Guayana
Esequiba: Irfaan, ¿cuál es tu empeño en pretender torcer la realidad histórica?
Dr. Abraham Gómez R.
Miembro de la Academia
Venezolana de la Lengua
Asesor de la Fundación
Venezuela Esequiba
Miembro del Instituto de
Estudios Fronterizos de Venezuela (IDEFV)
Coordinador de la Comisión
Proponente de la UNAFRONT
Durante el acto de celebración de los 60 años de la
independencia de la República Cooperativa de Guyana, el discurso central
pronunciado, el 26 de mayo, por el
presidente Irfaan Ali nos lució temerario, imprudente y retaliativo; por
cuanto, se arroga - sin más- el área
controvertida; contención que se dirime
jurisdiccionalmente por ante la Corte Internacional de Justicia, en espera de
sentencia, conforme a las pruebas
consignadas por las partes desavenidas, en la fase de alegaciones en la primera semana del mes pasado.
En el citado evento, el
mandatario de la excolonia británica tuvo la osadía de pronunciar esta infeliz expresión:
“El Esequibo es de Guyana. Nunca ha sido
venezolano. Ni tampoco español. es y seguirá siendo guyanés”.
A tamaño atrevimiento nuestra Cancillería
le propinó, de inmediato, una contundente respuesta:
“La República Bolivariana
de Venezuela rechaza con absoluta firmeza las vergonzosas declaraciones del
presidente de Guyana, Irfaan Ali, emitidas desde la Embajada de Estados Unidos
en Georgetown, donde se presentó, no como jefe de Estado, sino como subordinado
político, rindiendo cuentas. Las declaraciones de Ali
«constituyen una falsificación de la verdad histórica y jurídica. La discusión
sobre la invalidez o validez del Laudo Arbitral de París de 1899, fue sepultada
por las partes al suscribirse el Acuerdo de Ginebra de 1966, entre Venezuela,
el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte y la entonces Guayana
Británica, hoy República Cooperativa de Guyana».
Nos causó estupefacción el sentido
e intencionalidad de las palabras dadas a la prensa internacional por parte del
presidente guyanés Mohamed Irfaan Ali.
Manifestaciones atrabiliarias,
que no parecen las de una persona que tiene la función de dirigir los destinos
de un país; por la cantidad de falacias y desvergüenzas que llevan incorporadas
los vocablos dichos, implícita y explícitamente.
Pretende torcer, con lo que
dice, la realidad de un hecho histórico que desborda su capacidad analítica y
que -sospechamos- domina escasamente el pensamiento crítico. Tal cual lo
percibimos.
Entonces, con las inocultables
características detectadas se ve obligado a apelar a mentiras indigeribles;
como, por ejemplo, señalar que:
“Venezuela busca apoderarse
de las dos terceras partes del territorio de la República Cooperativa de Guyana.
La posición de Georgetown se basa en el Laudo Arbitral de 1899 y reiteramos que
la defensa de la soberanía guyanesa continuará a través de los tribunales y la
diplomacia, jamás mediante la guerra”.
Así, además, en ese mismo tono
acusa a nuestro país de ser irrespetuoso del Derecho Internacional; de
desconocer las materias contempladas en la Carta de las Naciones Unidas; y nos
somete al escarnio por la supuesta violación del Acuerdo de Argyle, suscrito
bilateralmente, el 14 de diciembre del año 2023.
Cuando nos detenemos a tratar
de entender esa ristra contra nosotros, consideramos que – tal vez- lo más
protuberante y “lapidario” de lo que dijo el gobernante de la excolonia
británica, fue que: “su gobierno no tolerará anexión, incautación u
ocupación de ninguna parte de su geografía nacional”.
En consecuencia, frente a
tamaño ultraje nos vemos obligados a precisar – y poner en su sitio- esas
enormes distorsiones.
Comencemos. Lo único que
heredó Guyana del Reino Unido, una vez que alcanzó su independencia, el 26 de
mayo de 1966, era lo que el Imperio Inglés había adquirido de los Países Bajos,
en 1814, las colonias de Berbice y Demerara; mediante el conocido “Tratado
Anglo-Holandés”, cuyo territorio (aunque indefinido) no alcanzaba ni 60.000
km2. Nada más, sin lugar a dudas.; cuyo costado oeste llegaba (como
obligantemente tenía que ser) hasta la mitad del río Esequibo.
Por tal motivo, lo instamos
presidente Irfaan –conjuntamente con sus voceros principales que declaran para los
medios internacionales —a revisitar la exacta documentación que registra y da
cuenta de los mencionados acontecimientos; para que se evite inaceptables
deslices, impropios a su investidura.
Agrego más. Debe saber el Dr. Ali (en su condición de
egresado universitario, especializado en geografía e historia) que fue por
intermedio de una tratativa perversa, cargada de añagaza jurídica, cómo se
perpetró el vil arrebato que se le hizo a Venezuela de una séptima parte de
nuestra extensión territorial; acto viciado, desde sus orígenes, y que se quiso
“barnizar con legitimación astuta” sentenciando el denominado Laudo Arbitral de
París, el 3 de octubre de 1899.
Oprobioso fallo que entraña el
atropello que se nos causó, en colusión de los imperios de entonces; y que
hemos arrastrado, por consiguiente.
Ese precitado adefesio
jurídico comporta un documento nulo de nulidad absoluta que Venezuela nunca
convalidó y menos le confirió ejecutoria en 1905, con la tramposa demarcación
que han querido meter de contrabando en la Acción incoada contra nosotros en la
Sala Jurisdicente.
Ya lo hemos rebatido muchas
veces.
Tan descarada y bochornosa
resultó la decisión arbitral que tuvieron que suscribir y ratificar, el 17 de
febrero de 1966, el Acuerdo de Ginebra, donde reconocen las tropelías
cometidas; y a través de su contenido quedó rechazado e invalidado el “cacareado
laudo”, que han intentado “revivir” como causa de pedir por ante la Corte
Internacional de Justicia.
Ese laudo al no tener eficacia
jurídica ni ser oponible a nada es un fraude legal con todas sus letras.
El Acuerdo de Ginebra es –en
el presente—el único documento con pleno vigor jurídico donde se asienta esta
controversia, que mandata la búsqueda de una solución” práctica y
satisfactoria” para ambas partes, en un clima propicio de diálogo y
pacífico de mutuo entendimiento entre los concernidos.
Míster Irfaan lo invito a
revisitar reflexiva e investigativamente el Acuerdo de Ginebra para que logre
entender que en ninguna parte del escrito se le concede soberanía a su país
sobre la extensión territorial que por años habíamos denominado “Zona en Reclamación”.