domingo, 6 de junio de 2021

 Guyana Esequiba: cualquier omisión o imprudencia se paga con creces y con cruces.

Dr. Abraham Gómez R.

 Miembro de la Academia Venezolana de la Lengua

 Miembro de la Fundación Venezuela Esequiba

 Miembro del Instituto de Estudios Fronterizos de Venezuela (IDEFV)


El derecho Internacional público, aunque delicado para mencionar los asuntos de Estados, es preciso y categórico para explicitar  los desenvolvimientos de reclamos o pleitos interestatales. Para señalar, en concreto, cómo atender una materia conforme a las normas admitidas, para alcanzar las soluciones. Siempre y cuando las partes conflictuadas expresasen manifiesta e inequívocamente las disposiciones a resolver el hecho litigioso.

Veámoslo así, en nuestro caso particular: si continuamos con la dejadez frente a lo que nos corresponde histórica y jurídicamente;  si no nos pronunciamos a tiempo sobre lo que se aún se  viene perpetrando en nuestra contra; si damos muestras de  indiferencias, en vez de formular  las denuncias oportunas y contundentes; o permitir que los gobiernos guyaneses sigan dando concesiones a empresas transnacionales para la exploración, explotación y comercialización de los vastos recursos que tiene la Guayana Esequiba, no solo en el territorio, sino en  su proyección atlántica. Sépase  que  todas estas omisiones conspiran contra nosotros en los reclamos que desde hace más de un siglo hemos hecho de esa zona. 

Nuestra conducta displicente se puede llegar a interpretar como desistimiento de nuestra causa.

Los silencios oficializados  se pagan bastante caros. Tales quietudes las conocemos  como  Aquiescencias. 

Tales actitudes estatales ( o por lo menos, la  de algunos funcionarios competentes ) Conforman incomprensivas permisividades. 

Resulta inaceptable que quienes deben reaccionar y protestar  se  quedan  inermes ( en poses pusilánimes) ante decisiones  arbitrarias,  hechos agresivos u ofensivos del  Estado guyanés frente a Venezuela. 

Entre nosotros  los Esequibistas viene aflorando   una común y compartida inquietud, que se manifiesta en interrogantes del tipo: por qué quienes tienen las competencias en materia de Relaciones Exteriores; particularmente en lo atinente a la Guayana Esequiba, no convocan a las mejores capacidades de compatriotas, densamente formados, para diseñar las expeditas estrategias tanto para discernir,  nuestra estrategia de de alegaciones de hecho y de Derecho, que debe contener el memorial de Contestación de la demanda interpuesta por la excolonia británica, en la Corte Internacional de Justicia.

Nos llama la atención que siendo, como lo volvemos a mencionar, un asunto de Estado, que debe concitar la unidad nacional,  haya tanta opacidad  por parte de quienes manejan la Política Exterior en nuestro país.

No es poca cosa la Pretensión Procesal de Guyana; y detrás de ellos, incontables empresas transnacionales en una lúdica de intereses de múltiples aristas.

Mientras tanto, el gobierno actual de la excolonia británica continúa entregando concesiones, a diestra y siniestra, a las empresas transnacionales para que se instalen en la Zona de Reclamación y en su correspondiente   proyección marítima.

Cada  semana, se instala  una  empresa diferente con la concesión  otorgada por el gobierno de Irfaan Ali;  para incorporarse a las labores de explotación ilegal y abusiva, de nuestros recursos, contrariando el contenido del Acuerdo de Ginebra de 1966

De todos es sabido que Guyana está citada para el 08 de marzo del próximo año, para que insista jurídicamente,  mediante el  recurso ya  interpuesto contra nuestro país; y ratifique la pretensión procesal que contiene en su petitorio.

Prestemos atención a lo siguiente: la interposición de acciones, que no es poca cosa, la conocemos, en su totalidad.  La hemos leído con precisión, analizado y estudiado académicamente. Cuyo contenido se resume (y sintetiza) de la manera siguiente: ellos insisten en pedirle a la CIJ que confirme la validez legal y efecto vinculante del Laudo Arbitral de París, dictado el 3 de octubre de 1899, documento que siempre ha sido considerado por Venezuela como írrito y nulo; dos adjetivaciones calificativas adosadas desde sus orígenes.

Guyana pide en su pretensión procesal que la CIJ ratifique que el citado Laudo constituyó una “liquidación completa, perfecta y definitiva” de todas las cuestiones relacionadas con la determinación fronteriza. En otras palabras, aspiran que Tribunal de La Haya sentencie como Cosa Juzgada, con base en los hechos que narra en su escrito.

No hay nada que temer; porque lo que Guyana está pidiendo ante el Alto Tribunal de La Haya es rebatible y desmontable.  El objeto de la demanda no tiene el menor asidero.

Los  coagentes  del gobierno  guyanés, para esta controversia, tienen más de un año instalados en La La Haya, sede de la CIJ; con honorarios carísimos  y logística a todo dar;  gastos   sufragados por las empresas transnacionales que se encuentran esquilmando nuestros recursos.

Ese  equipo,  que litigará en la CIJ, está integrado por: Sean D. Murphy (inglés), de la Facultad de Derecho de la Universidad de George Washington y asesor jurídico de la embajada de EE.UU en La Haya; además,  Paul Reichler (estadounidense) socio y codirector del Grupo de Litigación y Arbitraje Internacional de Foley Hoag; Payam Akhavam (Iraní) profesor en la Universidad McGill en Montreal, miembro de la Corte Permanente de Arbitraje y  Shridath Ramphal ( guyanés), exministro de Relaciones Exteriores y de Justicia de ese país.

Ese equipo no nos atemoriza ni nos arredra; porque lo hemos dicho, en bastantes ocasiones, que nosotros estamos asistidos de plena razón y Justo Título traslaticio; además poseemos enjundiosos elementos probatorios: históricos, jurídicos, cartográficos, políticos, geográficos y morales.

Nuestra sugerencia – una vez más – a la cancillería venezolana. Nosotros  tenemos muy dignos y experimentados profesionales del Derecho; suficientemente conocedores de la controversia por la Guayana Esequiba, prestos a representar a Venezuela; entonces convoquen y estructuren nuestro equipo que el país quiere conocer; y el cual nos defenderá en marzo del 2023.


lunes, 31 de mayo de 2021

 

 

 

 

 

La retórica oficializada tuerce los significados

 

Dr. Abraham Gómez R.

Miembro de la Academia Venezolana de la Lengua

 

“¿Llegaremos, alcanzaremos a ser una Venezuela íntegra?

Fuimos siempre tan jóvenes, tan a punto de adquirir carácter,

rasgos decisivos, nitidez que nos acecha el riesgo de continuar

siendo una incesante acumulación de fragmentos, de parcialidades sin integración…"

José Balza. Pensar a Venezuela. Pág. 6

 

 

De todos es bastante conocido que cada término tiene una curiosa historia; y algunas veces, dando rienda suelta a la imaginación, un inmenso caudal de relatos adquiere cierta síntesis en un solo étimo. Con un único vocablo, usted adquiere un espectro de posibilidades de decir y enunciar.

Así también, se conoce que una palabra empleada con falsedades; pronunciada con extravagancia o embadurnada, para que diga lo que no le corresponde, constituye un camino oculto o riesgoso.

Aunque los códigos lingüísticos se encuentren en permanente dinamismo; operando --según las épocas- con variaciones y cambios; si no se precisa qué es lo que desean decir, corren a contrapelo de la realidad. Recordemos que el lenguaje es un fenómeno social, que debe calzar con lo que tal hecho social envuelve.

Acaso no nos ha sucedido que; no obstante, lo que queremos percibir se halla muy cerca de nosotros como para juzgarlo, sucede que la neoretórica --que trata de construirse desde las esferas gubernamentales-- altera y tergiversa   los significados, y los hace "saber distintos". 

Cada vez se aprecia menos pronunciable el discurso socio-político dominante.

Prevalece un clima que lo enreda todo.

Las palabras comunes con las que quisiéramos intentar definir las cosas, o por lo menos irlas llamando por sus nombres, se han vuelto vacías.

.

Por eso los enunciados oficialistas en su mayoría son falsos.

Nos queda la sensación de que hay que aprender de nuevo a pensar y a escribir.

Pareciera que “las respuestas no siguen a las preguntas, el saber no sigue a la duda y las soluciones no siguen a los problemas” (Larrosa, dixit).

 El uso indiscriminado y abusivo de los vocablos no sería tan grave si éstos no fueran instrumentos para llegar a conocer, analizar e interpretar la realidad. Por supuesto que Los significados de las palabras son senderos abiertos para conocer el mundo.

Toda la descripción anterior viene con el certero propósito; porque escuchamos en los disímiles escenarios que monta “el Proceso” que nos encontramos en una interesante etapa de emancipación.  gesta patriótica para liberarnos de los imperios, con nuestras propias posibilidades y potencialidades.

Que es como decir: hay una acción para quedar liberados de un poder o procurarnos una nueva independencia frente a algo. Tamaña desfachatez.

Prestemos atención al término mancipium, que es una herencia idiomática legada por el latín.

Mancipium define toda cosa tomada, agarrada de la mano. Sostenida con fuerza; ejerciendo sobre ella cualquier símbolo que represente autoridad.

Pues bien, no es necesario profundizar en discusiones intelectuales, o académicas de alto nivel para percatarnos que las decisiones que se vienen dando en los últimos años en nuestro país a lo que menos apunta, precisamente, es a una emancipación: a desplazar hacia fuera, a desligarnos de las estructuras poderosas que nos tienen atrapados para imponer sus designios, ajenos a nuestra propia identidad.

 

El presente régimen político en Venezuela, se ha encargado de hipotecar el destino y futuro de la nación, tanto a empresas transnacionales como a países con los cuales ha trazado ligazón ideológica. Cuyas funestas   consecuencias, denominadas por ellos “estrategias de vínculos internacionales", ya son suficientemente conocidas: nos encontramos atragantados y comprometidos --agarrados de las manos-- con las hordas comunistas-terroristas-fundamentalistas que enervan al mundo.

Entonces, nos preguntamos, de qué emancipación estamos hablando.

Frente a lo anteriormente descrito, cabe destacar el hecho que nuestra cultura socio-política, siempre ha asumido una impronta civilista, en un irreductible sustrato de democracia y de paz.

 

 Pero, ya no resulta sorprendente para los investigadores sociales la tipología militarista que caracteriza al actual régimen nacional. De nuevo el poder político se encuentra una vez más en los cuarteles.

 La verdadera emancipación debe comenzar por erradicar tales despropósitos.

Estamos obligados a emanciparnos de los pensamientos alienantes; con mucha más razón cuando sabemos que en el tramo civilizacional que transcurre se asume el conocimiento ya prácticamente como un “factor de producción”.  Emanciparnos de las cartografías mohosas y de las entelequias rancias.

 

Nos permitimos exponer --con transparencia-- que en la actualidad los conocimientos se construyen a partir de las confrontaciones de ideas; además, a partir de las profundas transformaciones subyace la competitividad en tanto estrategia-medio para alcanzar los objetivos. Entonces digamos, qué emancipación, ni qué babosadas.

 Emancipémonos si, y rápido de quienes se atreven a sostener que individuo y colectivo jamás serán complementarios. Que son elementos mutuamente excluyentes.

 De esa manera de apreciar la realidad debemos emanciparnos.

 Emanciparnos de   quienes ven malas palabras en expresiones tales como: libre albedrío, libertad de pensamiento y de acción; pluralidad, democracia, diversificación de criterios. Porque para combatir las injusticias sociales y los desequilibrios obscenos de ningún modo hace falta anular al individuo y su lógica conexión con la sociedad.

 Vamos a emanciparnos de quienes -- en su perverso juego con las palabras-- tuercen intencionadamente sibilina la posibilidad de que el ser humano se desarrolle de manera integral.

 El psiquiatra y psicoanalista francés Jacques Marie Émile Lacan advertía a cada momento a los estudiantes del Mayo Francés de 1968, en los siguientes términos: “Ah, ustedes ¿son revolucionarios? Muy bien. Pues sepan que la revolución siempre está en busca de un amo. No se preocupen, lo van a encontrar”.

 Ante tan lapidario aserto, uno llega a concluir: cómo cuesta después emanciparse de los amos

 

 

La retórica oficializada tuerce los significados

Dr. Abraham Gómez R.

Miembro de la Academia Venezolana de la lengua

¿Llegaremos, alcanzaremos a ser una Venezuela íntegra?
Fuimos siempre tan jóvenes, tan a punto de adquirir carácter,
rasgos decisivos, nitidez que nos acecha el riesgo de continuar
siendo una incesante acumulación de fragmentos, de parcialidades sin integración…."
 José Balza. Pensar a Venezuela Pág. 6


De todos es bastante conocido que cada término tiene una curiosa historia; y algunas veces, dando rienda suelta a la imaginación, un inmenso caudal de relatos adquiere cierta síntesis en un único étimo. Con un único  vocablo, usted adquiere un espectro de posibilidades de decir y enunciar.

Así también, se conoce  que una palabra empleada con falsedades; pronunciada con extravagancia o  embadurnada, para que diga lo que no le corresponde, constituye un camino oculto o riesgoso.

 Aunque los códigos lingüísticos se encuentren en permanente dinamismo; operando --según las épocas- con  variaciones y cambios; si no se precisa qué es lo que desean decir,   corren a contrapelo de la realidad. Recordemos que el lenguaje es un fenómeno social, que debe calzar con lo que tal hecho social envuelve.

Acaso no nos ha sucedido que; no obstante,  lo que queremos  percibir  hallarse  muy cerca de nosotros como para juzgarlo, sucede que  la neoretórica --que trata de construirse desde las esferas gubernamentales--  altera y tergiversa   los significados, y  los hace "saber distintos".  
Cada vez se hace menos pronunciable el discurso socio-político dominante.
Prevalece un clima que lo enreda todo. 
Las palabras comunes con las que quisiéramos intentar definir las cosas, o por lo menos irlas llamando por sus nombres, se han vuelto vacías. 
. 
Por eso los enunciados oficialistas en su mayoría son falsos. 
Nos queda la sensación de que hay que aprender de nuevo a pensar y a escribir. 
Pareciera que “las respuestas no siguen a las preguntas, el saber no sigue a la duda y las soluciones no siguen a los problemas (Larrosa, dixit).
 El uso indiscriminado y abusivo de los vocablos no sería tan grave si éstos no fueran instrumentos para llegar a conocer, analizar e interpretar la realidad. Por supuesto que  Los significados de las palabras son senderos abiertos para conocer el mundo.

Toda la  descripción anterior viene con el certero propósito;  porque escuchamos en los disímiles escenarios que monta “el Proceso” que nos encontramos en una interesante etapa de emancipación.  gesta patriótica para  liberarnos  de los imperios, con nuestras propias posibilidades y potencialidades.
Que es como decir: hay una acción para quedar liberados de un poder o procurarnos una nueva  independencia frente a algo. Tamaña desfachatez.

Prestemos atención al término mancipium, que es una herencia idiomática legada por el latín. 
Mancipium define toda cosa tomada, agarrada de la mano. Sostenida con fuerza; ejerciendo sobre ella cualquier símbolo que represente autoridad. 

Pues bien, no es necesario profundizar en discusiones intelectuales, o académicas de alto nivel para percatarnos que las decisiones que se vienen dando en los últimos años en nuestro país a lo que menos apunta, precisamente, es a una emancipación: a desplazar hacia fuera, a desligarnos de las estructuras poderosas que nos tienen atrapados para imponer sus designios, ajenos a nuestra propia identidad.

El presente régimen político en Venezuela, se ha encargado de hipotecar el destino y futuro de la nación, tanto a empresas transnacionales como  a países con los cuales ha trazado  ligazón ideológica. Cuyas funestas   consecuencias  funestas, denominadas por ellos  "estrategias de vínculos internacionales", ya son suficientemente conocidas: nos encontramos atragantados y comprometidos --agarrados de las manos-- con las hordas comunistas-terroristas-fundamentalistas que enervan al mundo.
Entonces, nos preguntamos, de qué emancipación estamos hablando.
Frente a lo anteriormente descrito, cabe  destacar el hecho que nuestra cultura socio-política, siempre ha  ha asumido una impronta civilista, en  un irreductible sustrato de democracia y de  paz.

 Pero, ya no resulta sorprendente para los investigadores sociales la tipología militarista que caracteriza al actual régimen nacional. De nuevo el poder político se encuentra una vez más en los cuarteles.
 La verdadera emancipación debe comenzar por erradicar tales despropósitos.
Estamos obligados a emanciparnos de los pensamientos alienantes; con mucho más razón cuando sabemos que en el tramo civilizacional que transcurre se asume el conocimiento ya prácticamente como un factor de producción.  Emanciparnos de las cartografías mohosas  y de las  entelequias rancias.

Nos permitimos exponer --con transparencia-- que en la actualidad los conocimientos  se construyen a partir de las confrontaciones de ideas; además, a partir de las  profundas transformaciones subyace la competitividad en tanto estrategia-medio para alcanzar los objetivos. Entonces digamos, qué emancipación, ni qué babosadas..
 Emancipémonos si, y rápido de quienes se atreven a sostener que individuo y colectivo jamás serán complementarios. Que son elementos mutuamente excluyentes.
 De esa manera de apreciar la realidad debemos emanciparnos.
 Emanciparnos de   quienes ven malas palabras en expresiones tales como: libre albedrío, libertad de pensamiento y de acción; pluralidad, democracia, diversificación de criterios. Porque para combatir las injusticias sociales y los desequilibrios obscenos de ningún modo hace falta anular al individuo y su lógica conexión con la sociedad.
 Vamos a emanciparnos de quienes  -- en su perverso juego con las palabras-- tuercen intencionadamente sibilina la posibilidad de que el ser humano se desarrolle de manera integral.
 El psiquiatra y psicoanalista francés Jacques Marie Émile Lacan advertía a cada momento a los estudiantes del Mayo Francés de 1968, en los siguientes términos: “Ah, ustedes ¿son revolucionarios? Muy bien. Pues sepan que la revolución siempre está en busca de un amo. No se preocupen, lo van a encontrar”. 
 Ante tan lapidario aserto, uno llega a concluir, cómo cuesta después emanciparse de los amos.






domingo, 23 de mayo de 2021

 

  ¿De qué socialismo estamos hablando?

 Dr. Abraham Gómez R.

 Miembro de la Academia Venezolana de la Lengua

 abrahamgom@gmail.com

 

La libertad constituye la  característica más esencial de los seres humanos. Le es inmanente.

Estamos conscientes que, para alcanzar la libertad, todo cuanto se ha podido – a lo largo de la historia—se ha hecho.

Innumerables dispositivos diseñados, imaginados y practicados, con la única intención de conservarla.

Nadie hipoteca, voluntaria u obsequiosamente, sus principios libertarios; por los que lucha de modo incansable. Y si en algún instante, producto de ligeras circunstancias se ve sometido, más temprano que tarde logra reivindicarse.

El Estado es una institución creada por los ciudadanos para convenir los arreglos, dirimir confrontaciones, pactar los comportamientos societales; pero jamás como entidad de supra imposición a la “condición humana”.

Los Estados cuando no tienen en sí mismos una explícita contención constitucional y/o legal cometen los peores desmanes y atrocidades contra los ciudadanos. Aunque, – a decir verdad-- a veces por muy afinada que se encuentre la norma para restringir los abusos estatales, quienes administran los asuntos propios de los Estados cometen actos opresivos en perjuicio de los ciudadanos al saberse, circunstancialmente detentadores del poder, en posiciones ventajosas frente al común de la gente.

Significa además que asumen, de modo casi normal, la desigualdad de derechos ciudadanos, las inequidades sociales, culturales y económicas tanto que les parece natural no percibir las tropelías que cometen y en las que han caído.

Los Estados no se constituyen para enfrentar a los ciudadanos; de tal manera que nos resulta vergonzoso que alguien, en el presente tramo civilizatorio contemporáneo --de plena reivindicación de las libertades-- quiera convertirse en émulo de Hobbes y desempolvar sus deleznables tesis; que nos permitimos sintetizarlas  con la expresión siguiente  “...En el gobierno de un Estado bien establecido; cada particular no se reserva más libertad que aquélla que precisa para vivir cómodamente y en plena tranquilidad; ya que, el Estado no quita a los demás más que aquello que les hace temibles. ¿Pero, qué es lo que les hace temibles? Su fuerza propia, sus apetencias desenfrenadas, su tendencia a tomar decisiones discrepantes de la unanimidad mayoritaria…”    !.Casi nada...!  

Con seguridad usted coincidirá conmigo en que quienes participan en el denominado en el “socialismo del siglo XXI”, han aceptado (sin discusión) que cuando alguien pronuncie cerca la palabra solidaridad, no les causará ninguna sensación o emotividad; por cuanto, ellos han renunciado a sus libertades, al pensamiento crítico y a sus   propias consideraciones.

No son más, decimos nosotros, que sustratos de indignidades, por cuanto la dignidad se explica en buena medida por la autonomía intrínseca e inherente del ser humano.

Reforcemos, hoy como ayer, el viejo enunciado que señala: “sólo el que sabe gobernarse así mismo según su principio racional resulta señor de sus acciones y en consecuencia, al menos parcialmente, un sujeto libre, es un ciudadano”.

La dignidad se basa en el reconocimiento a la persona de ser merecedora de respeto. La dignidad propugna tolerar las diferencias para que afloren las virtudes individuales con lo cual se vigoriza la personalidad, se fomenta la sensación de plenitud y el equilibrio emocional.

 La práctica política, aunque orientada a la formación ideológica; basada además al ejercicio del poder para la toma de decisiones en procura de un objetivo, no implica, obligadamente, que quien haga política de entrada deja hipotecada su dignidad. Menos en un sistema político que se precie ser en esencia socialista.

Las definiciones y desenvolvimientos de regímenes socialistas han tenido sus variaciones y matices a lo largo de la historia.

Hay quienes se atreven a apuntar que ni socialismo ni comunismo propiamente tales hemos tenido hasta ahora. Sin embargo, insistimos en señalar que mientras vinculemos socialismo, conforme a sus orígenes doctrinales, con: la búsqueda del bien común, con la distribución de las riquezas, con la igualdad social (que no igualación) y con la participación regulatoria del Estado en las actividades socio-económicas; diremos que  bastan estas premisas para concederle al socialismo —atenuadamente-- como sistema de pensamiento y acción, un prominente basamento de dignidades; por cierto, bastante  lejos de lo que atravesamos en estos tiempos aciagos en Venezuela.

 La realidad impone cierta velocidad ante la cual debemos ubicarnos a tono Uno observa con perplejidad que quienes se dicen militantes del actual régimen huyen de las tareas de autocríticas, menos aceptan que se les diga que las muy pocas diligencias practicadas para el crecimiento de las ideas y la organización partidaria únicamente han tenido escasos resultados hacia adentro.  

También con la intención de formular contraste directo frente al socialismo de cualquier tipo o talante diremos que la democracia, (con la que nos regustamos a pesar de sus errores e imperfecciones) no sólo queda definida como forma de organización política sino en tanto modo de convivencia y estructuración social: menos vertical, con búsquedas más igualitarias (que no igualación) de las relaciones entre sus miembros.  Que, aunque sean muchos y muy variados los escenarios políticos escogidos por la gente para participar (de este o de aquel lado) prevalece el respeto y la tolerancia hacia el otro.

En fin, es la democratización: proceso desde donde se hace común y corriente el disenso que será siempre fértil, si dejamos a un lado los estigmas, exclusiones y descalificaciones.