Guayana
Esequiba: esperamos restitución no por malcriadez diplomática ni por capricho
Dr.
Abraham Gómez R.
Miembro de la Academia Venezolana de la Lengua
Asesor de la Fundación Venezuela Esequiba
Miembro del Instituto de Estudios Fronterizos de Venezuela
Coordinador de la Comisión Proponente de la UNAFRONT
A propósito del presente pleito
centenario que sostenemos por el arrebato que nos perpetraron por el costado
este de la geografía nacional; durante las últimas cuatro décadas he tenido la
posibilidad de intercambiar opiniones con muchísimos sectores, sobre cómo nos
correspondió encarar este caso litigioso, como Asunto de Estado. Por encima de
actos de gobierno.
Ahora nos encontramos expectantes;
por cuanto, para el próximo mes de noviembre la Corte Internacional de Justicia
tendría bastante probabilidad de dictar sentencia definitiva en este juicio.
En distintos eventos desarrollados en
varias universidades del país; o a través en los medios de comunicación social,
en las plataformas digitales; en video-conferencias y actividades presenciales;
asimismo, visitando los propios espacios fronterizos y por las redes sociales
conseguimos y escuchamos de todo.
Me permito resumir, señaladamente,
que hay un denso bastión de compatriotas que conforman una interesante masa
crítica; quienes a cada instante afilan con osadía y agudeza sus juicios al respecto y publican
las propuestas que ellos consideran justas para resolver la controversia, en
espera de la decisión sentencial.
Para que recibamos, en las próximas
semanas, una plena y congruente restitución hemos sostenido reclamos
insistentes, desde hace más de un siglo, los cuales jamás han estado anclados
en una malcriadez diplomática o en algún capricho nacional y menos en
empecinamientos injustificados.
Honor y gloria a los compatriotas que
nos antecedieron en estas lides venezolanistas.
Siempre estuvimos dispuestos -previo
a las respectivas comparecencias procesales en el citado Alto Tribunal- a
repensar y a analizar (una y muchas veces) cómo rediseñar las mejores estrategias a que hubo
lugar para que la Corte admitiera los objetivos petitorios de reivindicación
venezolanista.
No se trata de una simple ilusión;
sino de una determinación histórica con fundamento; de lo cual se encuentra
enterada la contraparte que, por supuesto, sabe que somos poseedores de los
documentos que nos acreditan el dominio absoluto sobre la extensión territorial
que han venido ocupando y usufructuando ilegal e ilegítimamente.
Aunque algunos sujetos
internacionales y países (hasta ayer amigos de Venezuela) se pronuncien en
respaldo a Guyana --por marcados intereses económicos, sin dudas-- nuestra
contención siempre ha tenido suficiente asidero jurídico, cartográfico e
histórico y la fortaleza moral de saber que no estamos cometiendo ningún acto
de deshonestidad contra nadie.
Con todos los especialistas en esta
contención --con quienes hemos intercambiado criterios de los probables
acontecimientos subsiguientes-- coincidimos en señalar que hicimos muy bien con
reflexionar “en frío” y haber asistido a todas las comparecencias
procedimentales por ante la Corte.
Hubo necesidad de convencer a un
reducido grupo de connacionales para que dejaran las actitudes retrecheras o
soberbias.
Las comparecencias por parte de
Venezuela han sido de muchísima categoría e importancia.
Sin nuestra presencia, el juicio iba
a continuar (nunca se ha paralizado) conforme al artículo (53) del Estatuto del
Ente Juzgador.
Ya en espera de la sentencia
definitiva, los delegados del oficialismo, responsabilizados para este delicado
caso litigioso, hoy más que nunca, deben obligarse (y abrirse) a consultar a
expertos y estudiosos para concordar la más idónea y conveniente posición que
asumirá el Estado, una vez que sea convocada la delegación venezolana para
escuchar la audiencia del fallo. ¿Qué vamos a hacer a partir de tal evento?.
Veamos también lo siguiente. Cuando
analizamos la Constitución de la República Cooperativa de Guyana de 1980, nos
conseguimos con la auto asignación y la distribución político-territorial que
ellos han establecido, precisamente en la Guayana Esequiba, en flagrante
violación del Acuerdo de Ginebra del 17 de febrero de 1966; que
determinantemente señala, en su artículo V, numeral (2):
“Ningún acto o actividad que se lleve a
cabo mientras se halle en vigencia este Acuerdo constituirá fundamento para
hacer valer, apoyar o negar una reclamación de soberanía territorial en los
Territorios de Venezuela o la Guayana Británica, ni para crear derechos de
soberanía en dichos territorios, excepto en cuanto tales actos o actividades
sean resultado de cualquier convenio logrado por la Comisión Mixta y aceptado
por escrito por el Gobierno de Venezuela y el Gobierno de Guyana. Ninguna nueva
reclamación o ampliación de una reclamación existente a soberanía territorial
en dichos Territorios será hecha valer mientras este Acuerdo esté en vigencia,
ni se hará valer reclamación alguna sino en la Comisión Mixta mientras tal
Comisión exista”.
Con la descarada entrega de
concesiones –inconsultas y unilaterales-- a las empresas transnacionales
pretenden, sibilinamente, “hacer valer o crear derechos de soberanía”.
La Guayana Esequiba constituye un
territorio con incalculables riquezas mineras, hídricas, forestales,
energéticas, edafológicas, agroindustriales, gasíferas, petroleras etc.
Territorio muchísimo más grande que algunos países europeos, asiáticos y
centroamericanos. Con extraordinario
potencial de desarrollo sostenible.
En el concierto de las relaciones
internacionales, lamentablemente los países no tienen amigos sino intereses. Lo
estamos percibiendo- mucho más- en los
últimos años, precisamente; porque esta zona está siendo considerada de un
extraordinario potencial por las reservas probadas y calidad de los recursos
petrolíferos, la ubicación geoestratégica y su proyección e interconexión con
los países de Suramérica.
Hay quienes se atreven a ser
explícitos en sus consideraciones – no exentas de polémicas—que las verdaderas
fronteras son políticas y económicas y no jurídicas.
Hasta donde la Fuerza de Defensa de
Guyana (GDF) nos permitió, recorrimos buena parte de esa inmensidad de
territorio, y nos conseguimos importantes ciudades, pueblos y asientos
demográficos de varios tipos y clases sociales; en cuyo registro censal, más
reciente, arroja una población que sobrepasa las 300.000 personas, incluyendo a
las etnias Waiwai, Makushi, Arawakos, Akawayos, Saraos, Patamonas, Caribes,
Waraos y Wapashi.
Agradezco, en lo personal, que
nuestro trabajo de indagación académica ha sido suficientemente ponderado y
reconocido; lo cual constituye honda satisfacción por una lucha sostenida sin
actitudes atrabiliarias o estrepitosas; por cuanto, requerimos juntar talentos y densidad en la formación
documental y doctrinaria para insistir en reclamar y defender en las instancias
a que haya lugar lo que por honor y justicia siempre ha sido nuestro; que nos
desgajaron, en un ardid tramposo; en una tratativa perversa mediante añagazas
jurídicas.
Por propia experiencia – producto de
mis visititas a la zona-- puedo mencionar que aflora una inmensa motivación por
parte de los Esequibanos --que viven en esa parte de Venezuela-- para
intercambiar ideas, experiencias y conocimientos históricos con nosotros. Esos
compatriotas tienen necesidad de saber, en esencia, cómo se conformaron desde
el punto de vista político-administrativo. Ellos desean concienciarse qué fue
lo que sucedió realmente. Así entonces, con tales fines, no piden que les
expliquemos en qué consiste un documento llamado “Laudo de París” y otro
denominado Acuerdo de Ginebra.