Guayana
Esequiba: pedir sentencia por nuestra restitución no implica deshonestidad
Dr. Abraham Gómez R.
Miembro de la Academia Venezolana de
la Lengua
Asesor de la Fundación
Venezuela Esequiba
Miembro del Instituto
de Estudios Fronterizos de Venezuela
Coordinador de la
Comisión Proponente de la UNAFRONT
Aunque algunos sujetos
internacionales y países (hasta ayer amigos de Venezuela) se pronuncien en
respaldo a Guyana --por marcados intereses económicos, sin dudas-- nuestra
contención siempre ha tenido suficiente asidero jurídico, cartográfico e
histórico; y la fortaleza moral de asumir que estamos pidiendo, en justo
derecho, la restitución de lo que siempre ha sido nuestro.
Nunca hemos tenido la predisposición ni
intención de quitarle a la contraparte guyanesa lo que verdaderamente les
corresponde.
Digamos lo que “negoció” el Reino
Unido con los Países Bajos.
Dos colonias, denominadas Berbice y
Demerara (49.000 km2) al este del río Esequibo. Nada más.
Tal extensión territorial fue lo que
heredó la que, para entonces, se denominaba Guayana Británica; hoy República
Cooperativa de Guyana.
Tuvimos la ocasión procesal, a lo
largo del juicio, de mostrar y demostrar lo anteriormente expuesto.
Así entonces, a escasas semanas de
escuchar el dictamen de la Sala Juzgadora, aspiramos a que pronuncie una
sentencie congruente con los justos títulos traslaticios que nos respaldan.
Los reclamos de restitución que hemos
sostenido, desde hace más de un siglo, no están anclados en una malcriadez
diplomática o en algún capricho nacional y menos en empecinamientos
injustificados.
A lo largo del Proceso, llevado en La
Haya, siempre estuvimos dispuestos –razonablemente—a repensar y a analizar (una
y muchas veces) cómo rediseñar las
mejores estrategias a que hubo lugar para que se cumplan los objetivos de
reivindicación venezolanista. Para que los honorables magistrados se percataran
de la realidad fáctica y jurídica de lo que ha constituido la esencia de
nuestra reclamación.
Que estemos claros que no se trata de
una simple ilusión; sino de una determinación histórica con fundamento; de lo
cual se encuentra enterada la contraparte que, por supuesto, sabe que somos
poseedores de los documentos que nos acreditan el dominio absoluto sobre la
extensión territorial que ellos han venido ocupando y usufructuando ilegal e
ilegítimamente.
La delegación venezolana que, en
varias ocasiones, compareció por ante la Corte tenía todo el derecho -en nombre
de nuestro Estado- para incoar una demanda o instaurar un juicio en paralelo
contra quien nos ha demandado. Todo, relacionadamente, en el mismo proceso. Y
no lo hicimos.
También, nos hubiéramos decidido por
solicitar medidas cautelares, para pedir la paralización de las operaciones de
las transnacionales. Y no lo hicimos.
El Jurado Sentenciador -- en pleno y justo
derecho—se obligaba a admitir ambas solicitudes, arriba citadas.
Cabía –perfectamente- el caso de la
acción reconvencional; porque existía absoluta conexidad entre nuestras
pretensiones en nueva litis y las que ya han sido identificadas objeto de la
demanda principal, introducida y ratificada por la contraparte.
La Sala, que tramita en juicio el
fondo de la controversia, hubiera pasado a conocer también –por economía
procesal— nuestra causa petendi en reconvención (con solicitudes recientes), de
signo diferente, ampliadas e incontrovertibles, cuya finalidad procuramos que
concluya con Resolución congruente, donde se haga justicia a nuestro país.
Venezuela continúa esperanzada en la
negociación directa con Guyana; con la exclusiva finalidad de alcanzar una
solución satisfactoria para ambas naciones, conforme al Acuerdo de Ginebra; por
esas razones no activamos las medidas precautelares ni intentamos un juicio
reconvencional.
Hemos valorado conjeturas,
recíprocamente, con gente pensante que ha dedicado mucho tiempo a este asunto.
Nos mantenemos en contacto y
expectantes por la decisión sentencial que pueda tomar la Corte, en las
próximas semanas.
Sin embargo, reconocemos que también
hay quienes andan por ahí sin prestarle ningún cuidado a nuestra reclamación –
no han manifestado el más mínimo interés en el tema--; cuya actitud es de los
que únicamente ven transcurrir las cosas con indiferencia o displicencia. No
hay forma ni manera de motivarlos. Peor aún, prefieren que sea el gobierno que
busque cómo salir de este embrollo fronterizo. Les resbala lo que pudiera
suceder.
Otros que se encuentran demasiados
imbuidos de pesimismo; y creen que nuestra nación no obtendría una sentencia
satisfactoria en la mencionada Sala Juzgadora; dentro de un amplio espectro de
posibles alternativas para tal Fallo
judicial.
Con todos los especialistas en esta
contención --con quienes hemos intercambiado criterios de los probables
acontecimientos subsiguientes-- coincidimos en señalar que hay que reflexionar
“en frío” la posible reacción de Venezuela ante la determinación que tomará la Corte,
en breve.
Hay que dejarse de “actitudes retrecheras o
soberbias”.
Los delegados del oficialismo,
responsabilizados para este delicado caso litigioso, hoy más que nunca, deben
obligarse (y abrirse) a consultar a expertos y estudiosos para concordar la más
idónea y conveniente posición estratégica que asumiría el Estado venezolano.
Podemos jugar, simultáneamente, en dos
tableros: pendientes para dar respuestas oportunas y contundes, por las
incursiones armadas en nuestra extensión atlántica; también, la salida
conversacional directa con la contraparte (privilegiando lo transigible y
conciliable).
No obstante, la descarada entrega que
hace Guyana de concesiones –inconsultas y unilaterales-- a las empresas
transnacionales; con lo cual pretenden, sibilinamente, “hacer valer o crear
derechos de soberanía”.
Lamentablemente, ya se ha aceptado
como una verdad que, en el concierto de las relaciones internacionales, los
países no tienen amigos sino intereses.
Por eso estuvo toda la semana pasada
el presidente guyanés visitando y pidiendo apoyo de Colombia y Brasil.
Hay
quienes se atreven a ser explícitos en sus consideraciones – no exentas de
polémicas—que las verdaderas fronteras son políticas y económicas y no
jurídicas.
En los últimos años, precisamente,
esta zona está siendo considerada de un extraordinario potencial por las
reservas probadas y calidad de los recursos petrolíferos, la ubicación
geoestratégica y su proyección e interconexión con los países de Suramérica.
La
Guayana Esequiba constituye un territorio con incalculables riquezas mineras,
hídricas, forestales, energéticas, edafológicas, gasíferas, petroleras etc.
Territorio muchísimo más grande que algunos países europeos, asiáticos y
centroamericanos. Con extraordinario
potencial de desarrollo sostenible.