domingo, 16 de mayo de 2021

 

Lo peor de nuestra historia contemporánea

 Dr. Abraham Gómez R.

 Miembro de la Academia venezolana de la Lengua

 

Comienzan a despejarse las dudas. Ya no quedan sospechas. A partir de ahora, se acelerará y acentuará el    derrumbamiento político en todos los intersticios de lo que aún denominan “Proceso”; entelequia dañina pronunciada con menos fuerza. De ingrata recordación

Ellos lo saben; por cuanto, la Comunidad Internacional ya los tiene retratados a cuerpo entero. No se necesitan más diagnósticos para conocer –con certeza—lo que realmente son; por eso, hay una intuición que capta en la masa roja la cercanía del descalabro.  

Los copartidarios   lo perciben e intentan darse ánimos unos con otros.

Resulta que se han convertido en los más interesados en concretar, con prontitud, el Acuerdo de Salvación Nacional que estructuró y propuso el Ing. Juan Guaidó, en su condición de líder de la verdadera oposición venezolana. Idea de reivindicación ampliamente acogida por los países y gobiernos democráticos del mundo.

Sin embargo, estamos obligados a señalarles ---a quienes han estado por más de veinte años conculcando derechos y atropellando a todo un pueblo--- que la voluntad de su “presunta rectificación” no basta ante la realidad que los acusa y acecha.

 La principal característica de la histeria colectiva que exhiben viene dada por el desconcierto patológico que manifiesta un gran número de comilitantes del régimen. Preste usted atención para que capte que hasta los más recalcitrantes ortodoxos del inefable “socialismo” transpiran los quejidos.

 Hubo un momento en que parecían invencibles, y a la otra parte de la sociedad; dígase quienes asumimos desde siempre la libertad y la democracia en tanto Principio existencial: antagónica de sus indigestiones ideológicas, nos estuvieron considerando   escuálidos y guarimberos.

 Cómo olvidar que fuimos sometidos a las más abyectas de las humillaciones quienes hemos tenido la legítima y natural actitud de adversar las posiciones oficialistas, no por ultrancismo – que jamás hemos practicado-- sino por avizorar el fraude en las ejecutorias de las desacertadas políticas públicas, en las que nos han pretendido encallejonar este hatajo (con h) de hitlerianos tropicales.

 

 ¿A cuál socialismo se referían cuando hablaban de socialismo? ¿Qué   transformación dicen que estaban haciendo?  ¿Cuál sociedad ideal tenían para que la hiciéramos réplica en nuestras especificidades?  

 Nada serio había en sus pobrísimos discursos cuando nos plantearon hasta la obstinación que iríamos a un mundo mejor, parecido a Cuba, China o Corea.

 Los “planificadores” del gobierno asomaban, como mascarón de proa inflexibilidades en las decisiones. Nunca aceptaron justificadas observaciones de nadie.

 La inocultable ineptitud la estuvieron maquillando con arrogancia y soberbia. Fruncían el ceño para espantar las incómodas críticas bien fundamentadas. La autocrítica les resbalaba; porque se creían y se la estuvieron dando de autosuficientes.

Únicamente ellos poseían el prodigio – incompartible-- de atesorar “la verdad absoluta” e incuestionable. La deleznable situación del país hoy devela la ruindad ideológica que los atraviesa.

Por eso y sólo por ellos es que estamos como estamos en las peores condiciones sociales y económicas, en la más patética inseguridad jurídica y ciudadana, en un descrédito internacional. Nos han conducido a tamaña precariedad ética y moral.

 Una nación con su extraordinario potencial para el sostenible desarrollo humano integral no merece la abominación causada por parte de estos detentadores circunstanciales del poder.  Que están “pidiendo cacao”. Que quieren irse, en un sálvese quien pueda.

 Ellos provocaron que en nuestro país únicamente prevaleciera, en los últimos años, la detestable militarización de los espacios naturales de la sociedad civil, con el agravante de pretender hacer tolerable tal engendro “como si” se tratara de una circunstancia normal y rutinaria.  Siempre aspiraron que, a fuerza de marchas, persecuciones, juicios amañados la sociedad civil y democrática se tragara la militarización.

Ya hay suficientes evidencias de la abominación que causan los regímenes totalitarios-militaristas de derecha o de izquierda. Esto que dieron en llamar “socialismo,” de extraño acuñamiento ideológico, buscó arreglársela “como si” hubiera una revolución.

 Más de una vez, nos sorprendimos al ver a intelectuales que creíamos densos en sus pensamientos y criterios, desempeñar la función de exégetas del régimen, para   propagar “las bondades” educativas, sociales, culturales. Cuánta desvergüenza tendrán que cargar o arrastrar, en lo sucesivo. 

La acumulación incontenible e insoportable de errores y desaciertos en todos los ámbitos, sectores y áreas ubica al actual régimen como el peor de la historia contemporánea de Venezuela. Estamos considerados, por la irresponsabilidad e ineptitud de estos facinerosos el país más miserable de la tierra.  Las expectativas levantadas de justicia social y reivindicación de los pobres constituyen en la actualidad un inmenso fraude.

 

domingo, 9 de mayo de 2021

Guayana Esequiba: si no es en la Corte, entonces dónde y cómo

Dr. Abraham Gómez R.

Miembro de la Academia Venezolana de la Lengua

Miembro de la Fundación Venezuela Esequiba

Miembro del Instituto de Estudios Fronterizo de Venezuela (IDEFV)

 

 

Cifras considerables -- producto de análisis y registros creíbles-- del Fondo Monetario Internacional revelan que Guyana obtuvo, en 2020, un crecimiento de su PIB, por el orden del 86%; incluso, se especula que sobrepasó en un 14 por ciento a la misma China, en su incremento de riquezas.

Nos enteramos que, en el primer trimestre de este año, han aumentado las operaciones de “exploración y las exportaciones petroleras de Guyana” (¿…?). Aprovechamiento de  lo que no les pertenece.

La temeraria aseveración anterior la colocamos entre comillas adrede y con interrogantes dudosas; porque el Bloque Stabroek (donde se han activado los pozos Payara, Liza y Uaru) se encuentra en la proyección atlántica tanto de la Zona en Reclamación, como en la prolongación marítima correspondiente al Delta del Orinoco (que no entra y jamás ha estado involucrada en el presente   litigio).

El Bloque Stabroek tiene (26.800) kilómetros cuadrados; con recursos recuperables descubiertos actualmente; cuya estimación alcanza a más de 8 mil millones de barriles de petróleo.

No hay el menor recato para dar a conocer, por parte de La ministra de Recursos Naturales de Guyana Vickram Bharrat, que el descubrimiento citado se suma a la consideración en cifras que ellos manejan de recursos de aproximadamente 9.000 millones de barriles de petróleo de reservas probables que se calculan para la zona. Área—precisamente-- que la hemos puesto siempre en contención. Proyección atlántica aún por definirse, en lo que atañe a la Zona en reclamación.

 Las autoridades guyanesas se ufanan que sus estimaciones proporcionan una perspectiva entre 700.000 y un millón de barriles diarios; pero –diremos nosotros—dentro del ámbito geográfico, que reivindicaremos, porque siempre ha sido nuestro. Además, añaden sin remilgos, que la excolonia británica puede llegar a ser el país con el mayor caudal financiero líquido disponible y de ingreso per-cápita. Tal vez, la nación en el mundo, con el mayor número de barriles de petróleo por habitante.

La Zona Esequiba (y su proyección marítima) donde están operando las citadas empresas nunca ha sido ni británica ni guyanesa; lo que ha habido es una descarada   ocupación abusiva de las transnacionales, a partir de concesiones fraudulentas e ilegales que recibieron de los gobiernos guyaneses. Entregas impregnadas de añagaza económica; por cuanto, contrarían el espíritu, propósito y razón del Acuerdo de Ginebra del 17 de febrero de 1966.

Pronunciemos –para que lo escuchen allá-- una y muchas veces: los convenios suscritos, de buena fe, entre Estados son para ser cumplidos; tal como en efecto lo admite de suyo el principio Pacta Sunt Servanda.

Sin embargo, nos preguntamos: hacia dónde apuntan las miradas de las autoridades de nuestra Cancillería.

 Nos parece que ya es tiempo que quienes manejan la política exterior de Venezuela consignen las debidas denuncias --suficientemente documentadas-- ante las instancias internacionales correspondientes, por la vileza cómo viene operando ese enjambre de empresas transnacionales, con la anuencia de los gobiernos guyaneses.

Cuando tuvimos la ocasión de recorrer el país – en casi todas sus universidades—dictando la conferencia, “Guayana Esequiba: litigio histórico y reivindicación en justicia”, nos agradó el inmenso interés que la mencionada controversia ha despertado y concitado en bastantes sectores de la población venezolana. Como nunca, debo decirlo con honestidad, la gente desea explicaciones sobre lo acaecido el 03 de octubre de 1899, y suscrito en la írrita y nula sentencia arbitral, denominada Laudo Arbitral de París.

Con objetividad y detenimiento, hacemos en cada exposición discursiva un análisis crítico del vil despojo del cual fuimos víctima, hace más de un siglo, mediante la citada tratativa perversa de talante político-diplomática.

Motivado a la pandemia, ahora los intercambiamos los llevamos a cabo vía zoom, en las redes sociales, por   radio o televisión.  Importante y lo que interesa es no quedarnos callados, ni dejar “adormecer” este asunto de inmensa repercusión nacional.

Reconocemos que han aflorado en todas las regiones aportes significativos para alcanzar pronto un arreglo “práctico y satisfactorio”, en este pleito. Esa alternativa pudo haber sido una solución, algunos años atrás. A mi modo de ver, ya está superada; porque el asunto controversial escaló a nivel de la Corte Internacional de Justicia; y en ese Tribunal no hacen “arreglo” de tal tipo; sino que aplican el derecho; y solo, excepcionalmente, por mutuo acuerdo de las partes, podría dar una solución ex aequo et bono.

Por las redes, nos hemos encontrado con todas las opiniones habidas y por haber. Conjeturas inimaginables, posiciones contradictorias; críticas   bien fundamentadas hacia las autoridades de la cancillería, por la opacidad informativa en la aparente defensa de los intereses del Estado venezolano. Señalan los silencios cómplices, las declaraciones destempladas o extemporáneas, las elogiosas frases a la contraparte, en escenarios internacionales.

Estudiosos del litigio, que piden la palabra en las video-conferencias, para   preguntar:  por qué tantas permisividades, de parte de Venezuela para con las empresas transnacionales, que están esquilmando nuestros recursos (de todo tipo) incalculables.

Afloran varias propuestas un poco desentonadas o desencajadas; pero, respetadas también por la forma, el fondo y la intención como son expuestas. Todas son oídas y analizadas.

Tenemos una reclamación centenaria que ahora se dirime en la Corte Internacional de Justicia.

 Juicio que se lleva adelante; el cual no se paralizará por ausencia de alguna de las partes. Y que incluso, de acuerdo con el artículo (53) del Estatuto de la CIJ puede llegar a haber resolución sentencial, así alguna representación concernida no se haga presente.

Este Alto tribunal de la Haya – como ya se sabe— el 18 de diciembre del año pasado, admitió su jurisdicción y competencia para proceder a conocer forma y fondo en este pleito, conforme al recurso interpuesto por Guyana; cuya pretensión procesal (contenida en su petitorio) nos resultará fácilmente desmontable; por cuanto, no poseen el menor asidero histórico-jurídico de lo que en el escrito solicitan a la Sala juzgadora de la Organización de las Naciones Unidas.

Nuestra delegación fue citada, el 26 de febrero del 2021, para la primera audiencia oral (denominada vistas procesales); con la finalidad de exponer nuestros alegatos de los hechos, sustentados en el pleno derecho que poseemos sobre esas tierras; así también argumentar, a nuestro favor, con los elementos de probanza que tenemos – y que son bastantes-. Nuestros escritos no admiten prueba en contrario

 ¿Qué pasó en esa fecha? No asistimos al citado evento. Para entonces, hubo una decisión del   Ejecutivo Nacional de no comparecer. Se prefirió provocar una “reunión de cortesía internacional”; que, aunque válida en estos casos de controversias entre Estados, no surte mayores efectos jurisdiccionales.

Hay quienes se inclinan – como estrategia de recuperación-- un enfrentamiento bélico; Sin embargo, mayor sensatez percibimos en quienes piensan que el desarrollo conjunto sería una opción valedera.

 Mucha gente en Venezuela, cree que debemos denunciar (desaplicar contenido) el Acuerdo de Ginebra para buscar soluciones, con mayor libertad, no obligantemente según el artículo 33 de la Carta de las Naciones Unidas.

Escuchamos exposiciones que mencionan la venta de la Zona en Reclamación, y proceder a repartir el producto entre Venezuela y Guyana. Otros que prefieren que de darse una sentencia en la Corte Internacional de Justicia sea favorable a las (9) etnias que allí habitan. Hay quienes aportan como solución la conformación, en esa área, de una nueva nación, con población de Venezuela y Guyana.

Mi posición sigue invariable, y la he justificado en los siguientes términos: si poseemos suficientes elementos probatorios para exponer y alegar que la Guayana Esequiba siempre ha sido nuestra jurídica, cartográfica, demográfica e históricamente, no debemos rehuir el “combate” al que estamos convocados para el 08 de marzo del 2023.  Debemos solicitar que se transmita para el mundo entero, el momento cuando hagamos la consignación por escrito de nuestro memorial de contestación de la demanda; la cual estará munida de argumentos irrebatibles.

 

 

lunes, 3 de mayo de 2021

 

Estopa en la garganta (II)

 Dr. Abraham Gómez R.

Miembro de la Academia Venezolana de la Lengua.

 

 “Todo el texto es esa gota de dolor que hay que colocarse en la lengua, hasta que de tanto arder, entendamos que mientras nos creamos al margen, no tendremos las manos limpias y que seremos culpables hasta que podamos hablar de la última masacre del hombre contra el hombre. Esto no es literatura…” Nunca Korczak llegó a Jerusalén. Jaime Vàndor. 1984

 

 Ya no nos sorprendemos, y ellos tampoco guardan disimulo o recato. Poco les importa lo que pueda discernir la Comunidad Internacional – se atreven hacer amagos ante la Corte Penal, o mandarla bien largo al cipote- en los procesos preliminares que se adelantan,

 Hay un grupito que busca exculparse de las venideras sentencias, aunque tengan que hundir a sus “compinches”.

En cualquier intersticio está la lupa oficialista para ejecutar “las biopolíticas contemporáneas”; es decir, un control político sobre nuestras vidas; para imponerle a la ciudadanía hasta la manera de sentir y pensar.

Nos están conduciendo, a través de una teoría sombría, a renegar de nuestra condición de ciudadanos y al tiempo admitir que somos instrumentos dados y aprovechables para los más disímiles experimentos sociales e ideológicos.

Sin los más mínimos escrúpulos, los aparatos tradicionales de control y de sometimiento están conectados a mecanismos paraestatales que persiguen, apabullan y despojan a los individuos de todo derecho y posibilidad jurídica. Hay una paradójica disposición a justificarlo todo dentro de la Constitución y las leyes, aparejado a la genuflexa entrega del resto de los poderes del Estado. La espasmódica reacción de la Fiscalía General de la República – de mea culpa estatal ante las abominaciones cometidas—no es más que un “trapo rojo” para desviar la atención del aspecto jurídico medular, que se les viene encima.

En los tiempos que transcurren resulta impensable que alguien, por bastante osado que llegue a ser, pueda convocar (tal vez contaminar) a una multitud con sus ideas totalitarias y salir ileso. Aunque la humanidad venga de padecer los horrores del holocausto, las conflagraciones mundiales, las excentricidades de los “iluminados, de quienes se dicen ungidos para rescatar a la especie humana y re-crear un “hombre nuevo”; aún persiste en cualquier latitud el germen larvario de los regímenes atroces, sin mayores disimulos, que violentan y persiguen hasta la aniquilación la condición y la dignidad humana.

A pesar de las contenciones, mediante tratados, que los países pactan para someter los mencionados ímpetus deleznables, los detentadores de la ignominia política consiguen resquicios para regustarse al percibir que hay una “masa poblacional” que le prodiga adoración perpetua, in extremis, dispuesta a entregar su vida en aras de concretar un ente centralizador, que hegemonice la existencia de los ciudadanos, sus actuaciones por mínimas que parezcan.

Los distintos estudios del Totalitarismo –como definición y práctica sociopolítica-- coinciden en algunas características indispensables para que propiamente logremos la calificación de un sistema de este tipo.

Veamos. Hablamos de Totalitarismo cuando el Estado tiende a regimentar todo cuanto representen las relaciones sociales, que se suponen pertenecen más al orden de los ciudadanos. Al punto de que el totalitarismo hace dependiente la civilidad de modo absoluto. Por añadidura el Estado ostenta rango preeminente tanto en el plano axiológico (los valores sociales serán siempre en función de la preservación de los intereses estatales), como en la estructura de la sociedad, inclusive en los designios de cada individuo en particular.

Ya Foucault lo había estudiado en la década del setenta, y lo categorizó como el biopoder.

 Hoy, ese biopoder –que pensábamos que no nos alcanzaría-- va haciéndose en nuestro país más evidente. La vida y lo viviente constituyen los retos de las luchas políticas en la Venezuela contemporánea.

Ha venido este régimen haciendo uso de los manuales de medios típicos del totalitarismo, para el control ciudadano.

 Digamos:  acortamiento de las libertades de opinión, expresión y criterios (abierta o sibilinamente), conculcamiento del derecho a dar y recibir información. El caso del diario El Nacional ha sido el más patético. La vulgar utilización de la “justicia” para sus malévolos, propósitos.

Para mantener el poder a cualquier riesgo y precio, únicamente les interesa taponar con crudeza y sin escrúpulos bocas y oídos para que no digan, para que no escuchen. Obturar las conciencias. Constreñir las libertades en el ejercicio de la educación, de la propiedad privada, de producción, de comercio, de decisión de movilidad, de la participación social en condición de ciudadanos independientes.

 Todo en nuestro país pretenden sellarlo con los tintes de partido único, oficializado, a cuyo frente se construye la figura de un “jefe absoluto” con poderes ilimitados; siendo él mismo el superior jerárquico de la estructura estatal. Lo anterior anudado bajo la estricta vigilancia de un cuerpo civil-militar con una lógica y discurso cuartelarlo, aterrorizante con la finalidad de asegurar la imposición sectaria de una ideología.

Estamos viviendo en una especie de Estado de Excepción permanente. Lo cual tarde o temprano cobrará sus deplorables consecuencias, tanto para las complicidades activas como para los silencios cobardes, de quienes se dicen de “oposición”, y terminan en caricaturas colaboracionistas.

Resulta lógico que nos preguntemos, ¿cuándo saldremos de esta pesadilla? Tan pronto cuando nuestro pueblo deje a un lado las cargas de temor y se disponga a hacer justicia por las muchas tropelías soportadas, por tantas actitudes ominosas padecidas.

Habíamos pensado que con el derrumbamiento del Muro de Berlín, también se hacía posible el descalabro estrepitoso de teorías anacrónicas (comunismos, socialismos de baja ralea, fascismos, totalitarismos, populismos, militarismos, personalismos, absolutismos, estatismos, y todo ismo que se atreva a condicionar las libertades humanas) cuyo propósito viene dado para escindir a los seres humanos, indoctrinarlos de manera imbécil y ubicarlos forzosamente en posiciones dicotómicas, para desatar luego las riendas a detestables maniqueísmos irreconciliables.