Guayana
Esequiba: nuestra herencia histórica sin palabras embadurnadas
Dr. Abraham Gómez R.
Miembro de la Academia Venezolana de la Lengua
Asesor de la Fundación Venezuela Esequiba
Miembro del Instituto de Estudios Fronterizos de Venezuela
Coordinador de la Comisión proponente de la UNAFRONT
En algunas ocasiones, se hace menos
pronunciable el discurso socio-político mundial dominante.
En el escenario internacional, aunque
resulte extraño, prevalece un clima que lo enreda todo.
Las palabras comunes con las que
quisiéramos (y debemos) intentar definir las cosas, o por lo menos irlas
llamando por sus nombres, se han vuelto extrañas.
Los códigos lingüísticos han variado
y corren a contrapelo de la realidad.
Acaso no nos ha sucedido que no
obstante teniendo lo perceptible muy cerca de nosotros como para juzgarlo, la
retórica de las naciones con pretensión se superpotencias tuercen los
significados y te los hace saber distintos.
Obviamente, que subyace un marcado (e
indisimulado) interés en tal discurso manipulado; sobre todo pronunciado en las
destacas convenciones y alianzas de países, con aspiraciones de dominar y
repartirse el mundo.
Por eso los enunciados, contenidos en
sendos comunicados, en su mayoría son falsos.
Dígame cuando enarbolan las banderas
de la paz, la reconciliación y solidaridad entre naciones hermanas.
Nos queda la sensación de que hay que
aprender de nuevo a pensar y a escribir.
Pareciera que “las respuestas no siguen a
las preguntas, el saber no sigue a la duda y las soluciones no siguen a los
problemas” (Larrosa, dixit).
El uso indiscriminado de los vocablos no sería
tan grave si éstos no fueran instrumentos para llegar a conocer, analizar e
interpretar la realidad.
No surtirían tanta preocupación si
todo se quedara en palabras vacías, sin intencionalidad; pero la mayoría de las
veces van más allá. Hacia posibles daños perpetrados contra otros Estados.
Resulta que los enunciados y sus significados
en voz de las potencias imperiales son senderos abiertos para explorar, conocer
e intentar someter al mundo.
Prestemos también atención a lo
siguiente.
De todos es bastante conocido que
cada término tiene un curioso origen; y algunas veces, de modo arbitrario, un
inmenso caudal de relatos adquiere cierta síntesis en un único étimo.
Así también decimos que una palabra
embadurnada, para que diga lo que no le corresponde, nos lleva por un camino
oculto o riesgoso.
Constituye una vergonzosa temeridad
señalar en el escrito de demanda que nos hizo la excolonia británica, en el año
2018, ante la Corte Internacional de Justicia que Venezuela había aceptado
pasivamente, durante 60 años que la zona disputada era una herencia del Reino
Unido hacia Guyana.
La descripción anterior viene a
cuento porque escuchamos en disímiles escenarios internacionales que ellos se encuentran
en una interesante etapa de emancipación.
Que es como decir. Hay una acción
para quedar liberados de un poder o procurarse independencia frente a algo.
Vamos a detenernos a escrutar en lo sucesivo al término mancipium que
es un legado idiomático procedente del latín.
Mancipium define toda cosa tomada, agarrada de
la mano. Sostenida con fuerza; ejerciendo sobre ella cualquier símbolo que
represente autoridad.
No es necesario profundizar en
discusiones intelectuales o académicas de alto nivel para percatarnos que las
decisiones que se vienen dando en los últimos años en la República Cooperativa
de Guyana a lo que menos apunta, precisamente, es a una emancipación. A
desplazar hacia fuera, a desligarse de las estructuras poderosas en las que siempre
han permanecido atrapados; que les imponen sus designios, ajenos a su propia
identidad.
Precisamente, esas empresas transnacionales
les han impuesto un enmascaramiento histórico-jurídico para una extensión
territorial que nunca les ha pertenecido.
Frente al arrebato que nos
perpetraron, destacamos el hecho de que nuestra cultura socio-política, siempre
ha asumido una impronta civilista, que es un irreductible sustrato de paz.
En ningún momento, ni bajo las
circunstancias que se habrían dado, nuestro país merecía la demanda unilateral
accionada contra Venezuela por la República Cooperativa de Guyana.
Sobran razones para aducir que hubo
demasiada ingratitud en el comportamiento de quienes ahora asumieron la
condición de contraparte en este proceso litigioso que ellos trabaron, por ante
la Corte Internacional de Justicia. Sala que se encuentra preparando la
sentencia definitiva del juicio.
La ligazón oportunista y juego de
intereses dinerarios con las empresas transnacionales obnubiló la perspectiva
histórica a la dirigencia guyanesa; y les provocó “amnesia selectiva” que les
impidió (antes de cometer el hecho jurídico, arriba mencionado) asumir a
conciencia que fuimos nosotros los primeros en reconocerlos como nuevo Estado
naciente en la comunidad internacional; exactamente, el mismo día que
alcanzaron su independencia del Reino Unido, el 26 de mayo de 1966.
Desmemoria inoculada, a petición y
complacencia de las aprovechadoras compañías de turno, esquilmadoras de
nuestros recursos; de las cuales jamás se han emancipado
Agreguemos, también, que cuando el
militarote Forbes Burnham, decidió hacerse dictador e inició de inmediato una
implacable persecución contra la población civil que se oponía a sus desmanes,
fuimos nosotros en Venezuela que albergamos, protegimos y prohijamos a quienes
se vieron obligados – por los terribles actos inhumanos cometidos-a abandonar
la llamada para entonces “zona en reclamación”.
En los peores y más aciagos eventos
económicos por los que atravesó la nación vecina (que nos confronta) nosotros
dispusimos de la ayuda suficiente y a tiempo para socorrerlos, para que
solventaran la crisis que los golpeaba duro y recurrentemente.
Recibieron de nosotros un trato
preferencial en el proceso de compra-venta de petróleo y bastantes otros
rubros, con lo cual aliviaban su calamidad, de entonces.
Venezuela les permitió ingresar a la
Organización de Estados Americanos; a pesar de que la carta de OEA los
limitaba; porque había un diferendo por extensión territorial que aún no se
había definido.
Al crearse Petrocaribe (por expresa
iniciativa de nuestro país), las demás naciones integrantes aguardaron por la
opinión de Venezuela para ver si permitía el ingreso o no de Guyana en esta
corporación.
Venezuela jamás objetó su incorporación; y les
ofreció recursos energéticos con amplias y cómodas posibilidades de
cancelación.
Para el confraterno pueblo guyanés --con
tantas desdichas insoportables y padecimientos, arriba citadas-- Venezuela había sido para ellos, hasta el 2015, un
elogiable destino.
Hemos sido respetuosos (hasta lo
indecible) del Acuerdo de Ginebra de 1966; que en ninguna parte le reconoce
soberanía a Guyana en el espacio controvertido; pero que, sin embargo,
observamos con paciencia la instalación de compañías ilegalmente autorizadas
por los gobiernos guyaneses.