Guayana
Esequiba: procuramos la restitución sin malcriadez diplomática
Dr.
Abraham Gómez R.
Miembro de la Academia Venezolana de la Lengua
Asesor de la Fundación Venezuela Esequiba
Miembro de la Comisión de Estudios Fronterizos de Venezuela
Coordinador de la Comisión Proponente de la UNAFRONT
En este asunto litigioso hemos estado claros y conscientes que no se trata
de una simple ilusión; sino de una determinación histórica con fundamento; de
lo cual se encuentra enterada la contraparte que, por supuesto, sabe que somos
poseedores de los irrebatibles documentos que nos acreditan el dominio (derecho
real y absoluto de propiedad) sobre la extensión territorial que han venido
ocupando y usufructuando ilegal e ilegítimamente.
Aunque algunos sujetos internacionales y países (hasta ayer
amigos de Venezuela) se pronuncien en respaldo a Guyana --por marcados
intereses económicos, sin dudas-- nuestra contención siempre ha tenido
suficiente asidero jurídico, cartográfico e histórico y la fortaleza moral de
saber que no estamos cometiendo ningún acto de deshonestidad contra nadie.
Si antes, en condición de nación pobrísima, Guyana se apoyaba
en los aportes dadivosos suministrados por la Commonwealth y la Caricom; desde
hace cinco años para acá --con la Exxon a la cabeza de todo este enjambre
esquilmador-- no tienen reparos o limitaciones en los gastos e inversiones
oficiales; por cuanto, están percibiendo inmensos caudales de recursos
dinerarios producto de la ilegal explotación petrolera, maderera,
agroindustrial, energética, pesquera y
minera en el área conflictuada y en la proyección atlántica, aún por delimitar.
Los reclamos de restitución que hemos sostenido, desde hace
más de un siglo, no están anclados en una malcriadez diplomática o en algún
capricho nacional y menos en empecinamientos injustificados.
Estamos obligados y dispuestos –razonablemente— a repensar,
analizar (una y muchas veces) y a practicar las mejores estrategias a que haya
lugar para que se cumplan los objetivos de reivindicación venezolanista.
Restitución que estamos procurando mediante una congruente sentencia por parte
de la Corte Internacional de Justicia; esperada para los próximos meses.
Como se sabe hay algunos hechos ya adelantados (que auguramos
surtan efectos); vale decir, la fase postulatoria, la consignación del memorial
de contestación de la demanda, el desahogo de pruebas y las alegaciones orales.
No obstante, en la alforja todavía poseemos documentos jurídicamente
concretos, que no tenemos porqué eludirlos, de llegarse al caso.
La delegación venezolana que ha comparecido ante la Corte – a
todos los trayectos, procesales precitados- lo hizo con todo el derecho, en
nombre de nuestro Estado.
En cualesquiera de esas ocasiones pudimos haber incoado una
demanda o instaurar un juicio en paralelo contra quien nos ha demandado. Todo,
relacionadamente, en el mismo proceso.
Sin ningún tipo de arrogancia, si nos lo hubiéramos propuesto
cabía –perfectamente- una acción jurisdiccional reconvencional; porque estaban
dadas las condiciones de conexidad entre nuestras pretensiones en nueva litis y
las que ya habían sido identificadas objeto de la demanda principal,
introducidas y ratificadas por la contraparte.
La Sala, que tramita en juicio el fondo de la controversia, hubiera
pasado a conocer también – por economía procesal—nuestra causa petendi en
reconvención (con signo diferente, ampliadas e incontrovertibles) cuya
finalidad procuramos que concluya, pronto y definitivamente, con resolución
congruente, donde se haga justicia a nuestro país.
Con todos los especialistas en esta contención --con quienes
hemos intercambiado criterios de los probables acontecimientos subsiguientes--
coincidimos en señalar que hay que reflexionar que estamos en presencia de un Asunto
de Estado.
Hay que dejarse de “actitudes retrecheras o soberbias”.
Los delegados del oficialismo venezolano, responsabilizados
para este delicado caso litigioso, hoy más que nunca, deben obligarse (y
abrirse) a consultar a expertos y estudiosos para concordar la más idónea y
conveniente posición que tiene que seguir asumiendo el Estado venezolano.
En espera del fallo del Cuerpo Jurisdicente, ratificamos que
es factible jugar, simultáneamente, en tres tableros.
1.- Pendientes para dar respuestas oportunas y contundes, por
las incursiones armadas en nuestra extensión atlántica. 2.- Insistir en una
salida conversacional directa con la contraparte (privilegiando lo transigible
y conciliable). 3.- Prepararnos con nuestros irrebatibles Justos Títulos
traslaticios, para
cuando se produzca la sentencia.
Nos preguntan que si ese cuadro, con tres vertientes, es
factible, al mismo tiempo.
Claro que lo podemos hacer.
Guyana con la descarada entrega de concesiones –inconsultas y
unilaterales-- a las empresas transnacionales pretende, sibilinamente, “hacer
valer o crear derechos de soberanía”.
Lamentablemente, en el concierto de las relaciones
internacionales, los países no tienen amigos sino intereses.
Tal aseveración, la estamos percibiendo, en los últimos años,
precisamente; porque esta zona está siendo considerada de un extraordinario
potencial por las reservas probadas y calidad de los recursos petrolíferos, la
ubicación geoestratégica y su proyección e interconexión con los países de
Suramérica.
Respetamos a quienes se atreven a ser explícitos en sus
consideraciones – no exentas de polémicas— al señalar que las verdaderas
fronteras son políticas y económicas y no jurídicas.