martes, 7 de marzo de 2017



CONOCER A LAS MUJERES, PARA RECONOCERLAS.

Dr. Abraham Gómez R.
Miembro de la Academia Venezolana de la Lengua
abrahamgom@gmail.com

El siglo XXI está siendo considerado el siglo de las mujeres. Así lo admitimos, sin extravagancias. Ciertamente es una profecía razonable, y además emocionalmente deseable.
Se ha vuelto indetenible la presencia de la mujer en las más disímiles disciplinas y áreas de conocimientos.
Las mujeres han venido asumiendo elogiosas responsabilidades, tal vez lentamente pero con fundamentación y sostenibilidad.
Reconozcamos que la discriminación, el ocultamiento y la negación a la que ha estado sometida la mujer secularmente no han sido hechos desprevenidos o fortuitos. Ha habido, una trampa sigilosa cuando se acuña el vocablo mujer. Analicemos por qué?
Si hacemos una “tomografía” de bastantes cortes a la palabra mujer, tendremos como resultados que es una palabra muy antigua y con tantísima densidad socio-cultural y emocional, que desde que se formó ha ido evolucionando en su estructura y en significado hasta llegar a su valor actual: La absoluta reivindicación de la Mujer en la sociedad.
En bastantes partes del mundo se ha venido adelantando una especie de “excavación en la historia”, un asunto casi de “arqueología social “, con el fin de encontrar mujeres, de extraer sus palabras y sus obras. Para que ellas digan, en la contemporaneidad, lo que intentaron decir y no pudieron. Para que sus voces sean escuchadas.
Para hacer presentables sus obras, para rescatarlas de las olvidadas fosas del tiempo. Es un trabajo apasionante, ejercido desde todos los ámbitos posibles. Es una auténtica y palpitante genealogía solidaria, impregnada de razón y emoción.
La historia que nos han contado, la transmitida sistemáticamente asume la impronta de la parcialización en pro de los triunfadores. Esa historia que hemos leído siempre, la historia oficializada ha estado sesgada contra las mujeres. Se les ocultaba, y tal vez hoy aún se practican las encriptaciones de ellas, de sus valores.
Nannerl Mozart tuvo abundantes más cualidades que su célebre hermano. Ella también destacó como niña prodigio. A él lo educaron para que triunfara, ella enloqueció al saberse marginada.
Cecilia Bohl de Faber, celebrísma escritora española, se escondía bajo el seudónimo de “Fernán Caballero”, por timidez y miedo., lo cual no limitó su prolífica y supremamente lograda narrativa.
Detrás de “George Sand” no encontramos a ningún hombre sino a la talentosa escritora francesa Amandina Aurora Lucile Dupin quien dio cuerpo literario a obras tan hermosas.
La brillante obra de Gustave Mahler se hizo posible gracias a densos conocimientos de composición musical de su esposa vienesa Alma María Mahler.
Así enterraron talentos, personalidades, y posibilidades. Algunas fueron descubiertas y alcanzaron la celebridad después de atravesar innumerables condenas y vituperios, pero la mayoría quedaron ocultas: anónimas para siempre.
La admirada psicóloga social venezolana Mercedes Pulido de Briceño, en su trabajo “La Complejidad de Ser Mujer” expone:
“El reconocimiento de la diferenciación social y particularmente de la diferenciación de género es una contribución al logro de la armonía entre los principios de la universalidad como son los derechos de todas las mujeres y los principios de solidaridad. La discriminación hacia la mujer es un factor constitutivo de muchas políticas que se asumen como neutras, pero que de hecho excluyen a las mujeres bien por la desigualdad de oportunidades o la desigualdad de trayectorias…”
Con idéntica intencionalidad nos detuvimos en la lectura del trabajo ensayístico vigente, interesante y propositivo, denominado “La juventud y la política en el siglo XXI, cuya autora es la Académica Ana Teresa Torres. Intentamos sintetizar su honda reflexión a través del siguiente fragmento:
“Necesitamos construir un relato alternativo que haga honor a las virtudes democráticas y pacíficas de la venezolanidad, para lo cual el primer ejercicio es recurrir a nuestra historia cambiando el acento de los guerreros hacia los ciudadanos. Venezuela no es solamente una patria de guerreros, ni su mayor gloria haber ganado una guerra que sucedió hace doscientos años, y que por lo tanto está muy lejana de nuestros problemas actuales. La cultura venezolana tiene una amplia variedad de nombres que ofrecer como ejemplos, como modelos de ese venezolano de trabajo, de solidaridad, de empeño, que queda opacado si se le compara con las figuras de los libertadores.
Superlativa calificación concede Venezuela a la labor tesonera de nuestra insigne Lucía Esther Fraca de Barrera, quien ha dedicado años apasionados a construir una filosofía para la enseñanza y el aprendizaje, en tanto camino didáctico para desarrollar las competencias discursivas favorables a los estudiantes, a los estudiosos y para la sociedad.
El acceso pleno y en condiciones de igualdad a la educación es un requisito fundamental para la potenciación de la Mujer, y es un instrumento excelso para alcanzar los objetivos de equidad, desarrollo y paz.

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