lunes, 7 de septiembre de 2026

 

Guayana Esequiba: nuestro unánime y simétrico discurso para pedir justicia

Dr. Abraham Gómez R.

Miembro de la Academia Venezolana de la Lengua

Asesor de la Fundación Venezuela Esequiba

Miembro del Instituto de Estudios Fronterizos de Venezuela

Proponente de la Creación de la UNAFRONT

 

Nos encontramos ante un hito histórico disyuntivo.

La Sala Juzgadora de las Naciones Unidas, dictará la resolución definitiva, en noviembre; fallo que (según su propio Estatuto) tendrá la condición de inapelable y de inmediata ejecución.

 

Hemos explicado en anteriores ocasiones que el precitado Ente Sentenciador posee, en sí mismo, un amplio abanico de posibilidades para escoger.

Hay opciones a través de las cuales encontrarle una salida ecuánime a la centeneraria controversia; Siempre enmarcados en el propósito y razón del Acuerdo de Ginebra, del 17 de febrero de 1966; suscrito por ambas partes concernidas en esta contención.

Único documento válido con pleno vigor jurídico para alcanzar una solución pacífica y satisfactoria para ambos Estados.

 

Permanentemente, hemos estamos dispuestos a demostrar -como en efecto lo hicimos en todos los trayectos procesales- sin posiciones elusivas o reticentes, en plena unidad venezolanista “hablando el mismo idioma” que hay   un hecho de vital trascendencia para la vida de la nación; dicho de la siguiente manera: esa extensión territorial, que hemos reclamado desde hace más de cien años, siempre nos ha pertenecido; y tenemos enjundiosos documentos, de pleno derecho, para demostrarlo.

 

Estamos obligados, primero, a esperar la decisión de la Corte Internacional de Justicia en las próximas semanas.

A partir de tal pronunciamiento, se desplegarán extraordinarias estrategias de nuestra consolidación de verdaderos y legítimos propietarios de esos 159.500 km2, con todo el inmenso potencial de riqueza que comporta la zona continental y  su proyección atlántica.

 

Reafirmaremos, ente el mundo, y a las empresas que allí se encuentran instaladas explotando todo cuanto la prodigalidad de la naturaleza ofrece, que poseemos   un modo distinto de estructuración de  nuevos planes de reivindicación y restitución de lo nuestro.

 

Frente a la esperada determinación jurisdiccional, en estricto derecho, estamos preparados, en absoluta solidaridad como país; para no incurrir en errores gravosos que puedan causarnos mucho más daño, del que hemos arrastrado desde aquella fecha de ingrata recordación, cuando se nos desgajó una séptima parte de nuestra geografía nacional.

Para entonces, 1899, prácticamente, nos encontrábamos imbuidos en una “guerra civil”.

 

Entendemos que nos hallamos atravesando divergencias y diferenciaciones; lo cual al parecer constituye una condición casi natural de los seres humanos.

 

Lo desencuentros internos siempre van a aflorar por cualquier cosa, con mayor o menor intensidad; sin embargo, la presente circunstancia histórica por la que transita la Patria nos obliga a pensar, con bastante inteligencia, qué debemos hacer y bajo cuáles sistemas  programáticos nos comportaremos - uniforme y simétricamente-  cuando la Corte  determine, yendo al fondo del litigio una vez  examinados nuestros elementos de convicción que el costado este de la geografía venezolana llega hasta la mitad del río Esequibo.

 

La unidad que exhibamos al resto del mundo (para este caso de restitución territorial) demuestra que somos dignos herederos de las glorias y conquistas históricas de nuestros próceres e insignes libertadores.

Tal constituyente básico conforma la primera demostración de nuestra fortaleza probatoria, con la cual procederemos a reivindicar toda esa inmensa área este que nos han usurpado.

 

Otro factor a considerar, no menos interesante, es la toma de conciencia y el determinante involucramiento de civiles, militares, estudiantes, académicos, políticos, empresarios, obreros. Compatriotas de los distintos cuerpos sociales; de todos quienes llevamos suficientemente acendrada la venezolanidad.

 

Nos aquilata la preparación y la entereza para recibir –con transparencia— la información sentencial (del amplio espectro que tiene la Sala para decidir) que dimanará, prontamente, desde la Corte Internacional de Justicia.

 

Prevalece en nosotros un racional optimismo; porque, en cada una de las comparecencias de Venezuela, en el Alto Tribunal de La Haya, recurrentemente mostramos y demostrados (con carácter probatorio) densa y de pleno derecho la alforja de Títulos (que no admiten pruebas en contrario) que presentamos (sin temor y con plena seguridad) para la examinación e investigación por parte del Jurado Sentenciador.

 

Nuestro legajo de documentos dejó sentado válidamente (en todas las ocasiones) que no hemos despojado nada a ningún país, ni pretendemos hacerlo; y que el írrito y nulo Laudo Arbitral de París, del 03 de octubre de 1899, ha sido siempre un inexistente y vergonzoso adefesio jurídico que jamás debió considerarse como referente y menos asiento jurisprudencial en el Derecho Internacional Público.

 

 

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