sábado, 5 de noviembre de 2011

“Historias” con fallas de bordes
                              Dr. Abraham Gómez 

Las cosas perfectas son las que se acaban.
Y de las que vale el consummatum est. Se
clausuran sobre sí mismas. Nos cierran graciosa y
reverentemente las puertas. Y nos tenemos que salir.
No es un insulto es un honor que se le hace.
Lo que no podemos hacer es aguantarnos:
híbridos, algarabías y galimatías.
JUAN DAVID GARCÌA BACCA. Ensayos y Estudios.2004

Hay muchas maneras de comenzar un artículo de esta naturaleza, la más obvia sería tal vez  cayendo en la tentación de escindir los escenarios. Parcelar las cosas, para asumir posición en una especie de  cuadrículas ideológicas, donde cada quien se aposenta, cuyos estatutos son inviolables. Así entonces, estás obligado a ubicarte: si eres de izquierda o de derecha. Las categorías de análisis para tal asunto son exclusivamente asignadas, según corresponda. Pero uno puede también volverse herético y ejercitar otro modo en apariencia lógica de entrarle. Tal atrevimiento consistirá, para empezar, en mandar toda esa “parafernalia socio-política” bastante largo al cipote. Dársela uno de cimarrón epistemológico. Aproximar algunas teorías de la historia actual basadas en nuestras propias consideraciones  vivenciales. Bajo tal recorte será poco menos que  fastidiosa una  discusión que intente dilucidar cómo nacen, quiénes las enuncian y  hacia dónde giran las ideas, para que vayan teniendo su respectivo etiquetado. En una arbitraria simplificación diremos que  los términos Izquierda, Centro y Derecha previa a la Revolución Francesa no poseían mayores connotaciones. Era contenido gramatical y nada más. Bastó la decisión de los diputados a la Asamblea Nacional Constituyente, en esa gesta del siglo XVIII, de distribuirse los asientos en el recinto parlamentario, conforme a su voluntad, para que Izquierda, Centro y Derecha dejaran de ser sólo vocablos de uso común y adquirieran de suyo aplicación política. Trasunta un juego azaroso en la construcción inicial de las categorías devenidas, y que han llegado hasta nosotros. Entonces, hay subyacente una exquisita lúdica, por la motivación cómo aparecieron y  vinieron cobrando fuerza ideológica los espacios políticos en estos tiempos que corren. En sentido similar añadimos que aquellas transformaciones económicas surgidas en Inglaterra  que recibieron la denominación –discutible por no pocos—de Revolución Industrial influyeron en las relaciones sociales con la aparición de dos clases neta y crecientemente diferenciadas: los burgueses capitalistas, propietarios de los medios de producción y las masas de trabajadores-proletarios que recibían un salario por la energía física aportada en el proceso productivo, cuyas condiciones de vida eran precarias. Para entonces: aumento de inversiones y acumulación de capitales constituían la nota  y la lógica característica de esa sociedad. Sin embargo, no se dio allí la Revolución Comunista, como lo vaticinaba Marx. Por  esa línea disímil  de lucha histórica-política el Liberalismo carga también lo suyo. El liberalismo no puede ser concebido o definido en tanto producto de una clase política particular ni como resultado histórico específico. El Liberalismo no admite ser reducido a un simple defensor del capitalismo, ni debe ser confundido, sin más, con lo que conocemos como economía de mercado. Las corrientes del pensamiento que han acaparado y se han  autoasignado el cognomento de “progresista” nacieron y se nutrieron en las fuentes del liberalismo. Porque encaraban con severidad los conservadurismos, los continuismos y han estado  en permanentes auspicios de los regímenes libertarios. Sin avergonzarse, no hay por qué. El liberalismo asienta  con suficiente razón y justificación en esta etapa contemporánea por cuanto  a partir de él somos liberales en la medida en que favorecemos las formas de gobiernos democráticos y la promoción de sociedades abiertas. Ha habido una pretensión de sesgar arbitrariamente el liberalismo hacia una ideología de derecha. En una trama de omisiones y  ocultamientos. Por ejemplo, se separa artificialmente el liberalismo económico del liberalismo político. Se le adosa al liberalismo una propuesta anti estatal lo cual nunca ha sido su objeto teórico-práctico.

1 comentario:

  1. Buen punto Abraham, creo que hoy en día, muchos como yo en verdad no quieren identificarse con un partido inclusive los que son opuestos a este régimen, pero que ante la alternativa de confusión terminan ubicándose en la mitad de la calle. En mi caso en particular, creo que el único modelo viable para el desarrollo de un País, es la Democracia, pero también creo, que esta debe estar enrumbada a entender el socialismo como única forma en que lo que pronuncias como Liberalismo, pueda crear una sociedad mas justa. Donde el Estado se convierta no en un padre sino en el hermano que da la mano y los medios para facilitar el transito por los caminos hacia un futuro mejor para todos. Que en lugar de ser SOCIAL DEMOCRATA sea UNA DEMOCRACIA SOCIAL, para que pueda haber crecimiento, que trabajen juntos Capital y fuerza Productiva y que los Empresarios adquieran una mayor participación social no solo con su fuerza laboral sino también con su entorno. Tenemos los recursos para lograrlo, porque a pesar de todo somos un País bendecido en todos los sentidos, creo que la palabra clave es VOLUNTAD. y ESTAR CLAROS QUE SI LOGRAMOS LOS CAMBIOS POLITICOS DESEADOS, nos espera un largo camino y por la calle del medio.

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