jueves, 4 de diciembre de 2014



Al Profesor Universitario, en su día
Dr. Abraham Gómez R.

Si desde hace bastantes años hemos escogido los espacios universitarios para nuestro desempeño laboral, por vocación y convicción, es porque siempre ha significado un inmenso orgullo convivir en estas “casas que vencen las sombras”, lo cual se incrementa cada vez que la Universidad como Institución se ve en aprietos o serios atascos, y ella misma  encuentra satisfactorias soluciones.
No han sido pocas las ocasiones en que la Academia Universitaria, y todo cuanto comporta, ha sido vilipendiada y sometida a condiciones ominosas para intentar ponerla de rodillas. A los regímenes totalitarios les incomodan los ámbitos donde se respire absoluta pluralidad, donde haya un disenso fértil. A los detentadores de los gobiernos de talante militarista les causa escozor cuando la gente en los espacios universitarios piensa con cabeza propia; de allí que vean en cada Docente Universitario un acérrimo enemigo, a alguien a quien hay que combatir; y si no pueden hacerlo doblegar por sus ideas, lo golpean por sus medios de subsistencia.
Lo padecimientos y demás brutalidades afines perpetradas contra los Profesores de Educación Superior han sido calamidades de vieja data, que para una específica gestión de gobierno adquiere de suyo modalidades y circunstancias peculiares. Cada régimen le coloca su propio sello, como para distinguirse en la manera de hacerse atroz frente al profesional de la docencia universitaria.
¡.. Hermosa gesta de venezolanidad…! el 5 de diciembre de 1958 el Presidente de la Junta de Gobierno y profesor universitario de la UCV, Edgar Sanabria, decretó la Ley de Universidades, luego reformada en 1970. Empero a partir del marco normativo para las universidades a comienzo de la Democracia  se institucionaliza el pleno reconocimiento de la autonomía universitaria en Venezuela, en su más amplia concepción: orgánica, económica, académica y administrativa.
Hoy rendimos homenaje de recordación y reiteración por la eterna lucha a quienes visualizaron  la dignidad y la importancia que ha tenido en los hechos diarios ante tantos embates canallescos la teoría y la práctica de la Autonomía Universitaria en el país. Constituye nuestro compromiso de reclamo y defensa  de la Autonomía Universitaria, en tanto legado  sociohistòrico.
La comunidad académica ha asumido a conciencia el cumplimiento de sus altas funciones de producción de conocimientos y de formación de profesionales de las nuevas generaciones.
 La autonomía universitaria es condición indispensable para el desarrollo del Pensamiento Crítico…Decir lo que haya que decir sin ataduras; lo que le dicte su conciencia.
La autonomía es para la Universidad su condición esencial. Sin ella no podría haber en toda su plenitud creación, re-creación, preservación y transmisión de cualquiera de las otras importantes tareas universitarias.
Comprendemos las evoluciones que operan a lo interno  del concepto de autonomía  de acuerdo conocimientos, difusión cultural, investigación científica o
con la realidad societal en permanente  transformación

domingo, 2 de noviembre de 2014





Disfraz de los débiles (I)
                                                      Dr. Abraham Gómez R.
                                                 Abrahamgom@gmail.com

El terror, por su parte, es el instrumento realizador del mundo ficticio de la ideología, y la confirmación de su lógica deformada. En la fase de implantación del régimen, el terror golpea a sus enemigos reales. Luego, ya implantado, golpea a sus enemigos "objetivos", según la orientación político-ideológica del gobierno, aunque no tengan posibilidad alguna de obstaculizar su marcha. En su última fase, golpea a víctimas elegidas completamente al azar.
Hanna Arendt. Origen del Totalitarismo.1951

Sin la menor duda, alguien que  sufre de irrefrenable desequilibrio en su autoestima definitivamente requiere con carácter de urgencia de asistencia facultativa. Con mayor urgencia si desempeña altos cargos en el oficialismo. Un individuo  con suficiente fuerza, sobretodo si lo hace desde las prerrogativas del poder, que viva en plan de permanente ataque a sus conciudadanos, que lastima a los demás por gusto y para insuflar su pobrísimo ego, y su precariedad académica, nos devela la premisa de su estropeada psiquis. La persona de quien estamos describiendo tales características es un enfermo. Que se siente rechazado, pero que impone a sus adláteres sumisión, genuflexión y miedo. No es mera coincidencia que esos sujetos en sus creencias de  asumir la condición  de dirigentes políticos obtusos y monocromáticos (y presumen que del mundo) arrastran en sus perturbadas personalidades una tríada, para nada envidiada: megalomanía aliñada con paranoia, y ambas partes coligadas con narcisismo. Esos sicópata cada día amanecen convencidos que el universo gira en torno a ellos y sus designios. Necesitan sin demoras constantemente dosis de superioridad,  brillo e idealización de sus” gestas e ilusas épicas”. Ha quedado demostrado en recientes estudios que un complejo de superioridad pesquisado en alguien no es más que la armadura que cubre lo que la gente desea tapar, que se  odia a sí mismo. Que se rechaza y por lo tanto inventa cosas para tratar de ser “alguien diferente”. Le aterra perder el control absoluto de todo y sobre todos. Lucha por figurar como centro; y aunque en su cara y palabras refiera algún  asomo de seriedad es sólo eso una fachada, porque en el fondo mantiene una reacción anticipada a sufrir de discriminaciones. Para decirlo con Adler “si indagamos en un complejo de superioridad y estudiamos su continuidad, siempre podremos encontrar un complejo de inferioridad más o menos encubierto…por medio de este proceso de huida y evasión, mantienen un sentimiento de ser mucho más fuertes y listos de lo que en realidad son…”.Todo este relato viene a propósito de la vergonzosa declaración, rayana en sus propios deseos, del teniente que funge ( o finge) de presidente de la Asamblea Nacional y toda la corte de militarista que ha impuesto en la sociedad civil, junto al “minusválido mental” que dice  gobernar nuestro país … “así sean muy preparados en la universidad, sino son de la revolución no tienen derecho a trabajar, (Diosdado dixit). Dicho esto como sentencia lapidaria se  hace equiparable con los pronunciamientos hitlerianos de exclusión y arrogancia..  "Para qué imitar la basura de los demás, si de mí brota la perfección"(El Fühler dixit).  La nacionalidad  y la densidad de nuestra formación universitaria, como la de muchos con pensamiento plural ,de la que disfrutamos con inmenso orgullo constituye un producto cultural, originado en las cualidades concurrentes por haber nacido en esta hermosa nación, como venezolanos tenemos  todos los Derechos que nuestra Constitución Nacional consagra para los ciudadanos sin distinciones.. Nos hemos erigido como un único pueblo con nuestra historia plena de gestos libertarios y con nuestras sensibilidades. Adquiere entonces nuestra nacionalidad, conforme al constitucionalismo  moderno que nos damos,  la condición de inarrebatable. Sospechamos la intención de conducir hacia la “nuda vida” a quienes no compartimos las satrapías que propicia el oficialismo y  padece el país. Suficientes antecedentes hay en cuanto a la utilización de la nuda vida, en tanto figura jurídico-política, a través de la cual   quedaba despojado el adversario-enemigo de cualquier personalidad civil. Había un sistemático conculcamiento de los derechos civiles  para quienes se resistieran dentro y fuera de los campos de concentración. Los propaladores del actual régimen asoman la posibilidad de  apelar, sin remordimientos, a la nuda vida para dejar a una considerable parte de  la población venezolana desprovista de alguna cualificación civil, consecuentemente sus vidas valdrán poco menos que nada. Sin embargo, diremos siempre con bastante insistencia que la  identidad que tenemos, en esta colectividad que hemos construido a pulso cada día, no es un simple dato natural, ni un préstamo cancelable a algún  delirante militarote. La nacionalidad con la que vivimos y por la existimos los venezolanos, sin distinción, emerge y enerva a partir de nuestra consistencia socio- histórica. En un reciente texto denominado “Los enemigos íntimos de la democracia” Tzvetan Todorov, premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales, un ensayo en el que denuncia las tres amenazas más graves que a su juicio afrontan las democracias occidentales. Aprovecha para  revisitar lo que ha sido siempre su tesis superior. Reafirmamos con èl en que todos tenemos necesidad de ver confirmado el sentimiento de nuestra existencia y que, según el filósofo búlgaro, el medio más fácil para hacerlo es el de reconocernos en una identidad colectiva.

domingo, 26 de octubre de 2014






Presumimos de la mejor educación en el mundo hasta que nos toca compararnos
Dr. Abraham Gómez R.
Si, tristemente esa es nuestra realidad. Se nos ven las costuras por las limitaciones y demás falencias  al momento cuando los indicadores de Calidad Educativa quedan patentizados en las Pruebas Pisa: Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos, la cual se aplica en estos momentos en 65 países.
No hay excusa que valga para, quienes somos hechuras y estamos comprometidos con la academia,  pretender escurrir el obligado debate y la plural confrontación que abra horizontes y despliegue nuevas miradas por el futuro de la educación en Venezuela. Parece un atrevimiento  teñido de audacia que escrutemos a la educación desde sus interioridades. Eso es lo hermoso. Aunque produzca vértigos. Quiénes más sino nosotros, en sentido genérico para reconocer, luego del diagnóstico más descarnado,  que la educación nuestra, en sus distintos niveles y modalidades  ha devenido en  una estructura ambigua, que poco o nada ha hecho para ir adaptando sus mecanismos,  y procedimientos conforme a  las exigencias de los tiempos actuales, con lo cual admitimos que las realidades externas llevan un ritmo de aceleración superior, en todo, valga decir hasta para la construcción de conocimientos, menos para propender a la Sociedad de la creatividad y la innovación.
Una de las premisas que hemos sostenido quienes abrigamos, por razón y emoción, a la Andragogìa viene dada en que no basta enseñar, aunque sea rápidamente, hay que hacerlo también sólidamente. En vez de recurrir, casi sin escapatoria a los “libros muertos”; a los niños, jóvenes y adultos deben presentárseles las vivencias. Tanto lo dijo, en diversos escenarios académicos Félix Adam “Sólo haciendo se puede aprender a hacer”. En vez de palabras: sombras de las cosas, nos atrevemos a añadir, que lo que hace falta en las escuelas  es el conocimiento de las cosas mismas.
Las sociedades humanas han procurado desde siempre la plena superación, no exentas de tropiezos. Sin embargo, por muy insalvable que aparente ser el obstáculo a vencer irrumpe desde sus cimientes espirituales una fuerza, que algunos osados califican de telúrica, que impele al hombre o mujer a avanzar. De hecho, tal vez con placer o con dolor, todo en la sociedad humana tiene una intencionalidad pedagógica. No le añada usted ningún ápice de dudas, porque así exactamente es. Haga algo, por curiosidad, y al rato conseguirá espontáneos imitadores que desean replicar. Todos aprendemos de todos. En idéntico tenor surgió la Andragogìa, hija predilecta de nuestro laureado Félix Adam. Ciencia de la conducción o problematización --en su mejor sentido-- del adulto en proceso de enseñanza-aprendizaje. Para Adam, deltano de valía académica mundial, la pedagogía y la Andragogìa están obligadas a complementarse. En nuestro país a ambas se las trata con displicencia. El educador, durante el acto pedagógico constituye el eje del proceso educativo, y mediante una relación vertical autoritaria transmite los conocimientos de un contenido programático impuesto, para “adiestrar” más que educar.
La Andragogìa por ser independiente del nivel de desarrollo psíquico y por partir de la densidad del desarrollo cognitivo genera una nueva actitud del hombre frente al reto educativo. Hermosa premisa con la que Félix Adam enarboló la transformación de la educación de los adultos en el mundo.
Nos indicaba, de modo reiterado, que la educación primero pedagógica y luego andragògica transcurre toda la vida, en sus diversas etapas, que siempre estamos aprendiendo. Que la educación andragògica se desarrolla a través de una praxis fundamentada en los principios de participación y horizontalidad, con carácter sinérgico, para que se incremente el pensamiento, la autogestión, la calidad de vida y la creatividad del participante adulto.
Cuántas veces el docente puede ahorrarle al estudiante, de cualquier grupo etario, años de sufrimiento y frustración sólo con una palabra amable, un gesto de identificación, la ubicación en su mismo plano de aprendizaje. Pero, un educador con la autoestima baja, poco remunerado, como el nuestro, tanto en dinero como aliciente vocacional, jamás podrá dar a los otros lo que él mismo está necesitando como el aire que respira. Al respecto Adam, inducía a la participación comprometida, fundamentada en el estudio. Al análisis crítico de cualquier problemática que afectara significativamente el contexto, que conllevara al aporte de soluciones constructivas.
Habiendo nacido en El Toro, jurisdicción del municipio Antonio Díaz del estado Delta Amacuro, Venezuela, el 24 de diciembre de 1921, nuestro ilustre educador luchó con dedicación y esfuerzos titánicos para fracturar el  voraz esquema denominado “genética social”, para que el medio rural-indígena no lo absorbiera hasta lograr proyectarse en el mundo en razón de sus aquilatados conocimientos.
Èl fue un muy digno maestro de escuela, de comienzos del siglo XX, en nuestro Delta tan preterido por los decisores de las políticas públicas. Fogoso en el discurso, denso y brillante en su cultivado léxico, y severamente crítico para lograr que las cosas y las causas se dieran con justicia y eficiencia.
En este contexto, del que Félix Adam fue el gran promotor, me llamó la atención su concepto de “hacer” y no “decir”. La acción siempre lo llevó al hecho y esto me hace recordar que los filósofos orientales hablan de la acción continua, del hacer en el instante presente. Alguna vez me dijo: “Lo que importa es lo que hacemos con la conciencia lúcida y los cambios que permanentemente se están ejecutando alrededor de uno, porque cada instante es único e irrepetible”.
En nuestros enriquecedores encuentros de saberes, llegué a vislumbrar a un Félix Adam que pretendía liberar al ser humano del concepto de “clase educada”, idea esclavista manejada por una sociedad cuyo modelo educativo estaba repleto de cliché. Pues, con gran vehemencia me hablaba sobre:
“El adulto es dueño de sí mismo, él puede autogestionar su propio proceso de aprendizaje a través de la autodidaxia y la autoevaluación, conceptos éstos que llevados hasta sus últimas consecuencias promueven objetivos que lo ayudan a comprender el mundo que lo rodea y lo orientan a buscar soluciones a sus problemas y adoptar los cambios necesarios de conductas, para lograr el perfeccionamiento individual, en el marco de una sociedad más participativa”.
Fue un hombre que amó la naturaleza y nunca olvidó su origen, ni a la tierra de las aguas donde nació. Me manifestaba que sentía la pobreza, la miseria, la desnutrición, las enfermedades, el dolor del pueblo, la mirada de desesperanza campesina, y que por eso aceptó el reto de ser educador. Y fue un verdadero Maestro, en la proyección inextinguible de esta palabra, que en todos los idiomas del mundo sirve para eternizar la sabiduría y la dignidad del ser humano sobre la tierra.
Como escritor, resultó ampliamente productivo. Abordó diversos temas con pleno dominio. Voy a limitarme a destacar algunas de sus obras que recorren el mundo entero, publicadas en varios idiomas, con absoluta vigencia en estos tiempos de cambios y transformaciones en los espacios de las universidades y de las sociedades:
Los estudios universitarios supervisados: una experiencia de educación a distancia; Andragogìa y docencia universitaria; Metodología andragògica; Cuaderno de Metodología Pedagógica; Aspectos psicológicos del menor epiléptico; Técnicas de la enseñanza; Problemas de la educación Venezolana; Andragogìa: ciencia de la educación de adultos; Modelo operacional venezolano, Universidad y educación de adultos; Sobre el carácter universitario de la evaluación, El pensamiento educativo de Herbart y Kapp; La teoría sinérgica y el aprendizaje del adulto, Diseño curricular para el doctorado en Andragogìa, entre muchos otros.
Maestro por vocación y empeñoso realizador de sus grandes ideales, dejó huellas profundas en todas las actividades que le correspondió desempeñar.
En este tramo epocal venezolano cada vez que se ha intentado abrir los ojos para ver en el atolladero en que se encuentra la educación, a alguien se le ocurre que hay que nombrar una comisión de reforma curricular. Esa salida la hemos  antagonizado siempre, porque, pensamos que por el camino de la reforma no vamos para ninguna parte. La re-forma lleva implícita la intención de analizar únicamente las formas, los aspectos, los bordes, los esquemas, las apariencias. Y de lo que se trata, como nos lo enseñó Félix Adam con contundencia, es llegar a la raíz del asunto, trastocar y desmontar las lógicas, desanudar las racionalidades con las cuales de han tejido los pensamiento en  y desde las instituciones dispensadoras de educación. La “perversa invitación” de hoy es para Transformar nuestra educación, para que recobre su talante protestatario-reflexivo, toda ella. Transformar es adentrarnos mucho más allá de la forma. La tarea inicial para que operen esos elementos transformacionales deben y tienen que partir de un cambio actitudinal de nosotros. Lo que ha venido aconteciendo es que en nuestros procesos de enseñanza-aprendizaje  se le confiere casi absoluta legitimación y validación a los saberes que se pesan, que son  medibles, a los conocimientos que se someten a comprobación, verificación, contrastación con la realidad  empírica. En las escuelas y  universidades se han marginado, tal vez execrado, al momento de construir y constituir los conocimientos,  las otras  muchas densidades epistémicas. Las emociones, los valores, por ejemplo.
Una iniciativa de transformación para ensanchar la cognoscibilidad en nuestra educaciòn se obliga a tejer todas las dimensiones inmanentes y trascendentes de los seres humanos.

martes, 2 de septiembre de 2014



  

                                     Homo Sacer aún entre Nosotros
                                                                 Dr. Abraham Gómez R.
Es sólo en términos de negación que
hemos conceptualizado la resistencia.
No obstante, la resistencia es un proceso de creación.
Crear y recrear, transformar la situación, participar
activamente en el proceso eso es resistir.
Decir no constituye la forma mínima de resistencia.
Hay que decir no y hacer de ese no una  forma de resistencia decisiva.
Michael Foucault. Dits et Ècrits, IV. 1970

Las distintas consideraciones que diremos de aquí en adelante tal vez, para algunos, no les resulte ni difíciles ni polémicas. ¡Alabado sea! Porque concluirán que es  un fenómeno obvio y muy difundido. Entonces, creo que nos hemos sumado un ligero mérito de entrada. Aunque el diagnóstico anterior engrose nuestro haber, la idea original de todo planteamiento nuestro viene dada por la problematización que siempre deseamos despertar para cooperar al  aprendizaje en conjunto. La invitación  insistente es para que develemos cosas,  para que digamos con pertinencia lo apropiado (algunas veces no tanto) a las circunstancias. Durante bastante tiempo se ha presupuesto que la función de un enunciado está limitada a describir un estado de cosas o hechos; con afirmación o negación y como que todo llegaba hasta allí. Muy pocos, o casi nadie tenía la osadía de irrumpir con fuerza para poner en cuestión las  frases lapidarias que se pronunciaban con reverencial acento. Pobre de aquél que intentara tensar los registros hasta entonces inescrutados y atreverse a  asomar las múltiples posibilidades de mirar la realidad de modo distinto. Había una escasa y muda resistencia ante los desmanes que de rutina se  cometían. Nadie insinuaba a negar nada. Al parecer unos enunciados naturales asumidos como despropósitos se aceptaban sin objeciones, con infortunado dogmatismo. Tal herencia no es nueva, la jalonamos desde muy atrás. Las reflexiones del pensador italiano Agamben apuntan en tal sentido y se extienden sobre un hecho lamentable y triste “la desposesión de los derechos  que la ley consagra a los ciudadanos para proceder a su enajenación e internamiento en campos de concentración o exterminio y la declaración del Estado de excepción”. Nos espantamos sí, pero esa fue la heredad de un oscuro concepto del derecho romano, el del Homo Sacer. La vida de los seres humanos desprovista de cualquier cualificación, valor similar a un vegetal. Execrables, sin la más mínima conmiseración.
 Ha sido la pretensiosa intencionalidad de algunos Estados totalitarios  antes como ahora de convertir la vida de los seres humanos en objetos administrables por parte de los detentadores del poder. Puede llegar a pensarse lo extemporáneo y ambiguo de traer esta disquisición al presente, puesto que, se diría, que todos los grupos que han disfrutado del poder en el pasado han usado la biopolìtica, el sometimiento de las capacidades humanas para alcanzar sus objetivos. Acaso, preguntamos, la reivindicación de la “humana condición” no arranca con la suprema valoración que nos demos así mismos, por encima de los regímenes y sus signos ideológicos. Los  estímulos de las luchas fratricidas estaban impelidas para conseguir que el Estado hacedor de la ley también esté sometido a la ley, con lo cual se evita que el ser humano al responder ante  la justicia pueda ser matable, sin pudor, por cuanto la propia norma lo convertía en un paria sin derecho a nada. Un ser sacrificable, pero no dado como ofrenda Divina porque ni para eso servía. Añádase de manera deplorable que el Estado ha hecho una absurda politización de la vida de la gente, y ha pasado de la potencialidad  al acto de decidir hasta de lo biológico de los seres humanos. En el Islam, regido por la sharia, las condiciones  de sobrevivencia de la mujer son infrahumanas. La cosmovisión de las mujeres  musulmanas, su mundo y todo cuanto ellas  aspiran queda reducido a su pequeña cárcel: la perspectiva que ellas diseñan desde la rejilla de la burka. Veamos este otro caso: Por el sólo hecho de luchar por la democracia y los cambios políticos en China, ese país asiático decretó “la muerte civil” del premio Nòbel de la paz Liu Xiaobo. Y sin ir tan lejos, qué hemos venido siendo nosotros en esta atmósfera de conculcación de derechos sino un país-- apreciado hasta ayer por sus libertades-- hoy convertido en un enrejamiento ominoso, donde se criminaliza el disenso y se vulnera con displicencia la constitucionalidad que nos hemos dado.

miércoles, 2 de julio de 2014





  JOSÈ BALZA A LA ACADEMIA VENEZOLANA DE LA LENGUA

 Entrevista que le hicimos, recientemente, al laureado escritor deltano Josè Balza.
Quisimos “interpelarlo”; inquirirlo en y con sus palabras, de casi todo de lo que últimamente le ha correspondido, aunque sea por asomo, disfrutar o padecer. Esto nos ha estado diciendo….
A.G.-Cómo nostalgias tu infancia...?
J.B. No necesito tener nostalgia. En el Delta sigo encontrando familiares, amigos, árboles, lugares, sabores, música iguales a los de mi infancia.
Y también personas, hechos y cosas completamente nuevos. Me alimento de eso, estoy siempre muy atento a lo inmediato
A.G.-Cuándo supiste que había llegado el momento de salir del Delta, de labrarte una trayectoria destinal.?
J.B.- A los 16 años. Sucedió por casualidad y también porque ya había leído mucho. Los libros te abren mundos distantes como si los tuvieras a la mano. Nadie se imagina cuántos lectores ha habido en el delta en los últimos 100 años.
A.G.- Tuviste confianza en tì mismo. Creíste, absolutamente, en tu potencial creativo con las palabras; como imaginador de cosas que luego propenderías a narrar..?
J.B.- No. Primero era un niño cantor, músico, como casi toda mi familia materna; después quise ser pintor (todavía dibujo y viajo con cuadernos, lápices y una acuarela). A la vez escribía un diario desde los 9 años, que todavía continúo. En esa inclinación mental era como la familia paterna: analista, burlón. Como ves, mil inseguridades.
A.G.-Con quién sientes que estás en deudas por "concepto de elaboración sostenible" de piso literario...?
J.B.- Me impresionaron mucho viejos señores de San Rafael: Andrés Carrasquero, Josefa Contreras, Venancio Jiménez y, claro, las grandes lectoras que eran mi mamá y mi hermana Solange. Me resumían obras, las contaban como si hablaran de personas y sucesos próximos. Entre todos ellos me llevaron a Julio Verne, a Shakespeare, a Dumas, Dickens, etc. (aunque yo no conocía sus nombres sino sus obras)
Estoy en deuda con todos los autores de cuentos de hadas, con los filósofos y los poetas. Con los grandes y verdaderos escritores (nunca con los que están de moda)
A.G.-Las palabras, lo hemos compartido siempre, no son neutras; cada una tiene su propia carga axiológica; acuña su específico tramo epocal de mundo-historia....Cuál ha sido la palabra màs difícil de escribir y/o pronunciar..?
J.B.- Hablando, pocas. Escribiendo, casi todas.
A.G.-Si le hago esta pregunta a un político, tal vez produzca un bochorno u ofensa; pero un hacedor de " ejercicios narrativos" la disfruta. Cómo y de qué vive un laureado escritor que viaja por el mundo entero..?
J.B.- Tuve una infancia y una adolescencia rica en afecto y ambiente. Pobre económicamente. No me gusta el lujo pero si la calidad en todo. Vivo con lo imprescindible, mi sueldo de la UCV, francamente limitado, el pago de ediciones (más bien escaso). Las universidades del mundo pagan bien y los Congresos intelectuales también. Aunque debe ser chévere, no me imagino viviendo como un millonario. Me gusta compartir lo que gano.
A.G.-Entendemos que hay una comunidad literaria internacional que legitima las creaciones y las producciones, consideras que habido la suficiente distinción y reconocimiento por parte de ésta hacia tì.
J.B.- Creo que la he recibido con justicia. No me gusta la fama.
A.G .-Tienes una particular metodología ( momentos de las musas, horas, percepción especial de las circunstancias...........) para desplegar tu versatilidad literaria..?

J.B.- Siempre fui muy disciplinado. Escribir es como un grado de sacerdocio: con la vida y la belleza. Te exige gran cultura, estudio de idiomas, concentración, atención a los seres y a los momentos. El lenguaje no perdona: o te hace decir tonterías o te lleva lo más hondo de la realidad y las personas. Hay que ser fiel a la exactitud.
Escribo normalmente en las mañanas, pero puedo sentir el “eco” de algo (un suceso, un recuerdo, algo que te comentan) y entonces obedezco de inmediato al llamado. Me pongo a trabajar donde quiera que esté: en una servilleta, un cuaderno, en la tableta… hay que apuntar para volver a eso.
A.G.-Te ha visitado " la señora envidia", la has visto de cerca...?
J.B.- Claro: cada vez que leo a un gran autor. Envidio a William Goyen, a Cortázar, a Platón, a Shakespeare, a Ramos Sucre. A miles.
A.G.-Hay dos corrientes encontradas: una que señala la poca salud que le queda a los libros (en físico), que sostiene que los avances tecnológicos terminarán por aniquilarlos tarde o temprano; la otra dice que aún hay y tiene un largo trecho por recorrer el libro como instrumento de aprendizaje en amplísima acepción; que es imposible que desaparezca...Dónde te ubicas: catastrofismo o moderado optimismo...?
J.B.- Me ha tocado el privilegio de gozar y vivir en ambas realidades. Amo los libros (en papel). Amo los computadores (grandes, mínimos, portátiles, invisibles). Aprovecharé ambas formas mientras existan y yo exista.
A.G Las distinciones te abruman, te adulan o te comprometen...?
J.B.-Si dependiera de mi, las aplazaría o alejaría. Si vienen con afecto, me proporcionan alegría.
A.G.- Confiesas, en claves de Neruda, que has vivido...?
J.B.-Hasta la saciedad. He visto morir políticos y cada vez me gusta más que así ocurra. He sido amado y apreciado y he correspondido al máximo. Nací en el Delta del Orinoco y ese es mi supremo don. Conozco numerosas ciudades del planeta y eso ha sido como beber un licor inagotable.
También estoy preparado para la partida.