Este es el momento precisamente de
imbuirnos en estas específicas tareas de recíproco comportamiento e imbricación
humana.
Prestemos atención a lo que,
estratégicamente, han venido haciendo todos los gobiernos guyaneses, desde
Forbes Burnham hasta el actual Irfaan Ali.
En sus respectivas gestiones han
destinado presupuestos para acometer infraestructuras de escuelas, hospitales,
hoteles, balnearios, medios de comunicación audiovisuales, vías carreteras,
pistas de aterrizajes, puestos militares etc.; además, sensibilizan a niños y
jóvenes, con carácter recurrente, en
procesos de ideologización e identidad hacia esa nación.
Cantan el himno e izan la bandera
guyanesa en los planteles escolares y demás instituciones públicas.
Todas las fechas que ellos consideran
patrias le confieren particular reforzamiento.
Si antes, en condición de nación
pobrísima, se apoyaban en los aportes dadivosos suministrados por la
Commonwealth; desde hace cinco años para acá --con la Exxon a la cabeza de todo
este enjambre esquilmador-- no tienen reparos o limitaciones en los gastos e
inversiones oficiales; por cuanto, están percibiendo inmensos caudales de
recursos dinerarios producto de la ilegal explotación petrolera, maderera,
energética y minera, en el área en conflicto y en la proyección atlántica, sin
delimitar.
Cuando analizamos la Constitución de la
República Cooperativa de Guyana de 1980, nos conseguimos con la auto asignación
y la distribución político-territorial que ellos han establecido, precisamente
en la Guayana Esequiba, en flagrante violación del Acuerdo de Ginebra del 17 de
febrero de 1966; que determinantemente señala, en su artículo V, numeral (2):
“Ningún acto o actividad que se lleve a
cabo mientras se halle en vigencia este Acuerdo constituirá fundamento para
hacer valer, apoyar o negar una reclamación de soberanía territorial en los
Territorios de Venezuela o la Guayana Británica, ni para crear derechos de
soberanía en dichos territorios, excepto en cuanto tales actos o actividades
sean resultado de cualquier convenio logrado por la Comisión Mixta y aceptado
por escrito por el Gobierno de Venezuela y el Gobierno de Guyana. Ninguna nueva
reclamación o ampliación de una reclamación existente a soberanía territorial
en dichos Territorios será hecha valer mientras este Acuerdo esté en vigencia,
ni se hará valer reclamación alguna sino en la Comisión Mixta mientras tal
Comisión exista”.
Con la descarada entrega de
concesiones –inconsultas y unilaterales-- a las empresas transnacionales
pretenden, sibilinamente, “hacer valer o crear derechos de soberanía”.
En el concierto de las relaciones
internacionales, lamentablemente los países no tienen amigos sino intereses.
Lo estamos percibiendo, en los últimos años,
precisamente; porque esta zona está siendo considerada de un extraordinario
potencial por las reservas probadas y calidad de los recursos petrolíferos, la
ubicación geoestratégica y su proyección e interconexión con los países de
Suramérica.
Hay quienes se atreven a ser
explícitos en sus consideraciones – no exentas de polémicas—que las verdaderas
fronteras son políticas y económicas y no jurídicas.
La Guayana Esequiba constituye un territorio
con incalculables riquezas mineras, hídricas, forestales, energéticas,
edafológicas, agroindustrial, gasíferas, petroleras etc. Territorio muchísimo
más grande que algunos países europeos, asiáticos y centroamericanos. Con extraordinario potencial de desarrollo
sostenible.
Debemos reconocer que no sólo EE. UU
tiene las manos metidas allí, a través de la EXXON y la CGX; sino también está
operando la CNOOC de la China, la SHELL de Holanda, la ANADARKO de Canadá. Son
muchísimas que saben, por exploraciones científicas, lo que allí está en juego.
Según su Carta Magna, Guyana delimitó, toda la
extensión, correspondiente a nuestra Guayana Esequiba en las siguientes
regiones: 1.- Guainía-Barima; 2.-Poomeron-Supenam; 7.- Cuyuní-Mazaruni; 8.- Potaro-Siparuni;
9.- AltoTúkutu- Alto Esequibo.
En cada una de estas regiones eligen un
gobernador; que indistintamente del partido que sea PPP o del CNP, lo más
importante es que responda a la programación diseñada y ejecutada a partir de
directrices emanadas del nivel central; asegurando uniformidad de criterio para
la conservación identitaria en la zona.
Hasta donde la Fuerza de Defensa de
Guyana (GDF) nos permitió, recorrimos buena parte de esa inmensidad de
territorio, y nos conseguimos importantes ciudades, pueblos y asientos
demográficos de varios tipos y clases sociales; en cuyo registro censal, más
reciente, arroja una población que sobrepasa las 300.000 personas, incluyendo a
las etnias Waiwai, Makushi, Arawakos, Akawayos, Saraos, Patamonas, Caribes,
Waraos y Wapashi.
Siempre nos ha parecido que caen en
una seria contradicción quienes se dicen defensores de la Guayana Esequiba,
desde hace algunos meses para acá; sin embargo, nunca los escuchamos argumentar
razonada y propositivamente de la considerable población que ocupa esa
extensión territorial que nos fue arrebatado, vilmente, hace ya más de cien
años.
Agradezco, en lo personal, que nuestro trabajo
de indagación académica ha sido suficientemente ponderado y reconocido; lo cual
constituye honda satisfacción por una lucha sostenida sin actitudes
atrabiliarias o estrepitosas.
Requerimos juntar talentos y densidad en la
formación documental y doctrinaria para insistir en reclamar y defender en las
instancias a que haya lugar lo que por honor y justicia siempre ha sido
nuestro; que nos desgajaron, en un ardid tramposo; en una tratativa perversa
mediante añagazas jurídicas.