La
educación en Venezuela no está para demagogias ni babosadas
Dr. Abraham Gómez R.
Miembro de la Academia Venezolana de la Lengua
Parece un atrevimiento teñido de
audacia que escrutemos a la Educación desde sus interioridades.
Eso es lo hermoso, aunque produzca
vértigos.
Quiénes más sino nosotros para
reconocer, luego de cualquier diagnóstico descarnado, que nuestra Escuela,
ampliamente considerada en sus distintos niveles y modalidades, ha devenido en
una estructura-institución desacoplada de las realidades, desactualizada para
los presentes y exigentes tramos
epocales.
No hay excusa que valga para quienes
somos hechuras y estamos comprometidos con la academia; pretender escurrir el
obligado debate y la plural confrontación que abra horizontes y despliegue
nuevas miradas por el futuro de la Escuela y la Educación en Venezuela.
Una primera aseveración con la cual
iniciamos estas reflexiones -que con seguridad muchos compartirán- es creernos
que porque se ha incrementado - tímidamente- el uso de tecnologías en los
procesos de enseñanza-aprendizaje, ya hemos entrado en la educación del futuro.
El informe más actualizado que
tenemos (de Consultores 21 S.A.) sobre la cobertura del servicio de
comunicación vía internet en el país apenas abarca a un 61,6% de los hogares.
De allí, podemos colegir que hay un 38,4
% de hogares, con niños y jóvenes en edades de escolarización, que se han
quedado rezagados, discriminados; que hasta ellos no llega la tan mencionada
educación tecnologizada o bajo cualquiera otra modalidad virtual.
No se requiere ser demasiado
inteligente para conocer, de modo crítico, que la Educación, considerada y
admitida en la contemporaneidad en tanto un Derecho Humano universal, al
parecer se ha convertido en una preeminencia de las familias que tienen y están
en mejores posibilidades y condiciones que otras. Inaceptable y absurdo.
Se ha considerado que Finlandia posee
el mejor sistema educativo del mundo; sintetizado en que el objetivo fundamental
consiste en que todos puedan recibir una educación de calidad
independientemente de los ingresos de la familia y se convierta en un ciudadano
activo.
Además, Finlandia está reduciendo el
uso de pantallas en las aulas y reintroduciendo los libros de texto en papel y
la escritura a mano.
Esta transición responde a una
disminución en el rendimiento académico y a la evidencia científica que
respalda los beneficios del papel y el lápiz en la concentración y la
comprensión lectora.
En Venezuela, por su parte, en un
interesante estudio reciente de CECODAP, conseguimos expresiones con el
siguiente contenido:
“Algunos docentes manifiestan las ganas de
volver a las aulas, todos los días de la semana. Sienten que hay días en los
que las emociones están fuera de control, en lo que la parte de no socializar
permanentemente, de no tener ese contacto físico en el proceso de
enseñanza-aprendizaje les ha afectado. Hace falta el aula a tiempo completo. La
tecnología nos ha distanciado. No existe ese contacto de tú a tú. No tener ese
niño al frente, poder escucharlo directamente, compartir con ellos, todos los
días”
A pesar de lo que acabamos de
describir brevemente, conseguimos a quienes, sin el menor recato, se atreven a
presumir de que en Venezuela tenemos una
extraordinaria educación internacional. Solo que tal falsa elucidación se
desmorona cuando nos toca compararnos con los procesos educativos que se
desarrollan en otros países. Las pruebas PISA, por ejemplo.
Sí, tristemente esa es nuestra
realidad. Se nos ven las costuras por las limitaciones y demás “falencias” al
momento de contrastar nuestros indicadores de Calidad Educativa con los
resultados de las Pruebas Pisa (Programme for International Student
Assessment). que es el Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos, la
cual se aplica en estos momentos en 91 países.
Entendemos que las políticas
educativas son diferentes en las naciones; que responden a las propias
especificidades de cada país; al tiempo que asumimos que la administración
del sistema educativo debe fomentarse y
desenvolverse como Política de Estado y no como instrumento ideologizante
provechoso de los gobiernos.
Al finalizar un período escolar y
comenzar otro se develan bastantes carencias de planificación, limitaciones programáticas
y metodológicas en nuestras escuelas.
Reconozcamos con honestidad que la dinámica de
realidades externas lleva un ritmo de aceleración superior en todo, valga decir
hasta para la construcción de conocimientos.
Así, como la tenemos ahora, la Escuela muy
poco aportaría para propender a la sociedad de la creatividad y la innovación.
No es suficiente una declaración
oficial –que luce señuelo —, y que según
todo viene dado para fortalecer nuestro sistema educativo:
“…El 93% de escolaridad en
Venezuela ratifica la inclusión del pueblo en un sistema educativo público,
humano, liberador, gratuito y de calidad. Las misiones educativas avanzan en el
marco del Plan de la Patria 2026…”
Aparte de confundir escolaridad con
educación, el enunciado anterior constituye un aseguramiento demasiado grueso que
requiere metabolizarlo para darle su justa respuesta y lugar.
Una de las premisas que hemos
sostenido, quienes abrigamos nuestras esperanzas de transformación de las
sociedades a través de la Escuela y la Educación, estriba en que hay que
deslastrarse de ideologías fracasadas; debemos enseñar sólidamente.
Obvio que la incorporación de todos
los elementos y modernidad tecnológica comportan un recurso necesario, en estos
tiempos, pero no es suficiente.
Valoremos además que la indelegable
presencia del docente, educando con amorosidad (Maturana, dixit), señala
y marca los destinos de los estudiantes desde el preescolar hasta la
universidad.
Cuántas veces el docente puede
ahorrarle al estudiante, de cualquier grupo etario, años de sufrimiento y
frustración sólo con una palabra amable, un gesto de identificación, la
ubicación en su mismo plano de aprendizaje, con orientaciones oportunas y eficientes.
Pero también, prestemos atención que un
educador con la autoestima baja, mal remunerado como el nuestro, tanto en
dinero como aliciente vocacional, jamás podrá dar a los otros lo que él mismo
está necesitando como el aire que respira.
La Escuela debe estar comprometida
con la sociedad. Participar, sin limitaciones y con sentido crítico, a aportar soluciones
constructivas a los problemas que
afecten significativamente su contexto.