Guayana
Esequiba: jugar en tres tableros con las mejores estrategias
Dr. Abraham Gómez R.
Miembro de la Academia Venezolana de la Lengua
Asesor de la Fundación
Venezuela Esequiba
Miembro del Instituto
de Estudios Fronterizos de Venezuela
Coordinador de la
Comisión Proponente de la UNAFRONT
Aunque algunos sujetos internacionales y países (hasta ayer
amigos de Venezuela) se pronuncien en respaldo a Guyana --por marcados
intereses económicos, sin dudas-- nuestra contención siempre ha tenido
suficiente asidero jurídico, cartográfico e histórico y la fortaleza moral de
saber que no estamos cometiendo ningún acto de deshonestidad contra nadie.
A propósito del presente pleito centenario que sostenemos por
el arrebato que nos perpetraron por el costado este de la geografía nacional;
durante las últimas cuatro décadas he tenido la posibilidad de intercambiar
opiniones con muchísimos sectores, sobre cómo encarar este asunto litigioso.
Conseguimos y escuchamos de todo en los distintos eventos
desarrollados en varias universidades del país, en los medios de comunicación
social, en las plataformas digitales; también a través de video-conferencias y
eventos presenciales. Asimismo, visitando los propios espacios fronterizos y en
de las redes sociales.
Sin embargo, hay plena coincidencia en cuanto a que los reclamos
de restitución que hemos sostenido, desde hace más de un siglo, no están
anclados en una malcriadez diplomática o en algún capricho nacional y menos en
empecinamientos injustificados.
Por lo anteriormente descrito; y apertrechados de las
irrebatibles pruebas, estamos obligados y dispuestos –razonablemente—a repensar
y a analizar (una y muchas veces) cómo
rediseñar las mejores estrategias a que haya lugar para que se cumplan
los objetivos de reivindicación venezolanista.
Como se sabe hay
algunos hechos ya adelantados (que auguramos surtan efectos); y en la alforja
poseemos actos jurídicamente concretos, que no tenemos por qué eludirlos.
Que estemos claros que no se trata de una simple ilusión;
sino de una determinación histórica con fundamento; de lo cual se encuentra
enterada la contraparte que, por supuesto, sabe que somos poseedores de los
documentos que nos acreditan el dominio absoluto sobre la extensión territorial
que han venido ocupando y usufructuando ilegal e ilegítimamente.
Digamos, entonces, que se abre una extraordinaria expectativa,
para el 4 de mayo de este año; la cual es la fecha señalada por la Corte
Internacional de Justicia para que las Partes comparezcan a la Sala, con la
finalidad de cumplir con las
respectivas alegaciones (en acto oral) dentro del Proceso en curso.
Visto así, comencemos por elucidar (con interrogantes)
algunas alternativas que quizás figurarían en el pliego discursivo que
expondríamos en el Ente Sentenciador para su respectivo análisis.
¿Hasta cuándo soportarle a Guyana el incumplimiento de lo que
mandata el Acuerdo de Ginebra de 1966 y lo convenido en Argyle?
¿Podemos interpretar que la presencia del enjambre de
empresas transnacionales, autorizadas por los gobiernos guyaneses --en la
proyección marítima aún sin delimitar- comporta una manera de medir nuestra
capacidad de respuesta o en serio constituye un acto de provocación hacia
nuestro país, una amenaza directa contra Venezuela; y por lógica, una
incitación a la ruptura de la declaración suscrita en San Vicente y Las
Granadinas, ¿el 14 de diciembre de 2023?
¿Estaremos aún con voluntad para continuar con la probable
negociación directa, en tanto medida de autocomposición de solución de
conflictos?
¿Finiquitaremos y consignaremos -para
el día precitado de nuestra presencia en La Haya- un denso escrito de solicitud de medidas cautelares y una
demanda de reconvención o contrademanda; como decisión legítima y propia de
nuestro país?
No son pocos los álgidos y complejos ejes temáticos que nos
ocupan.
La delegación venezolana que comparecería ante la Corte tiene
todo el derecho, en nombre de nuestro Estado para incoar una demanda o
instaurar un juicio en paralelo contra quien nos ha demandado. Todo,
relacionadamente, en el mismo proceso.
Si nos decidimos por solicitar medidas cautelares, para pedir
la paralización de las operaciones de las transnacionales y a accionar una
contrademanda, el Jurado Sentenciador -- en pleno y justo derecho-- debe
admitir ambas solicitudes.
Cabe –perfectamente- el caso de la acción reconvencional;
porque existiría absoluta conexidad entre nuestras pretensiones en nueva litis
y las que ya han sido identificadas objeto de la demanda principal, introducida
y ratificada por la contraparte.
La Corte, que tramita en juicio el fondo de la controversia,
pasaría a conocer también – por economía procesal—nuestra causa petendi en reconvención
cuya finalidad procuramos que concluya con Resolución congruente, donde se haga
justicia a nuestro país.
Hemos valorado e intercambiado criterios y conjeturas con
gente pensante que ha dedicado mucho tiempo a este asunto.
Reconocemos que también hay quienes andan por ahí sin
prestarle ningún cuidado a nuestra reclamación – no han manifestado el más
mínimo interés en el tema--; cuya actitud es de los que únicamente ven
transcurrir las cosas con indiferencia o displicencia. No hay forma ni manera
de motivarlos. Peor aún, prefieren que sea el gobierno que busque cómo salir de
este embrollo fronterizo. Les resbala lo que pudiera suceder.
Otros que se encuentran demasiados imbuidos de pesimismo; y
creen que en el supuesto de que Venezuela decida asistir, en mayo, por ante la
Corte Internacional de Justicia, nuestra nación no obtendría una sentencia
satisfactoria en la mencionada Sala Juzgadora.
Con todos los especialistas en esta contención --con quienes
hemos dialogado de los probables acontecimientos subsiguientes-- coincidimos en
señalar que hay que reflexionar “en frío” la posible comparecencia de Venezuela
ante la Corte. Hay que dejarse de “actitudes retrecheras o soberbias”.
Los delegados del oficialismo, responsabilizados para este
delicado caso litigioso deben obligarse (y abrirse), hoy más que nunca, a
consultar a expertos y estudiosos para concordar la más idónea y conveniente
posición que asumirá el Estado venezolano; por cuanto, es un Asunto de Estado y
no de gobiernos.
Podemos jugar, simultáneamente, en tres tableros. 1.- Pendientes
para dar respuestas oportunas y contundes, por la presencia de las
transnacionales en la proyección atlántica del Esequibo. 2.- Procurar una salida conversacional
directa con la contraparte (privilegiando lo conciliable) y 3.- Prepararnos
para la fase de alegaciones con nuestros irrebatibles Justos Títulos
traslaticios.
Claro que lo podemos
hacer. -