lunes, 3 de agosto de 2026

 

Guayana Esequiba: esperamos restitución no por malcriadez diplomática ni por capricho

Dr. Abraham Gómez R.

Miembro de la Academia Venezolana de la Lengua

Asesor de la Fundación Venezuela Esequiba

Miembro del Instituto de Estudios Fronterizos de Venezuela

Coordinador de la Comisión Proponente de la UNAFRONT

 

A propósito del presente pleito centenario que sostenemos por el arrebato que nos perpetraron por el costado este de la geografía nacional; durante las últimas cuatro décadas he tenido la posibilidad de intercambiar opiniones con muchísimos sectores, sobre cómo nos correspondió encarar este caso litigioso, como Asunto de Estado. Por encima de actos de gobierno.

Ahora nos encontramos expectantes; por cuanto, para el próximo mes de noviembre la Corte Internacional de Justicia tendría bastante probabilidad de dictar sentencia definitiva en este juicio.

 

En distintos eventos desarrollados en varias universidades del país; o a través en los medios de comunicación social, en las plataformas digitales; en video-conferencias y actividades presenciales; asimismo, visitando los propios espacios fronterizos y por las redes sociales conseguimos y escuchamos de todo.

 

Me permito resumir, señaladamente, que hay un denso bastión de compatriotas que conforman una interesante masa crítica; quienes a cada instante afilan con osadía y   agudeza sus juicios al respecto y publican las propuestas que ellos consideran justas para resolver la controversia, en espera de la decisión sentencial.

 

Para que recibamos, en las próximas semanas, una plena y congruente restitución hemos sostenido reclamos insistentes, desde hace más de un siglo, los cuales jamás han estado anclados en una malcriadez diplomática o en algún capricho nacional y menos en empecinamientos injustificados.

Honor y gloria a los compatriotas que nos antecedieron en estas lides venezolanistas.

Siempre estuvimos dispuestos -previo a las respectivas comparecencias procesales en el citado Alto Tribunal- a repensar y a analizar (una y muchas veces) cómo   rediseñar las mejores estrategias a que hubo lugar para que la Corte admitiera los objetivos petitorios de reivindicación venezolanista.

 

No se trata de una simple ilusión; sino de una determinación histórica con fundamento; de lo cual se encuentra enterada la contraparte que, por supuesto, sabe que somos poseedores de los documentos que nos acreditan el dominio absoluto sobre la extensión territorial que han venido ocupando y usufructuando ilegal e ilegítimamente.

 

Aunque algunos sujetos internacionales y países (hasta ayer amigos de Venezuela) se pronuncien en respaldo a Guyana --por marcados intereses económicos, sin dudas-- nuestra contención siempre ha tenido suficiente asidero jurídico, cartográfico e histórico y la fortaleza moral de saber que no estamos cometiendo ningún acto de deshonestidad contra nadie.

Con todos los especialistas en esta contención --con quienes hemos intercambiado criterios de los probables acontecimientos subsiguientes-- coincidimos en señalar que hicimos muy bien con reflexionar “en frío” y haber asistido a todas las comparecencias procedimentales por ante la Corte.

Hubo necesidad de convencer a un reducido grupo de connacionales para que dejaran las actitudes retrecheras o soberbias.

Las comparecencias por parte de Venezuela han sido de muchísima categoría e importancia.

Sin nuestra presencia, el juicio iba a continuar (nunca se ha paralizado) conforme al artículo (53) del Estatuto del Ente Juzgador.

 

Ya en espera de la sentencia definitiva, los delegados del oficialismo, responsabilizados para este delicado caso litigioso, hoy más que nunca, deben obligarse (y abrirse) a consultar a expertos y estudiosos para concordar la más idónea y conveniente posición que asumirá el Estado, una vez que sea convocada la delegación venezolana para escuchar la audiencia del fallo. ¿Qué vamos a hacer a partir de tal evento?.

Veamos también lo siguiente. Cuando analizamos la Constitución de la República Cooperativa de Guyana de 1980, nos conseguimos con la auto asignación y la distribución político-territorial que ellos han establecido, precisamente en la Guayana Esequiba, en flagrante violación del Acuerdo de Ginebra del 17 de febrero de 1966; que determinantemente señala, en su artículo V, numeral (2):

 

 Ningún acto o actividad que se lleve a cabo mientras se halle en vigencia este Acuerdo constituirá fundamento para hacer valer, apoyar o negar una reclamación de soberanía territorial en los Territorios de Venezuela o la Guayana Británica, ni para crear derechos de soberanía en dichos territorios, excepto en cuanto tales actos o actividades sean resultado de cualquier convenio logrado por la Comisión Mixta y aceptado por escrito por el Gobierno de Venezuela y el Gobierno de Guyana. Ninguna nueva reclamación o ampliación de una reclamación existente a soberanía territorial en dichos Territorios será hecha valer mientras este Acuerdo esté en vigencia, ni se hará valer reclamación alguna sino en la Comisión Mixta mientras tal Comisión exista”.

 

Con la descarada entrega de concesiones –inconsultas y unilaterales-- a las empresas transnacionales pretenden, sibilinamente, “hacer valer o crear derechos de soberanía”.

 

La Guayana Esequiba constituye un territorio con incalculables riquezas mineras, hídricas, forestales, energéticas, edafológicas, agroindustriales, gasíferas, petroleras etc. Territorio muchísimo más grande que algunos países europeos, asiáticos y centroamericanos.  Con extraordinario potencial de desarrollo sostenible.

 

En el concierto de las relaciones internacionales, lamentablemente los países no tienen amigos sino intereses. Lo estamos percibiendo- mucho más-  en los últimos años, precisamente; porque esta zona está siendo considerada de un extraordinario potencial por las reservas probadas y calidad de los recursos petrolíferos, la ubicación geoestratégica y su proyección e interconexión con los países de Suramérica.

 

Hay quienes se atreven a ser explícitos en sus consideraciones – no exentas de polémicas—que las verdaderas fronteras son políticas y económicas y no jurídicas.

Hasta donde la Fuerza de Defensa de Guyana (GDF) nos permitió, recorrimos buena parte de esa inmensidad de territorio, y nos conseguimos importantes ciudades, pueblos y asientos demográficos de varios tipos y clases sociales; en cuyo registro censal, más reciente, arroja una población que sobrepasa las 300.000 personas, incluyendo a las etnias Waiwai, Makushi, Arawakos, Akawayos, Saraos, Patamonas, Caribes, Waraos y Wapashi.

 

Agradezco, en lo personal, que nuestro trabajo de indagación académica ha sido suficientemente ponderado y reconocido; lo cual constituye honda satisfacción por una lucha sostenida sin actitudes atrabiliarias o estrepitosas; por cuanto,  requerimos juntar  talentos y densidad en la formación documental y doctrinaria para insistir en reclamar y defender en las instancias a que haya lugar lo que por honor y justicia siempre ha sido nuestro; que nos desgajaron, en un ardid tramposo; en una tratativa perversa mediante añagazas jurídicas.

 

Por propia experiencia – producto de mis visititas a la zona-- puedo mencionar que aflora una inmensa motivación por parte de los Esequibanos --que viven en esa parte de Venezuela-- para intercambiar ideas, experiencias y conocimientos históricos con nosotros. Esos compatriotas tienen necesidad de saber, en esencia, cómo se conformaron desde el punto de vista político-administrativo. Ellos desean concienciarse qué fue lo que sucedió realmente. Así entonces, con tales fines, no piden que les expliquemos en qué consiste un documento llamado “Laudo de París” y otro denominado Acuerdo de Ginebra.

 

 

 

 

viernes, 31 de julio de 2026

 

  La dimensión arromanzada que construye nuestro Andrés Eloy

Dr. Abraham Gómez R.

Miembro de la Academia Venezolana de la Lengua

abrahamgom@gmail.com

 

Si usted dispone de tiempo, acepte nuestra invitación para releer el poema La Renuncia, cuya autoría corresponde al insigne bardo cumanés.

Le adelantamos que debe afinar, una vez más, su imaginación para ir desenhebrando tejidos desde sus hipérboles, símiles y metáforas, ingeniosamente construidas.

Mediante su acuciosa perspectiva se conseguirá en esa preciosa textualidad todo un caudal de ideas y sueños entrecruzados; plasmados en sus rimas consonantes y asonantes para armonizar y configurar belleza plena en las citadas figuras literarias; buscadas adrede con intención expletiva del poeta.

Deje a un costado cualquier prejuicio distractor que le pueda estorbar la necesaria mirada en esta relectura.

Preste atención al brillo y exquisitez que deslumbran al leer las siguientes evocaciones, que trasladan el sentido; trocando las palabras sin desdibujar el significado y orden:

“Proximidad de lejanía”, “Encinta de estrellas” y “desbaratando encajes regresaré hasta el hilo”.

Así también, haga lo posible por asir y develar el acuñamiento de las siguientes exageraciones retóricas, que nos entrega el poeta:

 Manos locas”, “Amorosos bríos” y “Cuántas veces el anhelo menguante pide un pedazo”.

Nuestro admirado Andrés Eloy, creador de palabras, apela a las comparaciones, seguro de reforzar en esos menesteres todo cuanto desea expresar.

Fíjese para que aprecie y valore la profundidad de las similitudes urdidas:

Como renuncia a Dios el delincuente”, “Como el marino que renuncia al faro” y “Como renuncia el loco a la palabra que su boca pronuncia”.

Cuando nos compenetramos, una y muchas veces, en la relectura de esta obra es cuando se hace posible pesquisar que el eje temático central está dirigido a dejar atrás, preteridamente, cualquier disposición de iluso crecimiento personal insustentable, inútil, vano.

El poeta exterioriza su insatisfecho mundo interior; el cual ha estado anhelante de realizaciones; además, ávido de vivencias y desatadas experiencias.

El poeta nos muestra una evolución personal; fruto de un amor perdido de una manera abrupta, dura, y que no acaba de aceptar.

No se habla del porqué se acabó el amor o cuáles fueron los motivos para la separación.

Lo que sí se extrae es que hay un dolor inmenso.

El poeta pone en claro que él prefiere, por sus propias ocultas motivaciones, regresar a lo cotidiano para reencontrarse, tal vez, en un “eterno retorno” con la mundanidad.

Volver a sus quehaceres de cada día, sin máximas aspiraciones por lo pronto, en su soñado engrandecimiento.

La Renuncia reúne las características de la composición poética denominada soneto; por cuanto, en sus ocho estrofas: siete cuartetos y un sexteto predominan versos de arte mayor, fundamentalmente endecasílabos, con algunas combinaciones métricas que le tributan esplendor y ahondamiento al poema.

Apreciamos, al interiorizarnos con la lectura comprensiva, una variante lírica en el contenido.

En honor a la verdad, más en su “trasfondo narrativo” que en su estructura formal.

Ese asomo lúdico que nos parece derivar hacia la composición lírica se logra percibir -de modo explícito- cuando el poeta sucrense transmite sus sentimientos, emociones, sensaciones y perspectivas circunscritas a sus subjetividades.

Entonces a partir del precioso híbrido del soneto y la lírica ha logrado un efecto unitario de cadencias reiterativas y acentuales que aspira la asimilación.

Ciertamente, el poeta a veces nos confunde en el texto.

 Aparece como una “silva arromanzada”; únicamente que no posee versificación de arte menor, lo cual es una notoria característica del movimiento regulado de la castellanización, en el Renacimiento, para este específico género literario.

La estructura métrica del poema posibilita su lectura con suficiente comodidad.

Elegante amalgama de versos endecasílabos, dodecasílabos, tridecasílabos y alejandrinos, repartidos en sus ocho estrofas, abundantes de sinalefas, sinéresis y diéresis, que para nada complejizan la interpretación y la comprensión.

En una especie de síntesis conclusiva, diremos que el protagonista del poema (tal vez, el mismo autor) sigue echando de menos a la amada y a todo lo que le hacía soñar cuando estaba con ella. Ahora es inaccesible algo que no se puede tocar, algo que está demasiado lejos; y él se ve a sí mismo como un espectador, como alguien que ha perdido su oportunidad y que cuando ha querido aferrarla, no tiene opción de conseguirlo.

Percibimos, casi que reiterativo, una búsqueda y una dejadez combinadas al unísono.

 Igualmente, una resignación.  Un cambio en el tono que podemos asociar a una aceptación de la situación.

 El hecho mismo de utilizar la palabra “serenamente”, nos indica la importancia de un nuevo camino en el poeta. Sin embargo, no es una aceptación llena de bondad.

Sigue habiendo resentimiento, que se transmite a través de las enumeraciones que va realizando mientras describe qué significa para él esa renuncia a ella.

 Lo hace desde el punto de vista de un observador que no tiene más remedio que aceptar la situación y que se siente derrotado, avergonzado, perdido, sin ningún punto de referencia, como tienen los barcos cuando observan la luz del faro.

¿Qué valoramos, realmente, en la última estrofa?

Yo voy hacia mi propio nivel. Ya estoy tranquilo.

Cuando renuncie a todo, seré mi propio dueño;

desbaratando encajes regresaré hasta el hilo.

La renuncia es el viaje de regreso del sueño”.

 

Es una resignación. Una renuncia, pero esta es completamente diferente. No es un ataque, es el darse cuenta de que no hay nada más que hacer y que la pérdida es algo que siempre irá acompañándonos en nuestro viaje.

viernes, 24 de julio de 2026

 

Guayana Esequiba: el recurso petrolero en la proyección atlántica nos pertenece

Dr. Abraham Gómez R.

Miembro de la Academia Venezolana de la Lengua

Asesor de la Fundación Venezuela Esequiba

Miembro del Instituto de Estudios Fronterizos de Venezuela

Coordinador de la Comisión Proponente de la UNAFRONT

 

A lo largo de nuestra historia contemporánea (con la “aparición” del petróleo, como recurso aprovechable) las iniciativas programáticas y todo cuanto se decidía (y se decide) emprender para el desarrollo de la Nación, quedaba (y queda) sujeto y condicionado a los ingresos financieros (divisas de todo tipo contante y sonante), como resultado del proceso de exportación de tal elemento fósil que nos prodigó la naturaleza.

 En estos momentos, estamos    bajo una confusa “tutela de administración dineraria” por parte de EE.UU.

 

Desde hace bastante tiempo, estamos pagando con creces (y con cruces) la crítica situación en la cual nos encontramos; por el hecho de haber escorado (y atado), prácticamente, la vida de nuestro país al petróleo, de manera casi absoluta.

 

Siguen siendo determinantes los ingresos relativos y contingenciales por concepto de venta del mencionado recurso, para casi todo como factor de renta.

 

Dicho de otro modo, hemos sido tan “estúpidos” que recostamos toda la estructuración de las Políticas Públicas y concretamente la economía de Venezuela casi plena y de manera ilimitada a los proventos petroleros.

Todo lo demás queda a las orillas y marginados; y con bastante opacidad en las cifras por concepto de recaudación impositiva.

No temamos hacernos una sincera autocrítica; porque, tal hecho cooperaría, en mucho, para las respectivas correcciones.

 

Una brevísima reseña histórica para ubicarnos en contexto.

Acaban de cumplirse 104 años del reventón en la hacienda Los Barrosos.

Para una mejor precisión sociohistórica, diremos que, en la madrugada del 14 de abril de 1922, los lugareños del pueblito La Rosa, cerca de la empobrecida Cabimas, estado Zulia, quedaron perplejos y sobresaltados; por cuanto, no comprendían lo que estaba sucediendo.

Al principio sintieron una especie de movimiento sísmico; luego, un estruendo.

 

Muchos vecinos llegaron a pensar que se trataba de un terremoto; sin embargo, ese grupo avecindado de pobladores fueron testigos de una “cosa rara” que brotó de las entrañas de la tierra, en los predios de Los Barrosos.

Apreciaron una lluvia negra, un betún (vocablo que después sería de uso común); pero al principio decían es “una agua negra y viscosa” que se eleva como un chorro a sesenta metros de altura.

 

Quienes hicieron las crónicas de tales acaecimientos relatan que los trabajadores de la Shell demoraron varios días en controlar con una válvula la potencia del incontenible líquido que cada vez brotaba con más fuerza.

 

Dicen que los dueños de la hacienda Los Barrosos estaban asombrados y recelosos; porque ese pozo estuvo arrojando unos 100 mil barriles diarios de crudo día y noche, que se terminaron desperdiciando, pero que sirvió para develar el tamaño del yacimiento y su importancia.

 

 Acontecimientos similares – en mayor o menor proporción-, y con otras circunstancias se suscitaron en varias regiones de Venezuela; con lo cual podemos enfatizar que a lo largo del siglo XX se fueron emprendiendo nuevos y precisos descubrimientos, exploraciones tecnificadas y sostenidas explotaciones que le confirieron a nuestra nación la merecida categoría de país petrolero y la ocasión de hacerse cofundadora de la OPEP.

 Nuestro acervo experiencial petrolero no comporta una improvisación.

 

Dejamos sentado ante el mundo que la condición y fortaleza de Venezuela de país petrolero no es un artificio de ayer para hoy; una sospechosa invención para coquetear con las transnacionales o una caricatura económica para justificarnos por el asunto litigioso que se dirime por ante la Corte Internacional de Justicia.

 

En nuestra asistencia a las universidades venezolanas y a algunas instituciones públicas y privadas para atender algunas invitaciones académicas, con la finalidad de dictar conferencias --cuyo eje temático estriba siempre sobre la Guayana Esequiba-- se nos pide una opinión objetiva, en cuanto a cómo es eso que Guyana nos puede llegar a superar en comercialización internacional de petróleo.

 

Las respuestas a tales interrogantes las hemos dado directas y contundentes, en estos términos: Guyana se ha burlado de Venezuela, de muchas maneras.

 

Guyana ha irrespetado el contenido esencial del Acuerdo de Ginebra de 1966, que limita y restringe a las partes en litigio por la “Zona en Reclamación” a atribuirse soberanía y/o explotar unilateralmente los recursos que en esa área se encuentran; y por supuesto en la riquísima proyección atlántica.

 Debe esperarse hasta que haya, en los próximos meses, una decisión sentencial del Ente Juzgador de la ONU.

 

No satisfechos con todo lo que han esquilmado hasta el presente en la Guayana Esequiba, luce vergonzosa la actitud de la excolonia británica estar promocionando nuevas concesiones petroleras para los próximos años, en lo que ellos han denominado “Proyecto Guyana a futuro”.

 

A propósito, en recientes declaraciones, Irfaan Ali, el presidente guyanés, expone:

 

 Están a subasta 14 bloques de petróleo en alta mar y que el Gobierno espera otorgar nuevos contratos para fines de año. La cuenca de Guyana es considerada la de más rápido crecimiento del mundo, con recursos estimados superiores a 25.000 millones de barriles de petróleo equivalente y una reserva estimada superior a 11.000 millones. Esta ronda de licitaciones permite al Gobierno de Guyana crear y administrar un marco fiscal y regulatorio mejorado. Lo que buscamos hacer es tener el mejor resultado posible para Guyana, dadas las lecciones que hemos aprendido. Hasta ahora, un consorcio de empresas: Exxon, Hess y CNOOC son los desarrolladores de un bloque gigante llamado Stabroek en la costa de Guyana. Buscamos un equilibrio para garantizar que el país obtenga el mejor trato posible en términos de ingresos y, al mismo tiempo, no asustar a los inversores”.

 

 Hemos reiterado a todo evento y tiempo que esos incalculables recursos nunca han sido ni británicos ni guyaneses.

 Esos recursos se ubican en la proyección atlántica de la Guayana Esequiba, inclusive en el frente marítimo del Delta del Orinoco, que no se encuentra incluido en la controversia.

 

Tenemos una justa reclamación centenaria, que ahora se dirime en la Corte Internacional de Justicia; aguardando por un fallo congruente en pleno derecho, con base en las irrebatibles pruebas que consignamos en los distintos trayectos procesales a los cuales asistimos responsablemente.

 

Estamos convencidos que tenemos todas las de ganar en la citada Sala Sentenciadora, siempre y cuando la resolución a este pleito sea justo.

Estamos apertrechados de suficientes fundamentos probatorios de que la Guayana Esequiba es nuestra jurídica, cartográfica e históricamente.

En la proyección atlántica que genera la zona controvertida, ha habido una ocupación abusiva de las transnacionales a partir de concesiones fraudulentas e ilegales que han venido recibiendo de los gobiernos guyaneses; como las que se pretenden seguir entregando; todas impregnadas de añagaza económica.

Guyana no es un país petrolero. Esos recursos no le pertenecen.

 

viernes, 17 de julio de 2026

 

                            “Únicamente haciendo se puede aprender a hacer”

Dr. Abraham Gómez R.

Miembro de la Academia Venezolana de la Lengua

abrahamgom@gmail.com

 

Habiendo nacido en un pueblito nombrado El Toro, jurisdicción del municipio “Antonio Díaz” del estado Delta Amacuro, Venezuela, el 24 de diciembre de 1921, nuestro ilustre educador, Dr. Félix Adam, luchó con dedicación y esfuerzos titánicos para fracturar la voracidad de tal “genética social” para que el medio rural-indígena no lo absorbiera.

Logra proyectarse en el mundo en razón de sus aquilatados conocimientos.

Creador internacional de la Andragogía; en tanto   ciencia de enseñanza-aprendizaje para adultos.

 

Un excepcional y admirado maestro de escuela, de comienzos del siglo XX, en esta apartada porción geográfica venezolana; tan preterido por los decisores de las políticas públicas.

 

El maestro Adam era fogoso en el discurso. Denso y brillante en su cultivado léxico, y severamente crítico para lograr que las cosas y las causas se dieran con justicia y eficiencia.

 

Fue el gran promotor de “hacer y no decir”.

 

La acción siempre lo llevó al hecho; y esto me hace recordar que los filósofos orientales hablan de la acción continua; del hacer en el instante presente.

 

Aún recuerdo con suficiente emoción que más de una vez, cuando me asesoraba para la creación del Instituto Tecnológico para esta región, me dijo:

 Lo que importa es lo que hacemos con la conciencia lúcida y los cambios que permanentemente se están ejecutando alrededor de uno; porque cada instante es único e irrepetible”.

 

Cuántas veces el docente puede ahorrarle al estudiante, de cualquier grupo etario, años de sufrimiento y frustración sólo con una palabra amable, un gesto de identificación, la ubicación en su mismo plano de aprendizaje.

Aludía, discursivamente, a cada instante y en muchas partes:

“Un educador con la autoestima baja, poco remunerado, como el nuestro, tanto en dinero como aliciente vocacional, jamás podrá dar a los otros lo que él mismo está necesitando, como el aire que respira”.

Al respecto, Adam inducía a la participación comprometida socialmente, fundamentada en el estudio, al análisis crítico de cualquier problemática.

 

En bastantes ocasiones, cuando provocaba los encuentros e intercambio de saberes en Tucupita y otras ciudades el maestro Adam asumía una extraordinaria actitud incitativa hacia nosotros; quienes éramos, para entonces, cursantes de la maestría en Andragogía, hace ya muchos años; de lo cual estamos infinita y eternamente agradecidos.

 

Nos señalaba, con suficiente determinación, que:

 No habrá excusa que valga para, quienes somos hechuras y estamos comprometidos con la academia. Sería imperdonable si    pretendiéramos escurrir el obligado debate y la plural confrontación que explore nuevos horizontes y despliegue múltiples miradas por el futuro de la educación en Venezuela”.

 

 Nos increpaba de este modo: “Tienen que atreverse o se apartan. Porque definitivamente es un atrevimiento teñido de audacia que escrutemos a la educación desde sus interioridades. Eso es lo hermoso, aunque produzca vértigos”.

 

Quiénes más sino nosotros, en sentido genérico para reconocer, luego del diagnóstico más descarnado,  que la educación nuestra, en sus distintos niveles y modalidades  ha devenido en  una estructura ambigua, que poco o nada ha hecho para ir adaptando sus mecanismos  y procedimientos conforme a  las exigencias de los tiempos actuales; con lo cual admitimos que las realidades externas llevan un ritmo de aceleración superior, en todo, valga decir hasta para la construcción de conocimientos, menos para propender a la Sociedad de la creatividad y la innovación.

 

Una de las premisas que hemos sostenido quienes abrigamos, por razón y emoción, a la Andragogía (hechura teórica y doctrinal del doctor Adam, en el mundo entero) viene dada en que no basta enseñar, aunque sea rápidamente, hay que hacerlo también sólidamente. Con emoción y amorosidad.

 

El maestro Adam insistía en que, en vez de recurrir, casi sin escapatoria, a los “libros muertos”, debemos ser más creativos.

 A los niños, jóvenes y adultos deben presentárseles las vivencias.

 

El maestro Adam lo expuso, en diversos escenarios académicos:

 Sólo haciendo se puede aprender a hacer. En vez de palabras: sombras de las cosas, lo que hace falta en las escuelas es el conocimiento de las cosas mismas”.

 

Nos indicaba, de modo reiterado, que la educación primero pedagógica y luego andragógica transcurre toda la vida, en sus diversas etapas; porque siempre estamos aprendiendo.

La educación andragógica – que constituyó su hija predilecta-- se desarrolla a través de una praxis fundamentada en los principios de participación y horizontalidad, con carácter sinérgico, para que se incremente el pensamiento, la autogestión, la calidad de vida y la creatividad del participante adulto.

 

Maestro por vocación y empeñoso realizador de sus grandes ideales dejó huellas profundas en todas las actividades que le correspondió desempeñar.

 

Fue un hombre que amó la naturaleza y nunca olvidó su origen, ni a “la tierra de las aguas” donde nació.

 

Me manifestaba que sentía la pobreza, la miseria, la desnutrición, las enfermedades, el dolor del pueblo, la mirada de desesperanza campesina, y que por eso aceptó el reto de ser educador.

 Un verdadero Maestro, en la proyección inextinguible de esta palabra; que en todos los idiomas del mundo sirve para eternizar la sabiduría y la dignidad del ser humano sobre la tierra.

viernes, 10 de julio de 2026

 

Guayana Esequiba: nuestra herencia histórica sin palabras embadurnadas

 Dr. Abraham Gómez R.

Miembro de la Academia Venezolana de la Lengua

Asesor de la Fundación Venezuela Esequiba

Miembro del Instituto de Estudios Fronterizos de Venezuela

Coordinador de la Comisión proponente de la UNAFRONT

 

En algunas ocasiones, se hace menos pronunciable el discurso socio-político mundial dominante.

En el escenario internacional, aunque resulte extraño, prevalece un clima que lo enreda todo.

Las palabras comunes con las que quisiéramos (y debemos) intentar definir las cosas, o por lo menos irlas llamando por sus nombres, se han vuelto extrañas.

Los códigos lingüísticos han variado y corren a contrapelo de la realidad.

 

Acaso no nos ha sucedido que no obstante teniendo lo perceptible muy cerca de nosotros como para juzgarlo, la retórica de las naciones con pretensión se superpotencias tuercen los significados y te los hace saber distintos.

Obviamente, que subyace un marcado (e indisimulado) interés en tal discurso manipulado; sobre todo pronunciado en las destacas convenciones y alianzas de países, con aspiraciones de dominar y repartirse el mundo.

 

Por eso los enunciados, contenidos en sendos comunicados, en su mayoría son falsos.

Dígame cuando enarbolan las banderas de la paz, la reconciliación y solidaridad entre naciones hermanas.

 

Nos queda la sensación de que hay que aprender de nuevo a pensar y a escribir.

 Pareciera que “las respuestas no siguen a las preguntas, el saber no sigue a la duda y las soluciones no siguen a los problemas” (Larrosa, dixit).

 

 El uso indiscriminado de los vocablos no sería tan grave si éstos no fueran instrumentos para llegar a conocer, analizar e interpretar la realidad.

No surtirían tanta preocupación si todo se quedara en palabras vacías, sin intencionalidad; pero la mayoría de las veces van más allá. Hacia posibles daños perpetrados contra otros Estados.

 

Resulta que los enunciados y sus significados en voz de las potencias imperiales son senderos abiertos para explorar, conocer e intentar someter al mundo.

Prestemos también atención a lo siguiente.

De todos es bastante conocido que cada término tiene un curioso origen; y algunas veces, de modo arbitrario, un inmenso caudal de relatos adquiere cierta síntesis en un único étimo.

Así también decimos que una palabra embadurnada, para que diga lo que no le corresponde, nos lleva por un camino oculto o riesgoso.

Constituye una vergonzosa temeridad señalar en el escrito de demanda que nos hizo la excolonia británica, en el año 2018, ante la Corte Internacional de Justicia que Venezuela había aceptado pasivamente, durante 60 años que la zona disputada era una herencia del Reino Unido hacia Guyana.

La descripción anterior viene a cuento porque escuchamos en disímiles escenarios internacionales que ellos se encuentran en una interesante etapa de emancipación.

Que es como decir. Hay una acción para quedar liberados de un poder o procurarse independencia frente a algo.

Vamos a detenernos a escrutar en  lo sucesivo al término mancipium que es un legado idiomático procedente del latín.

Mancipium define toda cosa tomada, agarrada de la mano. Sostenida con fuerza; ejerciendo sobre ella cualquier símbolo que represente autoridad.

No es necesario profundizar en discusiones intelectuales o académicas de alto nivel para percatarnos que las decisiones que se vienen dando en los últimos años en la República Cooperativa de Guyana a lo que menos apunta, precisamente, es a una emancipación. A desplazar hacia fuera, a desligarse de las estructuras poderosas en las que siempre han permanecido atrapados; que les imponen sus designios, ajenos a su propia identidad.

Precisamente, esas empresas transnacionales les han impuesto un enmascaramiento histórico-jurídico para una extensión territorial que nunca les ha pertenecido.

Frente al arrebato que nos perpetraron, destacamos el hecho de que nuestra cultura socio-política, siempre ha asumido una impronta civilista, que es un irreductible sustrato de paz.

 

En ningún momento, ni bajo las circunstancias que se habrían dado, nuestro país merecía la demanda unilateral accionada contra Venezuela por la República Cooperativa de Guyana.

 

Sobran razones para aducir que hubo demasiada ingratitud en el comportamiento de quienes ahora asumieron la condición de contraparte en este proceso litigioso que ellos trabaron, por ante la Corte Internacional de Justicia. Sala que se encuentra preparando la sentencia definitiva del juicio.

La ligazón oportunista y juego de intereses dinerarios con las empresas transnacionales obnubiló la perspectiva histórica a la dirigencia guyanesa; y les provocó “amnesia selectiva” que les impidió (antes de cometer el hecho jurídico, arriba mencionado) asumir a conciencia que fuimos nosotros los primeros en reconocerlos como nuevo Estado naciente en la comunidad internacional; exactamente, el mismo día que alcanzaron su independencia del Reino Unido, el 26 de mayo de 1966.

 

Desmemoria inoculada, a petición y complacencia de las aprovechadoras compañías de turno, esquilmadoras de nuestros recursos; de las cuales jamás se han emancipado

 

Agreguemos, también, que cuando el militarote Forbes Burnham, decidió hacerse dictador e inició de inmediato una implacable persecución contra la población civil que se oponía a sus desmanes, fuimos nosotros en Venezuela que albergamos, protegimos y prohijamos a quienes se vieron obligados – por los terribles actos inhumanos cometidos-a abandonar la llamada para entonces “zona en reclamación”.

 

En los peores y más aciagos eventos económicos por los que atravesó la nación vecina (que nos confronta) nosotros dispusimos de la ayuda suficiente y a tiempo para socorrerlos, para que solventaran la crisis que los golpeaba duro y recurrentemente.

 

Recibieron de nosotros un trato preferencial en el proceso de compra-venta de petróleo y bastantes otros rubros, con lo cual aliviaban su calamidad, de entonces.

 

Venezuela les permitió ingresar a la Organización de Estados Americanos; a pesar de que la carta de OEA los limitaba; porque había un diferendo por extensión territorial que aún no se había definido.

 

Al crearse Petrocaribe (por expresa iniciativa de nuestro país), las demás naciones integrantes aguardaron por la opinión de Venezuela para ver si permitía el ingreso o no de Guyana en esta corporación.

 

 Venezuela jamás objetó su incorporación; y les ofreció recursos energéticos con amplias y cómodas posibilidades de cancelación.

 

 

 

Para el confraterno pueblo guyanés --con tantas desdichas insoportables y padecimientos, arriba citadas-- Venezuela  había sido para ellos, hasta el 2015, un elogiable destino.

Hemos sido respetuosos (hasta lo indecible) del Acuerdo de Ginebra de 1966; que en ninguna parte le reconoce soberanía a Guyana en el espacio controvertido; pero que, sin embargo, observamos con paciencia la instalación de compañías ilegalmente autorizadas por los gobiernos guyaneses.

 

 

jueves, 2 de julio de 2026

 

Guayana Esequiba: procuramos la restitución sin malcriadez diplomática

Dr. Abraham Gómez R.

Miembro de la Academia Venezolana de la Lengua

Asesor de la Fundación Venezuela Esequiba

Miembro de la Comisión de Estudios Fronterizos de Venezuela

Coordinador de la Comisión Proponente de la UNAFRONT

 

En este asunto litigioso hemos estado claros y conscientes que no se trata de una simple ilusión; sino de una determinación histórica con fundamento; de lo cual se encuentra enterada la contraparte que, por supuesto, sabe que somos poseedores de los irrebatibles documentos que nos acreditan el dominio (derecho real y absoluto de propiedad) sobre la extensión territorial que han venido ocupando y usufructuando ilegal e ilegítimamente.

Aunque algunos sujetos internacionales y países (hasta ayer amigos de Venezuela) se pronuncien en respaldo a Guyana --por marcados intereses económicos, sin dudas-- nuestra contención siempre ha tenido suficiente asidero jurídico, cartográfico e histórico y la fortaleza moral de saber que no estamos cometiendo ningún acto de deshonestidad contra nadie.

Si antes, en condición de nación pobrísima, Guyana se apoyaba en los aportes dadivosos suministrados por la Commonwealth y la Caricom; desde hace cinco años para acá --con la Exxon a la cabeza de todo este enjambre esquilmador-- no tienen reparos o limitaciones en los gastos e inversiones oficiales; por cuanto, están percibiendo inmensos caudales de recursos dinerarios producto de la ilegal explotación petrolera, maderera, agroindustrial, energética, pesquera  y minera en el área conflictuada y en la proyección atlántica, aún por  delimitar.

Los reclamos de restitución que hemos sostenido, desde hace más de un siglo, no están anclados en una malcriadez diplomática o en algún capricho nacional y menos en empecinamientos injustificados.

Estamos obligados y dispuestos –razonablemente— a repensar, analizar (una y muchas veces) y a practicar las mejores estrategias a que haya lugar para que se cumplan los objetivos de reivindicación venezolanista. Restitución que estamos procurando mediante una congruente sentencia por parte de la Corte Internacional de Justicia; esperada para los próximos meses.

Como se sabe hay algunos hechos ya adelantados (que auguramos surtan efectos); vale decir, la fase postulatoria, la consignación del memorial de contestación de la demanda, el desahogo de pruebas y las alegaciones orales.

No obstante, en la alforja todavía poseemos documentos jurídicamente concretos, que no tenemos porqué eludirlos, de llegarse al caso.

La delegación venezolana que ha comparecido ante la Corte – a todos los trayectos, procesales precitados- lo hizo con todo el derecho, en nombre de nuestro Estado.

En cualesquiera de esas ocasiones pudimos haber incoado una demanda o instaurar un juicio en paralelo contra quien nos ha demandado. Todo, relacionadamente, en el mismo proceso.

Sin ningún tipo de arrogancia, si nos lo hubiéramos propuesto cabía –perfectamente- una acción jurisdiccional reconvencional; porque estaban dadas las condiciones de conexidad entre nuestras pretensiones en nueva litis y las que ya habían sido identificadas objeto de la demanda principal, introducidas y ratificadas por la contraparte.

La Sala, que tramita en juicio el fondo de la controversia, hubiera pasado a conocer también – por economía procesal—nuestra causa petendi en reconvención (con signo diferente, ampliadas e incontrovertibles) cuya finalidad procuramos que concluya, pronto y definitivamente, con resolución congruente, donde se haga justicia a nuestro país.

Con todos los especialistas en esta contención --con quienes hemos intercambiado criterios de los probables acontecimientos subsiguientes-- coincidimos en señalar que hay que reflexionar que estamos en presencia de un Asunto de Estado.

Hay que dejarse de “actitudes retrecheras o soberbias”.

Los delegados del oficialismo venezolano, responsabilizados para este delicado caso litigioso, hoy más que nunca, deben obligarse (y abrirse) a consultar a expertos y estudiosos para concordar la más idónea y conveniente posición que tiene que seguir asumiendo el Estado venezolano.

En espera del fallo del Cuerpo Jurisdicente, ratificamos que es factible jugar, simultáneamente, en tres tableros.

1.- Pendientes para dar respuestas oportunas y contundes, por las incursiones armadas en nuestra extensión atlántica. 2.- Insistir en una salida conversacional directa con la contraparte (privilegiando lo transigible y conciliable). 3.- Prepararnos con nuestros irrebatibles Justos Títulos traslaticios, para cuando se produzca la sentencia.  

Nos preguntan que si ese cuadro, con tres vertientes, es factible, al mismo tiempo.

Claro que lo podemos hacer.

Guyana con la descarada entrega de concesiones –inconsultas y unilaterales-- a las empresas transnacionales pretende, sibilinamente, “hacer valer o crear derechos de soberanía”.

Lamentablemente, en el concierto de las relaciones internacionales, los países no tienen amigos sino intereses.

Tal aseveración, la estamos percibiendo, en los últimos años, precisamente; porque esta zona está siendo considerada de un extraordinario potencial por las reservas probadas y calidad de los recursos petrolíferos, la ubicación geoestratégica y su proyección e interconexión con los países de Suramérica.

Respetamos a quienes se atreven a ser explícitos en sus consideraciones – no exentas de polémicas— al señalar que las verdaderas fronteras son políticas y económicas y no jurídicas.

 

 

viernes, 26 de junio de 2026

 

Guayana Esequiba: se sienten envalentonados y soberbios

 Dr. Abraham Gómez R.

Miembro de la Academia Venezolana de la Lengua

Asesor de la Fundación Venezuela Esequiba

 Miembro del Instituto de Estudios Fronterizos de Venezuela

 Coordinador de la Comisión Proponente de la UNAFRONT

 

Admitamos, de entrada y sin lugar a elucubraciones, que tenemos una seria amenaza en ciernes.

Sin embargo, nos mantenemos anclados, procesalmente, en todo nuestro irrefragable acervo de probanza que hemos consignado en las distintas audiencias por ante la Corte Internacional de Justicia.

Los honorables magistrados saben que acaudalamos los elementos de convicción; así también, la contraparte está consciente que es muy difícil que la excolonia británica pueda salir favorecida, en este juicio que ellos accionaron, de manera unilateral,

 

Recordemos que el Alto Tribunal de La Haya se autoconfirió jurisdicción y competencia, el día 20 de diciembre de 2020, para conocer forma y fondo sobre el caso confrontado entre Venezuela y Guyana.

Nos lució (aunque se halle contemplado en el artículo 36 de su Estatuto) una determinación escabrosa y rara:

 La competencia de la Corte se extiende a todos los litigios que las partes le sometan y a todos los asuntos especialmente previstos en la Carta de las Naciones Unidas o en los tratados y convenciones vigentes.

Los Estados partes en el presente Estatuto podrán declarar en cualquier momento que reconocen como obligatoria ipso facto y sin convenio especial, respecto a cualquier otro Estado que acepte la misma obligación…. en caso de disputa en cuanto a si la Corte tiene o no jurisdicción, la Corte decidirá”.

Y, como lo hemos leído, la Corte ya decidió.

 

En la citada ocasión nos propusimos contactar a nuestros amigos Esequibistas, para comparar opiniones y conjeturas.

Esequibistas que hemos defendido (desde hace muchísimos años) esa extensión territorial que nos arrebataron con vileza.

 Esequibistas que hemos recorrido casi todas las universidades del país; que publicamos – recurrentemente- y a través de los medios y las plataformas digitales para concienciar en cuanto a la restitución que nos merecemos histórica y jurídicamente.

Establecimos comunicación, además, con estudiosos de los vericuetos y de los otros caminos estrechos y difíciles de transitar en el Derecho Internacional Público.

Lo hicimos adrede para saber si tenemos puntos de coincidencias, en nuestros respectivos análisis, sobre lo que decidió la Corte, con base a la contención centenaria.

Sin lugar a dudas que Guyana aguardó la ocasión, casi como una emboscada jurídica, para demandar a Venezuela en ese Ente Jurisdicente; yéndose, directamente al “arreglo judicial”, como una solución –no precisamente la inmediata—que contempla el artículo (33) de la Carta de las Naciones Unidas.

Había un espectro de opciones de solución, previamente a habilitar la vía jurisdiccional.

Ellos nunca han querido la negociación directa, la conciliación o la mediación; atendiendo el Acuerdo de Ginebra, del 17 de febrero de 1966, único documento válido, con pleno vigor jurídico; al cual estamos obligados a someternos para dirimir esta controversia.

 

Con todo lo que se puedo evitar; asumimos, con responsabilidad e inteligencia, que si ya el litigio tomó el rumbo y calificación que la propia Corte le confirió; qué nos quedaba entonces, sino   apertrecharnos con los recursos irrebatibles que nos asisten; digamos, con los Justos Títulos que poseemos; que no admiten pruebas en contrario (iuris et de iure); para exponerlos y defendernos con justeza, en los distintos trayectos procesales, a cuyas audiencias nos hemos hecho presentes.

 

Concordante a este asunto, desde siempre, escuchamos y prestamos atención, con detenimiento, todas las intervenciones del presidente guyanés Irfaan Ali, donde rechaza el reclamo justo que hace Venezuela sobre lo que nos despedazaron con añagaza (159.500 km2).

 

Cada vez que el Dr. Ali se dirige a la prensa guyanesa o a través de los medios internacionales lo hace con los términos más desconsiderados y temerarios hacia nosotros.

Además, continúa entregando concesiones –a diestra y siniestra—en la zona disputada, a empresas transnacionales.

 

En cada discurso, percibo al primer mandatario de la excolonia británica engreído y prepotente; inclusive asoma la posibilidad de esperar una sentencia definitiva, presuntamente favorable para ellos, por parte de la Corte Internacional de Justicia.

 

El actual gobierno guyanés se siente convencido y especula que la Sala Juzgadora garantizará como válido y vinculante (y con la condición de res judicata) la nula e írrita tratativa tramposa – el “laudo”- que nos despojó de una séptima parte de nuestra geografía venezolana.

 

Que quede claro que no estamos rehuyendo la confrontación jurídica; por cuanto, poseemos los Justos Títulos traslaticios, que confieren carácter posesorio sobre la disputada área y su proyección atlántica, desde el 8 de septiembre de 1777, con la Cédula Real de Carlos III, al crearse la Capitanía General de Venezuela; donde quedaron integradas las provincias de Caracas, Maracaibo, Nueva Andalucía (Cumaná), Guayana hasta el río Esequibo, Margarita y Trinidad.

 

Nacimos al mundo como Capitanía General de Venezuela, teniendo al río Esequibo como nuestro costado limítrofe por el este; ratificado con el Tratado de “Paz y Amistad” suscrito entre España y Venezuela, el 30 de marzo de 1845, cuando nos concede la independencia y reconoce el río Esequibo como el límite este de la naciente República venezolana.

Nada de quedarnos callados, inanimados o inertes; porque sabemos que el juicio – ya emprendido—no se ha detenido ni se paralizará, por ausencia de la delegación de Venezuela.

 

Que quede claro, también, que no hemos despojado nada a ningún país, ni pretendemos hacerlo. Fue a nuestra Nación a la que se le perpetró, con alevosía, un vulgar desgajamiento.