Guayana Esequiba: el recurso petrolero en la proyección
atlántica nos pertenece
Dr. Abraham Gómez R.
Miembro de la Academia Venezolana de la Lengua
Asesor de la Fundación Venezuela Esequiba
Miembro del Instituto de Estudios Fronterizos de Venezuela
Coordinador de la Comisión Proponente de la UNAFRONT
A lo largo de nuestra historia
contemporánea (con la “aparición” del petróleo, como recurso aprovechable) las
iniciativas programáticas y todo cuanto se decidía (y se decide) emprender para
el desarrollo de la Nación, quedaba (y queda) sujeto y condicionado a los
ingresos financieros (divisas de todo tipo contante y sonante), como resultado
del proceso de exportación de tal elemento fósil que nos prodigó la naturaleza.
En estos momentos, estamos bajo
una confusa “tutela de administración dineraria” por parte de EE.UU.
Desde hace bastante tiempo, estamos
pagando con creces (y con cruces) la crítica situación en la cual nos
encontramos; por el hecho de haber escorado (y atado), prácticamente, la vida
de nuestro país al petróleo, de manera casi absoluta.
Siguen siendo determinantes los
ingresos relativos y contingenciales por concepto de venta del mencionado
recurso, para casi todo como factor de renta.
Dicho de otro modo, hemos sido tan
“estúpidos” que recostamos toda la estructuración de las Políticas Públicas y
concretamente la economía de Venezuela casi plena y de manera ilimitada a los
proventos petroleros.
Todo lo demás queda a las orillas y
marginados; y con bastante opacidad en las cifras por concepto de recaudación
impositiva.
No temamos hacernos una sincera
autocrítica; porque, tal hecho cooperaría, en mucho, para las respectivas
correcciones.
Una brevísima reseña histórica para
ubicarnos en contexto.
Acaban de cumplirse 104 años del
reventón en la hacienda Los Barrosos.
Para una mejor precisión
sociohistórica, diremos que, en la madrugada del 14 de abril de 1922, los
lugareños del pueblito La Rosa, cerca de la empobrecida Cabimas, estado Zulia,
quedaron perplejos y sobresaltados; por cuanto, no comprendían lo que estaba
sucediendo.
Al principio sintieron una especie de
movimiento sísmico; luego, un estruendo.
Muchos vecinos llegaron a pensar que
se trataba de un terremoto; sin embargo, ese grupo avecindado de pobladores
fueron testigos de una “cosa rara” que brotó de las entrañas de la
tierra, en los predios de Los Barrosos.
Apreciaron una lluvia negra, un betún
(vocablo que después sería de uso común); pero al principio decían es “una
agua negra y viscosa” que se eleva como un chorro a sesenta metros de
altura.
Quienes hicieron las crónicas de
tales acaecimientos relatan que los trabajadores de la Shell demoraron varios
días en controlar con una válvula la potencia del incontenible líquido que cada
vez brotaba con más fuerza.
Dicen que los dueños de la hacienda
Los Barrosos estaban asombrados y recelosos; porque ese pozo estuvo arrojando
unos 100 mil barriles diarios de crudo día y noche, que se terminaron
desperdiciando, pero que sirvió para develar el tamaño del yacimiento y su
importancia.
Acontecimientos similares – en mayor o menor
proporción-, y con otras circunstancias se suscitaron en varias regiones de
Venezuela; con lo cual podemos enfatizar que a lo largo del siglo XX se fueron
emprendiendo nuevos y precisos descubrimientos, exploraciones tecnificadas y
sostenidas explotaciones que le confirieron a nuestra nación la merecida
categoría de país petrolero y la ocasión de hacerse cofundadora de la OPEP.
Nuestro acervo experiencial petrolero no
comporta una improvisación.
Dejamos sentado ante el mundo que la
condición y fortaleza de Venezuela de país petrolero no es un artificio de ayer
para hoy; una sospechosa invención para coquetear con las transnacionales o una
caricatura económica para justificarnos por el asunto litigioso que se dirime
por ante la Corte Internacional de Justicia.
En nuestra asistencia a las
universidades venezolanas y a algunas instituciones públicas y privadas para
atender algunas invitaciones académicas, con la finalidad de dictar
conferencias --cuyo eje temático estriba siempre sobre la Guayana Esequiba-- se
nos pide una opinión objetiva, en cuanto a cómo es eso que Guyana nos puede
llegar a superar en comercialización internacional de petróleo.
Las respuestas a tales interrogantes
las hemos dado directas y contundentes, en estos términos: Guyana se ha burlado
de Venezuela, de muchas maneras.
Guyana ha irrespetado el contenido
esencial del Acuerdo de Ginebra de 1966, que limita y restringe a las partes en
litigio por la “Zona en Reclamación” a atribuirse soberanía y/o explotar
unilateralmente los recursos que en esa área se encuentran; y por supuesto en
la riquísima proyección atlántica.
Debe esperarse hasta que haya, en los próximos
meses, una decisión sentencial del Ente Juzgador de la ONU.
No satisfechos con todo lo que han
esquilmado hasta el presente en la Guayana Esequiba, luce vergonzosa la actitud
de la excolonia británica estar promocionando nuevas concesiones petroleras
para los próximos años, en lo que ellos han denominado “Proyecto Guyana a
futuro”.
A propósito, en recientes
declaraciones, Irfaan Ali, el presidente guyanés, expone:
“Están a subasta 14 bloques de petróleo en
alta mar y que el Gobierno espera otorgar nuevos contratos para fines de año.
La cuenca de Guyana es considerada la de más rápido crecimiento del mundo, con
recursos estimados superiores a 25.000 millones de barriles de petróleo
equivalente y una reserva estimada superior a 11.000 millones. Esta ronda de
licitaciones permite al Gobierno de Guyana crear y administrar un marco fiscal
y regulatorio mejorado. Lo que buscamos hacer es tener el mejor resultado
posible para Guyana, dadas las lecciones que hemos aprendido. Hasta ahora, un
consorcio de empresas: Exxon, Hess y CNOOC son los desarrolladores de un bloque
gigante llamado Stabroek en la costa de Guyana. Buscamos un equilibrio para
garantizar que el país obtenga el mejor trato posible en términos de ingresos
y, al mismo tiempo, no asustar a los inversores”.
Hemos reiterado a todo evento y tiempo que esos
incalculables recursos nunca han sido ni británicos ni guyaneses.
Esos recursos se ubican en la proyección
atlántica de la Guayana Esequiba, inclusive en el frente marítimo del Delta del
Orinoco, que no se encuentra incluido en la controversia.
Tenemos una justa reclamación
centenaria, que ahora se dirime en la Corte Internacional de Justicia;
aguardando por un fallo congruente en pleno derecho, con base en las
irrebatibles pruebas que consignamos en los distintos trayectos procesales a
los cuales asistimos responsablemente.
Estamos convencidos que tenemos todas
las de ganar en la citada Sala Sentenciadora, siempre y cuando la resolución a
este pleito sea justo.
Estamos apertrechados de suficientes
fundamentos probatorios de que la Guayana Esequiba es nuestra jurídica,
cartográfica e históricamente.
En la proyección atlántica que genera
la zona controvertida, ha habido una ocupación abusiva de las transnacionales a
partir de concesiones fraudulentas e ilegales que han venido recibiendo de los
gobiernos guyaneses; como las que se pretenden seguir entregando; todas
impregnadas de añagaza económica.
Guyana no es un país petrolero. Esos
recursos no le pertenecen.
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