jueves, 2 de febrero de 2012

LA TRANSFIGURACIÓN DEL DELITO
                                                        Dr. Abraham Gómez R.
                                                        Doctorado en Ciencias Sociales UCV
                                                                       abrahamgom@gmail.com
      
      Hace algunos años hubo intentos serios para alcanzar cierta  tipología de los hechos atroces cometidos. Se dieron esfuerzos para precisar alguna clasificación de los delitos y de  delincuentes.
 Cuando se tenían los atributos, más o menos claros, para conceptuar a la delincuencia había casi que una mejor manera de ejecutar las Políticas y las  estrategias con la finalidad de contrarrestar este flagelo social, a partir de las taxonomías que eran del dominio de los  especialistas.
 Más aún, desde los organismos de seguridad y orden público del Estado se hacían operativos con la presunción  de que los resultados serían ligeramente favorables a la tranquilidad ciudadana.
Pero, qué ha venido sucediendo últimamente. Por qué las acciones que propenden  a constreñir las fechorías   son pocas e inocuas. Por qué los índices  criminógenos van en aumento.
Interrogantes éstas que concitan a muchas reflexiones en diferentes espacios y amplias responsabilidades. En seguida explicamos este aserto.
Primeramente, los conceptos y las categorías que denominaban a la delincuencia y sus actos consecuenciales se han desdibujados, se han transfigurados. Los determinantes tradicionales  de hechos calificados como delitos ya no cuadran con la lamentable realidad que corre en estos días aciagos fuertemente marcados por la criminalidad. Por ejemplo, no hay horas específicas: los delitos ocurren lo mismo de día que de noche. Otro elemento que quedó atrás es el encuadramiento de los delitos en algunas temporadas. Solíamos decir que había unos meses del año que eran  como más propensos para hechos delictivos. Contrariamente a lo precitado qué está sucediendo. Ahora  en cualquier época  se cometen fechorías. Antes señalábamos que ese era un fenómeno de las grandes ciudades. Resulta que indistintamente a la condición de metrópolis o pueblos las cifras rojas del delito las conseguimos sin distinción socio-económica. Había el atrevimiento de apuntar que la mayor proporción de los ataques a las personas o bienes estaban en la dirección e intención invariable de pobres contra ricos. En la actualidad encontramos a pobres arremetiendo contra pobres. Así clarito. Podemos, en este curso de análisis, ir desenhebrando esta madeja.
Confrontada esa  cruda realidad, descrita sucintamente. Tenemos, entre muchas, tres opciones: ser indiferentes. Como si nunca nos fuera a tocar de modo directo. Otra salida, según algunos, sería huir espantados pero sin aportar nada para solucionarlo. Y la que nos impone la Conciencia Ciudadana: encarar desde múltiples ángulos esta problemática porque estamos convencidos que un sólo sector oficial o de la sociedad civil en general no resuelve tamaña patología social.
Si. La llamamos enfermedad del colectivo porque así como  el organismo vivo se enferma también se enferma la sociedad, y no bastan las leyes  o los operativos de represión. A lo que hemos denominado fenómeno delincuencial tenemos que entrarle entre todos para buscar su eficiente corrección.
 Justamente, ha sido tal nuestra preocupación y ocupación  desde la universidad, con el propósito de  reconstruir su pertinencia social, que se compromete en la solución de tal problemática en lo que sabe hacer: generar conocimientos. Por ello ya hay a disposición de quienes lo soliciten estudios enjundiosos de las Nuevas Tipificaciones delictuales de la Venezuela de hoy, producto de  historias de vida narradas por  sus  protagonistas.

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