Guayana
Esequiba: la pretensión procesal de la contraparte carece de asidero
Dr. Abraham Gómez R.
Miembro de la Academia Venezolana de la Lengua
Asesor de la Fundación Venezuela Esequiba
Miembro del Instituto de Estudios Fronterizos de Venezuela
Coordinador Académico de la Comisión Proponente de la
UNAFRONT
Frente a las próximas determinaciones jurisdiccionales de la
Corte Internacional de Justicia debemos estar expectantes, en absoluta
solidaridad como país; para no incurrir en errores gravosos que puedan
causarnos mucho más daño, del que hemos arrastrado desde aquella fecha de
ingrata recordación, cuando se nos desgajó una séptima parte de nuestra
geografía nacional.
Entendemos que las divergencias y diferenciaciones, al
parecer condición casi natural de los seres humanos, siempre van a aflorar por
cualquier cosa; no obstante, la presente circunstancia por la que atraviesa la Patria
nos obliga a pensar, con bastante inteligencia. Surge una interrogante inevadible.
¿Qué debemos hacer y bajo cuáles estrategias nos
comportaremos -uniforme y simétricamente- ahora cuando la Sala está conociendo
el fondo del litigio?
Pleitos internos siempre tendremos; pero, en este asunto
litigioso concreto, la unidad que exhibamos al resto del mundo demostrará que
somos dignos herederos de las glorias y conquistas históricas de nuestros
próceres e insignes libertadores.
Tal elemento constituyente
básico conforma la primera demostración de nuestra fortaleza probatoria, con la
cual procederemos a reivindicar todo ese inmenso costado este que nos han
usurpado.
Otro factor a considerar, no menos interesante, es la toma de
conciencia y el determinante involucramiento de civiles, militares,
estudiantes, académicos, políticos, empresarios, obreros. Compatriotas de los
distintos cuerpos sociales, de todos quienes llevamos suficientemente acendrada
la venezolanidad. Preparados para dar y recibir –con transparencia— las
informaciones que han venido dimanando desde la Corte Internacional de
Justicia, donde se dirime procesalmente la precitada controversia.
En las subsiguientes fases a desarrollarse- en este
trimestre- es
decir, las alegaciones y las pruebas preconclusivas, por ante el Cuerpo Sentenciador; la
comparecencia de Venezuela tiene que ser indiscutible e indudable, con nuestra
densa alforja de Títulos (que no admiten pruebas en contrario) que
presentaremos para la examinación e investigación.
Nuestro legajo de documentos dejará sentado válidamente que
no hemos despojado nada a ningún país, ni pretendemos hacerlo; y que el írrito
y nulo Laudo Arbitral de París, del 03 de octubre de 1899, ha sido siempre un
inexistente y vergonzoso adefesio jurídico que jamás debió considerarse como oponible
para nada y menos referente jurisprudencial en el Derecho Internacional
Público.
Prestemos atención de lo que la contraparte ha venido
haciendo sin escrúpulos.
En casi todos los medios audiovisuales de Guyana ha aflorado,
en los últimos meses, una sibilina y machacona campaña de (des)información,
cuyo contenido apunta a hacerle creer a la población que habita en la “Zona en
Reclamación” que Venezuela no posee los recursos argumentativos probatorios de
nuestra contención; y que, por tales motivos, le habíamos estado rehuyendo al
arreglo judicial, como “expedita
alternativa” que ellos presentaron en la Corte.
En ese mismo sentido, estamos observando y analizando el
despliegue inusitado en los canales internacionales; también en los diarios de
mayor circulación -- los de mucha credibilidad y prestigio y los más leídos en
el mundo-- la ilimitada propaganda que el gobierno guyanés ha cancelado, con la
finalidad de darse un barniz favorable en torno al histórico caso del Esequibo.
Tratan de diseñarse una matriz opinática acomodaticia.
Nosotros tenemos abundante documentación para demostrar que
fue el Imperio Británico que nos usurpó y despojó, mediante las trampas y demás
tratativas políticas-diplomáticas urdidas a finales del siglo XIX, de 159.500
km2; incluso tenían la aviesa intención de arrebatarnos hasta el Delta del
Orinoco y una considerable parte del estado Bolívar.
El gobierno guyanés ha desatado un propagandismo con
“descomunal ferocidad”, en dos vertientes: en Georgetown, con la utilización de
la televisión a diestra y siniestra contra Venezuela; haciéndonos pasar como
avaros en la reclamación o imbéciles e ignorantes del Derecho Internacional
Público.
La otra burda
estrategia ya la conocemos. Vienen
organizando sistemáticas visitas a la Guayana Esequiba del presidente Irfaan
Ali, de ministros, miembros de las Fuerzas Armadas, empresarios, representantes
de todas las organizaciones políticas e iglesias.
Sospechamos que, dentro de las estrategias que han diseñado y
acometido los coagentes de la Contraparte guyanesa, se cuentan: los pronunciamientos de la Caricom y --quizás
para los próximos días—de la Commonwealth. Así también, han logrado sumar
opiniones de algunos países que (como es fácil advertir) tienen fuertes
intereses en el área en contención, y ya han recibido ilegalmente por parte de
Guyana concesiones para el desarrollo de proyectos.
Han logrado acopiar suficientes recursos dinerarios de las
empresas transnacionales (¿extorsión?) que operan --sobre todo—en la proyección
atlántica para cancelar los carísimos honorarios de los abogados litigantes en
este caso.
Nos encontramos ante un hito histórico disyuntivo.
Estamos concernidos a
demostrar sin posiciones elusivas o reticentes – en plena unidad venezolanista,
“hablando el mismo idioma” -- un hecho de vital trascendencia para la vida de
la nación: esa extensión territorial, que hemos reclamado desde hace más de
cien años, siempre nos ha pertenecido; y tenemos enjundiosos documentos, de
pleno derecho, para demostrarlo.
Al día de hoy, la contraparte en su Pretensión Procesal no ha
consignado el más mínimo documento que pruebe la propiedad de esa nación sobre
la extensión que nos arrebataron.
En la Acción interpuesta por Guyana contra Venezuela no hay
en sus anexos documentos históricos que demuestren nada.
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