jueves, 3 de agosto de 2017



    Disyuntiva perder/perder

Dr. Abraham Gómez R.
Miembro de la Academia Venezolana de la Lengua
abrahamgom@gmail.com

Si estuviéramos, aunque ligeramente, convencidos que participar en unas elecciones regionales nos liberaría de esta crisis: la más espantosa y llena de calamidades por la que ha atravesado nuestro país, tal vez dedicáramos un rato a  analizar, con suficientes estrategias cuándo, dónde y cómo presentar y aupar nuestros candidatos.
¿Y saben por qué? Porque elecciones regionales no liquida dictadura.
Porque, quienes proclaman que “hay que conservar espacios de poder”, se prestan con  descaro  al juego cómplice con el  régimen que ha cometido el mayor fraude  comicial en la historia contemporánea en Latinoamérica, tal vez del mundo.
Será muy difícil entender que una Asamblea Nacional Constituyente no es poca cosa; cuyo origen írrito e inconstitucional ha sido denunciado; que la Comunidad Internacional se muestra  y pronuncia solidaria  con tales denuncias.  Que ese esperpento de ANC  nace mediante una trampa de votos urdida y cohonestada por el consejo nacional electoral, el tribunal supremo de justicia, el ejecutivo nacional (minúsculas adrede) y algunos otros entes del Estado.
 A quienes deseen  mantener “espacios de poder” les reiteramos que las dictaduras no ceden un ápice de poder, y menos a los antagonistas sospechosos  o ambiguos. Los aprovechan como instrumentos de barata utilería en su entramada parafernalia.
Con seguridad al instalarse la asamblea constituyente; cuyas características, por su condición “originaria”, serán: plenipotenciaria, incondicionada e ilimitada, entre muchas otras. Así entonces,  esas presuntas elecciones regionales irán bien largo al cipote.
El régimen habrá logrado uno de sus exquisitos propósitos, cual es fracturar (mucho más) a la oposición venezolana y desprestigiarla ante el mundo entero.
La gloriosa juventud demócrata venezolana  ha venido ofrendando sus luchas y sus  vidas para reconquistar la Libertad que nos merecemos, y no para que una  dirigencia interesada pacte, con secretismos, una “agenda comicial”, para lavarle el rostro al régimen y reoxigenarlo en sus despropósitos.
Las vías para desterrar las dictaduras necesariamente no son electorales. La historia tiene  enjundiosas páginas escritas, que quizás aporten referentes para nuestros acaecimientos.

Tomen en cuenta los ilusos aspirantes a cualquier cosa que el colaboracionismo individual o partidario, con los regímenes totalitarios, ha constituido siempre una vil maniobra. 

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