martes, 2 de septiembre de 2014



  

                                     Homo Sacer aún entre Nosotros
                                                                 Dr. Abraham Gómez R.
Es sólo en términos de negación que
hemos conceptualizado la resistencia.
No obstante, la resistencia es un proceso de creación.
Crear y recrear, transformar la situación, participar
activamente en el proceso eso es resistir.
Decir no constituye la forma mínima de resistencia.
Hay que decir no y hacer de ese no una  forma de resistencia decisiva.
Michael Foucault. Dits et Ècrits, IV. 1970

Las distintas consideraciones que diremos de aquí en adelante tal vez, para algunos, no les resulte ni difíciles ni polémicas. ¡Alabado sea! Porque concluirán que es  un fenómeno obvio y muy difundido. Entonces, creo que nos hemos sumado un ligero mérito de entrada. Aunque el diagnóstico anterior engrose nuestro haber, la idea original de todo planteamiento nuestro viene dada por la problematización que siempre deseamos despertar para cooperar al  aprendizaje en conjunto. La invitación  insistente es para que develemos cosas,  para que digamos con pertinencia lo apropiado (algunas veces no tanto) a las circunstancias. Durante bastante tiempo se ha presupuesto que la función de un enunciado está limitada a describir un estado de cosas o hechos; con afirmación o negación y como que todo llegaba hasta allí. Muy pocos, o casi nadie tenía la osadía de irrumpir con fuerza para poner en cuestión las  frases lapidarias que se pronunciaban con reverencial acento. Pobre de aquél que intentara tensar los registros hasta entonces inescrutados y atreverse a  asomar las múltiples posibilidades de mirar la realidad de modo distinto. Había una escasa y muda resistencia ante los desmanes que de rutina se  cometían. Nadie insinuaba a negar nada. Al parecer unos enunciados naturales asumidos como despropósitos se aceptaban sin objeciones, con infortunado dogmatismo. Tal herencia no es nueva, la jalonamos desde muy atrás. Las reflexiones del pensador italiano Agamben apuntan en tal sentido y se extienden sobre un hecho lamentable y triste “la desposesión de los derechos  que la ley consagra a los ciudadanos para proceder a su enajenación e internamiento en campos de concentración o exterminio y la declaración del Estado de excepción”. Nos espantamos sí, pero esa fue la heredad de un oscuro concepto del derecho romano, el del Homo Sacer. La vida de los seres humanos desprovista de cualquier cualificación, valor similar a un vegetal. Execrables, sin la más mínima conmiseración.
 Ha sido la pretensiosa intencionalidad de algunos Estados totalitarios  antes como ahora de convertir la vida de los seres humanos en objetos administrables por parte de los detentadores del poder. Puede llegar a pensarse lo extemporáneo y ambiguo de traer esta disquisición al presente, puesto que, se diría, que todos los grupos que han disfrutado del poder en el pasado han usado la biopolìtica, el sometimiento de las capacidades humanas para alcanzar sus objetivos. Acaso, preguntamos, la reivindicación de la “humana condición” no arranca con la suprema valoración que nos demos así mismos, por encima de los regímenes y sus signos ideológicos. Los  estímulos de las luchas fratricidas estaban impelidas para conseguir que el Estado hacedor de la ley también esté sometido a la ley, con lo cual se evita que el ser humano al responder ante  la justicia pueda ser matable, sin pudor, por cuanto la propia norma lo convertía en un paria sin derecho a nada. Un ser sacrificable, pero no dado como ofrenda Divina porque ni para eso servía. Añádase de manera deplorable que el Estado ha hecho una absurda politización de la vida de la gente, y ha pasado de la potencialidad  al acto de decidir hasta de lo biológico de los seres humanos. En el Islam, regido por la sharia, las condiciones  de sobrevivencia de la mujer son infrahumanas. La cosmovisión de las mujeres  musulmanas, su mundo y todo cuanto ellas  aspiran queda reducido a su pequeña cárcel: la perspectiva que ellas diseñan desde la rejilla de la burka. Veamos este otro caso: Por el sólo hecho de luchar por la democracia y los cambios políticos en China, ese país asiático decretó “la muerte civil” del premio Nòbel de la paz Liu Xiaobo. Y sin ir tan lejos, qué hemos venido siendo nosotros en esta atmósfera de conculcación de derechos sino un país-- apreciado hasta ayer por sus libertades-- hoy convertido en un enrejamiento ominoso, donde se criminaliza el disenso y se vulnera con displicencia la constitucionalidad que nos hemos dado.

miércoles, 2 de julio de 2014





  JOSÈ BALZA A LA ACADEMIA VENEZOLANA DE LA LENGUA

 Entrevista que le hicimos, recientemente, al laureado escritor deltano Josè Balza.
Quisimos “interpelarlo”; inquirirlo en y con sus palabras, de casi todo de lo que últimamente le ha correspondido, aunque sea por asomo, disfrutar o padecer. Esto nos ha estado diciendo….
A.G.-Cómo nostalgias tu infancia...?
J.B. No necesito tener nostalgia. En el Delta sigo encontrando familiares, amigos, árboles, lugares, sabores, música iguales a los de mi infancia.
Y también personas, hechos y cosas completamente nuevos. Me alimento de eso, estoy siempre muy atento a lo inmediato
A.G.-Cuándo supiste que había llegado el momento de salir del Delta, de labrarte una trayectoria destinal.?
J.B.- A los 16 años. Sucedió por casualidad y también porque ya había leído mucho. Los libros te abren mundos distantes como si los tuvieras a la mano. Nadie se imagina cuántos lectores ha habido en el delta en los últimos 100 años.
A.G.- Tuviste confianza en tì mismo. Creíste, absolutamente, en tu potencial creativo con las palabras; como imaginador de cosas que luego propenderías a narrar..?
J.B.- No. Primero era un niño cantor, músico, como casi toda mi familia materna; después quise ser pintor (todavía dibujo y viajo con cuadernos, lápices y una acuarela). A la vez escribía un diario desde los 9 años, que todavía continúo. En esa inclinación mental era como la familia paterna: analista, burlón. Como ves, mil inseguridades.
A.G.-Con quién sientes que estás en deudas por "concepto de elaboración sostenible" de piso literario...?
J.B.- Me impresionaron mucho viejos señores de San Rafael: Andrés Carrasquero, Josefa Contreras, Venancio Jiménez y, claro, las grandes lectoras que eran mi mamá y mi hermana Solange. Me resumían obras, las contaban como si hablaran de personas y sucesos próximos. Entre todos ellos me llevaron a Julio Verne, a Shakespeare, a Dumas, Dickens, etc. (aunque yo no conocía sus nombres sino sus obras)
Estoy en deuda con todos los autores de cuentos de hadas, con los filósofos y los poetas. Con los grandes y verdaderos escritores (nunca con los que están de moda)
A.G.-Las palabras, lo hemos compartido siempre, no son neutras; cada una tiene su propia carga axiológica; acuña su específico tramo epocal de mundo-historia....Cuál ha sido la palabra màs difícil de escribir y/o pronunciar..?
J.B.- Hablando, pocas. Escribiendo, casi todas.
A.G.-Si le hago esta pregunta a un político, tal vez produzca un bochorno u ofensa; pero un hacedor de " ejercicios narrativos" la disfruta. Cómo y de qué vive un laureado escritor que viaja por el mundo entero..?
J.B.- Tuve una infancia y una adolescencia rica en afecto y ambiente. Pobre económicamente. No me gusta el lujo pero si la calidad en todo. Vivo con lo imprescindible, mi sueldo de la UCV, francamente limitado, el pago de ediciones (más bien escaso). Las universidades del mundo pagan bien y los Congresos intelectuales también. Aunque debe ser chévere, no me imagino viviendo como un millonario. Me gusta compartir lo que gano.
A.G.-Entendemos que hay una comunidad literaria internacional que legitima las creaciones y las producciones, consideras que habido la suficiente distinción y reconocimiento por parte de ésta hacia tì.
J.B.- Creo que la he recibido con justicia. No me gusta la fama.
A.G .-Tienes una particular metodología ( momentos de las musas, horas, percepción especial de las circunstancias...........) para desplegar tu versatilidad literaria..?

J.B.- Siempre fui muy disciplinado. Escribir es como un grado de sacerdocio: con la vida y la belleza. Te exige gran cultura, estudio de idiomas, concentración, atención a los seres y a los momentos. El lenguaje no perdona: o te hace decir tonterías o te lleva lo más hondo de la realidad y las personas. Hay que ser fiel a la exactitud.
Escribo normalmente en las mañanas, pero puedo sentir el “eco” de algo (un suceso, un recuerdo, algo que te comentan) y entonces obedezco de inmediato al llamado. Me pongo a trabajar donde quiera que esté: en una servilleta, un cuaderno, en la tableta… hay que apuntar para volver a eso.
A.G.-Te ha visitado " la señora envidia", la has visto de cerca...?
J.B.- Claro: cada vez que leo a un gran autor. Envidio a William Goyen, a Cortázar, a Platón, a Shakespeare, a Ramos Sucre. A miles.
A.G.-Hay dos corrientes encontradas: una que señala la poca salud que le queda a los libros (en físico), que sostiene que los avances tecnológicos terminarán por aniquilarlos tarde o temprano; la otra dice que aún hay y tiene un largo trecho por recorrer el libro como instrumento de aprendizaje en amplísima acepción; que es imposible que desaparezca...Dónde te ubicas: catastrofismo o moderado optimismo...?
J.B.- Me ha tocado el privilegio de gozar y vivir en ambas realidades. Amo los libros (en papel). Amo los computadores (grandes, mínimos, portátiles, invisibles). Aprovecharé ambas formas mientras existan y yo exista.
A.G Las distinciones te abruman, te adulan o te comprometen...?
J.B.-Si dependiera de mi, las aplazaría o alejaría. Si vienen con afecto, me proporcionan alegría.
A.G.- Confiesas, en claves de Neruda, que has vivido...?
J.B.-Hasta la saciedad. He visto morir políticos y cada vez me gusta más que así ocurra. He sido amado y apreciado y he correspondido al máximo. Nací en el Delta del Orinoco y ese es mi supremo don. Conozco numerosas ciudades del planeta y eso ha sido como beber un licor inagotable.
También estoy preparado para la partida.

domingo, 25 de mayo de 2014



EL ADULTO MAYOR: PARTICIPANTE ACTIVO DE SU PROPIA VIDA.

Una de las perceptibles características de las sociedades que se engrandecen y se hacen nobles son aquellas que confieren suficiente dignidad en el trato a los niños, a las personas con discapacidades y  a sus ancianos. Precisamente, por la condición de débiles (…) y muy vulnerables.
Un venezolano de excepción, cuya proyección en el mundo ha sido bastante reconocida, el Dr. Félix Adam, nacido en un pueblo ribereño de los caños del Delta sembró  y consolidó para la posteridad su preocupación por los adultos mayores. Primero con la teorización de la Andragogìa, como ciencia que considera a la Educación  en tanto proceso que se desarrolla a lo largo de toda nuestra existencia. Desde niños, adolescentes y en cualquier etapa como adultos estamos aprendiendo. El hecho educativo es un proceso que actúa sobre los seres humanos en la trayectoria de toda nuestra existencia; siendo que la naturaleza del hombre nos permite que podamos continuar internalizando conocimientos durante toda la vida sin importar nuestra edad cronológica. Es un hecho, científicamente acreditado, las potencialidades inmensas de los adultos mayores para los aprendizajes.
Nuestra sociedad venezolana debe obligarse, moralmente, a posibilitar que los adultos mayores, ahora con tiempo disponible, sabidurías, vivencias y experiencias, participen formal y sistemáticamente, en un ambiente propicio en un sistema educativo andragògico.
Otra obra de Adam Esteves, especialmente dedicada a los adultos mayores es la Universidad de la Tercera Edad (UTE), que aunque la gestación de esa institución de educación superior fue hecha en Venezuela y se cumplieron los requisitos formales nunca la aprobó el Consejo Nacional de Universidades, de entonces. La UTE, cumple ahora una elogiosa labor en varios países latinoamericanos y caribeños.
 Qué hermosa tarea, en la actualidad, estuviera cumpliendo la Universidad de la Tercera Edad en nuestro país, con el incremento demostrado de este grupo etario. Parece que la mezquindad ciega a los burócratas que no miden las perspectivas y sólo piensan en sus inmediatos y muy particulares intereses.
 El adulto mayor con sus propios alicientes y los que les brinda la sociedad con la educación, para sensibilizar su superación, alcanza plena identificación consigo mismo y descubrir al amplio espectro de crecimiento cognitivo que aún posee. Sostener con criterios sus valores y sus aptitudes por su condición de ser adulto, y obviamente encontrarse en una edad cuya esencia  tiene de trasfondo la reflexión. Así, entonces el adulto mayor es un ser humano maduro y preñado de experiencias, permanentemente crítico que sabe crear sus motivaciones, que conoce el rumbo de su vida y sabe hacia donde debe orientarse para alcanzar sus metas, lograr sus objetivos y definir sus intereses.
En nuestro estado Delta Amacuro, no hay una estructura particular dedicada en exclusividad a los asuntos gerontológicos como tales.
Los diversos aspectos de la vejez y el envejecimiento de la  población en esta región tiene la misma dinámica que suele dársele al adulto mayor en el resto del país. Sin excepcionalidades. Los deltanos auguramos por la reivindicación de los programas geriátricos y gerontológicos que tuvimos en la Unidad “Menca de Leoni”, fundada en el año 1978, cuando sólo contaba  Venezuela con el PANAI (Patronato Nacional de Ancianos e Inválidos), que luego se transformó en INAGER y ahora INASS.
 En sus inicios, la mencionada Unidad Geriátrica y Gerontológica desarrollaba programas psicológicos, sociales, económicos y hasta culturales. Por otra parte analizaba y buscaba las soluciones a las necesidades físicas, mentales y sociales a través de convenios interinstitucionales y con lo que se conoció como “Hogares Sustitutivos”, donde asignaban, por  fines de semanas, la estada de adultos mayores, para que compartieran en familia.
Aspiramos que la sociedad deltana y venezolana en general, que quienes rigen las políticas públicas destinadas a los adultos mayores comprendan el cúmulo de sapiencia, experiencia y grandeza de espíritu que nuestros ancianos poseen y que están dispuestos a entregar por el bien común.

sábado, 24 de mayo de 2014




Tulipán como metáfora
Dr. Abraham Gómez  R.
Tucupita, mayo de 2014

De la manera más espontánea, sin mayores pretensiones ni exquisiteces, un buen día decidimos reunirnos para discernir de todo.
Diremos que la fecha es bastante reciente: los primeros meses de este año. Y como suele suceder en otros eventos rayanos en mediocridades, aquí nadie formalizó protocolo, muchos menos a alguien se le ocurrió ponerse ceremonioso. Un amplio abanico de argumentos-temas nos aguardaban desde hacía suficiente tiempo.  
Abrigábamos bastante interés por exteriorizar pareceres, por dialogar sobre acaecimientos actuales, por expresar nuestras ideas a lo interno de tan minúsculo foro, como el que nos hemos propuesto conformar, y que ya se ensanchará con progresivas incorporaciones, y recibir respuestas y conjeturas disímiles e impúdicas en una especie de un “todos con/contra todos”.
Total: de la ingeniosa confrontación también aprendemos; el disenso fértil se nutre dialécticamente. Siempre y cuando estemos dispuestos a acceder y compartir, con tolerancia, una opinión otra.
Nos citamos a tempranas horas de la mañana José Balza, Digmar Jiménez, Manuel Aristimuño y Abraham Gómez.
Quien llegó de primero seguro escogió la mesa en la panadería, de allí proviene el nombre.
Cada quien desembolsó lo que había traído, semejante a un intercambio de regalos: libros, revistas,  interesante material documental para obsequiárnoslos, con lo cual  de antemano trazamos compromisos de nuevas cartografías discursivas para los venideros encuentros.
Siempre prevalece una  atmósfera de afectos entre nosotros, que impregna cada palabra proferida; no obstante, el eje conversacional lleva un ritmo discontinuo. Hay una emocionante fractalidad en tales ejercicios lingüísticos: lo que se supuso que ya lo habíamos hablado y por ende metabolizado; pues no, es retomado, hace “eterno retorno”, para luego devenir con resignificaciones, pero nunca desaparece.
Hemos acostumbrado a decirnos las cosas con recursividades: lo que sospechamos es material conclusivo adquiere de inmediato la condición de  insumo para reemprender el diálogo. Y se vuelve la conversación una espiral elogiosa de frases e imágenes entrecruzadas.
 Comprendemos que cada vocablo asume de suyo sus propias sensibilidades. Cada étimo posee fuerza y valor estructurante a veces mucho más por lo que omite o esconde adrede que por el acto perlocutivo que provoca.
En sesión posterior, nos satisfizo recibir a contertulios de la categoría de Ildemar Estrada y Ramón Cabañas quienes han venido a meterle baza aún más a estos asuntos, que parecen “desquiciamientos bien administrados”. Ellos  también han cultivado fecundas y provechosas “cajas de herramientas” intelectivas que las colocan a la orden del debate nuestro de cada encuentro. Ellos apelan idénticamente al estilo colectivo que nos hemos dado para la materialización de nuestros pensamientos, que ya  hemos descrito; y que son  enteramente compromisorios con la deltanidad.