domingo, 23 de agosto de 2026

 

Guayana Esequiba: ¿de cuál herencia territorial se ufana la excolonia británica?

Dr. Abraham Gómez R.

 Miembro de la Academia Venezolana de la Lengua

 Asesor de la Fundación Venezuela Esequiba

 Miembro del Instituto de Estudios Fronterizos de Venezuela

 Coordinador de la Comisión proponente de la UNAFRONT.

 

De todos es conocido que la excolonia británica introdujo, en 2018, una demanda contra nuestro país, y ha ratificado un absurdo petitorio a lo largo de todos los trayectos procesales en el juicio que cursa por ante la Corte Internacional de Justicia; el cual, por cierto, se encuentre a punto de sentencia.

Nos luce una extravagancia la causa de pedir de la contraparte.

Están empecinados en que la Sala Juzgadora obligue a Venezuela – en el esperado fallo-a reconocer el írrito y nulo Laudo Arbitral de París de 1899, como “cosa juzgada”, sin aportar ningún elemento de convicción, mínimamente creíble. Sin haber consignado nada que pueda ser acreditable histórica, jurídica o cartográficamente.

Peor aún. Sin haber esperado la resolución definitiva del Ente Juzgador, Guyana continúa otorgando concesiones y permisos a bastantes empresas transnacionales, ya no únicamente en la proyección atlántica que genera la parte continental de la Guayana Esequiba, en contención; sino que, imprudentemente, ha dado instrucciones, y hasta órdenes escritas, a las compañías para que   operen en cualquier coordenada marítima hacia su costado oeste, irrespetando la soberanía venezolana en esa área.

Todos los gobiernos guyaneses han burlado, como le da gana, el Acuerdo de Ginebra de 1966.

Con el fin de facilitar la mayor medida posible de cooperación y mutuo entendimiento, nada de lo contenido en este Acuerdo será interpretado como una renuncia o disminución por parte de Venezuela, el Reino Unido o la Guayana Británica de cualesquiera bases de reclamación de soberanía territorial en los Territorios de Venezuela o Guayana Británica o de cualesquiera derechos que se hubiesen hecho valer previamente, o de reclamaciones de tal soberanía territorial o como prejuzgando su posición con respecto a su reconocimiento o no reconocimiento de un derecho a reclamo o base de reclamo por cualquiera de ellos sobre tal soberanía territorial. Ningún acto o actividad que se lleve a cabo mientras se halle en vigencia este Acuerdo constituirá fundamento para hacer valer, apoyar o negar una reclamación de soberanía territorial en los Territorios de Venezuela o la Guayana Británica, ni para crear derechos de soberanía en dichos territorios…” (Omissis).

 

Hemos tenido que lidiar con la postura de algunos compatriotas que sostienen argumentos, suficientemente críticos, de lo que debió hacer y no debió hacer el Estado Venezolano; si quería “quitarse de encima” de una vez y por todas tal controversia.

Exponen, sus criterios en estos términos.

En Venezuela, aunque actualmente el Acuerdo de Ginebra constituye el documento más valioso, con pleno vigor jurídico, para el proceso de negociación, nos conseguimos que según un reducido número de compatriotas opinan que el precitado convenimiento adolece de elementos concretos que permitan materializar la recuperación total del territorio, por las contradicciones que posee tanto de fondo como de forma.

De fondo, porque se acordó llegar a una solución satisfactoria para un “acuerdo práctico” que, en la práctica, resulta inviable,

Venezuela permitió que Reino Unido le transfiriera la disputa territorial a su colonia.

El Reino Unido se lavó las manos en este pleito, siendo el causante del mismo con sus añagazas jurídicas.

Venezuela permitió que la colonia resultara independiente, el 26 de mayo de 1966, sin antes solucionar el problema fronterizo,

Se le dio carácter de Estado a una colonia que no lo poseía.

Sin lugar a dudas, comportó una tramposa jugada de descolonización.

Se invirtió la percepción de la correlación de fuerzas; de un nación grande y poderosa frente a otra pequeña e indefensa.

Explicamos el anterior aserto. Ya no se percibiría a Venezuela como la nación débil usurpada por la potencia mundial de Reino Unido, sino que ahora la pobre y recién independiente Guyana aparentaría ser la nación débil frente el país rico y petrolero como Venezuela que querría quitarle parte de "su territorio".

 Nosotros no le hemos quitado nada a Guyana, ni pretendemos hacerlo.

 Solo esperamos – muy pronto-- que la Corte sepa decirle a Guyana, en justo derecho con una congruente sentencia, lo que realmente le corresponde; que nos es otra extensión de lo que fueron las provincias angloholandesas, hasta 1814, de Berbice y Demerara; menos de 50.000 km2 al este del río Esequibo.

Resultaba ingenuo pensar que motu proprio Guyana le regresaría a Venezuela tres cuartas partes de lo que considera “su territorio heredado” al momento de su independencia y del cual ostenta la administración y ocupación; pudiendo explotar sus recursos así tales actividades no sean símbolos de su soberanía, con lo contempla, contundentemente, el Acuerdo de Ginebra.

Efectivamente, tres meses después de la firma y aceptación del Acuerdo de Ginebra,17 de febrero de 1966; entonces, la Guayana Británica se declara independiente; siendo a partir de allí – según ellos- para todos los efectos en el Concierto de las Naciones del Mundo, la República Cooperativa de Guyana, un sujeto internacional, pleno de derechos.

Hubo venezolanos que levantaron su voz, fuertemente, al señalar que nuestro país no debió reconocer la   independencia de la naciente República Cooperativa de Guyana sin antes haber solucionado con Reino Unido el problema de límites y fronteras.

 

sábado, 22 de agosto de 2026

 

Ciudadanía y urbanidad anudadas por la cultura

 Dr. Abraham Gómez R.

 Miembro de la Academia Venezolana de la Lengua

 abrahamgom@gmail.com

 

Una seria advertencia, en el inicio de esta reflexión, que quizás abone un poco para dirimir un interesante tópico que por encontrarnos subsumidos en el mismo no nos percatamos de su existencia.

Entendamos de una vez por todas que la ciudadanía no está hecha.

 Insistamos en dar a conocer que la ciudadanía no se compra en paquete cerrado.

 La ciudadanía no es un adminículo de moda para uso eventual y luego desechar a capricho.

A la ciudadanía hay que estarla haciendo a cada instante; y por más que ejerzamos tal condición ella no se agota; al contrario, se ensancha.

 La práctica de la ciudadanía “vive” en un constante devenir: siendo y haciéndose.

¿Dónde encontrar, aunque sea un pedazo aprovechable de ciudadanía? Puede llegar a preguntarse alguien.

 Ella aflora en múltiples ámbitos, responderemos. Allí, exactamente donde los seres humanos hacemos factibles nuestras existencias. Digamos, en la familia en su más amplia acepción (en su “tribu” como diría Maffesoli), en la escuela, la calle, en las iglesias en sus distintas confesiones, en los espacios laborales.

Además (con no menos influencia) desde, con y a través de los medios de comunicación; en la espontánea socialidad que nace en el transporte público; en fin, en la agregación vivencial.

Hay elementos que sirven de vectores expeditos para que la asociatividad de los seres humanos se produzca.

Muchos factores gravitan sobre nosotros con la intención de que nos comunalicemos.

 Tal vez coincidamos (ya lo hemos dicho en variadas ocasiones) que la cultura constituye el factor más importante (que asume la condición necesaria y suficiente) que nos vincula como sociedad.

Luce válido admitir que comunidad, sociedad y cultura crean un tejido indisoluble. Un sistema, pues; y siendo tal, si alguno de sus componentes se deteriora, obviamente repercute y afecta de modo severo a los otros dos, que también construyen esa interesante tríada.

Dicho más claro y directo. Cultura-sociedad-comunidad están imbricadas de tal manera que se hace imposible su desanudamiento.

 A partir del trasfondo cultural que le es intrínseco, la comunidad y la sociedad adquieren una estrategia de producción material de bienes y servicios, ciertamente, para poder subsistir; al tiempo que generan las claves simbólicas:  los constructos escolares, su entramado epistemológico, las ideas, escritos, palabras, artes, los contenidos cognitivos para reproducirse.

 Como producto de la compenetración de aquéllas tres nacen las cìvitas o ciudades, y por ende la esencia de los atributos y cualidades que nos hacen ciudadanos.

 Aunque se tengan las mejores intenciones de diseñar los espacios de las urbes. Así tengamos la disposición de hacer maravillas en las dimensiones geográficas para las urbes, para que den base a las ciudades y a sus respectivos elementos patrimoniales, si no hay en nosotros suficiente densidad cultural y civilidad de nada valdrán tantos esfuerzos.

Por un lado, se estará haciendo y por el otro se vendrá destartalando.

Una cosa es arreglar la urbe y otro “distinta y complementaria” es la espesura de cultura que portemos.

 Otro hecho bastante llamativo es que sólo el sesgo legal nos ha importado cuando tratamos la civilidad.

Fíjese, reclamamos vía jurídica, los atropellos que desde el Estado se comenten contra nuestra condición de ciudadanos.

 Tal reivindicación nos parece muy bien. Pero, ¿Cómo nos comportamos frente a la sociedad-comunidad?

La ciudadanía debe hacerse con autorregulación, con carácter pacífico y muy responsablemente.

 A la dimensión legal de la ciudadanía debemos sumar la visión filosófica que nos indica el tipo de sociedad que aspiramos construir, el fin último que deseamos alcanzar en la integración social que perseguimos.

Añádase allí también la dimensión socio-política la cual es el basamento de las prácticas consideradas cotidianas; cooperación en el diseño de las políticas públicas, solicitar que se agranden los derechos humanos, exigir que se cumpla el contrato social que nos damos, participar-dialogar en los eventos de la esfera pública y en sus diferentes instancias; asumir que disfrutar de las libertades y de los beneficios estatales no deriva de una concesión graciosa de los detentadores del poder.

Si insistimos en tratar de comprender el significado ético de la Política en estos tiempos que corren, seguro nos quedaremos perplejos y con demasiadas incertidumbres.

 Las observaciones que intentemos, aunque sea por curiosidad, para develar los otros modos en que se ha transfigurado lo político ahora se quedarán pequeñas. No tanto porque los escenarios se muestren a veces impenetrables, sino también porque cosas que parecían inimaginables son comunes y corrientes, y “legitimadas” con la mayor naturalidad.

No sólo impactan, también espantan. Hay displicencias a borbotones. Actitudes tan rampantes que uno se queda loco.

Deseamos construirnos y constituirnos desde el pleno despliegue de las potencialidades creativas de cada quien, donde se propugne el beneficio de todos, con plena solidaridad humana. Sin posturas hipócritas o utopismos anacrónicos.

 

sábado, 15 de agosto de 2026

 

El pensamiento de Rigoberto Lanz más vigente que nunca

Dr. Abraham Gómez R.

Miembro de la Academia Venezolana de la Lengua.

abrahamgom@gmail.com

 

Siendo ahora la tolerancia un asunto de escasísimo uso; y la discusión a través del disenso fértil una extravagancia.

Precisamente, la tolerancia y la discusión constituyeron las dos mayores virtudes que cultivó Rigoberto a lo largo de su existencia.

 Admitir con respeto las opiniones que provenían en sentido contrario, al tiempo que procuraba pesquisar una arista provechosa de cada palabra antagónica proferida; para hacer brotar después, desde su proverbial iluminada intuición una síntesis superadora de ideas; y así entonces, cada quien resultaba satisfecho. 

Tenía una grácil y elegante manera de “construir en caliente”; pensar sobre la marcha elementos metonímicos para reforzar lo que deseaba decir.

 

Habiéndonos conseguido siempre en parcelas ideológicas distantes disfrutábamos inmensamente con la sana confrontación (para muchos, dialéctica tal vez) que las adversidades en sí mismas provocan. Ciertamente, èl había sido un digno problematizador. Que incitaba al debate; que impulsaba al diálogo escrutador, que hacía de los espacios académicos su ambiente de regusto, sin llegar jamás a la domesticación.

Bastaba su fonética, suficientemente estudiada y bien pronunciada, del idioma originario del escritor de una obra reciente que deseaba citar en sus charlas, conversaciones y conferencias, para que nos “engancháramos”; y partíamos, de inmediato, raudos a escudriñar líneas de pensamientos de tanta gente. A veces autores con imaginaciones recónditas, abstrusos, de difícil comprensión en una primera lectura.

 

Siempre le admiramos la paciencia para escuchar hasta al que estaba errado en los planteamientos de “punta a punta”.

Impregnado de la quietud y grandeza del sabio, quizás, sin barruntar después con odiosa erudición.

 La dinámica de su vida estuvo signada por la constante y fecunda interlocución.

 Le encantaba aprender de todo y a cada instante.

Defendía con entera pasión su posición: ya en contra del marxismo manualesco como yendo a contravía de la modernidad; o haciendo elogiosa consideración a la Complejidad en tanto alternativa de vida.

 

Cada ejercicio crítico-reflexivo suyo iba precedido de enjundiosas argumentaciones.

La fundamentación ética que descolló Rigoberto a lo largo de su vida personal y universitaria le permitió estructurarse de una sola pieza.

Nunca lo vimos rechazar una discusión seria.

 

Cuánto orgullo haber disfrutado de su sincera amistad. Creada, cultivada y proyectada con base a los constantes intercambios de opiniones abarcativas de las distintas parcelas de la realidad.

Como docente nuestro del doctorado en ciencias sociales de la UCV, y como impulsor de los seminarios del CIPOST (post doctorales) donde participamos.

El maestro Lanz poseía la cualidad de no dejarse encallejonar ni adocenar en corrientes de pensamientos inconsistentes. Las adivinaba como circunstanciales instrumentos teóricos para el usufructo político.

 

Por aquello que siempre figuró “las palabras no son neutras” (Monte Ávila y Faces-UCV. 2005).

Los saberes tampoco son neutros.

 

Hoy llegamos a preguntarnos. ¿Acaso en la contemporaneidad venezolana, la realidad no está desbordando a cada instante a las estructuras institucionalizadas?

 Rigoberto lo exponía de modo similar al entender a la democracia en tanto el poder de cualquiera. Por eso alentaba la existencia de nuevos y distintos movimientos sociales.

 Decía que èl simpatizaba porque apareciera, sin limitaciones, la diversidad de lo político transversalizado. Hecho causal, esto último, de bastantes miradas reticentes hacia Rigoberto por parte de quienes han detentado la partidocracia acrítica e incontestada en nuestro país.

Rigoberto siempre les resultaba a los políticos, sin densidad en el pensamiento, un necesario invitado incómodo. Porque pensaba con cabeza propia.

Las universidades fueron focos de sus acendradas críticas. Contundentes reflexiones que justificó con el propósito de que se transformaran; no que se solazaran y admitieran los atajos reformistas como salidas.

Siendo èl una creatura de la Universidad, no sentía vértigo para procurar alternativas a los espacios universitarios acordes a las inaplazables e inmediatas exigencias de generación, recreación, preservación y difusión de los conocimientos.

 

Tuvo la valentía de dejar en claro la obsolescencia de la Universidad; de señalar que era poco menos  que un cascarón vacío que no administraba contenidos esenciales para la construcción de conocimientos sino burocracias prescindibles.

Muchos “espíritus esclerosados” que han hecho de las universidades su hàbitus, quedaron perplejos cuando Rigoberto declara la caducidad de los métodos aplicados en muchas universidades del mundo. Además, insistió en la necesidad de realizar una reingeniería que resucite a las distintas casas de estudios.

La dicha admirable siempre de Rigoberto es no haberse quedado encajonado en los diagnósticos catastrofistas; porque aportaba soluciones alcanzables:

“Se puede empezar con una reingeniería del modelo, pero inventar otra alternativa desde cero sería lo ideal y hasta más conveniente y excitante. Aunque hay muchos frentes de reforma universitaria en el mundo y cada quien viene trabajando a su manera, por ejemplo, destacan los europeos con el llamado Programa de Bolonia, al igual que en México en donde destaca el trabajo de Edgar Morín (Universidad de Hermosillo). Sin embargo, no existe ningún modelo a seguir, sólo estas experiencias”.

 

Cómo hablar de transformación universitaria sin ir a la raíz constitutiva y constituyente de los saberes. Sin llegar a develar las matrices epistémicas que las alimentan y sustentan. Tal vez, ello sea el factor que más impacta y espanta cuando estos asuntos son llevados a escenarios de fuertes escarceos con la intención de discernirlos plena y absolutamente. Había una prístina visión en Rigoberto sobre este específico aspecto:

 

No hay modificación universitaria si no hay, al mismo tiempo, cambios de la forma del pensar y un cambio profundo sobre todo en las ideas de los docentes. La transformación es un hecho natural en el mundo académico, las universidades no se transforman naturales ni espontáneamente, es la presión de la sociedad la que la induce. Es un desafío urgente, y abarca un cambio cultural, que debe aparecer en la agenda de la transformación y las políticas públicas de la misma”.

 

Rigoberto se atrincheró en un pensamiento apropiado para la resistencia intelectual.

Habitaba en Rigoberto la inmensa preocupación para incitar el pensamiento creativo-crítico en América Latina.

Continuamente refería que mientras en otras latitudes se hacen y dicen cosas; èl no lograba explicarse qué estaba pasando con esta parte de la tierra.

Rigoberto nos recordó como anécdota lo que siempre señalaba Carlos Fuentes hace ya algunos años, de que si acaso emergía filosofía en América Latina no sería precisamente a partir de los filósofos sino por voluntad de los literatos. Una exageración del mexicano, podría ser.

Ciertamente, cuánto pensamiento hay en nuestra literatura, cuánto pensamiento en nuestro lenguaje simbólico; pero que, si confrontamos con el ámbito de las ciencias sociales, vemos que no hay una relación; dicho de otra manera, no existe un enriquecimiento recíproco.

Suele ocurrir, mencionó infinitamente Rigoberto, que cada vez que nos encontramos en algún atolladero, en un atasco social, algún ocurrente sale proponiendo que hay que conformar una comisión de reforma, y jamás se les ocurre que de lo que se trata es de Transformar.

Porque por la vía de la reforma no vamos hacia ninguna parte. Por cuanto sólo por allí intentaremos reacomodar la cosmética. Revisar los esquemas, el aspecto, las apariencias. Mientras que la transformación va al fondo de los asuntos.

En América Latina requerimos que no únicamente los intelectuales piensen. Por cierto, palabra que siempre fue desdeñosa para èl.

Decía que cuando alguien se auto adjetivaba de intelectual había que colocarlo “bajo sospecha”

 

lunes, 3 de agosto de 2026

 

Guayana Esequiba: esperamos restitución no por malcriadez diplomática ni por capricho

Dr. Abraham Gómez R.

Miembro de la Academia Venezolana de la Lengua

Asesor de la Fundación Venezuela Esequiba

Miembro del Instituto de Estudios Fronterizos de Venezuela

Coordinador de la Comisión Proponente de la UNAFRONT

 

A propósito del presente pleito centenario que sostenemos por el arrebato que nos perpetraron por el costado este de la geografía nacional; durante las últimas cuatro décadas he tenido la posibilidad de intercambiar opiniones con muchísimos sectores, sobre cómo nos correspondió encarar este caso litigioso, como Asunto de Estado. Por encima de actos de gobierno.

Ahora nos encontramos expectantes; por cuanto, para el próximo mes de noviembre la Corte Internacional de Justicia tendría bastante probabilidad de dictar sentencia definitiva en este juicio.

 

En distintos eventos desarrollados en varias universidades del país; o a través en los medios de comunicación social, en las plataformas digitales; en video-conferencias y actividades presenciales; asimismo, visitando los propios espacios fronterizos y por las redes sociales conseguimos y escuchamos de todo.

 

Me permito resumir, señaladamente, que hay un denso bastión de compatriotas que conforman una interesante masa crítica; quienes a cada instante afilan con osadía y   agudeza sus juicios al respecto y publican las propuestas que ellos consideran justas para resolver la controversia, en espera de la decisión sentencial.

 

Para que recibamos, en las próximas semanas, una plena y congruente restitución hemos sostenido reclamos insistentes, desde hace más de un siglo, los cuales jamás han estado anclados en una malcriadez diplomática o en algún capricho nacional y menos en empecinamientos injustificados.

Honor y gloria a los compatriotas que nos antecedieron en estas lides venezolanistas.

Siempre estuvimos dispuestos -previo a las respectivas comparecencias procesales en el citado Alto Tribunal- a repensar y a analizar (una y muchas veces) cómo   rediseñar las mejores estrategias a que hubo lugar para que la Corte admitiera los objetivos petitorios de reivindicación venezolanista.

 

No se trata de una simple ilusión; sino de una determinación histórica con fundamento; de lo cual se encuentra enterada la contraparte que, por supuesto, sabe que somos poseedores de los documentos que nos acreditan el dominio absoluto sobre la extensión territorial que han venido ocupando y usufructuando ilegal e ilegítimamente.

 

Aunque algunos sujetos internacionales y países (hasta ayer amigos de Venezuela) se pronuncien en respaldo a Guyana --por marcados intereses económicos, sin dudas-- nuestra contención siempre ha tenido suficiente asidero jurídico, cartográfico e histórico y la fortaleza moral de saber que no estamos cometiendo ningún acto de deshonestidad contra nadie.

Con todos los especialistas en esta contención --con quienes hemos intercambiado criterios de los probables acontecimientos subsiguientes-- coincidimos en señalar que hicimos muy bien con reflexionar “en frío” y haber asistido a todas las comparecencias procedimentales por ante la Corte.

Hubo necesidad de convencer a un reducido grupo de connacionales para que dejaran las actitudes retrecheras o soberbias.

Las comparecencias por parte de Venezuela han sido de muchísima categoría e importancia.

Sin nuestra presencia, el juicio iba a continuar (nunca se ha paralizado) conforme al artículo (53) del Estatuto del Ente Juzgador.

 

Ya en espera de la sentencia definitiva, los delegados del oficialismo, responsabilizados para este delicado caso litigioso, hoy más que nunca, deben obligarse (y abrirse) a consultar a expertos y estudiosos para concordar la más idónea y conveniente posición que asumirá el Estado, una vez que sea convocada la delegación venezolana para escuchar la audiencia del fallo. ¿Qué vamos a hacer a partir de tal evento?.

Veamos también lo siguiente. Cuando analizamos la Constitución de la República Cooperativa de Guyana de 1980, nos conseguimos con la auto asignación y la distribución político-territorial que ellos han establecido, precisamente en la Guayana Esequiba, en flagrante violación del Acuerdo de Ginebra del 17 de febrero de 1966; que determinantemente señala, en su artículo V, numeral (2):

 

 Ningún acto o actividad que se lleve a cabo mientras se halle en vigencia este Acuerdo constituirá fundamento para hacer valer, apoyar o negar una reclamación de soberanía territorial en los Territorios de Venezuela o la Guayana Británica, ni para crear derechos de soberanía en dichos territorios, excepto en cuanto tales actos o actividades sean resultado de cualquier convenio logrado por la Comisión Mixta y aceptado por escrito por el Gobierno de Venezuela y el Gobierno de Guyana. Ninguna nueva reclamación o ampliación de una reclamación existente a soberanía territorial en dichos Territorios será hecha valer mientras este Acuerdo esté en vigencia, ni se hará valer reclamación alguna sino en la Comisión Mixta mientras tal Comisión exista”.

 

Con la descarada entrega de concesiones –inconsultas y unilaterales-- a las empresas transnacionales pretenden, sibilinamente, “hacer valer o crear derechos de soberanía”.

 

La Guayana Esequiba constituye un territorio con incalculables riquezas mineras, hídricas, forestales, energéticas, edafológicas, agroindustriales, gasíferas, petroleras etc. Territorio muchísimo más grande que algunos países europeos, asiáticos y centroamericanos.  Con extraordinario potencial de desarrollo sostenible.

 

En el concierto de las relaciones internacionales, lamentablemente los países no tienen amigos sino intereses. Lo estamos percibiendo- mucho más-  en los últimos años, precisamente; porque esta zona está siendo considerada de un extraordinario potencial por las reservas probadas y calidad de los recursos petrolíferos, la ubicación geoestratégica y su proyección e interconexión con los países de Suramérica.

 

Hay quienes se atreven a ser explícitos en sus consideraciones – no exentas de polémicas—que las verdaderas fronteras son políticas y económicas y no jurídicas.

Hasta donde la Fuerza de Defensa de Guyana (GDF) nos permitió, recorrimos buena parte de esa inmensidad de territorio, y nos conseguimos importantes ciudades, pueblos y asientos demográficos de varios tipos y clases sociales; en cuyo registro censal, más reciente, arroja una población que sobrepasa las 300.000 personas, incluyendo a las etnias Waiwai, Makushi, Arawakos, Akawayos, Saraos, Patamonas, Caribes, Waraos y Wapashi.

 

Agradezco, en lo personal, que nuestro trabajo de indagación académica ha sido suficientemente ponderado y reconocido; lo cual constituye honda satisfacción por una lucha sostenida sin actitudes atrabiliarias o estrepitosas; por cuanto,  requerimos juntar  talentos y densidad en la formación documental y doctrinaria para insistir en reclamar y defender en las instancias a que haya lugar lo que por honor y justicia siempre ha sido nuestro; que nos desgajaron, en un ardid tramposo; en una tratativa perversa mediante añagazas jurídicas.

 

Por propia experiencia – producto de mis visititas a la zona-- puedo mencionar que aflora una inmensa motivación por parte de los Esequibanos --que viven en esa parte de Venezuela-- para intercambiar ideas, experiencias y conocimientos históricos con nosotros. Esos compatriotas tienen necesidad de saber, en esencia, cómo se conformaron desde el punto de vista político-administrativo. Ellos desean concienciarse qué fue lo que sucedió realmente. Así entonces, con tales fines, no piden que les expliquemos en qué consiste un documento llamado “Laudo de París” y otro denominado Acuerdo de Ginebra.

 

 

 

 

viernes, 31 de julio de 2026

 

  La dimensión arromanzada que construye nuestro Andrés Eloy

Dr. Abraham Gómez R.

Miembro de la Academia Venezolana de la Lengua

abrahamgom@gmail.com

 

Si usted dispone de tiempo, acepte nuestra invitación para releer el poema La Renuncia, cuya autoría corresponde al insigne bardo cumanés.

Le adelantamos que debe afinar, una vez más, su imaginación para ir desenhebrando tejidos desde sus hipérboles, símiles y metáforas, ingeniosamente construidas.

Mediante su acuciosa perspectiva se conseguirá en esa preciosa textualidad todo un caudal de ideas y sueños entrecruzados; plasmados en sus rimas consonantes y asonantes para armonizar y configurar belleza plena en las citadas figuras literarias; buscadas adrede con intención expletiva del poeta.

Deje a un costado cualquier prejuicio distractor que le pueda estorbar la necesaria mirada en esta relectura.

Preste atención al brillo y exquisitez que deslumbran al leer las siguientes evocaciones, que trasladan el sentido; trocando las palabras sin desdibujar el significado y orden:

“Proximidad de lejanía”, “Encinta de estrellas” y “desbaratando encajes regresaré hasta el hilo”.

Así también, haga lo posible por asir y develar el acuñamiento de las siguientes exageraciones retóricas, que nos entrega el poeta:

 Manos locas”, “Amorosos bríos” y “Cuántas veces el anhelo menguante pide un pedazo”.

Nuestro admirado Andrés Eloy, creador de palabras, apela a las comparaciones, seguro de reforzar en esos menesteres todo cuanto desea expresar.

Fíjese para que aprecie y valore la profundidad de las similitudes urdidas:

Como renuncia a Dios el delincuente”, “Como el marino que renuncia al faro” y “Como renuncia el loco a la palabra que su boca pronuncia”.

Cuando nos compenetramos, una y muchas veces, en la relectura de esta obra es cuando se hace posible pesquisar que el eje temático central está dirigido a dejar atrás, preteridamente, cualquier disposición de iluso crecimiento personal insustentable, inútil, vano.

El poeta exterioriza su insatisfecho mundo interior; el cual ha estado anhelante de realizaciones; además, ávido de vivencias y desatadas experiencias.

El poeta nos muestra una evolución personal; fruto de un amor perdido de una manera abrupta, dura, y que no acaba de aceptar.

No se habla del porqué se acabó el amor o cuáles fueron los motivos para la separación.

Lo que sí se extrae es que hay un dolor inmenso.

El poeta pone en claro que él prefiere, por sus propias ocultas motivaciones, regresar a lo cotidiano para reencontrarse, tal vez, en un “eterno retorno” con la mundanidad.

Volver a sus quehaceres de cada día, sin máximas aspiraciones por lo pronto, en su soñado engrandecimiento.

La Renuncia reúne las características de la composición poética denominada soneto; por cuanto, en sus ocho estrofas: siete cuartetos y un sexteto predominan versos de arte mayor, fundamentalmente endecasílabos, con algunas combinaciones métricas que le tributan esplendor y ahondamiento al poema.

Apreciamos, al interiorizarnos con la lectura comprensiva, una variante lírica en el contenido.

En honor a la verdad, más en su “trasfondo narrativo” que en su estructura formal.

Ese asomo lúdico que nos parece derivar hacia la composición lírica se logra percibir -de modo explícito- cuando el poeta sucrense transmite sus sentimientos, emociones, sensaciones y perspectivas circunscritas a sus subjetividades.

Entonces a partir del precioso híbrido del soneto y la lírica ha logrado un efecto unitario de cadencias reiterativas y acentuales que aspira la asimilación.

Ciertamente, el poeta a veces nos confunde en el texto.

 Aparece como una “silva arromanzada”; únicamente que no posee versificación de arte menor, lo cual es una notoria característica del movimiento regulado de la castellanización, en el Renacimiento, para este específico género literario.

La estructura métrica del poema posibilita su lectura con suficiente comodidad.

Elegante amalgama de versos endecasílabos, dodecasílabos, tridecasílabos y alejandrinos, repartidos en sus ocho estrofas, abundantes de sinalefas, sinéresis y diéresis, que para nada complejizan la interpretación y la comprensión.

En una especie de síntesis conclusiva, diremos que el protagonista del poema (tal vez, el mismo autor) sigue echando de menos a la amada y a todo lo que le hacía soñar cuando estaba con ella. Ahora es inaccesible algo que no se puede tocar, algo que está demasiado lejos; y él se ve a sí mismo como un espectador, como alguien que ha perdido su oportunidad y que cuando ha querido aferrarla, no tiene opción de conseguirlo.

Percibimos, casi que reiterativo, una búsqueda y una dejadez combinadas al unísono.

 Igualmente, una resignación.  Un cambio en el tono que podemos asociar a una aceptación de la situación.

 El hecho mismo de utilizar la palabra “serenamente”, nos indica la importancia de un nuevo camino en el poeta. Sin embargo, no es una aceptación llena de bondad.

Sigue habiendo resentimiento, que se transmite a través de las enumeraciones que va realizando mientras describe qué significa para él esa renuncia a ella.

 Lo hace desde el punto de vista de un observador que no tiene más remedio que aceptar la situación y que se siente derrotado, avergonzado, perdido, sin ningún punto de referencia, como tienen los barcos cuando observan la luz del faro.

¿Qué valoramos, realmente, en la última estrofa?

Yo voy hacia mi propio nivel. Ya estoy tranquilo.

Cuando renuncie a todo, seré mi propio dueño;

desbaratando encajes regresaré hasta el hilo.

La renuncia es el viaje de regreso del sueño”.

 

Es una resignación. Una renuncia, pero esta es completamente diferente. No es un ataque, es el darse cuenta de que no hay nada más que hacer y que la pérdida es algo que siempre irá acompañándonos en nuestro viaje.

viernes, 24 de julio de 2026

 

Guayana Esequiba: el recurso petrolero en la proyección atlántica nos pertenece

Dr. Abraham Gómez R.

Miembro de la Academia Venezolana de la Lengua

Asesor de la Fundación Venezuela Esequiba

Miembro del Instituto de Estudios Fronterizos de Venezuela

Coordinador de la Comisión Proponente de la UNAFRONT

 

A lo largo de nuestra historia contemporánea (con la “aparición” del petróleo, como recurso aprovechable) las iniciativas programáticas y todo cuanto se decidía (y se decide) emprender para el desarrollo de la Nación, quedaba (y queda) sujeto y condicionado a los ingresos financieros (divisas de todo tipo contante y sonante), como resultado del proceso de exportación de tal elemento fósil que nos prodigó la naturaleza.

 En estos momentos, estamos    bajo una confusa “tutela de administración dineraria” por parte de EE.UU.

 

Desde hace bastante tiempo, estamos pagando con creces (y con cruces) la crítica situación en la cual nos encontramos; por el hecho de haber escorado (y atado), prácticamente, la vida de nuestro país al petróleo, de manera casi absoluta.

 

Siguen siendo determinantes los ingresos relativos y contingenciales por concepto de venta del mencionado recurso, para casi todo como factor de renta.

 

Dicho de otro modo, hemos sido tan “estúpidos” que recostamos toda la estructuración de las Políticas Públicas y concretamente la economía de Venezuela casi plena y de manera ilimitada a los proventos petroleros.

Todo lo demás queda a las orillas y marginados; y con bastante opacidad en las cifras por concepto de recaudación impositiva.

No temamos hacernos una sincera autocrítica; porque, tal hecho cooperaría, en mucho, para las respectivas correcciones.

 

Una brevísima reseña histórica para ubicarnos en contexto.

Acaban de cumplirse 104 años del reventón en la hacienda Los Barrosos.

Para una mejor precisión sociohistórica, diremos que, en la madrugada del 14 de abril de 1922, los lugareños del pueblito La Rosa, cerca de la empobrecida Cabimas, estado Zulia, quedaron perplejos y sobresaltados; por cuanto, no comprendían lo que estaba sucediendo.

Al principio sintieron una especie de movimiento sísmico; luego, un estruendo.

 

Muchos vecinos llegaron a pensar que se trataba de un terremoto; sin embargo, ese grupo avecindado de pobladores fueron testigos de una “cosa rara” que brotó de las entrañas de la tierra, en los predios de Los Barrosos.

Apreciaron una lluvia negra, un betún (vocablo que después sería de uso común); pero al principio decían es “una agua negra y viscosa” que se eleva como un chorro a sesenta metros de altura.

 

Quienes hicieron las crónicas de tales acaecimientos relatan que los trabajadores de la Shell demoraron varios días en controlar con una válvula la potencia del incontenible líquido que cada vez brotaba con más fuerza.

 

Dicen que los dueños de la hacienda Los Barrosos estaban asombrados y recelosos; porque ese pozo estuvo arrojando unos 100 mil barriles diarios de crudo día y noche, que se terminaron desperdiciando, pero que sirvió para develar el tamaño del yacimiento y su importancia.

 

 Acontecimientos similares – en mayor o menor proporción-, y con otras circunstancias se suscitaron en varias regiones de Venezuela; con lo cual podemos enfatizar que a lo largo del siglo XX se fueron emprendiendo nuevos y precisos descubrimientos, exploraciones tecnificadas y sostenidas explotaciones que le confirieron a nuestra nación la merecida categoría de país petrolero y la ocasión de hacerse cofundadora de la OPEP.

 Nuestro acervo experiencial petrolero no comporta una improvisación.

 

Dejamos sentado ante el mundo que la condición y fortaleza de Venezuela de país petrolero no es un artificio de ayer para hoy; una sospechosa invención para coquetear con las transnacionales o una caricatura económica para justificarnos por el asunto litigioso que se dirime por ante la Corte Internacional de Justicia.

 

En nuestra asistencia a las universidades venezolanas y a algunas instituciones públicas y privadas para atender algunas invitaciones académicas, con la finalidad de dictar conferencias --cuyo eje temático estriba siempre sobre la Guayana Esequiba-- se nos pide una opinión objetiva, en cuanto a cómo es eso que Guyana nos puede llegar a superar en comercialización internacional de petróleo.

 

Las respuestas a tales interrogantes las hemos dado directas y contundentes, en estos términos: Guyana se ha burlado de Venezuela, de muchas maneras.

 

Guyana ha irrespetado el contenido esencial del Acuerdo de Ginebra de 1966, que limita y restringe a las partes en litigio por la “Zona en Reclamación” a atribuirse soberanía y/o explotar unilateralmente los recursos que en esa área se encuentran; y por supuesto en la riquísima proyección atlántica.

 Debe esperarse hasta que haya, en los próximos meses, una decisión sentencial del Ente Juzgador de la ONU.

 

No satisfechos con todo lo que han esquilmado hasta el presente en la Guayana Esequiba, luce vergonzosa la actitud de la excolonia británica estar promocionando nuevas concesiones petroleras para los próximos años, en lo que ellos han denominado “Proyecto Guyana a futuro”.

 

A propósito, en recientes declaraciones, Irfaan Ali, el presidente guyanés, expone:

 

 Están a subasta 14 bloques de petróleo en alta mar y que el Gobierno espera otorgar nuevos contratos para fines de año. La cuenca de Guyana es considerada la de más rápido crecimiento del mundo, con recursos estimados superiores a 25.000 millones de barriles de petróleo equivalente y una reserva estimada superior a 11.000 millones. Esta ronda de licitaciones permite al Gobierno de Guyana crear y administrar un marco fiscal y regulatorio mejorado. Lo que buscamos hacer es tener el mejor resultado posible para Guyana, dadas las lecciones que hemos aprendido. Hasta ahora, un consorcio de empresas: Exxon, Hess y CNOOC son los desarrolladores de un bloque gigante llamado Stabroek en la costa de Guyana. Buscamos un equilibrio para garantizar que el país obtenga el mejor trato posible en términos de ingresos y, al mismo tiempo, no asustar a los inversores”.

 

 Hemos reiterado a todo evento y tiempo que esos incalculables recursos nunca han sido ni británicos ni guyaneses.

 Esos recursos se ubican en la proyección atlántica de la Guayana Esequiba, inclusive en el frente marítimo del Delta del Orinoco, que no se encuentra incluido en la controversia.

 

Tenemos una justa reclamación centenaria, que ahora se dirime en la Corte Internacional de Justicia; aguardando por un fallo congruente en pleno derecho, con base en las irrebatibles pruebas que consignamos en los distintos trayectos procesales a los cuales asistimos responsablemente.

 

Estamos convencidos que tenemos todas las de ganar en la citada Sala Sentenciadora, siempre y cuando la resolución a este pleito sea justo.

Estamos apertrechados de suficientes fundamentos probatorios de que la Guayana Esequiba es nuestra jurídica, cartográfica e históricamente.

En la proyección atlántica que genera la zona controvertida, ha habido una ocupación abusiva de las transnacionales a partir de concesiones fraudulentas e ilegales que han venido recibiendo de los gobiernos guyaneses; como las que se pretenden seguir entregando; todas impregnadas de añagaza económica.

Guyana no es un país petrolero. Esos recursos no le pertenecen.

 

viernes, 17 de julio de 2026

 

                            “Únicamente haciendo se puede aprender a hacer”

Dr. Abraham Gómez R.

Miembro de la Academia Venezolana de la Lengua

abrahamgom@gmail.com

 

Habiendo nacido en un pueblito nombrado El Toro, jurisdicción del municipio “Antonio Díaz” del estado Delta Amacuro, Venezuela, el 24 de diciembre de 1921, nuestro ilustre educador, Dr. Félix Adam, luchó con dedicación y esfuerzos titánicos para fracturar la voracidad de tal “genética social” para que el medio rural-indígena no lo absorbiera.

Logra proyectarse en el mundo en razón de sus aquilatados conocimientos.

Creador internacional de la Andragogía; en tanto   ciencia de enseñanza-aprendizaje para adultos.

 

Un excepcional y admirado maestro de escuela, de comienzos del siglo XX, en esta apartada porción geográfica venezolana; tan preterido por los decisores de las políticas públicas.

 

El maestro Adam era fogoso en el discurso. Denso y brillante en su cultivado léxico, y severamente crítico para lograr que las cosas y las causas se dieran con justicia y eficiencia.

 

Fue el gran promotor de “hacer y no decir”.

 

La acción siempre lo llevó al hecho; y esto me hace recordar que los filósofos orientales hablan de la acción continua; del hacer en el instante presente.

 

Aún recuerdo con suficiente emoción que más de una vez, cuando me asesoraba para la creación del Instituto Tecnológico para esta región, me dijo:

 Lo que importa es lo que hacemos con la conciencia lúcida y los cambios que permanentemente se están ejecutando alrededor de uno; porque cada instante es único e irrepetible”.

 

Cuántas veces el docente puede ahorrarle al estudiante, de cualquier grupo etario, años de sufrimiento y frustración sólo con una palabra amable, un gesto de identificación, la ubicación en su mismo plano de aprendizaje.

Aludía, discursivamente, a cada instante y en muchas partes:

“Un educador con la autoestima baja, poco remunerado, como el nuestro, tanto en dinero como aliciente vocacional, jamás podrá dar a los otros lo que él mismo está necesitando, como el aire que respira”.

Al respecto, Adam inducía a la participación comprometida socialmente, fundamentada en el estudio, al análisis crítico de cualquier problemática.

 

En bastantes ocasiones, cuando provocaba los encuentros e intercambio de saberes en Tucupita y otras ciudades el maestro Adam asumía una extraordinaria actitud incitativa hacia nosotros; quienes éramos, para entonces, cursantes de la maestría en Andragogía, hace ya muchos años; de lo cual estamos infinita y eternamente agradecidos.

 

Nos señalaba, con suficiente determinación, que:

 No habrá excusa que valga para, quienes somos hechuras y estamos comprometidos con la academia. Sería imperdonable si    pretendiéramos escurrir el obligado debate y la plural confrontación que explore nuevos horizontes y despliegue múltiples miradas por el futuro de la educación en Venezuela”.

 

 Nos increpaba de este modo: “Tienen que atreverse o se apartan. Porque definitivamente es un atrevimiento teñido de audacia que escrutemos a la educación desde sus interioridades. Eso es lo hermoso, aunque produzca vértigos”.

 

Quiénes más sino nosotros, en sentido genérico para reconocer, luego del diagnóstico más descarnado,  que la educación nuestra, en sus distintos niveles y modalidades  ha devenido en  una estructura ambigua, que poco o nada ha hecho para ir adaptando sus mecanismos  y procedimientos conforme a  las exigencias de los tiempos actuales; con lo cual admitimos que las realidades externas llevan un ritmo de aceleración superior, en todo, valga decir hasta para la construcción de conocimientos, menos para propender a la Sociedad de la creatividad y la innovación.

 

Una de las premisas que hemos sostenido quienes abrigamos, por razón y emoción, a la Andragogía (hechura teórica y doctrinal del doctor Adam, en el mundo entero) viene dada en que no basta enseñar, aunque sea rápidamente, hay que hacerlo también sólidamente. Con emoción y amorosidad.

 

El maestro Adam insistía en que, en vez de recurrir, casi sin escapatoria, a los “libros muertos”, debemos ser más creativos.

 A los niños, jóvenes y adultos deben presentárseles las vivencias.

 

El maestro Adam lo expuso, en diversos escenarios académicos:

 Sólo haciendo se puede aprender a hacer. En vez de palabras: sombras de las cosas, lo que hace falta en las escuelas es el conocimiento de las cosas mismas”.

 

Nos indicaba, de modo reiterado, que la educación primero pedagógica y luego andragógica transcurre toda la vida, en sus diversas etapas; porque siempre estamos aprendiendo.

La educación andragógica – que constituyó su hija predilecta-- se desarrolla a través de una praxis fundamentada en los principios de participación y horizontalidad, con carácter sinérgico, para que se incremente el pensamiento, la autogestión, la calidad de vida y la creatividad del participante adulto.

 

Maestro por vocación y empeñoso realizador de sus grandes ideales dejó huellas profundas en todas las actividades que le correspondió desempeñar.

 

Fue un hombre que amó la naturaleza y nunca olvidó su origen, ni a “la tierra de las aguas” donde nació.

 

Me manifestaba que sentía la pobreza, la miseria, la desnutrición, las enfermedades, el dolor del pueblo, la mirada de desesperanza campesina, y que por eso aceptó el reto de ser educador.

 Un verdadero Maestro, en la proyección inextinguible de esta palabra; que en todos los idiomas del mundo sirve para eternizar la sabiduría y la dignidad del ser humano sobre la tierra.