domingo, 12 de marzo de 2023

 

 

                                 

Una nueva mirada hacia las fronteras

Dr. Abraham Gómez R.

Miembro de la Academia Venezolana de la Lengua

Asesor de la Comisión de Defensa del Esequibo y la Soberanía Territorial

Miembro del Instituto de Estudios Fronterizos de Venezuela (IDEFV)

Asesor de la Fundaciòn Venezuela Esequiba

 

Poblar las fronteras y garantizar su desarrollo en los procesos de integración interna es básico para preservar la soberanía nacional. La geohistoria moderna  nos ha proporcionado patéticas enseñanzas acerca de las consecuencias de ausencias de ocupaciones efectivas de lindes fronterizos”.

Pedro Cunill Grau. Venezuela: opciones geográficas.1993

Luego de estar recorriendo desde hace bastantes años las áreas limítrofes del país, y experimentar cualquier cantidad de vivencias; hoy puedo colegir a través de la siguiente aseveración: pareciera que el espacio geográfico fronterizo no fuera nuestro; no obstante,  llegar a equivaler casi que un sesenta por ciento del territorio nacional y  estar habitado por una quinta parte de la población.

Mientras que los demás países, con quienes hacemos costados fronterizos, adelantan audaces políticas en esa materia; valiéndose inclusive de nuestros recursos inconmensurables; nosotros seguimos exhibiendo una muy débil pared demográfica, en lamentables condiciones de aislamiento, inseguridad de todo tipo y pobreza; cuya inmediata consecuencia comporta un marcado desequilibrio geopolítico.

 Hemos estudiado, permanentemente, que a los fenómenos fronterizos se les atribuyen   realidades jurídicas por la delimitación misma, que es obligante, conforme al Derecho Internacional.  Tema controversial.

 Para ejemplo  de lo expuesto en el párrafo anterior, tenemos  el asunto  litigioso que estamos dirimiendo por ante la Corte internacional de Justicia, en espera de la decisión sentencial, sobre la base la Excepción Preliminar presentada por nuestra delegación.

Ciertamente. Los arreglos limítrofes corresponden, la mayoría de las veces, a entendimientos  geodésicos entre  los Estados concernidos; pero se hace inexorable considerar, en tales acuerdos,   la dimensión socio-económica y cultural por la interactividad que mantienen los habitantes de esos espacios.

Podemos mencionar, porque así lo percibimos de cerca y a cada rato, que La gente que allí convive poca o ninguna importancia le da a la línea, a la raya imaginaria que como figura convenida de los  Estados intenta separarlos; por cuanto, en los espacios colindantes entre Estados, nos consta, hay otro modo de valorar y vivir.

No basta que se diga “si un centímetro de territorio venezolano es la soberanía, un gota de sangre nuestra también lo es”. Suena muy hermosa tal expresión; no obstante, la realidad concebida históricamente, las sensibilidades y padecimientos en nuestras regiones fronterizas;   sus  asuntos álgidos, en muchas ocasiones,  no constituyen agenda prioritaria ni para la acción administrativa del Estado venezolano;  y casi que no le interesa al resto de  la opinión pública nacional.

La reiteración en tal actitud de menosprecio deriva en desatención de las comunidades y el agravamiento de  conflictos de distintas manifestaciones.

Hay que volcar la mirada hacia los espacios fronterizos. Las personas que allí conviven, también son muy dignos compatriotas.

Insistimos en reconocer que los nexos vecinales de carácter humano no son ni serán nunca territoriales para que impliquen diferenciaciones sociales.

Nos atrevemos a señalar que la compenetración que dimana de los constantes intercambios de los habitantes de las zonas fronterizas conforma extraordinarios sistemas abiertos de aproximación y complementación de las necesidades humanas; por lo que a los pobladores fronterizos  les resulta indiferente la ubicación geográfica que ocupen o las imposiciones jurídicas  desde el nivel central, donde se  desconoce casi siempre  las verdaderas realidades  que vive la gente en las fronteras.

Coincidimos con la excepcional y siempre vigente tesis de Esteban Emilio Mosonyi “en vez de hablar tanto de sociedades atrasadas, sociedades primitivas, arcaísmos y supervivencias, mejor sería apersonarnos de esta reserva tan importante de sociedades alternativas para el futuro. Lo que sucede es que ya sabemos que el capitalismo no le interesa examinar estas sociedades sino a título de museografía o folklorismo descriptivo. Pero lo triste  y verdaderamente criticable es que tampoco los grupos progresistas, los partidos revolucionarios y las organizaciones de carácter transformador tampoco se hayan interesado”.

Cuántas veces  hemos tenido que   reconocer, en público y en privado, que el Estado venezolano (desde hace muchos años)  ha mantenido un comportamiento errático y desacertado en el tratamiento que debe dársele a los asuntos fronterizos.

Fijémonos, como referente elemental, en lo siguiente: el uso indiferenciado y confuso de los conceptos  de límite y frontera, por  parte de quienes suponemos han conducido, por años, la “política fronteriza”. Mencionar indistintamente, metido en el mismo saco discursivo, límite y frontera ya nos dice el talante de improvisación e ignorancia para arreglos mayores en esta materia.

 Estamos conscientes que tampoco es  fácil que  el lenguaje cotidiano se ciña a darle a cada categoría el uso adecuado y preciso. Además la connotación que tiene cuando hablamos de límite y la intencionalidad al pronunciar frontera.

De allí nuestro interés de que se sepa que si de  límite se trata, entonces,  debemos concebir un  ente jurídico abstracto, de origen político, convenido y visualizado como una  línea  trazada imaginariamente; mientras que la Frontera abarca el espacio de anchura variable, donde convergen seres humanos con potencial de integración cultural, de ambos lados, que crea un modo de vida común, con sentido dinámico y vital.

Aprovecho para añadir aquí que una de las tantas propuestas que nos hacen, en las conferencias  que hemos venido  dictando por varias universidades del país, es que el Estado venezolano debe asumir mayor presencia poblacional; enfocarse con una nueva mirada en las zonas fronterizas, mediante un sistema  sustentable de  consolidación de pueblos y ciudades a lo largo de nuestra poligonal fronteriza, con suficiente fuerza y patriotismo.

domingo, 5 de marzo de 2023

 

Rebrote de incurables enfermedades de transmisión textual

Dr. Abraham Gómez R.

Miembro de la Academia Venezolana de la Lengua.

Aunque la sociedad se encuentre masculinizada, las mujeres requieren de nosotros -hoy tanto como ayer- una nueva mirada sociohistórica; por cuanto, reconocemos que se ha vuelto indetenible la presencia de la mujer en las más disímiles disciplinas profesionales y áreas de conocimientos. La mujer vive en constante y maravillosa superación.

Las mujeres han venido asumiendo elogiosas responsabilidades, tal vez “lentamente”, pero con fundamentación y sostenibilidad.

Este es el siglo de las mujeres, no caben dudas. Es su tiempo de triunfos.

En bastantes partes del mundo se ha venido adelantando una especie de “excavación en la historia”; un asunto casi de “arqueología social” con el fin de hacer los hallazgos del legado inmarcesible de las mujeres, de extraer sus palabras y sus obras. Para que ellas digan, en la contemporaneidad, lo que intentaron decir y no pudieron; para que sus voces sean escuchadas. Proceso de justa reivindicación para ellas.

Sin embargo, aprovecho de invitarlos para que prestemos atención a lo siguiente:  cuando estudiamos el Género Gramatical nos conseguimos que atiende a estructuras complejas morfo-sintácticas concordantes; es decir, propiedad de los sustantivos y de ciertos pronombres, por cuyas especificidades se hace posible clasificarlos en masculinos, femeninos y en neutros; este último, en caso muy concreto en algunas lenguas.

 Oportuna advertencia. El Género Gramatical no tiene nada que ver con sexismo, ni con genitalidades o ubicaciones por “diversidad de gustos" de cada quien. Eso es otra cosa.

 ¿Qué se busca con tal esquema o criterio de ordenación del buen uso del Género Gramatical? Digámoslo directamente, que haya exquisitez, economía y transparencia en el vocablo utilizado, en   la frase construida y en el texto o discurso. Elegancia en los actos de habla y en toda la comunicación.

Si admitimos que a través del Género Gramatical nos guiamos para el orden sintagmático que deben seguir las palabras, evitemos caer en la trampa de las dobles consideraciones al momento de mencionar lo masculino y lo femenino. Eso es innecesario y redundante.

Nuestra Real Academia Española ha fijado posición determinante al respecto.

Tenga en cuenta que por muy buenas intenciones que usted abrigue o quiera dársela de “moderno, fino o actual” no hace inclusión de lo femenino en la sociedad, ni reivindica a la mujer con decir: muchachos y muchachas, ellas y ellos, estudiantes y estudiantas, todas y todos o poniendo arrobas (@) en los escritos para abarcar ambos géneros de una sola vez. Esa doble mención del género resulta una insoportable galimatías. 

En el castellano-español basta únicamente el sustantivo con el cual usted mencione tanto lo masculino como lo femenino, si tal sustantivo varía sólo en las letras (a) y (o).

Por ejemplo: si dice diputados y niños (allí están contenidas también las diputadas y las niñas); pero si dice hombres debe mencionar mujeres; si expresa caballeros, también debe mencionar damas; porque, en estos últimos casos, las palabras hombres y mujeres; caballero y dama varían mucho más que la letra terminal (a) y (o).

Bastantes veces por pretender enarbolar falsos feminismos se cometen tamañas barrabasadas. Así también, alguna gente  --por querer aparentar ser incluyente,  abarcativo o populista con sus palabras-- pronuncia  la desfachatez siguiente: participantes y participantas, concejales y concejalas, alférez y alfereza, oficinistas y oficinistos, periodista y periodisto, títulos y títulas (como dijo, recientemente, un ministro) camaradas y camarados, asistentes y asistentas;  y por esa ruta distorsionada y ridícula se termina por ofender o poner en entredicho el verdadero valor de las mujeres en nuestra sociedad.

Hay que respetar las normas establecidas en la lengua que poseemos para expresarnos.

Nuestro idioma, no obstante, sus muchas imprecisiones y aspectos mejorables, sostiene elementos que han sido sometidos a reglas; que son aceptados por tácitos convencionalismos o por uso rutinario y tradición.

 Si cada quien va a hablar como mejor le plazca, imagínese en qué va a parar el asunto; además, eso parece que se contagia como una “rara enfermedad”.

La lengua es una entidad social, y ha adquirido -de modo implícito-  sus propias normas y desenvolvimientos.

Entonces, La persona escoge si quiere escribir o hablar al garete. El hablante decide en su libre albedrío cómo quiere conducirse lingüísticamente.

Su comportamiento debe atenerse, entonces, a las críticas y demás consecuencias.

Es su propia determinación expresiva, para bien o para mal, lo que le proporcionará identificación y personalidad en la sociedad.

Cada vez se hace más protuberante e insoportable escuchar a quienes se suponen deben conducir los destinos de la Nación –con sentido pedagógico—pronunciar vocablos con trasnocho y antojo, como se les ocurre y viene en ganas.

Tal práctica deleznable se ha ido propagando (y contaminando) entre los intersticios de algunos sectores políticos.

Todavía resuena aquella   hermosa expresión de Heidegger “La lengua es la morada del ser”; con la cual nos ha querido señalar, desde siempre, que la base sustantiva de lo que eres   reside en el uso que hagas de la lengua, hablada o escrita.

Cada ser humano define su esencia de lo que es a partir de la constelación del vocabulario que defina y sea capaz de desarrollar, de comunicar: lenguaje escrito, gestual, oral; de los cuales dependen las dimensiones educativas, artísticas, científicas, económicas, filosóficas, deportivas, entre muchas otras.

La lengua aloja a nuestro Ser; porque, todo lo que comunicamos reside en nuestros pensamientos. Si lo hemos pensado y estudiado bien, lo diremos bien.

viernes, 3 de marzo de 2023

 

Rebrote de incurables enfermedades de transmisión textual

Dr. Abraham Gómez R.

Miembro de la Academia Venezolana de la Lengua.

Aunque la sociedad se encuentre masculinizada, las mujeres requieren de nosotros -hoy tanto como ayer- una nueva mirada sociohistórica; por cuanto, reconocemos que se ha vuelto indetenible la presencia de la mujer en las más disímiles disciplinas profesionales y áreas de conocimientos.

Las mujeres han venido asumiendo elogiosas responsabilidades, tal vez “lentamente”, pero con fundamentación y sostenibilidad.

Este es el siglo de las mujeres, no caben dudas.

En bastantes partes del mundo se ha venido adelantando una especie de “excavación en la historia”; un asunto casi de “arqueología social” con el fin de hacer los hallazgos del legado inmarcesible de las mujeres, de extraer sus palabras y sus obras. Para que ellas digan, en la contemporaneidad, lo que intentaron decir y no pudieron; para que sus voces sean escuchadas.

Sin embargo, aprovecho de invitarlos para que prestemos atención a lo siguiente:  cuando estudiamos el Género Gramatical nos conseguimos que atiende a estructuras complejas morfo-sintácticas concordantes; es decir, propiedad de los sustantivos y de ciertos pronombres, por cuya especificidad se hace posible clasificarlos en masculinos, femeninos y en neutros; este último, en caso muy concreto en algunas lenguas.

 El Género Gramatical no tiene nada que ver con sexismo, ni con genitalidades o ubicaciones conforme a la "diversidad de gustos" de cada quien. Eso es otra cosa.

 ¿Qué se busca con tal esquema o criterio de ordenación del buen uso del Género Gramatical? Digámoslo directamente, que haya exquisitez, economía y transparencia en el vocablo utilizado, en   la frase construida y en el texto o discurso.

Si admitimos que a través del Género Gramatical nos guiamos para el orden sintagmático que deben seguir las palabras, evitemos caer en la trampa las dobles consideraciones al momento de mencionar lo masculino y lo femenino. Eso es innecesario y redundante.

Nuestra Real Academia Española ha fijado posición determinante al respecto.

Tenga en cuenta que por muy buenas intenciones que usted abrigue o quiera dársela de “moderno, fino o actual” no hace inclusión de lo femenino en la sociedad, ni reivindica a la mujer con decir: muchachos y muchachas, ellas y ellos, estudiantes y estudiantas, todas y todos, o poniendo arrobas (@) en los escritos para abarcar ambos géneros de una sola vez. Esa doble mención del género resulta una insoportable galimatías. 

En el castellano-español basta únicamente un sustantivo con el cual usted mencione tanto lo masculino como lo femenino, si tal sustantivo varía sólo en las letras (a) (o).

Por ejemplo: si dice diputados y niños (allí están contenidas también las diputadas y las niñas); pero si dice hombres debe mencionar mujeres; si expresa caballeros, también debe mencionar damas; porque, en este último caso, las palabras caballero y dama varían mucho más que la letra terminal (a) (o).

Bastantes  veces por pretender enarbolar falsos feminismos se cometen tamañas barrabasadas; así también, alguna gente  --por querer aparentar ser incluyente,  abarcativo o populista con sus palabras-- pronuncia  la desfachatez siguiente: participantes y participantas, concejales y concejalas, alférez y alfereza, oficinistas y oficinistos, periodista y periodisto, títulos y títulas (como dijo, recientemente, un ministro) camaradas y camarados, asistentes y asistentas;  y por esa ruta distorsionada y ridícula se termina por ofender o poner en entredicho el verdadero valor de las mujeres en nuestra sociedad.

Hay que respetar las normas establecidas en la lengua que poseemos para expresarnos.

Nuestro idioma, no obstante, sus muchas imprecisiones y aspectos mejorables, sostiene elementos que han sido sometidos a reglas; que son aceptados por tácitos convencionalismos o por uso rutinario y tradición.

 Si cada quien va a hablar como mejor le plazca, imagínese en qué va a parar el asunto; además, eso parece que se contagia como una “rara enfermedad”.

La lengua es una entidad social, y ha adquirido -de modo implícito-  sus propias normas y desenvolvimientos.

Entonces, La persona escoge si quiere escribir o hablar al garete. El hablante decide en su libre albedrío cómo quiere conducirse lingüísticamente.

Su comportamiento debe atenerse, entonces, a las críticas y demás consecuencias.

Es su propia determinación expresiva, para bien o para mal, lo que le proporcionará identificación y personalidad en la sociedad.

Cada vez se hace más protuberante e insoportable escuchar a quienes se suponen deben conducir los destinos de la Nación –con sentido pedagógico—pronunciar vocablos con desfachatez, trasnocho y antojo; como se les ocurre y viene en ganas.

Tal práctica deleznable se ha ido propagando (y contaminando) entre los intersticios de algunos sectores políticos.

Todavía resuena aquella   hermosa expresión de Heidegger “La lengua es la morada del ser”; con la cual nos ha querido señalar, desde siempre, que la base sustantiva de lo que eres   reside en el uso que hagas de la lengua, hablada o escrita.

Cada ser humano define su esencia de lo que es a partir de la constelación del vocabulario que defina y sea capaz de desarrollar, de comunicar: lenguaje escrito, gestual, oral, de los cuales dependen las dimensiones educativas, artísticas, científicas, económicas, filosóficas, deportivas, entre muchas otras.

La lengua aloja a nuestro Ser; porque, todo lo que comunicamos reside en nuestros pensamientos. Si lo hemos pensado y estudiado bien, lo diremos bien.

miércoles, 1 de marzo de 2023

 

                   Esperamos la sentencia para los próximos días

 

Luego de dictar varias conferencias, por distintas universidades y otros organismos, sobre el caso de la Guayana Esequiba, al encontrarse en Tucupita, quisimos conocer por parte del Dr. Abraham Gómez, en qué situación se encuentra esta controversia. Así también, qué están haciendo los miembros de la Comisión para la Defensa del Esequibo y la soberanía Territorial de la cual forma parte este deltano estudioso de la materia por más de cuarenta años.

A.G.” Estoy agradado de reencontrarme, con el afecto de siempre, con nuestro Delta del Orinoco; fundamentalmente, con quienes en esta región mantienen el interés por el asunto litigioso confrontado por la Guayana Esequiba, extensión territorial que nos desgajaron hace más de cien años. Ya he participado en algunos programas de radio y concedido algunas entrevistas, vía internet; y el mensaje en concreto es que nos hallamos, en toda Venezuela, expectantes por la decisión sentencial que tomará la Corte Internacional de justicia, en los venideros días”

M.M ¿Sobre qué versará esa decisión, digamos de qué se  trata? ¿Ya será la definitiva en este caso?

A.G. “Recordemos que, en junio del año pasado, nuestra delegación introdujo por ante la Corte, un acto procesal denominado Excepción Preliminar, dicho más directamente, presentamos nuestras objeciones a la demanda que nos hizo Guyana, el 29 de marzo del 2018. En Derecho Internacional se conoce también como cuestión incidental. Le solicitamos a esa sala Juzgadora que desestime la Acción de la excolonia británica; por cuanto, no cumple los elementos de un debido proceso y ha incurrido en fraude legal y procesal. Entonces, en noviembre del 2022, fuimos a las audiencias públicas, en las mismas ratificamos que no debe admitirse esa demanda. La delegación guyanesa nos replicó y nosotros realizamos la dúplica. Entonces, oídas las dos partes, corresponde, ahora, a la Corte pronunciarse, previamente, si admite la demanda de Guyana contra nuestro país o la desestima. Esta es una primera etapa, no es la definitiva”

M.M.- ¿Qué posibilidades tenemos de que la Corte rechace esa demanda?

A.G.- “Debo decir que en estricto derecho y conforme al Estatuto de ese Alto Tribunal de La Haya, esa demanda no prospera; porque la contraparte ha utilizado lo que se conoce como temeridad procesal, es decir entorpecer y obstruir la eficiencia en la administración de justicia, enredar el idóneo desempeño jurisdiccional. Se lo digo porque, la delegación de Guyana insiste en reposicionar como válido y vinculante, al Laudo Arbitral de París de 1899, como su causa de pedir; un adefesio jurídico que quedó desterrado hace (57) años, cuando se suscribió y aceptó el Acuerdo de Ginebra, el 17 de febrero de 1966; este último documento es el que mandata la búsqueda de una solución pacífica y satisfactoria para ambas partes.

M.M.- ¿Podríamos decir que este es un pleito jurídico, como usted nos lo está planteando; ¿pero al mismo tiempo, tiene algo de político?

A.G.- “Exactamente, esta controversia tiene un origen, indiscutiblemente político; cuando el arrogante Imperio Inglés, con sus apetencias expansionistas se apoderaron de la séptima parte de nuestra geografía nacional, que llega por el costado este hasta la mitad del rio Esequibo, porque nos corresponde esa extensión territorial, a partir del 08 de septiembre de 1777, al crearse la Capitanía General de Venezuela.

 Cuando los ingleses se percatan lo que nos arrebataron quisieron, entonces, darle un barniz jurídico; y buscan registrar y tapar tal tropelía mediante una comisión arbitral que sentencia un laudo, donde no participamos.

 En estos momentos, el pleito se ha tornado eminentemente jurídico. Y de la resolución sentencial de la Corte, dígase: admitiendo la demanda de Guyana contra nosotros o desestimándola, habrá nuevas estrategias; que ya estamos afinando en la Comisión”

 M.M Usted es incansable. Visita los medios, asiste a reuniones, dicta conferencias, escribe artículos para varias páginas de internet. ¿Cómo lo logra?

A.G.- “Con la plena conciencia que estoy dando mi aporte por la patria; además con disciplina, responsabilidad y estudio sistemático de todos los ámbitos y aristas que implica involucrarse en esta controversia. Debo ser honesto y agregar que no estoy solo en esta tarea. Especial mención para el elogiable trabajo del Dr. Hermann Escarrá y demás integrantes de la Comisión que preside; mi pleno respeto para el internacionalista Jorge Fuguett, de la ONG Mi Mapa; así también, para Jean Carafa de la Fundación Venezuela Esequiba; palabras de reconocimiento para el Dr. Nelson Ramírez Torres, El Dr. Víctor Rodríguez, el Dr. Cesáreo Espinal Vásquez, para el coronel Pompeyo Torrealba; para el Dr. Gerson Revanales,  presidente del Colegio de Internacionalistas de Venezuela. En fin, una inmensa legión de compatriotas—sin diferenciaciones-- en su solo objetivo: la restitución de lo que nos ha estado usurpando”.

 

sábado, 25 de febrero de 2023

 

Guayana Esequiba: ¿Buena fe en el procedimiento de solución o desconcertante ingenuidad?

Dr. Abraham Gómez R.

Miembro de la Academia Venezolana de la Lengua

Asesor de la Comisión de Defensa del Esequibo y la Soberanía Territorial

Miembro del Instituto de Estudios Fronterizos de Venezuela (IDEFV)

Asesor de la Fundación Venezuela Esequiba

 

La extensión territorial que nos desgajaron –cuyo caso en la actualidad se dirime por ante la Corte Internacional de justicia en espera de un pronunciamiento previo de la Excepción Preliminar introducida por nosotros--, permanentemente ha constituido un apetecible espacio geoestratégico por su ubicación y por sus incalculables riquezas mineras, hídricas, forestales, energéticas, faunísticas, edafológicas, petroleras etc.

Estamos hablando de casi 160.999 km2; ámbito muchísimo más grande que algunos países europeos, asiáticos y centroamericanos.

Diferencialmente a lo que ha venido exponiendo la contraparte --en distintos escenarios internacionales--, La Excepción Preliminar que está a punto de decidirse en la Sala Jurisdicente de la ONU no es un invento fortuito de Venezuela o un desenlace sobrevenido para dilatar la resolución jurisdiccional de la controversia.

Dicho lo anterior, manifestamos al país – claramente-- la siguiente advertencia: el Proceso iniciado por la Acción interpuesta no se ha paralizado. El juicio, como tal, está por verse. Lo que logramos, con la Excepción Preliminar, es que la contraparte justifique previamente ante la Corte, entre otros aspectos, en qué elementos basó el escrito presentado contra nosotros. Hasta el día de hoy no tienen con qué ni cómo.

Nosotros estamos convencidos que en estricto derecho debe ser declarada inadmitida la señalada manifestación de voluntad guyanesa contra Venezuela.

 En justicia así lo espera todo nuestro país.

Nos encontramos expectantes; primero esperando la desestimación de la demanda, para estructurar y proceder de inmediato con una expedita estrategia de solución “práctica y satisfactoria”, conforme al contenido y alcance del Acuerdo de Ginebra del 17 de febrero de 1966. Único documento base, insoslayable, sobre el que deben plantearse las probabilidades jurisdiccionales del Ente Juzgador.

Estamos contestes – porque es una inquietud insistente-- que si en el espacio terrestre del Esequibo ha habido una severa contención e “inacabable” controversia; la situación siempre ha estado complicada — tal vez mucho más– hacia el Mar Territorial, Zona Contigua, Zona Económica Exclusiva y su extendida Plataforma continental.

Seguros estamos que también habrá solución (y saldremos airosos) en nuestra proyección atlántica.

Esa inmensidad de territorio discutido, que constituye un extraordinario potencial de desarrollo sostenible, lo vamos a reivindicar y será restituido a Venezuela.

No nos cansaremos de denunciar que esa extensión geográfica nos la arrebataron. Fuimos vilmente despojados de esa séptima parte con el denominado “Laudo Arbitral de París del o3 de octubre de 1899”; adefesio jurídico que desde entonces hemos calificado de írrito y nulo, de nulidad absoluta. Inexistente y forcluído.

Constituye una desvergüenza y nos enardece leer y analizar el párrafo siguiente, de las conclusiones de la recién celebrada, cuadragésima cuarta asamblea de la Comunidad del Caribe (CARICOM), Bahamas, 17 de febrero de 2023:

”… Los Jefes de Gobierno fueron actualizados sobre el caso que se encuentra ante la Corte Internacional de Justicia para la solución de la controversia entre Guyana y Venezuela…Los Jefes de Gobierno reiteraron su pleno apoyo al proceso judicial en curso y alentaron la plena participación de Venezuela en el proceso. Los Jefes de Gobierno reafirmaron su firme e inquebrantable apoyo al mantenimiento y preservación de la soberanía e integridad territorial de Guyana…”

Nótese que es la fecha, precisamente, cuando se cumple el (57) aniversario de la firma y puesta en vigor jurídico el Acuerdo de Ginebra. Colegimos, entonces, que la excolonia británica y sus acompañantes no asoman la menor posibilidad de zanjar de buena fe el pleito interestatal que nos ocupa.

Determinantemente expresamos y dejamos sentado para esos países, participantes de la citada reunión regional y suscribientes del comunicado, in comento; también para el resto del mundo, que no estamos haciendo otra cosa sino defendernos, con la fuerza que nos proporciona el derecho, de la vil maniobra perpetrada contra nosotros hace más de un siglo.

Nuestra contención tiene suficiente validez y eficacia   jurídica (sustentada en justos títulos traslaticios); reforzada con muy buenas fuentes, en cuanto pruebas   cartográficas e históricas; además, la entereza moral de saber que no estamos cometiendo ningún acto de deshonestidad contra nadie. Tampoco nos vamos a dejar atropellar o amedrentar.

Sin pecar de ingenuos (porque sabemos lo que está en juego y lo que se mueve) estamos librando una batalla, -- con legítimos actos procesales – contra la más descarada e inmerecida   emboscada jurídica urdida el día 29 de marzo del año 2018; cuando   Guyana interpuso acciones contra la República Bolivariana de Venezuela. Increíblemente contra nosotros, quienes siempre hemos querido mantener un clima de paz y entendimiento de buena vecindad; al tiempo de intentar todas las diligencias pertinentes para buscarle una solución al conflicto arrastrado. Digamos un arreglo que sea convenido entre ambos países; dentro del Acuerdo de Ginebra, documento que nos mandata para esos propósitos; que impone en su artículo primero:

Se establece una Comisión Mixta con el encargo de buscar soluciones satisfactorias para el arreglo práctico de la controversia entre Venezuela y el Reino Unido surgida como consecuencia de la contención venezolana de que el Laudo arbitral de 1899 sobre la frontera entre Venezuela y Guayana Británica es nulo e irrito”. (subrayado mío para resaltar los concernidos—inexorables-- en el pleito)

Argumentación aceptada por los suscribientes del Acuerdo de Ginebra, plenamente vigente.

Por si fuera poco, hay una consideración irrefragable bastante más explícita contemplada  en el artículo V:

 “Con el fin de facilitar la mayor medida posible de cooperación y mutuo entendimiento, nada de lo contenido en este Acuerdo será interpretado como una renuncia o disminución por parte de Venezuela, el Reino Unido o la Guayana Británica de cualesquiera bases de reclamación de soberanía territorial en los Territorios de Venezuela o Guayana Británica o de cualesquiera derechos que se hubiesen hecho valer previamente, o de reclamaciones de tal soberanía territorial o como prejuzgando su posición con respecto a su reconocimiento o no reconocimiento de un derecho a, reclamo o base de reclamo por cualquiera de ellos sobre tal soberanía territorial.

 Ningún acto o actividad que se lleve a cabo mientras se halle en vigencia este Acuerdo constituirá fundamento para hacer valer, apoyar o negar una reclamación de soberanía territorial en los Territorios de Venezuela o la Guayana Británica, ni para crear derechos de soberanía en dichos Territorios…” (subrayado mío para que se observe la intromisión imprudente de la CARICOM, ya comentada)

Se ha Dicho que el Acuerdo de Ginebra permitió a los británicos “lavarse las manos”, y dejar a Venezuela que se las entendiera sola con Guyana en esta controversia. Eso no es cierto; por cuanto, el Reino Unido se comprometió, señaladamente en las negociaciones previas de sus representantes y los nuestros y como firmante del Acuerdo a permanecer en esta lid, para contribuir a alcanzar una conclusión satisfactoria.

viernes, 24 de febrero de 2023

 

Guayana Esequiba: ¿Buena fe en el procedimiento de solución o desconcertante ingenuidad?

Dr. Abraham Gómez R.

Miembro de la Academia Venezolana de la Lengua

Asesor de la Comisión de Defensa del Esequibo y la Soberanía Territorial

Miembro del Instituto de Estudios Fronterizos de Venezuela (IDEFV)

Asesor de la Fundación Venezuela Esequiba

 

La extensión territorial que nos desgajaron, y que en la actualidad se dirime por ante la Corte Internacional de justicia en espera de un pronunciamiento previo de la Excepción Preliminar introducida por nosotros, permanentemente ha constituido un apetecible espacio geoestratégico por su ubicación y por sus incalculables riquezas mineras, hídricas, forestales, energéticas, edafológicas, petroleras etc. Ámbito muchísimo más grande que algunos países europeos, asiáticos y centroamericanos.

Diferencialmente a lo que ha venido exponiendo la contraparte --en distintos escenarios internacionales-- La Excepción Preliminar que está a punto de decidirse en la Sala Jurisdicente de la ONU no es un invento fortuito de Venezuela o desenlace sobrevenido para dilatar la resolución jurisdiccional de la controversia.

Dicho lo anterior, manifestamos al país – claramente-- la siguiente advertencia: el Proceso (o juicio como tal) no se ha paralizado. Lo que logramos, con la Excepción Preliminar, es que la contraparte justifique previamente ante la Corte, entre otros aspectos, en qué elementos basó la Acción interpuesta contra nosotros. No tienen con qué.

Nosotros estamos convencidos que en estricto derecho debe ser declarada inadmitida la señalada manifestación de voluntad guyanesa contra Venezuela.

 En justicia así lo espera todo nuestro país.

Nos encontramos expectantes, primero esperando la desestimación de la demanda, para estructurar y proceder de inmediato con una expedita estrategia de solución “práctica y satisfactoria”, conforme al contenido y alcance del Acuerdo de Ginebra del 17 de febrero de 1966. Único documento base, insoslayable, sobre el que deben plantearse las probabilidades jurisdiccionales.

Estamos contestes – porque nos lo preguntan con insistencia-- que si en el espacio terrestre de la Zona del Esequibo ha habido una severa contención e “inacabable” controversia; la situación siempre ha estado complicada — tal vez mucho más– por el Mar Territorial, Zona Contigua, Zona Económica Exclusiva y su extendida Plataforma continental. También habrá solución en nuestra proyección atlántica.

Esa inmensidad de territorio discutido constituye un extraordinario potencial de desarrollo sostenible. Lo vamos a reivindicar y será restituido a Venezuela.

Esa extensión geográfica nos la arrebataron. Fuimos vilmente despojados de esa séptima parte con el denominado “Laudo Arbitral de París del o3 de octubre de 1899”; adefesio jurídico que desde entonces hemos calificado de írrito y nulo, de nulidad absoluta. Inexistente y forcluído.

Cuando leemos y analizamos el párrafo siguiente, de las conclusiones de la recién celebrada, cuadragésima cuarta asamblea de la Comunidad del Caribe (CARICOM), Bahamas, 17 de febrero de 2023:

”… Los Jefes de Gobierno fueron actualizados sobre el caso que se encuentra ante la Corte Internacional de Justicia para la solución de la controversia entre Guyana y Venezuela…Los Jefes de Gobierno reiteraron su pleno apoyo al proceso judicial en curso y alentaron la plena participación de Venezuela en el proceso. Los Jefes de Gobierno reafirmaron su firme e inquebrantable apoyo al mantenimiento y preservación de la soberanía e integridad territorial de Guyana…”

Nótese que es la fecha, precisamente, cuando se cumple el (57) aniversario de la firma y puesta en vigor jurídico el Acuerdo de Ginebra. Colegimos, entonces, que la excolonia británica y sus acompañantes no asoman la menor posibilidad de zanjar de buena fe el pleito interestatal que nos ocupa.

Determinantemente expresamos y dejamos sentado para esos países, participantes de la citada reunión regional y suscribientes del comunicado; como además para el resto del mundo, que no estamos haciendo otra cosa sino defendernos, con la fuerza que nos proporciona el derecho, de la vil maniobra perpetrada contra nosotros hace más de un siglo.

Nuestra contención tiene suficiente validez y eficacia   jurídica (sustentada en justos títulos traslaticios); con muy buenas fuentes, en cuanto pruebas   cartográficas e históricas; además, la fortaleza moral de saber que no estamos cometiendo ningún acto de deshonestidad contra nadie. Tampoco nos vamos a dejar atropellar o amedrentar.

Sin pecar de ingenuos (porque sabemos lo que está en juego y lo que se mueve) estamos librando una batalla, -- con legítimos actos procesales – contra la más descarada e inmerecida   emboscada jurídica urdida el día 29 de marzo del año 2018; cuando   Guyana interpuso acciones contra la República Bolivariana de Venezuela. Increíblemente contra nosotros, quienes siempre hemos querido mantener un clima de paz y entendimiento de buena vecindad; al tiempo de intentar todas las diligencias pertinentes para buscarle una solución al conflicto arrastrado. Digamos un arreglo que sea convenido entre ambos países; dentro del Acuerdo de Ginebra, documento que nos mandata para esos propósitos; que impone en su artículo primero:

Se establece una Comisión Mixta con el encargo de buscar soluciones satisfactorias para el arreglo práctico de la controversia entre Venezuela y el Reino Unido surgida como consecuencia de la contención venezolana de que el Laudo arbitral de 1899 sobre la frontera entre Venezuela y Guayana Británica es nulo e irrito”. (subrayado mío para resaltar los concernidos—inexorables-- en el pleito)

Argumentación aceptada por los suscribientes del Acuerdo de Ginebra, plenamente vigente. Consideración irrefragable bastante más explícita lo conseguimos en el artículo V:

 “Con el fin de facilitar la mayor medida posible de cooperación y mutuo entendimiento, nada de lo contenido en este Acuerdo será interpretado como una renuncia o disminución por parte de Venezuela, el Reino Unido o la Guayana Británica de cualesquiera bases de reclamación de soberanía territorial en los Territorios de Venezuela o Guayana Británica o de cualesquiera derechos que se hubiesen hecho valer previamente, o de reclamaciones de tal soberanía territorial o como prejuzgando su posición con respecto a su reconocimiento o no reconocimiento de un derecho a, reclamo o base de reclamo por cualquiera de ellos sobre tal soberanía territorial.

 Ningún acto o actividad que se lleve a cabo mientras se halle en vigencia este Acuerdo constituirá fundamento para hacer valer, apoyar o negar una reclamación de soberanía territorial en los Territorios de Venezuela o la Guayana Británica, ni para crear derechos de soberanía en dichos Territorios…” (subrayado mío para que se observe la intromisión imprudente de la CARICOM, ya comentada)

Se ha Dicho que el Acuerdo de Ginebra permitió a los británicos “lavarse las manos”, y dejar a Venezuela que se las entendiera sola con Guyana en esta controversia. Eso no es cierto; por cuanto, el Reino Unido se comprometió, señaladamente en las negociaciones previas de sus representantes y como firmante del Acuerdo a permanecer en esta lid, para contribuir a alcanzar una conclusión satisfactoria.

martes, 21 de febrero de 2023

 

                          G/D (Ej) Oswaldo Sujú Raffo

           Defensor acendrado de nuestra patria

 

Dr. Abraham Gómez R.

Miembro de la Academia Venezolana de la Lengua

Asesor de la Comisión para la Defensa del Esequibo y la Soberanía Territorial

Miembro del Instituto de Estudios Fronterizos de Venezuela (IDEFV)

Asesor de la Fundación Venezuela Esequiba

 

En cada conversación con este insigne ciudadano, uno tenía la posibilidad de seguir aprendiendo; fundamentalmente, en todo lo concerniente a estrategias militares, que fue su campo disciplinar de dominio completo; y que en mi condición de civil tuve que dedicarme a asimilar nuevos conceptos y categorías. Una elogiable experiencia.

Hoy, parte al encuentro con Nuestro Señor un venezolano de extraordinaria excepción para la defensa de nuestra Nación, integralmente.

Hace ya algunos años se comunicó conmigo – telefónicamente—y me dice:

 “¿Estoy hablando con mi paisano Abraham Gómez? ¿Tú estás en Tucupita? Deseaba conocerte, aunque haya sido por esta vía. Te habla Oswaldo Sujú Raffo. Sabes que presido el Instituto de Estudios Fronterizos de Venezuela; y allí hemos estado analizando toda tu trayectoria y estudios sobre la Guayana Esequiba, y decidimos que pases a formar parte del nuestro Consejo Académico, al lado del ilustre constitucionalista Dr. Cesáreo Espinal Vásquez, con el coronel Lucas Vivas Morales, con el internacionalista Jorge Luis Fuguett, con el Dr. Hernández Cartens, con el Dr. Pablo Cohen, entre otros. ¿Cómo te parece?”

Le respondí que para mí significaba un gran honor, tal designación; por cuanto, me daba la ocasión de compartir criterios y vivencias con brillantes profesionales, un equipo de conocedores y expertos en la materia. densamente formados; con lo cual seguiré ensanchando mis conocimientos.

Bueno – me dijo-- en la primera oportunidad, de aquí en adelante, que vengas a Caracas, nos contactamos para proceder a tu juramentación e incorporación formal; pero quedas autorizado, de todas maneras, para que, desde ya, en todos tus escritos y conferencias puedes hacerlo en nombre del Instituto”

Así lo hicimos, y de tal manera lo he venido cumpliendo.

Todas las semanas nos comunicábamos dos y tres veces para escuchar las ideas, propuestas y conjeturas sobre algún hecho de actualidad en el caso litigioso que nos ocupa.

Recuerdo que, en más de una ocasión, cuando nuestras posiciones se volvían demasiado controversiales, me señalaba:

“lo que pasa, Abraham, es que tú eres civil, y los civiles siempre llevan los acontecimientos bajo mucha diplomacia y discursos. Nosotros los militares tenemos otras maneras de resolver los asuntos. Y si se trata de reclamos fronterizos y de límites, te podrás imaginar”

Reconocemos la absoluta autenticidad en sus palabras y hechos.

Mientras estuvo activo comandó – entre muchos otras-- la División de Selva, para lo cual rigió con cabal responsabilidad los estados Delta Amacuro, Bolívar y Amazonas. A lo largo del mencionado desempeño conoció directamente las aspiraciones de desgajamiento territorial, contra nuestra geografía, por parte de los países vecinos.

Con sus destacadas intervenciones en las reuniones del (IDEFV), aunque se daban interesantes discusiones, también había plena coincidencia, y se vertebraba el criterio de que la contención por esa séptima parte que nos han venido usurpando debemos percibirla, en nuestro país, por encima de parcialidades, sin diferenciaciones y sin mezquindades.

El General Sujú Raffo, sostuvo esta prédica constante:

“El Esequibo es tuyo, es mío, es de todos y, como la patria, hay que defenderlo. El problema con Guyana es un problema de Venezuela; eso nos obliga a verlo como un problema de Venezuela y no de ideología ni de interés políticos o grupales. El caso del Esequibo es un caso patente de cómo se irrespeta a un Estado, a una nación por el solo hecho de estar desvalido, en comparación con otros países más poderosos. Si Venezuela estuviera ahora en las mejores condiciones para un arbitraje o un juicio en la Corte estaría bien, pero no lo estamos porque no tenemos una economía sólida, tenemos una crisis económica y social, y seguimos, como hace un siglo, sin la unidad nacional necesaria para poder enfrentar el problema; porque Guyana apenas tiene 40.000 kilómetros cuadrados y están explotando en espacios que no les corresponden, que reclaman Venezuela”

Permanentemente, el General Sujú Raffo expresaba el orgullo de haber  pertenecido y cumplido una intachable misión en las  Fuerzas Armadas; así como estar  – hasta sus últimos días--  al frente  de nuestra   organización civil sin fines de lucro,  fundada en el año 1989, por destacados  y valiosos venezolanos a quienes la Patria siempre estará agradecida;  y cuya razón y causa existencial es el estudio, investigación y divulgación de todo lo atinente  a la defensa de la integridad territorial, marítima y fluvial de Venezuela.

La constancia que sostuvo en todo su emprendimiento venezolanista lo hizo acreedor de la admiración del país en general; porque su lucha en favor de la Soberanía nacional estaba basada en valiosa probanza histórica irrebatible, con suficiente documentación jurídica.

En cada escenario comunicacional que se le ofrecía, manifestaba la síntesis argumentativa de nuestro instituto, que ya habíamos discutido y aprobado:

 “Venezuela tiene todo el derecho para defender lo que ha sido de ella, que han tratado de arrebatarle con falsos argumentos y trampas, apoyados en un inicio por una potencia extranjera del pasado”.

Siempre utilizó las expresiones más acertadas y asertivas para hablar por su país.

Definió con toda claridad que no es una reclamación, sino una historia jurídica del territorio al oeste del rio Esequibo; afirmando con propiedad y conocimientos que todo lo que hay que hacer, respecto a la restitución de lo nuestro, está contenido en el Acuerdo de Ginebra, del 17 de febrero de 1966.

En nuestra última conversación, me delegó la representación del Instituto en las deliberaciones permanentes de la Comisión para la Defensa del Esequibo y la Soberanía Territorial; cuyo gesto me agradó y llenó de orgullo; sobre todo por la emotividad y sencillez como me lo dijo:

Abraham, para que te encargues de llevar la opinión del IDEFV, en los asuntos que se están discutiendo en la Comisión que preside el Dr. Hermann Escarrá; él es un venezolano valioso y muy inteligente. Nos mantienes al tanto de todo lo que allí vayan aprobando. Nosotros confiamos en lo que tú expongas…”

Mi eterno agradecimiento por la deferencia y credibilidad entregada, General Sujú Raffo.

Dios le conceda el merecido descanso a su alma.

Nos corresponde, en su honor y memoria, seguir llevando – junto a su elogiable equipo-- las banderas de la lucha de reivindicación por la Guayana Esequiba.