sábado, 10 de agosto de 2024

 

Guayana Esequiba: las estrategias no se develan por anticipado

Dr. Abraham Gómez R.

Miembro de la Academia Venezolana de la Lengua

Asesor de la Comisión de la Asamblea Nacional por el Esequibo y la Soberanía Territorial

Miembro del Instituto de Estudios Fronterizos de Venezuela (IDEFV)

Asesor de la Fundación Venezuela Esequiba

 

 

En casi todos los lugares de nuestro país que hemos visitado, por expresas invitaciones de los organizadores de respectivos eventos académicos, conseguimos profesionales densamente formados en este álgido tópico lo cual nos honra y llena de profunda satisfacción venezolanista.

Me nutro de conocimientos al escuchar, con detenimiento, sus respectivas elucidaciones sobre esta controversia.  Encontramos, en muchas partes, gente sabia para grandeza de la Patria.

 

Estamos dispuestos siempre además a intercambiar criterios con los participantes, en general, centrados en tal asunto litigioso.

Hay un bastión enorme que ha acumulado muchas indagaciones documentales; lo cual les ha permitido acrisolar vivencias y experiencias. Tales compatriotas portan en sí mismos sendas “cajas de herramientas” intelectuales, siempre al servicio del país.

 

En nuestro indetenible recorrido por las universidades venezolanas y por algunas instituciones públicas y privadas; así, además, por las distintas plataformas digitales, se nos pide con avidez que deliberemos   con precisión pedagógica el asunto de la contención territorial que sostenemos con la excolonia británica y que expliquemos qué podría suceder en las próximas fases que están pendientes de desarrollar por ante La Corte Internacional de Justicia.

Trayectos judiciales que deben completarse antes de la sentencia, esperada para el 2025. Estamos hablando de las fases de Pruebas, Alegaciones y Preconclusiva; por cuanto, ya comparecimos a la primera denominada postulatoria o expositiva, el 8 de abril de este año.

 

Ciertamente, es posible dar a conocer algunas descripciones de lo expuesto en el párrafo anterior; como también, hay elementos que por expresa precaución y moderación se deben omitir.

 No todo se puede develar antes de ir al Alta Tribunal de La Haya.

 

Debemos aclarar en igual sentido, que no cometemos ninguna arbitrariedad, ni contrariamos el Derecho Internacional con aplicar, a lo interno de nuestra nación, la “diplomacia abierta”; para que “la diplomacia siempre avance de manera franca y a los ojos de la opinión pública” (Woodrow Wilson, dixit).

 

Consideramos que las cuestiones de índole internacional deben tratarse pública y francamente (y lo reafirmamos con la invocación de los artículos 5 y 71 de nuestra Constitución Nacional); porque los pueblos no pueden ser relegados a la condición de simples objetos.

 

 Es justo que la nación entera pueda dar su opinión sobre cuestiones vitales; y mucho más si trata de nuestra reclamada integridad territorial.

Se hace imprescindible en este momento crucial, dejar sentado que el Acuerdo de Ginebra --único documento que reconocemos para todo efecto de la contención- contempla que ningún acto o actividad que se lleve a cabo mientras se halle en vigencia este Acuerdo constituirá fundamento para hacer valer, apoyar o negar una reclamación de soberanía territorial en los Territorios de Venezuela o la Guayana Británica, ni para crear derechos de soberanía.

 

Sin embargo, Los gobiernos que ha tenido Guyana de cualquier signo político; ya sea del partido Indoguyanés Partido del Progreso Popular (PPP) o el afroguyanés el Congreso Nacional Popular (CNP); aunque se antagonizan entre ellos para muchas cosas, pero coinciden en la deleznable posición de desconocimiento y desacato al contenido y aplicación del Acuerdo de Ginebra, y han otorgado en los últimos meses concesiones—como un acto de provocación--  a diestra y siniestra en tres bloques petroleros ( Pomeroon, Stabroek y Kaieteur ) a más de treinta  transnacionales para que exploren, exploten y comercialicen con los inmensos recursos en un área marítima que se encuentra  por delimitar. Justamente en el espacio marítimo que genera la que conocimos como Zona en Reclamación, ahora estado Guayana Esequiba; es decir, en su Mar territorial, Zona Contigua y Zona Económica Exclusiva.

 

Peor todavía, Guyana otorga, con irrespeto hacia Venezuela, licencias a compañías de muchos países – que dicen ser nuestros amigos y aliados-- para que aprovechen sendos yacimientos que se encuentran dentro de las 200 millas náuticas que genera nuestra propia plataforma continental, proyección marítima del estado Delta Amacuro, que no está sometida a ninguna confrontación.

Por los acontecimientos críticos que actualmente atravesamos en Venezuela, debo hacer la siguiente advertencia. Nos perjudicaríamos, severamente, si ligamos   los problemas internos (que los tenemos, son bastantes y no los ignoramos) al sesgar este pleito internacional hacia una particular ideología; porque   a alguien se le ocurriría o cree que con tal maniobra saldría supuestamente favorecido, con una buena tajada política. Eso es dañoso para el país. Un pobre favor se le estaría haciendo a la Patria.

 

Quien crea que le resulta más reconfortante “pasar agachado”; y pensar que saldrá más o menos airoso adelante, está supremamente equivocado. Se engaña políticamente y traiciona y vulnera su conciencia patriótica

Hemos exhibido, en Venezuela, ejemplos de grandeza y solidaridad. Dimos demostraciones hermosas de unidad nacional – dentro de la natural y legítima   divergencia política-- cuando  quedó materializado históricamente el apoyo por parte de  las disímiles  tendencias  ideológicas; cuando, además, , logramos el involucramiento de todas las instituciones públicas y privadas; se conformó una  representación en conjunto de nuestra sociedad, con la finalidad de ofrecer  el apoyo determinantemente para el proceso de  negociación, firma y ratificación del Acuerdo de Ginebra, el 17 de febrero de 1966; precisamente, el documento base que nos asiste, en el presente trance  controversial.

 

Hemos salido perjudicados y derrotados en el plano exterior y a lo interno de la Nación cuando nos encontramos fracturados como país.

 

La cuestión reclamativa por la Guayana Esequiba debe tratarse por encima de partidos políticos.

La Patria nos está llamando, y vamos a defenderla.

 

domingo, 4 de agosto de 2024

 

               Ante la Corte con seguridad, sin aprehensiones

Dr. Abraham Gómez R.

Miembro de la Academia Venezolana de la Lengua

Asesor de la Comisión de la Asamblea Nacional por el Esequibo y la Soberanía Territorial

Miembro del Instituto de Estudios Fronterizos de Venezuela (IDEFV)

Asesor de la Fundación Venezuela Esequiba

 

La excolonia británica nos jugó una especie de emboscada jurídica al llevar el caso –    unilateralmente- para arreglo judicial ante el Cuerpo Jurisdicente de la ONU, lo que consideramos un vergonzoso fraude legal y una temeridad procesal; porque no poseen el más mínimo Titulo Traslaticio que respalde su pretensión procesal. Además, insisten en el reposicionamiento del írrito laudo como causa de pedir, sabiendo de antemano que ese adefesio quedó rechazado; que porta la condición de nulo de nulidad absoluta, cuando se suscribe el Acuerdo de Ginebra, el 17 de febrero de 1966.

Hemos escuchado en varias ocasiones, quizás como alegato lastimero que fueron los ingleses y no los guyaneses quienes nos arrebataron esa séptima parte de nuestro espacio territorial.

Estamos conscientes que Guyana alcanza su independencia el 26 de mayo de 1966; y en consecuencia adquiere su condición de Estado; con lo cual asume a plenitud entidad de sujeto jurídico internacional para encarar una contención de tal naturaleza, como la que hemos sostenido por el vil atropello que se nos perpetró; y que aún siguen cometiendo, a través de concesiones ilegales a empresas transnacionales en la proyección marítima que todavía no se ha delimitado e inclusive en la extensión atlántica frente al estado Delta Amacuro, área que no se encuentra en pleito.

Una iniciativa, que insistimos en plantear y proponer en las instancias pertinentes -nada desdeñable- debe partir  por motivación de nuestra Cancillería para  convocar y concitar a las Academias de ciencias políticas y sociales, de ciencias jurídicas, a las facultades de derecho de  nuestras Universidades, a las ONG, a las Fundaciones con interés y pertinencia en este asunto, a nuestro Instituto de Estudios Fronterizos de Venezuela;  en fin, a todos los organismos públicos y privados  que deseen participar y aportar –con seriedad, responsabilidad y fundamentación— ideas y conjeturas, para materializar esfuerzos académicos , con la exclusiva  finalidad de construir una única estrategia de defensa en la contención que sostenemos y que, para su fase de pruebas, estamos citados a comparecer para el  11 de agosto del próximo año.

Con la Acción interpuesta en nuestra contra, Guyana se siente envalentonada y soberbia. Se cree que ya su mandado está hecho.

Todos los discursos de las delegaciones guyanesas en los distintos escenarios internacionales son dedicados a reafirmar la judicialización que ya han concretado del caso, y en espera de la decisión sentencial de la Corte.

Aprovecho de reiterar aquí lo que he venido voceando por todo el país: si ya el litigio tomó cuerpo de juicio y ha recibido la calificación que la propia Corte Internacional de Justicia  le confirió, inclusive si comparecimos en abril pasado en la fase postulatoria (o expositiva); entonces, lo que nos queda es prepararnos, en todos los sentidos, para los trayectos subsiguientes.

¿Qué debemos hacer? Desarrollar tareas urgentes, como equipo que abriga un supremo interés venezolanista.

Concienciar a nuestra población sobre este asunto tan sensible; así, además, reunir en comisión multidisciplinaria a los mejores talentos conocedores del asunto; apertrecharnos con nuestros recursos históricos, con los Justos Títulos que poseemos, que son absolutamente irrebatibles, que no admiten pruebas en contrario (iuris et de iure) para exponerlos y defenderlos con justeza.

Al propio tiempo, he propuesto a la honorable Comisión Presidencial que maneja todo lo relacionado a este asunto litigioso, presidida por el digno constitucionalista venezolano Dr. Hermánn Escarrá, para que se realice un Congreso Nacional con este posible  temario: orígenes sociohistóricos de la reclamación, nuestros  asideros jurídicos traslaticios, fundamentación  cartográfica, vinculación demográfica y cultural  con los Esequibanos, alternativas de solución al pleito y perspectiva político-administrativa en esa extensión territorial y su proyección atlántica; en fin,  para que se abra un debate transparente que involucre al país como un todo; por cuanto, debe seguir dándosele el tratamiento de Asunto de Estado.

He sido respetuoso (aunque no comparta tal posición) de algunas voces que manifiestan que no nos presentemos en las citaciones sucesivas que nos haga el Alto Tribunal que dirime el caso; porque según ellos, todo debe encuadrarse dentro del Acuerdo de Ginebra.

 Sobre el particular, me permito decirles que están supremamente equivocados, en su buena fe o ignorancia del tema, tal vez; porque el artículo IV del Acuerdo de Ginebra remite, directamente al artículo 33 de la Carta de las Naciones Unidas que contempla el Arreglo Judicial como alternativa de solución.

 Veamos las citas de uno y otro, respectivamente:

“…Si dentro de los tres meses siguientes a la recepción del Informe final el Gobierno de Venezuela y el Gobierno de Guyana no hubieren llegado a un acuerdo con respecto a la elección de uno de los medios de solución previstos en el Articule 33 de la Carta de las Naciones Unidas, referirán la decisión sobre los medios de solución a un órgano internacional apropiado que ambos gobiernos acuerden, o de no llegar a un acuerdo sobre este punto, al Secretario General de las Naciones Unidas…” ( Artículo IV. Acuerdo de Ginebra)

Las partes en una controversia cuya continuación sea susceptible de poner en peligro el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales tratarán de buscarle solución, ante todo, mediante la negociación, la investigación, la mediación, la conciliación, el arbitraje, el arreglo judicial, el recurso a organismos o acuerdos regionales u otros medios pacíficos de su elección.

El Consejo de Seguridad, si lo estimare necesario, instará a las partes a que arreglen sus controversias por dichos medios”. (Artículo 33 Carta de la ONU. Arreglo pacífico de controversias).

Frente a lo anteriormente descrito, prestemos atención a este otro detalle: nuestro país permanentemente ha querido solucionar este pleito entre Estados vecinos, acudiendo a las vías pacíficas directas (autocomposición) conforme a la normativa consagrada en el Derecho Internacional Público.

Sin embargo, nos conseguimos que Guyana jamás creyó en las gestiones de los Buenos Oficiantes y se decidió por la judicialización de la contención que no debemos eludir, porque poseemos el mejor acervo de probanza.

 

lunes, 29 de julio de 2024

 

¿Gozará de buena salud la palabra serendipia?

 

Dr. Abraham Gómez R.

Miembro de la Academia Venezolana de la Lengua

abrahamgom@gmail.com

 

En seguida deseo   explicarles, para que nos ubiquemos en contexto, qué significa este vocablo raro y poco utilizado; pero, además, me gustaría dejar en perspectiva el alcance que el contenido de tal término tiene en nuestra cotidianidad, donde aflora con suficientes manifestaciones; sin que casi nunca nos percatemos que se produce ese fenómeno inexplicable.

A veces la serendipia pasa desapercibida.

 En incontables ocasiones nos deslumbran sus develamientos.

 Conclusiones para todos los casos donde aparece la serendipia: no llegamos a saber por qué.

Una serendipia constituye un hallazgo maravilloso (aunque no siempre) producto del azar.  Digámoslo de esta manera: usted no lleva la intención de encontrar algo, y por pura casualidad o accidentalmente lo consigue. Seguramente le ha sucedido y no sabía cómo denominar tal hecho.

Preste ahora atención a sus orígenes.

 ¿De dónde surge tal étimo? Viene desde muy lejos, y es antiquísimo.

Serendip era el nombre antiguo de Ceilán (país asiático que conocemos en la actualidad como Sri Lanka).

Allí, según el escritor inglés Horace Walpole (quien acuña la palabra) asume como basamento para su construcción lexicográfica el famoso cuento persa “Los tres príncipes de Serendip”; donde se relata con fascinación las aventuras de tres príncipes, quienes poseían extravagantes y extrañas posibilidades adivinatorias con lo cual descubrían cosas inimaginables, algunas por accidente y otras -en su mayoría- por sagacidad.

A estas alturas, encontrándonos un poco más enterado del asunto de la serendipia, nos preguntamos, casi que con ingenuidad: ¿Acaso el vapuleado “Descubrimiento de América” no se dio por casualidad?  ¿Ese encuentro de dos mundos lo posibilitó una vía aleatoria?

 Qué sabía Colón cuál había sido su destino ni con qué se tropezó, por pura casualidad.

Reflexionemos también que en los hallazgos científicos hay mucha serendipia de por medio.

Algunos ejemplos:  el principio de Arquímedes, La penicilina, la viagra, los rayos X, las papas fritas, el microondas.

Sí, tal como lo está leyendo. Descubrimientos afortunados pero que fueron coincidenciales, accidentales e inesperados.

Incluso Albert Einstein dijo haber sido víctima de esta cualidad en algunos de sus “hallazgos”.

Una palabra similar en español, propiamente un venezolanismo, sería “chiripa”.

En nuestro país decimos:  fulano logró esa meta de “pura chiripa”; o se salvó de “carambola”.

Veamos un caso histórico de serendipia muy nuestro: el día 26 de marzo de 1812, cuando se produjo el terremoto en Venezuela, únicamente quedaron severamente afectadas las ciudades que se habían levantado contra el Imperio español.

Sin embargo, no debemos confundir la serendipia con el fenómeno eureka.

En este último caso el descubrimiento de algo se produce porque se busca con afán; hay todo un instrumental metodológico dispuesto para lograr los objetivos propuestos con bastante anterioridad.

En nuestra vida diaria, rutinaria y doméstica estamos haciendo algo, que habíamos pensado, y resulta que nos sale otra cosa, nada despreciable tal vez. O buscamos un objeto perdido y encontramos otro. Nos ha ocurrido infinidad de veces.

Son ejemplos sencillos de lo que nos había venido ocurriendo, y no sabíamos cómo se llamaba.

Quienes nos hemos convertido en asiduos usuarios de internet podemos dar abundantes testimonios de lo que a cada rato nos sucede.

 Asuntos interesantísimos, con esto de la serendipia.

De repente estamos conectados para indagar un tema específico, e inmediatamente, ipso-facto, nos perdemos en este mar de información y datos, y terminamos por encontrar o descubrir por casualidad un material discursivo que deseábamos analizar y estudiar desde hacía tiempo.

La Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE) incluyó este vocablo en su más reciente edición, que ya había sido admitido en el DRAE.

Los seres humanos hemos buscado, con insistencia, a lo largo de la historia, diferentes modelos para tratar de explicarnos realidades tan abstractas y complejas como son los asuntos lingüísticos.

Una teoría que gozó de gran predicamento en el siglo XIX, con vigencia todavía, es la que considera la lengua (en tanto idioma) como si fuera una criatura viviente.

Entonces diremos que las palabras, como elementos constitutivos de la lengua, igual que los organismos vivos nacen, crecen, se reproducen, enferman y mueren.

 Preguntémonos.  ¿En qué fase orgánica -existencial- se encuentra la voz serendipia?. No lo sabemos.

Antes que de que desaparezca del todo la expresión serendipia -asumiendo la condición de unidad lingüística- aún hace posible el funcionamiento de la lengua; vale decir:  comunica información, transmite valores simbólicos y coopera con el ensanchamiento de nuestra estructura cognitiva. -

 

viernes, 26 de julio de 2024

 

¿Gozará de buena salud la palabra serendipia?

 

Dr. Abraham Gómez R.

Miembro de la Academia Venezolana de la Lengua

abrahamgom@gmail.com

 

En seguida deseo   explicarles, para que nos ubiquemos en contexto, qué significa este vocablo raro y poco utilizado; pero, además, me gustaría dejar en perspectiva el alcance que el contenido de tal término tiene en nuestra cotidianidad, donde aflora con suficientes manifestaciones; sin que casi nunca nos percatemos que se produce ese fenómeno inexplicable.

A veces la serendipia pasa desapercibida.

 En incontables ocasiones nos deslumbran sus develamientos.

 Conclusiones para todos los casos donde afloran: no llegamos a saber por qué.

Una serendipia constituye un hallazgo maravilloso (aunque no siempre) producto del azar.  Digámoslo de esta manera: usted no lleva la intención de encontrar algo, y por pura casualidad o accidentalmente lo consigue. Seguramente le ha sucedido y no sabía cómo denominar tal hecho.

Preste ahora atención a sus orígenes.

 ¿De dónde surge tal étimo? Viene desde muy lejos, y es antiquísimo.

Serendip era el nombre antiguo de Ceilán (país asiático que conocemos en la actualidad como Sri Lanka).

Allí, según el escritor inglés Horace Walpole (quien acuña la palabra) asume como basamento para su construcción lexicográfica el famoso cuento persa “Los tres príncipes de Serendip”; donde se relata con fascinación las aventuras de tres príncipes, quienes poseían extravagantes y extrañas posibilidades adivinatorias con lo cual descubrían cosas inimaginables, algunas por accidente y otras -en su mayoría- por sagacidad.

A estas alturas, encontrándonos un poco más enterado del asunto de la serendipia, nos preguntamos, casi que con ingenuidad: ¿Acaso el vapuleado “Descubrimiento de América” no se dio por casualidad?  ¿Ese encuentro de dos mundos lo posibilitó una vía aleatoria?

 Qué sabía Colón cuál había sido su destino ni con qué se tropezó, por pura casualidad.

Reflexionemos también que en los hallazgos científicos hay mucha serendipia de por medio.

Algunos ejemplos:  el principio de Arquímedes, La penicilina, la viagra, los rayos X, las papas fritas, el microondas.

Sí, tal como lo está leyendo. Descubrimientos afortunados pero que fueron coincidenciales, accidentales e inesperados.

Incluso Albert Einstein dijo haber sido víctima de esta cualidad en algunos de sus “hallazgos”.

Una palabra similar en español, propiamente un venezolanismo, sería “chiripa”.

En nuestro país decimos:  fulano logró esa meta de “pura chiripa”; o se salvó de “carambola”.

Veamos un caso histórico de serendipia muy nuestro: el día 26 de marzo de 1812, cuando se produjo el terremoto en Venezuela, únicamente quedaron severamente afectadas las ciudades que se habían levantado contra el Imperio español.

Sin embargo, no debemos confundir la serendipia con el fenómeno eureka.

En este último caso el descubrimiento de algo se produce porque se busca con afán; hay todo un instrumental metodológico dispuesto para lograr los objetivos propuestos con bastante anterioridad.

En nuestra vida diaria, rutinaria y doméstica estamos haciendo algo, que habíamos pensado, y resulta que nos sale otra cosa, nada despreciable tal vez. O buscamos un objeto perdido y encontramos otro. Nos ha ocurrido infinidad de veces.

Son ejemplos sencillos de lo que nos había venido ocurriendo, y no sabíamos cómo se llamaba.

Quienes nos hemos convertido en asiduos usuarios de internet podemos dar abundantes testimonios de lo que a cada rato nos sucede.

 Asuntos interesantísimos, con esto de la serendipia.

De repente estamos conectados para indagar un tema específico, e inmediatamente, ipso-facto, nos perdemos en este mar de información y datos, y terminamos por encontrar o descubrir por casualidad un material discursivo que deseábamos analizar y estudiar desde hacía tiempo.

La Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE), incluyó, desde el 2014, este vocablo en su más reciente edición, que ya había sido admitido en el DRAE.

Los seres humanos hemos buscado, con insistencia, a lo largo de la historia, diferentes modelos para tratar de explicarnos realidades tan abstractas y complejas como son los asuntos lingüísticos.

Una teoría que gozó de gran predicamento en el siglo XIX, con vigencia todavía, es la que considera la lengua (en tanto idioma) como si fuera una criatura viviente.

Entonces diremos que las palabras, como elementos constitutivos de la lengua, igual que los organismos vivos nacen, crecen, se reproducen, enferman y mueren.

 Preguntémonos.  ¿En qué fase orgánica -existencial- se encuentra la voz serendipia?. No lo sabemos.

Antes que de que desaparezca del todo la expresión serendipia -asumiendo la condición de unidad lingüística- aún hace posible el funcionamiento de la lengua; vale decir:  comunica información, transmite valores simbólicos y  coopera con el ensanchamiento de nuestra estructura cognitiva. -

 

viernes, 19 de julio de 2024

 

Un verdadero tsunami ciudadano

 Dr. Abraham Gómez R.

Nos aproximamos al acto de votaciones y de elección del próximo presidente de la República. Ciertamente, ambos procesos, en simultáneos, programados para el domingo 28 de este mes.

Aunque los señalados desenvolvimientos han discurrido con desequilibrios, persecuciones y descarado ventajismo por parte del oficialismo; no obstante, se ha impuesto cívicamente el ímpetu de un pueblo dispuesto a recobrar la institucionalidad del Estado venezolano; presto a reimplantar las condiciones de derecho en libertad y dispuesto a reconquistar un sistema de plena democracia.

Hemos tenido situaciones atípicas tanto en la forma de llevarse la campaña como en el fondo e intencionalidad para alcanzar los resultados.

 Tal vez, el elemento más protuberante – que sobresale- consiste en la abrumadora mayoría de la población inclinada para respaldar, sin miedo ni aprehensiones, hacia la candidatura de la oposición representada por el eminente diplomático Dr. Edmundo González Urrutia quien ha recibido a su vez el endoso del absoluto liderazgo de María Corina Machado.

Ambos conformaron un extraordinario equipo de complementación en el activismo político. Ya recorriendo Venezuela llevando un mensaje preclaro liberador, el caso de ella; o vinculándose con los sectores más representativos de la sociedad, como elogiadamente lo ha hecho él, para la reconfiguración de un país anhelado de cambios y transformaciones integrales.

Nos satisface reconocer que Venezuela ha respondido, como efectivamente se esperaba; tanto que al día de hoy el análisis objetivo que hemos hecho a los resultados de las encuestas realizadas por parte de las ocho empresas más creíbles y prestigiosas, arrojan las cifras en base a 82% de intención de participación del electorado interno; cuyo promedio queda de la siguiente manera: Edmundo González 71.9% y Nicolás Maduro 14.9%, los demás candidatos no alcanzan a un 4 %.

Dicho más claro, se aproxima – hipotéticamente- una avalancha de votos favorables a la oposición venezolana; entendiendo que tal hecho no basta en sí mismo. Se requiere un milimétrico carácter organizativo a través de los testigos; también de quienes asuman responsabilidades logísticas; y por supuesto, la disposición indiscutida para la defensa de los votos.

Vamos a demostrarle al mundo que a pesar de los extravagantes y groseros discursos amenazantes ya conocidos que buscan atemorizar o provocar abstención, los venezolanos daremos una lección de civismo y respeto, conforme a los resultados transparentes.

 

 

¿Gozará, aún, el vocablo serendipia de buena salud?

 

Dr. Abraham Gómez R.

Miembro de la Academia Venezolana de la Lengua

abrahamgom@gmail.com

 

En seguida deseo   explicarles, para que nos ubiquemos en contexto, qué significa esta palabra rara y poco utilizada; pero, además, me gustaría dejar en perspectiva el alcance que el contenido de tal término tiene en nuestra cotidianidad, donde aflora con suficientes manifestaciones; sin que casi nunca nos percatemos que se produce ese fenómeno inexplicable.

A veces la serendipia pasa desapercibida.

 En incontables ocasiones nos deslumbran sus develamientos.

 Conclusiones para todos los casos donde afloran: no llegamos a saber por qué.

Una serendipia constituye un hallazgo maravilloso (aunque no siempre) producto del azar.  Digámoslo de esta manera: usted no lleva la intención de encontrar algo, y por pura casualidad o accidentalmente lo consigue. Seguramente le ha sucedido y no sabía cómo denominar tal hecho.

Preste ahora atención a sus orígenes.

 ¿De dónde surge tal étimo? Viene desde muy lejos, y es antiquísimo.

Serendip era el nombre antiguo de Ceilán (país asiático que conocemos en la actualidad como Sri Lanka).

Allí, según el escritor inglés Horace Walpole (quien acuña la palabra) asume como basamento para su construcción lexicográfica el famoso cuento persa “Los tres príncipes de Serendip”; donde se relata con fascinación las aventuras de tres príncipes, quienes poseían extravagantes y extrañas posibilidades adivinatorias con lo cual descubrían cosas inimaginables, algunas por accidente y otras -en su mayoría- por sagacidad.

A estas alturas, encontrándonos un poco más enterado del asunto de la serendipia, nos preguntamos, casi que con ingenuidad: ¿Acaso el vapuleado “Descubrimiento de América” no se dio por casualidad?  ¿Ese encuentro de dos mundos lo posibilitó una vía aleatoria?

 Qué sabía Colón cuál había sido su destino ni con qué se tropezó, por pura casualidad.

Reflexionemos también que en los hallazgos científicos hay mucha serendipia de por medio.

Algunos ejemplos:  el principio de Arquímedes, La penicilina, la viagra, los rayos X, las papas fritas, el microondas.

Sí, tal como lo está leyendo. Descubrimientos afortunados pero que fueron coincidenciales, accidentales e inesperados.

Incluso Albert Einstein dijo haber sido víctima de esta cualidad en algunos de sus “hallazgos”.

Una palabra similar en español, propiamente un venezolanismo, sería “chiripa”.

En nuestro país decimos:  fulano logró esa meta de “pura chiripa”; o se salvó de “carambola”

Sin embargo, no debemos confundir la serendipia con el fenómeno eureka.

En este último caso el descubrimiento de algo se produce porque se busca con afán; hay todo un instrumental metodológico dispuesto para lograr los objetivos propuestos con bastante anterioridad.

En nuestra vida diaria, rutinaria y doméstica estamos haciendo algo, que habíamos pensado, y resulta que nos sale otra cosa, nada despreciable tal vez. O buscamos un objeto perdido y encontramos otro. Nos ha ocurrido infinidad de veces.

Son ejemplos sencillos de lo que nos había venido ocurriendo, y no sabíamos cómo se llamaba.

Quienes nos hemos convertido en asiduos usuarios de internet podemos dar abundantes testimonios de lo que a cada rato nos sucede.

 Asuntos interesantísimos, con esto de la serendipia.

De repente estamos conectados para indagar un tema específico, e inmediatamente, ipso-facto, nos perdemos en este mar de información y datos, y terminamos por encontrar o descubrir por casualidad material discursivo que deseábamos analizar y estudiar desde hacía tiempo.

La Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE), incluyó, desde el 2014, este vocablo en su más reciente edición del DRAE.

Los seres humanos hemos buscado, con insistencia, a lo largo de la historia, diferentes modelos para tratar de explicarnos realidades tan abstractas y complejas como son los asuntos lingüísticos.

Una teoría que gozó de gran predicamento en el siglo XIX, con vigencia todavía, es la que considera la lengua (en tanto idioma) como si fuera una criatura viviente.

Entonces diremos que las palabras, como elementos constitutivos de la lengua, igual que los organismos vivos nacen, crecen, se reproducen, enferman y mueren.

 Preguntémonos.  ¿En qué fase orgánica -existencial- se encuentra la voz serendipia?. No lo sabemos.

Antes que de que desaparezca del todo la expresión serendipia -asumiendo la condición de unidad lingüística- aún hace posible el funcionamiento de la lengua; vale decir:  comunica información, transmite valores simbólicos, coopera con el ensanchamiento de nuestra estructura cognitiva. -

 

sábado, 13 de julio de 2024

 

Guayana Esequiba: la Corte, nuestra última ratio iuris

Dr. Abraham Gómez R.

Miembro de la Academia Venezolana de la Lengua

Asesor de la Comisión por el Esequibo y la Soberanía Territorial

Miembro del Instituto de Estudios Fronterizos de Venezuela

Asesor de la Fundación Venezuela Esequiba

 

Ya resulta un descomunal descaro en el que viene incurriendo Guyana, al entregar, sin limitaciones, concesiones de todo tipo a diestra y siniestra en la que una vez fue conocida como “Zona en Reclamación”; ahora denominada para nosotros, con mucho orgullo, estado Guayana Esequiba; cuya controversia, en estos momentos, se dirime por ante la Corte Internacional de Justicia; instancia que en ningún momento, desde el 20 de diciembre de 2020,  se ha paralizado para conocer forma y fondo de este pleito.

 

La excolonia británica se ha aliado a cuerpo entero a   intereses con bastantes empresas transnacionales para la exploración, explotación y comercialización de las riquezas de la región esequibana, que ellos se han auto adjudicado y ocupado, sin el menor documento que los asista.

 

Los gobiernos guyaneses no tienen recatos ni disimulos en su voracidad.

 

No dudamos en calificar tales entregas de irrespetuosas del contenido y alcance del Acuerdo de Ginebra de 1966, único documento con pleno vigor jurídico en este caso controvertido entre Estados.

 Han omitido las obligantes consultas que deben hacernos a nosotros - la Parte con la que se sostienen un litigio- para disponer algo en la zona; y se han comportado con inaceptables displicencias; con lo cual el gobierno de Irfaan Ali pone de manifiesto su arrogancia y presunta seguridad de que saldrían favorecidos mediante una sentencia del Alto Tribunal, tal vez para el próximo año. No sabemos con qué elementos de convicción ni cómo. En justo derecho este caso lo gana Venezuela.

 

Mientras tanto, están aprovechando -como mejor les plazca- los recursos madereros, acuíferos, mineros, petrolíferos y energéticos en general en nuestra Guayana Esequiba; no únicamente en el área territorial de los 159.500 km2 que nos arrebataron; sino además han permisado a grandes consorcios para que operen en la proyección atlántica que se genera en el área por derecho del mar. Digamos propiamente, en nuestro Mar territorial, en la Zona Contigua y en la Zona Económica Exclusiva; dentro de las 200 millas náuticas que abarca nuestra plataforma continental, desde las bocas del Río Esequibo hasta Punta Playa, en el estado Delta Amacuro.

 

Las excolonias británicas nos han venido atropellando y vulnerando en nuestro legítimo e histórico contexto geográfico; y aún el canciller de esa nación, hace la desvergonzada afirmación, a través de un comunicado, que la precitada acción de Venezuela -de reafirmación de legítima propietaria- viola la soberanía e integridad territorial de su país “y demuestra que Venezuela es una ‘amenaza’, con actos hostiles, agresivos e ilegales para el desarrollo económico de Guyana”.

 

Dejamos sentado lo que siempre hemos planteado en distintos escenarios, en el sentido de que los silencios cómplices se pagan caro en el Derecho Internacional Público.

La dejadez devenida en aquiescencias o permisividades de un Estado-Parte pesan en un juicio de la naturaleza y el carácter que confrontamos.

El Acuerdo de Ginebra constituye, en sí mismo, el documento a través del cual el Reino Unido y su excolonia guyanesa admitieron la vileza cómo actuó el Tribunal Arbitral, en París el 03 de octubre de 1899, cuando nos arrebataron, en una perversa tratativa política- diplomática, una séptima parte de nuestra geografía nacional.

 Reconocemos que el Acuerdo de Ginebra contempla el arreglo judicial como alternativa de solución para la presente controversia; y en el mismo nos encontramos - exactamente- por ante el honorable Cuerpo Juzgador de la ONU; donde jugaremos nuestras irrebatibles e incontrovertibles cartas.

 

En su debida ocasión, leímos y analizamos algunos comunicados de la cancillería de Venezuela donde dejaban sentado que se ejercerían todas las acciones ante las instancias jurisdiccionales, diplomáticas y políticas correspondientes, privilegiando el alto interés nacional y la permanente reivindicación de los derechos legítimos e irrenunciables del pueblo venezolano sobre el territorio de la Guayana Esequiba.

 

Sin embargo, en muchas ocasiones estuvimos haciendo las advertencias a las autoridades de nuestra  cancillería y a  las comisiones creadas para tales fines; en el sentido,  de que quedarse callados, dar aquiescencias o permisividades;  omitir las denuncias oportunas y contundentes; o tolerar que los  gobiernos guyaneses, desde Cheddi Jagan hasta hoy, otorgaran concesiones en la Guayana Esequiba; todas estas omisiones inoportunas   y/o las alabanzas imprudentes e inconvenientes en favor del contendiente  o  ir contra nuestros propios actos  ( Principio de Estoppel),  no nos favorecen  en los reclamos, que desde hace más de un siglo hemos hecho de esa inmensa extensión territorial , que siempre ha sido nuestra.

Llego el momento de demostrar y reafirmar la venezolanidad con declaraciones y con hechos concretos; precisamente la Corte nos ha citado, a comparecer en la fase de pruebas, para el 11 de agosto del próximo año. Es la oportunidad y razón exquisita (quizás la última judicialmente) para develar todo cuanto asiste y completa nuestro acervo de probanza.

Para quienes hemos venido dándole seguimiento y plena defensa al caso del Esequibo, en los escenarios académicos e institucionales, despierta nuestra preocupación que ha amainado un poco el ímpetu de la opinión pública nacional; además,  ya casi no se producen pronunciamientos oficiales por parte de las autoridades que manejan la política exterior venezolana, para rechazar y protestar las concesiones y licencias guyanesas a las empresas trasnacionales; justamente en esta etapa del desarrollo de un juicio internacional.

 

Los Esequibanos, es decir los nacidos en la región que Venezuela reclama, y los Esequibistas quienes nos hemos documentado y dedicado bastantes años al estudio formal y académico, de manera prolija, a este álgido Asunto de Estado seguiremos defendiendo con honor y por justicia en las distintas instancias nacionales e internacionales lo que a nuestra Nación corresponde.