viernes, 29 de mayo de 2026

 

Guayana Esequiba: Irfaan, ¿cuál es tu empeño en pretender torcer la realidad histórica?

Dr. Abraham Gómez R.

Miembro de la Academia Venezolana de la Lengua

Asesor de la Fundación Venezuela Esequiba

Miembro del Instituto de Estudios Fronterizos de Venezuela (IDEFV)

Coordinador de la Comisión Proponente de la UNAFRONT

 

 

Durante el acto  de celebración de los 60 años de la independencia de la República Cooperativa de Guyana, el discurso central pronunciado, el 26 de mayo,  por el presidente Irfaan Ali nos lució temerario, imprudente y retaliativo; por cuanto, se arroga - sin más-  el área controvertida; contención que  se dirime jurisdiccionalmente por ante la Corte Internacional de Justicia, en espera de sentencia, conforme a  las pruebas consignadas por las partes desavenidas, en la fase de  alegaciones en la primera semana del  mes pasado.

En el citado evento, el mandatario de la excolonia británica tuvo la osadía de pronunciar esta infeliz expresión:

 “El Esequibo es de Guyana. Nunca ha sido venezolano. Ni tampoco español. es y seguirá siendo guyanés”.

A tamaño atrevimiento nuestra Cancillería le propinó, de inmediato, una contundente respuesta:

La República Bolivariana de Venezuela rechaza con absoluta firmeza las vergonzosas declaraciones del presidente de Guyana, Irfaan Ali, emitidas desde la Embajada de Estados Unidos en Georgetown, donde se presentó, no como jefe de Estado, sino como subordinado político, rindiendo cuentas. Las declaraciones de Ali «constituyen una falsificación de la verdad histórica y jurídica. La discusión sobre la invalidez o validez del Laudo Arbitral de París de 1899, fue sepultada por las partes al suscribirse el Acuerdo de Ginebra de 1966, entre Venezuela, el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte y la entonces Guayana Británica, hoy República Cooperativa de Guyana».

Nos causó estupefacción el sentido e intencionalidad de las palabras dadas a la prensa internacional por parte del presidente guyanés Mohamed Irfaan Ali.

Manifestaciones atrabiliarias, que no parecen las de una persona que tiene la función de dirigir los destinos de un país; por la cantidad de falacias y desvergüenzas que llevan incorporadas los vocablos dichos, implícita y explícitamente.

Pretende torcer, con lo que dice, la realidad de un hecho histórico que desborda su capacidad analítica y que -sospechamos- domina escasamente el pensamiento crítico. Tal cual lo percibimos.

Entonces, con las inocultables características detectadas se ve obligado a apelar a mentiras indigeribles; como, por ejemplo, señalar que:

Venezuela busca apoderarse de las dos terceras partes del territorio de la República Cooperativa de Guyana. La posición de Georgetown se basa en el Laudo Arbitral de 1899 y reiteramos que la defensa de la soberanía guyanesa continuará a través de los tribunales y la diplomacia, jamás mediante la guerra”.

Así, además, en ese mismo tono acusa a nuestro país de ser irrespetuoso del Derecho Internacional; de desconocer las materias contempladas en la Carta de las Naciones Unidas; y nos somete al escarnio por la supuesta violación del Acuerdo de Argyle, suscrito bilateralmente, el 14 de diciembre del año 2023.

Cuando nos detenemos a tratar de entender esa ristra contra nosotros, consideramos que – tal vez- lo más protuberante y “lapidario” de lo que dijo el gobernante de la excolonia británica, fue que: “su gobierno no tolerará anexión, incautación u ocupación de ninguna parte de su geografía nacional”.

En consecuencia, frente a tamaño ultraje nos vemos obligados a precisar – y poner en su sitio- esas enormes distorsiones.

Comencemos. Lo único que heredó Guyana del Reino Unido, una vez que alcanzó su independencia, el 26 de mayo de 1966, era lo que el Imperio Inglés había adquirido de los Países Bajos, en 1814, las colonias de Berbice y Demerara; mediante el conocido “Tratado Anglo-Holandés”, cuyo territorio (aunque indefinido) no alcanzaba ni 60.000 km2. Nada más, sin lugar a dudas.; cuyo costado oeste llegaba (como obligantemente tenía que ser) hasta la mitad del río Esequibo.

Por tal motivo, lo instamos presidente Irfaan –conjuntamente con sus voceros principales que declaran para los medios internacionales —a revisitar la exacta documentación que registra y da cuenta de los mencionados acontecimientos; para que se evite inaceptables deslices, impropios a su investidura.

Agrego más.  Debe saber el Dr. Ali (en su condición de egresado universitario, especializado en geografía e historia) que fue por intermedio de una tratativa perversa, cargada de añagaza jurídica, cómo se perpetró el vil arrebato que se le hizo a Venezuela de una séptima parte de nuestra extensión territorial; acto viciado, desde sus orígenes, y que se quiso “barnizar con legitimación astuta” sentenciando el denominado Laudo Arbitral de París, el 3 de octubre de 1899.

Oprobioso fallo que entraña el atropello que se nos causó, en colusión de los imperios de entonces; y que hemos arrastrado, por consiguiente.

Ese precitado adefesio jurídico comporta un documento nulo de nulidad absoluta que Venezuela nunca convalidó y menos le confirió ejecutoria en 1905, con la tramposa demarcación que han querido meter de contrabando en la Acción incoada contra nosotros en la Sala Jurisdicente.

Ya lo hemos rebatido muchas veces.

Tan descarada y bochornosa resultó la decisión arbitral que tuvieron que suscribir y ratificar, el 17 de febrero de 1966, el Acuerdo de Ginebra, donde reconocen las tropelías cometidas; y a través de su contenido quedó rechazado e invalidado el “cacareado laudo”, que han intentado “revivir” como causa de pedir por ante la Corte Internacional de Justicia.

Ese laudo al no tener eficacia jurídica ni ser oponible a nada es un fraude legal con todas sus letras.

El Acuerdo de Ginebra es –en el presente—el único documento con pleno vigor jurídico donde se asienta esta controversia, que mandata la búsqueda de una solución” práctica y satisfactoria” para ambas partes, en un clima propicio de diálogo y pacífico de mutuo entendimiento entre los concernidos.

Míster Irfaan lo invito a revisitar reflexiva e investigativamente el Acuerdo de Ginebra para que logre entender que en ninguna parte del escrito se le concede soberanía a su país sobre la extensión territorial que por años habíamos denominado “Zona en Reclamación”.

 

 

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