Guayana
Esequiba: nuestro unánime y simétrico discurso para pedir justicia
Dr.
Abraham Gómez R.
Miembro de la Academia Venezolana de la Lengua
Asesor de la Fundación Venezuela Esequiba
Miembro del Instituto de Estudios Fronterizos de Venezuela
Proponente de la Creación de la UNAFRONT
Nos encontramos ante un hito
histórico disyuntivo.
La Sala Juzgadora de las Naciones
Unidas, dictará la resolución definitiva, en noviembre; fallo que (según su
propio Estatuto) tendrá la condición de inapelable y de inmediata ejecución.
Hemos explicado en anteriores
ocasiones que el precitado Ente Sentenciador posee, en sí mismo, un amplio
abanico de posibilidades para escoger.
Hay opciones a través de las cuales
encontrarle una salida ecuánime a la centeneraria controversia; Siempre
enmarcados en el propósito y razón del Acuerdo de Ginebra, del 17 de febrero de
1966; suscrito por ambas partes concernidas en esta contención.
Único documento válido con pleno
vigor jurídico para alcanzar una solución pacífica y satisfactoria para ambos
Estados.
Permanentemente, hemos estamos dispuestos
a demostrar -como en efecto lo hicimos en todos los trayectos procesales- sin
posiciones elusivas o reticentes, en plena unidad venezolanista “hablando el
mismo idioma” que hay un hecho de vital trascendencia para la vida
de la nación; dicho de la siguiente manera: esa extensión territorial, que
hemos reclamado desde hace más de cien años, siempre nos ha pertenecido; y
tenemos enjundiosos documentos, de pleno derecho, para demostrarlo.
Estamos obligados, primero, a esperar
la decisión de la Corte Internacional de Justicia en las próximas semanas.
A partir de tal pronunciamiento, se
desplegarán extraordinarias estrategias de nuestra consolidación de verdaderos
y legítimos propietarios de esos 159.500 km2, con todo el inmenso potencial de riqueza
que comporta la zona continental y su
proyección atlántica.
Reafirmaremos, ente el mundo, y a las
empresas que allí se encuentran instaladas explotando todo cuanto la
prodigalidad de la naturaleza ofrece, que poseemos un modo distinto de estructuración de nuevos planes de reivindicación y restitución
de lo nuestro.
Frente a la esperada determinación
jurisdiccional, en estricto derecho, estamos preparados, en absoluta
solidaridad como país; para no incurrir en errores gravosos que puedan
causarnos mucho más daño, del que hemos arrastrado desde aquella fecha de
ingrata recordación, cuando se nos desgajó una séptima parte de nuestra geografía
nacional.
Para entonces, 1899, prácticamente,
nos encontrábamos imbuidos en una “guerra civil”.
Entendemos que nos hallamos
atravesando divergencias y diferenciaciones; lo cual al parecer constituye una condición
casi natural de los seres humanos.
Lo desencuentros internos siempre van
a aflorar por cualquier cosa, con mayor o menor intensidad; sin embargo, la
presente circunstancia histórica por la que transita la Patria nos obliga a
pensar, con bastante inteligencia, qué debemos hacer y bajo cuáles sistemas programáticos nos comportaremos - uniforme y
simétricamente- cuando la Corte determine, yendo al fondo del litigio una
vez examinados nuestros elementos de
convicción que el costado este de la geografía venezolana llega hasta la mitad
del río Esequibo.
La unidad que exhibamos al resto del mundo
(para este caso de restitución territorial) demuestra que somos dignos
herederos de las glorias y conquistas históricas de nuestros próceres e
insignes libertadores.
Tal constituyente básico conforma la
primera demostración de nuestra fortaleza probatoria, con la cual procederemos
a reivindicar toda esa inmensa área este que nos han usurpado.
Otro factor a considerar, no menos
interesante, es la toma de conciencia y el determinante involucramiento de
civiles, militares, estudiantes, académicos, políticos, empresarios, obreros.
Compatriotas de los distintos cuerpos sociales; de todos quienes llevamos
suficientemente acendrada la venezolanidad.
Nos aquilata la preparación y la
entereza para recibir –con transparencia— la información sentencial (del amplio
espectro que tiene la Sala para decidir) que dimanará, prontamente, desde la
Corte Internacional de Justicia.
Prevalece en nosotros un racional
optimismo; porque, en cada una de las comparecencias de Venezuela, en el Alto
Tribunal de La Haya, recurrentemente mostramos y demostrados (con carácter
probatorio) densa y de pleno derecho la alforja de Títulos (que no admiten
pruebas en contrario) que presentamos (sin temor y con plena seguridad) para la
examinación e investigación por parte del Jurado Sentenciador.
Nuestro legajo de documentos dejó
sentado válidamente (en todas las ocasiones) que no hemos despojado nada a
ningún país, ni pretendemos hacerlo; y que el írrito y nulo Laudo Arbitral de
París, del 03 de octubre de 1899, ha sido siempre un inexistente y vergonzoso
adefesio jurídico que jamás debió considerarse como referente y menos asiento
jurisprudencial en el Derecho Internacional Público.