viernes, 6 de noviembre de 2026

 

 

 

Guayana Esequiba: pedir sentencia por nuestra restitución no implica deshonestidad

  Dr. Abraham Gómez R.

 Miembro de la Academia Venezolana de la Lengua

 Asesor de la Fundación Venezuela Esequiba

 Miembro del Instituto de Estudios Fronterizos de Venezuela

 Coordinador de la Comisión Proponente de la UNAFRONT

 

Aunque algunos sujetos internacionales y países (hasta ayer amigos de Venezuela) se pronuncien en respaldo a Guyana --por marcados intereses económicos, sin dudas-- nuestra contención siempre ha tenido suficiente asidero jurídico, cartográfico e histórico; y la fortaleza moral de asumir que estamos pidiendo, en justo derecho, la restitución de lo que siempre ha sido nuestro.

Nunca hemos tenido la predisposición ni intención de quitarle a la contraparte guyanesa lo que verdaderamente les corresponde.

Digamos lo que “negoció” el Reino Unido con los Países Bajos.

Dos colonias, denominadas Berbice y Demerara (49.000 km2) al este del río Esequibo. Nada más.

Tal extensión territorial fue lo que heredó la que, para entonces, se denominaba Guayana Británica; hoy República Cooperativa de Guyana.

Tuvimos la ocasión procesal, a lo largo del juicio, de mostrar y demostrar lo anteriormente expuesto.

 

Así entonces, a escasas semanas de escuchar el dictamen de la Sala Juzgadora, aspiramos a que pronuncie una sentencie congruente con los justos títulos traslaticios que nos respaldan.

 

Los reclamos de restitución que hemos sostenido, desde hace más de un siglo, no están anclados en una malcriadez diplomática o en algún capricho nacional y menos en empecinamientos injustificados.

 

A lo largo del Proceso, llevado en La Haya, siempre estuvimos dispuestos –razonablemente—a repensar y a analizar (una y muchas veces) cómo   rediseñar las mejores estrategias a que hubo lugar para que se cumplan los objetivos de reivindicación venezolanista. Para que los honorables magistrados se percataran de la realidad fáctica y jurídica de lo que ha constituido la esencia de nuestra reclamación.

 

Que estemos claros que no se trata de una simple ilusión; sino de una determinación histórica con fundamento; de lo cual se encuentra enterada la contraparte que, por supuesto, sabe que somos poseedores de los documentos que nos acreditan el dominio absoluto sobre la extensión territorial que ellos han venido ocupando y usufructuando ilegal e ilegítimamente.

 

La delegación venezolana que, en varias ocasiones, compareció por ante la Corte tenía todo el derecho -en nombre de nuestro Estado- para incoar una demanda o instaurar un juicio en paralelo contra quien nos ha demandado. Todo, relacionadamente, en el mismo proceso. Y no lo hicimos.

 

También, nos hubiéramos decidido por solicitar medidas cautelares, para pedir la paralización de las operaciones de las transnacionales. Y no lo hicimos.

 El Jurado Sentenciador -- en pleno y justo derecho—se obligaba a admitir ambas solicitudes, arriba citadas.

Cabía –perfectamente- el caso de la acción reconvencional; porque existía absoluta conexidad entre nuestras pretensiones en nueva litis y las que ya han sido identificadas objeto de la demanda principal, introducida y ratificada por la contraparte.

 

La Sala, que tramita en juicio el fondo de la controversia, hubiera pasado a conocer también –por economía procesal— nuestra causa petendi en reconvención (con solicitudes recientes), de signo diferente, ampliadas e incontrovertibles, cuya finalidad procuramos que concluya con Resolución congruente, donde se haga justicia a nuestro país.

 Venezuela continúa esperanzada en la negociación directa con Guyana; con la exclusiva finalidad de alcanzar una solución satisfactoria para ambas naciones, conforme al Acuerdo de Ginebra; por esas razones no activamos las medidas precautelares ni intentamos un juicio reconvencional.

 

Hemos valorado conjeturas, recíprocamente, con gente pensante que ha dedicado mucho tiempo a este asunto.

Nos mantenemos en contacto y expectantes por la decisión sentencial que pueda tomar la Corte, en las próximas semanas.

Sin embargo, reconocemos que también hay quienes andan por ahí sin prestarle ningún cuidado a nuestra reclamación – no han manifestado el más mínimo interés en el tema--; cuya actitud es de los que únicamente ven transcurrir las cosas con indiferencia o displicencia. No hay forma ni manera de motivarlos. Peor aún, prefieren que sea el gobierno que busque cómo salir de este embrollo fronterizo. Les resbala lo que pudiera suceder.

Otros que se encuentran demasiados imbuidos de pesimismo; y creen que nuestra nación no obtendría una sentencia satisfactoria en la mencionada Sala Juzgadora; dentro de un amplio espectro de posibles alternativas para tal  Fallo judicial.

 

Con todos los especialistas en esta contención --con quienes hemos intercambiado criterios de los probables acontecimientos subsiguientes-- coincidimos en señalar que hay que reflexionar “en frío” la posible reacción de Venezuela ante la determinación que tomará la Corte, en breve.

 Hay que dejarse de “actitudes retrecheras o soberbias”.

 

Los delegados del oficialismo, responsabilizados para este delicado caso litigioso, hoy más que nunca, deben obligarse (y abrirse) a consultar a expertos y estudiosos para concordar la más idónea y conveniente posición estratégica que asumiría el Estado venezolano.

 

Podemos jugar, simultáneamente, en dos tableros: pendientes para dar respuestas oportunas y contundes, por las incursiones armadas en nuestra extensión atlántica; también, la salida conversacional directa con la contraparte (privilegiando lo transigible y conciliable).

No obstante, la descarada entrega que hace Guyana de concesiones –inconsultas y unilaterales-- a las empresas transnacionales; con lo cual pretenden, sibilinamente, “hacer valer o crear derechos de soberanía”.

 

Lamentablemente, ya se ha aceptado como una verdad que, en el concierto de las relaciones internacionales, los países no tienen amigos sino intereses.

Por eso estuvo toda la semana pasada el presidente guyanés visitando y pidiendo apoyo de Colombia y Brasil.

Hay quienes se atreven a ser explícitos en sus consideraciones – no exentas de polémicas—que las verdaderas fronteras son políticas y económicas y no jurídicas.

 

En los últimos años, precisamente, esta zona está siendo considerada de un extraordinario potencial por las reservas probadas y calidad de los recursos petrolíferos, la ubicación geoestratégica y su proyección e interconexión con los países de Suramérica.

 

La Guayana Esequiba constituye un territorio con incalculables riquezas mineras, hídricas, forestales, energéticas, edafológicas, gasíferas, petroleras etc. Territorio muchísimo más grande que algunos países europeos, asiáticos y centroamericanos.  Con extraordinario potencial de desarrollo sostenible.