viernes, 5 de junio de 2026

 

De derecha o de izquierda ya son nomenclaturas en desuso

Dr. Abraham Gómez R.

Miembro de la Academia Venezolana de la Lengua

abrahamgom@gmail.com

 

Entre el crítico más osado que afila con agudeza los juicios y/o quien anda por ahí sólo mirando pasar las cosas queda tejida una común conclusión: el desbarajuste ideológico en el presente tramo epocal, en el mundo.

Nos luce que las fundamentaciones doctrinarias tradicionales que se enarbolaban con insistencia, ahora no encuentran sustentación o firmeza que les sirva de piso.

Podemos decirlo, sintéticamente, con el filósofo Slavoj Žižek : “Las ideologías se ven como formas de falsa conciencia, ya que pueden llevarnos a aceptar ciertas ideas, valores y creencias sin cuestionarlas”.

 

Los teoricistas del presente en el afán de acomodarle algo de soporte de convicciones han agotado, prontamente, las canteras de ideas socio-políticas. Hoy acuñan una idea, mañana dicen lo contrario.

 

Por ejemplo, bastante gente no tuvo recato para hacer aparecer como digerible, en las primeras de cambio, un híbrido entre Marx y Bolívar.

 

El mundo entero conserva con pleno conocimiento del desprecio que sentía el autor y divulgador del Materialismo Histórico por nuestro Libertador.

Una prueba de lo aquí afirmado está contenida en la carta fechada el 14 de febrero de 1858 dirigida por Marx a su carnal y financista Engels.

Para entender la ruindad del hijo de Tréveris, basta únicamente esta perla:

 

 Me hubiera pasado de la raya si presento a Bolívar como un Napoleón I. Bolívar es el verdadero Soulouque. Es un canalla, cobarde, Brutal y miserable que mandó a fusilar a Piar bajo las falsas imputaciones de haber conspirado contra los blancos, atentado contra su vida y aspirado al poder supremo…”. (Artículo biográfico sobre Simón Bolivar para New American)

 

Cómo le echaron imaginación los pensadores de la izquierda para construir una aproximación ideológica entre Bolívar y Marx.

Marx calificaba al Padre de la Patria con los idénticos elementos categoriales que utilizaba para referirse al dictador haitiano, de esa época, arriba nombrado, quien surgió de entre los esclavos para cometer fechorías contra su propia gente.

Rebuscaron bastante argumentación por todas partes para que al final se vieran las costuras de un tejido que la realidad se encargó de desbaratar.

Bolívar, el Padre Libertador, no admite remiendos ni remedos.

 

Por otra parte, figurarnos la posibilidad de una izquierda, en la actualidad, asentada en las ideas del escribidor de El capital se presenta, por mucha dialéctica que le pongamos: incongruente e intragable.

 

Lo anteriormente descrito es cierto; no obstante, por el lado de la denominada derecha también nos conseguimos ante un inacabable discernimiento dilemático que, aún hoy para muchos, tiene vigencia en cuanto a dos mundos posibles, dos filosofías ante la vida que las han pretendido hacer irreconciliables en estos tiempos que transcurren.

 

Cuando ya pensábamos que tales discusiones habían sido clausuradas, porque ahora es posible sintetizar y trascender   ambas líneas de pensamientos en un instrumento teórico-practico superador, algunas veces y en ciertas naciones regurgitan otra vez una cartografía de disyunción sin justificación aparente.

 

Consideramos que hay que recomenzar a desanudar- una y muchas veces- este asunto, que para tantos países que aspiran la sostenibilidad en su desarrollo socioeconómico se hace deseoso y necesario.

Lo que se ha dado en llamar “la vanguardia liberadora” siempre ha habido una que otra por ahí.

Lo que hay es que saberla ubicar y distinguir, para contextualizar.

De qué hablamos, cuando mencionamos una vanguardia que coopere a solucionar problemas y atraer capitales. ¿Es una posición vanguardista de izquierda o de derecha?

Con la debida advertencia que “la vanguardia” puede llegar a presentarse inasible, difusa, plural.

Preguntamos.  ¿Tiene sentido insistir con la utilización del vocablo vanguardia, cuando ya se percibe multiforme?

 Ni de izquierda ni de derecha. Son muchísimos los sujetos liberadores que hoy recorren el mundo, sin que se asuman con una específica etiqueta social, política o económica.

 A veces identificados y/o diferenciados entre ellos mismos. Cada uno aporta determinadas proporciones teóricas y prácticas para la resolución de problemas en el ámbito de que se trate; y lo que menos les preocupa es el componente ideológico.

 La cosa es resolver rápido y de la mejor manera posible (pragmatismo, le dirán no pocos).

 

Así, entonces, en la contemporaneidad estamos en presencia de mecanismos de solución multifacético, que no se contienen ni se contentan con una específica mirada.

Maffesoli lo llamaba “el descentramiento del sujeto”; y nosotros no tenemos la intención de socavar su exquisita inspiración.

Da lo mismo narrar desde el centro o aproximar ciertos criterios desde la periferia.

Son tantos los sujetos individuales o colectivos que analizan y proponen las situaciones objetivas, que explican con aciertos las posibles vías de liberación.

 

Exponer que sólo la izquierda asume los designios liberadores de la humanidad es hablar de modo obtuso; como también será una torpeza mayúscula arrogarse por parte de la derecha la exclusividad de redención.

 

Hoy han aflorado grupos espontáneos por todas partes que no llevan una particular impronta ideológica; y han tenido el atrevimiento de proponer y hacer cosas.

Ecologistas, defensores de los derechos humanos, feministas, impulsores de la ciudadanización, preservadores de la vida de los animales, indigenistas, etnicistas, tecnologicistas, proponentes del decrecimiento sustentable (Latouche y Georgescu-Roegen, dixit) como opción de futuro; en fin, un gentío in-corporado socialmente a aligerar la vida sin que prevalezca en ellos una Razón ideológica previamente.

 

Quiénes somos nosotros para etiquetarlos de izquierda o de derecha; además, luce anacrónica la reiteración de esa nomenclatura.

También con la intención de formular algún contraste indirecto frente a cualquier ideología, diremos que la democracia, con la que nos regustamos a pesar de sus errores e imperfecciones, no sólo queda definida como forma de organización política sino en tanto modo de convivencia y estructuración social.

Menos vertical, con búsquedas más igualitarias (que no igualación) de las relaciones entre sus miembros.

 

En la actualidad mundial, aunque sean disímiles los planos políticos escogidos por la gente para participar (de derecha o de izquierda), priorizan el respeto y la tolerancia hacia el otro.

 

Suena habitual y extensivo para la vida el término y praxis de democratización; proceso desde donde se hace común y corriente la aceptación del disenso que será siempre fértil si dejamos a un lado los estigmas;  y sintetizamos la izquierda con la derecha.

 

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