miércoles, 5 de octubre de 2016




TRAMPAS DE FALSOS COGNADOS
Dr. Abraham Gómez R.
Miembro de la Academia Venezolana de la Lengua

La propuesta que pareció una sentencia, hecha en cadena nacional por el Sr. Nicolás Maduro, para que se  omita del registro vocabular y lexicográfico venezolano la palabra adolescente ha causado perplejidad en mucha gente, que se ha impactado (y espantado) por el grado de ignorancia que exhibe quien ahora se desempeña en la Presidencia de la República.
La circunstancia, aunque temporaria, en el desempeño de la primera magistratura nacional  le debería aconsejar bastante recato al momento  de decir y hacer.
Aparejado a lo anteriormente descrito, queda develado el pobrísimo equipo de asesores que ostenta el jefe del Estado; preocupados más por no perturbar a quien se empeña en hablar mal a cada instante, aunque lo vean revolcándose en el fárrago de la estupidez
Les invito a prestar atención a lo siguiente: el étimo adolescente se refiere lexicalmente a la persona que, en encontrándose en etapa de desarrollo-crecimiento, aún  dentro de la pubertad, requiere completar otros componentes biosicosocial hasta hacerse adulto.
El verbo adolescere nos provee su participio activo: adolescente (quien se encuentra en crecimiento); así también nos  entrega su participio pasivo: adulto, quien ya ha completado   su formación.
Por su parte adolecer nos refiere a quien está aquejado, carente de algo.
En lingüística histórica se llama cognados a aquellos términos con un mismo origen etimológico, pero con distinta evolución fonética y de significados.
La confusión quizás se origina en la homonimia (igualdad fonética y escritural del término); así como, a la figura lingüística denominada: falso cognado, suficientemente conocida, que consiste en una  palabra que, debido a similitud fortuita de apariencia, parece guardar parentesco con otra palabra. Diera la impresión que nacen de la misma cepa semiótica (signos idénticos), y uno llega a sospechar y creer que tienen iguales resultados semánticos. Y no es así, por cuanto, en realidad no comparten un mismo origen etimológico, no son verdaderos cognados.
La semejanza de las palabras cognadas induce a menudo a traducciones erróneas, a irrespetos en los actos de habla, a intemperancias o despropósitos como el que se intenta acometer desde Miraflores, sin la menor consulta a los entes encargados de tales  estudios y demás menesteres.
La similitud entre palabras de distintas lenguas, o del  mismo idioma, pero que evolucionan por caminos distintos en sus significados, no basta para demostrar que dichos vocablos están relacionados entre sí.
Reflexionemos por un instante  que por un parecido físico no se puede determinar si dos personas tienen los mismos genes.

Se  hubiera evitado el señor Maduro la tropelía y  el desliz  semiológico con el mínimo interés prestado a la antiquísima conseja que reza: cuando usted sienta que es ignorante de un ámbito específico el silencio viene a ser su mejor aliado.

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