viernes, 18 de septiembre de 2026

 

La propuesta del neologismo Ginecocidio reclama su justo espacio

Dr. Abraham Gómez R.

Miembro de la Academia Venezolana de la Lengua

 

A partir de una indagación lingüística consigné, hace ya algunos años, una propuesta léxico-semántica por ante   la Real Academia Española, para que – según apruebe los estudios que le hagan- se cree un nuevo vocablo: Ginecocidio.

Este trabajo de inmediato entró en un proceso complejo y exhaustivo, para evaluarlo integralmente.

Nuestra moción idiomática no constituye un capricho o una sugerencia endeble; por cuanto se encuentra plenamente justificada de forma y fondo.

He vendido acreditando argumentativamente e insistiendo ante nuestra máxima institución rectora de la lengua   española que hay una trampa urdida en la construcción y en el significado del término femicidio; con el cual se ha pretendido atenuar y ocultar lingüísticamente una verdad: la muerte de las mujeres.

 

En el escrito que consigné ante la Real Academia Española –que fue admitido y referido a su sala de observación– sostenemos que es un desacierto lingüístico expresar femicidio o feminicidio para hacer saber que se cometió un “homicidio” contra una mujer.

En la descabellada e indigna definición que se utiliza comúnmente para   femicidio o feminicidio, en los medios de comunicación audiovisuales, en el ámbito jurisdiccional, en las redes y en las distintas plataformas digitales es, como sigue:

 

Acto de máxima gravedad, en un contexto cultural e institucional de discriminación y violencia de género, que suele ser acompañado por un conjunto de acciones de extrema violencia y contenido deshumanizante, como torturas, mutilaciones, quemaduras, ensañamiento y violencia sexual, contra las mujeres y niñas”.

 

Esta escogencia terminológica (que además confunde) nos luce impropia.

Les digo por qué. Por cuanto, un homicidio se comete contra un hombre.

Así entonces, aniquilar físicamente a una mujer no puede ser homicidio, sino Ginecocidio. Cuya construcción se origina del griego: Gyné, Gynaikos, Gineco que denota con exactitud mujer; más el sufijo latino –cidio, cid, que se forma por apofonía de caedere: matar, cortar.

Entendamos, en solidaridad humana, que cuando liquidan físicamente a una mujer – por las causas o motivos que sean- no están matando al género femenino; le están quitando la vida a la mujer, al ser humano.

Comporta una vergüenza que en el modelo de protocolo delictivo latinoamericano para las investigaciones de las muertes violentas de mujeres por “razones de género” se recomienda que todas las muertes violentas de mujeres que en principio parecerían haber sido causadas por motivos criminales, suicidio y accidentes, deban analizarse con perspectiva de género, para poder determinar si hubo o no razones de género en la causa de la muerte y para poder confirmar o descartar el motivo de ésta.

Les importa más el género que el ser humano. Tristemente.

 

En mi condición de proponente del citado neologismo, debo manifestarles la inmensa satisfacción que sentí, cuando a este nuevo término -- como paso introductorio para su posible admisión-- le abrieron su respectivo expediente (registro).

Procedieron nuestros honorables académicos, acto seguido, a nombrar  una comisión de lexicógrafos, para que iniciaran el trabajo de disección morfo-sintáctica;  de examinar si cumplía con los requerimientos de válida   construcción léxico-semántica; así además,  su articulación fonética; la  posible   función fonológica que se le atribuye, su semiótica (significado preciso), la  aplicación pragmática ( uso práctico en una circunstancia determinada), o de cualquier otra consideración que ellos crean conveniente para el análisis.

 

Exigente e interesante labor a la que ha sido sometido el vocablo Ginecocidio, por parte de la superior autoridad de nuestro idioma; precisamente porque tal rigor comporta una de sus específicas funciones, según lo contempla el artículo primero de sus Estatutos:

 “[...tiene como misión principal velar por que los cambios que experimente la Lengua Española en su constante adaptación a las necesidades de sus hablantes no quiebren la esencial unidad que mantiene en todo el ámbito hispánico. Debe cuidar igualmente de que esta evolución conserve el genio propio de la lengua, tal como ha ido consolidándose con el correr de los siglos, así como de establecer y difundir los criterios de propiedad y corrección, y de contribuir a su esplendor…”

 

Hemos entregado a tiempo, a la RAE, todos los elementos justificadores de Ginecocidio, como palabra que aspira nacer y reclamar, más temprano que tarde, su justo espacio en el olimpo del léxico de nuestro idioma.

Asumo, como tarea, un modesto aporte lingüístico para develar, con la mayor exactitud, los crímenes atroces que contra las mujeres se cometen; y que la mayoría de las veces, en conversaciones cotidianas, se pretende disimular el Ginecocidio: liquidación física de un ser humano, nombrándolo como femicidio o feminicidio (“muerte por razones de género”).

 

A ese absurdo, de no querer decir las cosas por su nombre, nos oponemos.

Asimismo, vamos en contra de quienes pretenden presentar y maquillar públicamente la muerte de una mujer como un simple acto de brutalidad, abuso físico o violencia machista.

La RAE nos hace la severa advertencia con respecto a Ginecocidio, como    vocablo propuesto.

Debe tener plena acogida en todos los ámbitos comunicativos, disciplinas profesionales y discursos de que se traten.

 Ellos denominan esta práctica “Frecuencia de Uso”.

 Así entonces, solicito la cooperación para que le demos frecuencia de uso al vocablo propuesto, en nuestros diarios y constantes actos de habla; incluso cuando nos toque, lamentablemente, referirnos a este citado fenómeno de socio patología.

 

 

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