domingo, 23 de agosto de 2026

 

Guayana Esequiba: ¿de cuál herencia territorial se ufana la excolonia británica?

Dr. Abraham Gómez R.

 Miembro de la Academia Venezolana de la Lengua

 Asesor de la Fundación Venezuela Esequiba

 Miembro del Instituto de Estudios Fronterizos de Venezuela

 Coordinador de la Comisión proponente de la UNAFRONT.

 

De todos es conocido que la excolonia británica introdujo, en 2018, una demanda contra nuestro país, y ha ratificado un absurdo petitorio a lo largo de todos los trayectos procesales en el juicio que cursa por ante la Corte Internacional de Justicia; el cual, por cierto, se encuentre a punto de sentencia.

Nos luce una extravagancia la causa de pedir de la contraparte.

Están empecinados en que la Sala Juzgadora obligue a Venezuela – en el esperado fallo-a reconocer el írrito y nulo Laudo Arbitral de París de 1899, como “cosa juzgada”, sin aportar ningún elemento de convicción, mínimamente creíble. Sin haber consignado nada que pueda ser acreditable histórica, jurídica o cartográficamente.

Peor aún. Sin haber esperado la resolución definitiva del Ente Juzgador, Guyana continúa otorgando concesiones y permisos a bastantes empresas transnacionales, ya no únicamente en la proyección atlántica que genera la parte continental de la Guayana Esequiba, en contención; sino que, imprudentemente, ha dado instrucciones, y hasta órdenes escritas, a las compañías para que   operen en cualquier coordenada marítima hacia su costado oeste, irrespetando la soberanía venezolana en esa área.

Todos los gobiernos guyaneses han burlado, como le da gana, el Acuerdo de Ginebra de 1966.

Con el fin de facilitar la mayor medida posible de cooperación y mutuo entendimiento, nada de lo contenido en este Acuerdo será interpretado como una renuncia o disminución por parte de Venezuela, el Reino Unido o la Guayana Británica de cualesquiera bases de reclamación de soberanía territorial en los Territorios de Venezuela o Guayana Británica o de cualesquiera derechos que se hubiesen hecho valer previamente, o de reclamaciones de tal soberanía territorial o como prejuzgando su posición con respecto a su reconocimiento o no reconocimiento de un derecho a reclamo o base de reclamo por cualquiera de ellos sobre tal soberanía territorial. Ningún acto o actividad que se lleve a cabo mientras se halle en vigencia este Acuerdo constituirá fundamento para hacer valer, apoyar o negar una reclamación de soberanía territorial en los Territorios de Venezuela o la Guayana Británica, ni para crear derechos de soberanía en dichos territorios…” (Omissis).

 

Hemos tenido que lidiar con la postura de algunos compatriotas que sostienen argumentos, suficientemente críticos, de lo que debió hacer y no debió hacer el Estado Venezolano; si quería “quitarse de encima” de una vez y por todas tal controversia.

Exponen, sus criterios en estos términos.

En Venezuela, aunque actualmente el Acuerdo de Ginebra constituye el documento más valioso, con pleno vigor jurídico, para el proceso de negociación, nos conseguimos que según un reducido número de compatriotas opinan que el precitado convenimiento adolece de elementos concretos que permitan materializar la recuperación total del territorio, por las contradicciones que posee tanto de fondo como de forma.

De fondo, porque se acordó llegar a una solución satisfactoria para un “acuerdo práctico” que, en la práctica, resulta inviable,

Venezuela permitió que Reino Unido le transfiriera la disputa territorial a su colonia.

El Reino Unido se lavó las manos en este pleito, siendo el causante del mismo con sus añagazas jurídicas.

Venezuela permitió que la colonia resultara independiente, el 26 de mayo de 1966, sin antes solucionar el problema fronterizo,

Se le dio carácter de Estado a una colonia que no lo poseía.

Sin lugar a dudas, comportó una tramposa jugada de descolonización.

Se invirtió la percepción de la correlación de fuerzas; de un nación grande y poderosa frente a otra pequeña e indefensa.

Explicamos el anterior aserto. Ya no se percibiría a Venezuela como la nación débil usurpada por la potencia mundial de Reino Unido, sino que ahora la pobre y recién independiente Guyana aparentaría ser la nación débil frente el país rico y petrolero como Venezuela que querría quitarle parte de "su territorio".

 Nosotros no le hemos quitado nada a Guyana, ni pretendemos hacerlo.

 Solo esperamos – muy pronto-- que la Corte sepa decirle a Guyana, en justo derecho con una congruente sentencia, lo que realmente le corresponde; que nos es otra extensión de lo que fueron las provincias angloholandesas, hasta 1814, de Berbice y Demerara; menos de 50.000 km2 al este del río Esequibo.

Resultaba ingenuo pensar que motu proprio Guyana le regresaría a Venezuela tres cuartas partes de lo que considera “su territorio heredado” al momento de su independencia y del cual ostenta la administración y ocupación; pudiendo explotar sus recursos así tales actividades no sean símbolos de su soberanía, con lo contempla, contundentemente, el Acuerdo de Ginebra.

Efectivamente, tres meses después de la firma y aceptación del Acuerdo de Ginebra,17 de febrero de 1966; entonces, la Guayana Británica se declara independiente; siendo a partir de allí – según ellos- para todos los efectos en el Concierto de las Naciones del Mundo, la República Cooperativa de Guyana, un sujeto internacional, pleno de derechos.

Hubo venezolanos que levantaron su voz, fuertemente, al señalar que nuestro país no debió reconocer la   independencia de la naciente República Cooperativa de Guyana sin antes haber solucionado con Reino Unido el problema de límites y fronteras.

 

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