miércoles, 25 de abril de 2018




                    Guyana aspira resolver rápido y con todo

A parecer no hay marcha atrás en la decisión que ha tomado el gobierno guyanés de llevar la disputa con Venezuela, por la zona del Esequibo, ante la Corte Internacional de Justicia.

Se desprende así de un documento, enjundioso, que ellos consignaron en esa instancia en La Haya, que ya circula en la red, que destaca entre otras cosas que Guyana no acepta continuar con la figura del Buen oficiante; además emplaza para que  Venezuela demuestre que el Laudo Arbitral de París, suscrito el 3 de octubre de 1899, es nulo e írrito.

Quisimos conocer la opinión del Dr. Abraham Gómez, estudioso del caso, quien ha venido dándole un seguimiento minucioso a este asunto; nos dijo  lo siguiente : “recordamos, en esta ocasión, lo que hemos venido exponiendo en distintos escenarios académicos y medios de comunicación; que me permito ratificar como una severa advertencia a las autoridades de la cancillería venezolana, a la Fuerza Armada y a la opinión pública nacional; en el sentido siguiente: habernos quedado callados, por tanto tiempo,  displicentes, desatendiendo este álgido problema, sin hacer las denuncias oportunas y contundentes; o permitir que los gobiernos guyaneses dieran concesiones a empresas transnacionales para la exploración, explotación y comercialización de los vastos recursos que tiene la Guayana Esequiba, todas estas omisiones iban a conspirar contra nosotros en los reclamos que históricamente hemos hecho de esa zona”.

Preguntamos, ¿por qué se hace difícil regresar a la posibilidad de una mediación, a través de un Buen oficiante, que sea designado por el Secretario General de La ONU?

“porque para que prospere, una vez más, como había venido ocurriendo desde 1989, es absolutamente imprescindible que las dos partes en litigio estén de acuerdo. Fíjese, que las personas que fueron designadas Buenos Oficiantes, su selección fue de mutuo acuerdo: Alyster Mcantyre, Oliver Jackman, Norman Girvan y Dag Nylander; ellos en sus debida oportuna hicieron lo que les correspondió. Trataron de  conciliar, para alcanzar una solución práctica y satisfactoria  en la controversia; aunque no hubo avances significativos al respecto”

Le hacemos al Dr. Gómez la observación que  en el documento que envío la cancillería guyanesa a la Corte Internacional de Justicia ellos reclaman que Venezuela le devuelva la parte que dominamos en la Isla de Anacoco.

“Cierto. El gobierno guyanés da como  cosa juzgada y ejecutoriada, el contenido de la sentencia del Laudo Arbitral de París de 1899, el cual nosotros lo calificamos de nulo, tramposo  e írrito. Así entonces, ellos reivindican toda la Isla de Anacoco, que se localiza en la confluencia de los ríos Cuyuní y Venamo, en la zona de reclamación; y aspiran que se les entregue  la parte oriental de dicha isla, ocupada por militares venezolanos desde el 12 de octubre de 1966”

¿Usted cree, que estamos en condición de ir a una dispuesta internacional, de esa magnitud?

“no tenemos porqué reunir al combate jurídico. Poseemos extraordinarios profesionales del derecho, especialistas en Derecho Internacional Público, y por añadidura  suficientemente documentados en la problemática del Esequibo”. Finaliza diciendo el Dr. Abraham Gómez.

domingo, 22 de abril de 2018




Dualidad cervantina:
La quijotización de Sancho
o la sanchificación del Quijote

Dr. Abraham Gómez R.
Miembro de la Academia Venezolana de la Lengua

Desde siempre toda la producción literaria de Miguel de Cervantes ha suscitado las más prolijas investigaciones; abordadas desde distintos puntos de vista.

Su proyección y admiración universal no tienen precedentes. Por ejemplo, El Quijote ha sido traducido a casi todos los idiomas del mundo; y otro dato interesante, después de la Biblia ha sido el texto más leído de la humanidad, lo cual nos hace sentir orgullosos en nuestra condición de hispanohablantes.

Ha habido una permanente indagación en los intersticios de tan hermosos tejidos discursivos. No sólo en su obra cumbre: El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha.

Permítanme decir, que a lo largo de más cuatrocientos años los críticos han actuado como cirujanos; han hecho todo tipo de disecciones, en tales géneros escriturales, con absoluta minuciosidad.

Saben qué sorprende: que aún consigamos en esos trabajos densos aportes y conclusiones desconocidas y originales.

Me atrevo a aseverar que sólo una obra tan extraordinariamente fecunda en matices es capaz de alentar y sostener tales enjundiosos estudios, imaginaciones y novísimas reinterpretaciones sin agotar su infinito y riquísimo caudal.

Como hombre de su tiempo, Cervantes estuvo al tanto de las corrientes literarias y filosóficas de entonces, algunas de las cuales dejaron huellas en sus creaciones. Así como también se ha dicho que la dual personalidad   del manchego Don Miguel se encuentra desdoblada en los dos principales personajes de la citada obra: idealización y pragmatismo. Conflicto permanente entre las fantasías del presunto caballero y la realidad encarnada en el grotesco acompañante.

Diversas corrientes del pensamiento y muchos de los elementos que caracterizan el espíritu renacentista se encuentran concitados en la obra de Cervantes. Con el ligero detalle, que el “Manco de Lepanto” escribe este elogiable y admirado  relato satírico y de parodia, para  desprestigiar los pedantes libros de caballería, que daban cuenta de  grandes empresas de conquistas en  aquella época.

Todo buen caballero, a decir de Cervantes, requiere de un fiel escudero.
 Y para este relato, El Quijote: iluso, romántico, soñador, visionario, idealista logra contratar a Sancho, a quien describe, como su compañero de luchas, pero que “no tiene mucha sal en la mollera”.

Sancho, con su sentido práctico de las cosas, influido la mayoría de las veces en estas hazañas por el fatalismo; afincado en cada paso por el realismo vital.
Sin embargo, a pesar de su temple rústico y directo para exponer sus pareceres; Sancho sirve de escudero por cuanto El Quijote le ofreció como paga por su servicios hacerlo gobernador de la isla Barataria. Un compromiso ficcionado de El Quijote para que el tosco propietario de Rucio no lo abandone en su enfrentamiento con los molinos de viento.

En sus interminables cabalgatas, de todas maneras, El Quijote y Sancho, cada uno condensa sus propias creencias y prejuicios.

Cervantes construye una pareja inmortal poniendo en contraste la locura idealizadora y la realidad tangible, la cultura y la rusticidad, la ingenuidad y la picardía. Incluso el aspecto físico de ambos presenta esta doblez: la larga y seca figura de Don Quijote montado en su caballo frente a las redondeces y la gordura de Sancho montado en su pobre asno.

Al final, podríamos decir que la locura de El Quijote fue transformando a Sancho; así entonces, su proverbial pragmatismo fue mutando hacia ilusiones o ideas vagas.
Y la conseja conclusiva de El Quijote hacia su sobrina devela que regresa él al mundo de los cuerdos “te recomiendo que nunca hagas pareja con  hombre lector de caballerías, porque se desquician”.

lunes, 16 de abril de 2018




Nietzsche fue lo que pensó
Dr. Abraham Gómez R.
Miembro de la Academia Venezolana de la Lengua
abrahamgom@gmail.com
Quizás el mayor (y exquisito) riesgo que hemos corrido con las diversas lecturas de filosofía en los últimos años, de antemano ya lo conocíamos: quedar atrapados en sus encantos.

La fuerza seductora de la filosofía se hace tan subyugante que no permite miradas traicioneras o que la atiendas a medias. Ella disfruta verte en tu desesperación de querer encontrar siempre una explicación lógica a las cosas.

 La filosofía teje sus propias lúdicas para buscar la sabiduría desde ella misma. Determinista e impositiva. Sí ciertamente así es. La tomas a través de un compromiso totalizante o la apartas de tu vista. Las vertientes de la filosofía son tan intensas y tan extensas; pero, sin embargo, ella hace los trámites necesarios para que aligeres tu “desquiciante recorrido”. Grato en extremo.

Nietzsche proporciona, en sus textos, las claves para acercarnos a su pensamiento. Y en la medida en que lo vamos leyendo y re-leyendo le encontramos nuevas imágenes, nuevas nociones, nuevas ideas como apropiada referencia para una resistencia intelectual. Entonces, estemos claros. A Nietzsche no se le puede abordar por las ramas. Ni querer ganar prebendas con sus aforismos, porque te descubre la trampa.
Nietzsche se construyó a partir de las infinitas posibilidades de ser que consiguió. Lo hizo de punta a punta en su tramo existencial, desde su primera obra que denominó “De mi vida”, escrita con apenas catorce años de edad en tan sólo quince días, hasta “Ecce homo” terminada un poco antes de caer en la locura; en esta última uno lee “no quiero creyentes…pienso que soy demasiado maligno para creer en mí mismo, no hablo a las masas…”

Acaso se conformaba con que apenas hiciéramos el esfuerzo de interpretar su obra llena de contradicciones, incertidumbres e “invadida de máscaras”.
 La Máscara viene a constituir una destacada categoría en su “tragedia existencial”, consciente como siempre estuvo que el hombre en su mundo-realidad, en el combate de todos los días tiene que apelar a las “identidades múltiples”.
Cuando Nietzsche escribe esto, pareciera señalar que los seres humanos se ven limitados en todas sus actuaciones a ocultarse en unas máscaras, dice: “pues el disimulo es también una máscara, por muy ligera que esta sea. Y que de tanto maquillar nuestro verdadero rostro, hasta en las situaciones más benévolas posibles ya éste desapareció”.

Todo hace de Nietzsche un pensador estimulante, al tiempo que “peligroso” e indomesticable. Bastantes intentos hubo en su época para someterlo; en su momento quisieron normalizarlo, convertirlo en pensador políticamente correcto. Por eso creemos que se llevarán, sino un chasco por lo menos un sustico quienes están deslumbrados ahora con sus escritos, e ilusionados en esta atmósfera política nuestra, con pretender meter a Nietzsche “dentro del corral” para sacarle provecho. Ni él mismo se soportaba.
 Leamos esta reflexión suya: “recientemente, cuando intenté reconocer escritos míos antiguos que había olvidado, me espantó una característica común a todos: hablaban el lenguaje del fanatismo. El fanatismo corrompe el carácter, el gusto y no en último lugar la salud, quien quiera establecer las tres cosas debe resignarse a un largo período de curación…!.

El filósofo de la irreverencia afirmaba, aunque a escondidas, los testimonios de sí mismo, las condiciones de su alma en cada una de las palabras escogidas para tejer sus aforismos.
Acaso sea verdad, pocos pensadores hasta ese momento de su irrupción habían sido tan autobiográficos. Las ideas plasmadas con espléndido dominio discursivo más que describir un mundo exterior dan cuenta del estado anímico que portaba y que le corroía por dentro, como fuego inextinguible.
Solía decir a cada instante: “espero no ser comprendido tan pronto”.
Era un pensador que no negociaba nociones, que se nutría de eclecticismos y sincretismos, y a la vez jugaba con lo apodíctico. Se servía de las ideas de otros autores, fundamentalmente los clásicos griegos, para afirmar las suyas con ánimo provocador, interesado, calculador.


lunes, 9 de abril de 2018




Un gobierno irrespetuoso del Estado

Dr. Abraham Gómez R.
Miembro de la Academia Venezolana de la Lengua

Ha habido a lo largo de la historia una costumbre y práctica detestable, sobre todo en los países con modelos políticos totalitarios, pretender pronunciar bajo un mismo concepto elementos tales como: país, patria, partido político república, nación, Estado.

De estas consideraciones ya nos habíamos ocupado en artículos anteriores. Sin embargo, nuestro propósito e insistencia viene por la trama compleja que resulta manejar en la actualidad, en Venezuela, la anterior madeja de vocablos señalados.

Cuando no se tiene cultura democrática, de tolerancia a la opinión antagónica y al disenso de ideas, se vuelven escabrosas las relaciones entre el Estado, la Nación y la Sociedad Civil.
A mucha gente le produce piquiña cuando nos atrevemos a recordarles que una cosa es su organización partidista, y otra, bastante diferenciada, el Estado.

Las organizaciones partidistas, de ideologías totalitarias, se vuelven sibilinas o descaradas en función de gobierno; y meten en su mismo saco de intereses las competencias correspondientes al Estado, que están suficientemente atribuidas, contempladas y delimitadas en la Constitución Nacional.

El Estado por definición y principio representa a todos los ciudadanos que ocupan un lugar geográfico que es la Nación, regidos bajo un específico sistema jurídico y explícito reconocimiento internacional. Todos somos el Estado.

Los ciudadanos requieren la activa participación del Estado como garante del orden y de la armonía social.
Cuando el Estado se circunscribe a sus loables y clásicas funciones los países prosperan.
La perversión estriba cuando el gobierno, que por circunstancias detenta la administración de los asuntos del Estado, descuida su objetivo primordial para asumir un protagonismo innecesario en las múltiples actividades, que son exclusiva de la Sociedad Civil. A partir de tales abusos del gobierno las naciones se empobrecen, y como consecuencia el gobierno irrespeta al Estado y se hace irrespetar por la ciudadanía.

Un gobierno irrespeta al Estado cuando detectamos que la composición del gobierno se basa casi en la exclusividad de funcionarios ineptos en el desempeño de sus funciones.
Un gobierno cuya esencia y razón de ser es la pillería irrespeta al Estado; así además, se irrespeta al Estado cuando el gobierno comete peculado de uso, al desviar para fines particulares los recurso propios del Estado.

Un gobierno que no satisfaga las necesidades mínimas de la Sociedad Civil irrespeta al Estado, que como ya hemos señalado es toda su gente, sin diferenciaciones.
Un gobierno tracalero irrespeta al Estado cuando obliga a la Sociedad Civil a inscribirse y carnetizarse en su organización política para tener opción a alguna migaja de subsistencia.

El historiador Hugh Thomas explica que la época dorada de Inglaterra (siglos XVIII-XX) transcurrió plena de éxitos debido a  que los gobiernos y el Estado concentraban  sus energías en establecer el imperio de la ley, dejando a los individuos la libre creación de la riquezas, las inventivas y expresas manifestaciones de voluntad de progreso.

Precisamente por tales hechos los ciudadanos le conferían al Estado profundos respetos.
La Sociedad Civil hacía casi todo; y los gobiernos (y el Estado) hacían poco y lo poco que hacían lo hacían bien.

El Estado se ocupaba principalmente de defender la vida y la honra de sus ciudadanos. En el campo económico, el Estado se limitaba a asegurar la libre competencia, a eliminar los monopolios, a establecer patentes, a asegurar ciertas reglamentaciones urbanísticas y educacionales. Competencias bastantes trascendentes para vida de los ciudadanos, sin llegar a atropellarlos o a indignificarlos, mediante la obligación de carnetizarse.

Con qué nos conseguimos en este tramo contemporáneo, en Venezuela: el Estado luce libre; aunque atado, sospechosamente, a compromisos ominosos y oscuros frente a mafias extranjeras.  Y la Sociedad Civil carece de libertad por cuanto depende del gobierno hasta para su subsistencia. Padecemos la ingrata presencia de un   gobierno conculcador de todas nuestras libertades.

martes, 27 de marzo de 2018




Asedio lingüístico y emocional en Hailsham
Dr. Abraham Gómez R.
Miembro de la Academia Venezolana de la Lengua.

Lo escritores poseen de suyo la propiedad (la magia, tal vez) de diseñar y crear, por intermedio de las palabras, lo que denominamos lugares distópicos. Espacios inexistentes. Producto de la fértil imaginación literaria; y aunque tales sitios no los consigamos más que en la narrativa de su creador, allí suceden bastantes cosas.

El año pasado le fue concedido el Premio Nobel de Literatura al escritor británico de origen japonés Kazuo Ishiguro, quien ha producido obras espléndidas, casi todas de la plena aceptación por los asiduos lectores, y ha recibido los elogios de los críticos especializados.

Particularmente, deseo destacar, con brevedad, algunos de los acaecimientos en su novela “Nunca me abandones” (Anagrama. Panorama de narrativas.2006).

Ishiguro, a través de su interesante narrativa, llega crear a Hailsham: lugar extraño, construido a imagen y semejanza de un vetusto (y siempre enigmático a lo largo de su relato literario) centro de reclusión para jóvenes, apasionados por cumplir una misión “redentora” en sus vidas.

En Hailsham los estudiantes se (y los) preparan no con carácter futurista; en tanto profesionales en cualquier disciplina para servirle a la sociedad inglesa.

Los estudiantes, en esta especie de colonia de sometimiento disimulado y de marcada intencionalidad son indoctrinados para que desde un principio acepten, sin resistencia, su inexorable destino: convertirse en seguros “donantes de órganos” conforme lo vaya requiriendo un entramado mafioso, que financia y sostiene a Hailsham.

 Ninguno de los internos del centro mantiene preocupación, en lo más mínimo, en cuanto a la trayectoria existencial que les depararán. Por lo pronto ellos disfrutan de la etapa primaveral.
En honor a la verdad les importa un bledo. Por lo menos, es la conclusión generalizada que uno saca luego de leer la forma de pronunciarse de Kathy H., personaje central y guía, compromisoria y corresponsable del funcionamiento de Hailsham. Esta chica lo admite así: “Ciertamente, sabíamos –aunque no en un sentido profundo- que éramos diferentes de nuestros custodios, y también de la gente normal del exterior; tal vez sabíamos incluso que en un futuro lejano nos esperaban las donaciones”.

Incomprensible de otra manera, piensa uno; puesto que los chicos de Hailsham viven sus vidas con aparente despreocupación o, mejor dicho, imbuidos en los asuntos propios de sus edades y ajenos, casi por completo, al futuro que les espera.

Hay en Hailsham un sofisticado sistema de control construido a su alrededor. Sin embargo, estos jóvenes, futuros donantes para costosísimos encargos, en los que menos han pensado es en escaparse.
Curiosamente o en rigor al sistema de encerramiento, los jóvenes se apellidan con una simple letra Will T.,  Harry M.,  pero tienen nombres comunes; además siguen con sus vidas sin que les perturbe, aparentemente, su brutal destino.

Un personal especializado, a quienes denominan “custodios” tiene la tarea de inculcarle a sus pupilos lo que les espera en el futuro: admitir, como un hecho natural, el sentido de la temporalidad productiva de sus vidas; que para eso, en exactitud han sido creados,  a partir de clones, y han crecido y permanecido allí.

El escritor Kazuo Ishiguro refuerza el término creación.
Esos jóvenes clonados de personas normales fueron “creados” para donar sus órganos vitales
El vocablo, dicho con insistente prudencia, resulta importante, ya que en Hailsham la autoridad no es sinónimo de violencia, ni se ejerce de una manera física y directa. El control de Hailsham empieza por el lenguaje. Los chicos que han sido “creados” se convertirán en “donantes”, los profesores se denominan “custodios”, la palabra muerte está desterrada del lenguaje; los donantes “finalizan” o “completan”, pero no mueren (aunque físicamente desaparezcan).

Eufemismos y medias verdades cuyo control férreo empieza por el lenguaje, y que programa las mentes de los habitantes de Hailsham para evitar cualquier tipo de reacción.

Los donantes son “estereotipados” lingüísticamente para que ejerzan un autocontrol definitivo sobre sus vidas, con lo cual se evitan resultados inesperados. Su aislamiento es emocional y físico.
Nada les impide relacionarse entre ellos, practicar sexo, enamorarse, aprender cosas.

A diferencia de lo que sucede en otros universos distópicos, Kazuro Ishiguro hace explícita manifestación en esta novela que el amor no está prohibido. Se puede leer y escuchar música, pueden hacerse preguntas; pero, el sistema es tan perverso y perfecto que ha logrado que nuestros protagonistas hayan perdido la capacidad de rebelarse, porque las autoridades de Hailsham han urdido la más efectiva estrategia de control y represión: el sometimiento por auto imposición.

sábado, 24 de marzo de 2018




Nietzsche fue lo que pensó

Dr. Abraham Gómez R.
Miembro de la Academia Venezolana de la Lengua
abrahamgom@gmail.com

Quizás el mayor (y exquisito) riesgo que hemos corrido con las diversas lecturas de filosofía en los últimos años, de antemano ya lo conocíamos: quedar atrapados en sus encantos.

La fuerza seductora de la filosofía se hace tan subyugante que no permite miradas traicioneras o que la atiendas a medias. Ella disfruta verte en tu desesperación de querer encontrar siempre una explicación lógica a las cosas.

 La filosofía teje sus propias lúdicas para buscar la sabiduría desde ella misma. Determinista e impositiva. Sí ciertamente así es. La tomas a través de un compromiso totalizante o la apartas de tu vista. Las vertientes de la filosofía son tan intensas y tan extensas; pero, sin embargo, ella hace los trámites necesarios para que aligeres tu “desquiciante recorrido”. Grato en extremo.

Nietzsche proporciona, en sus textos, las claves para acercarnos a su pensamiento. Y en la medida en que lo vamos leyendo y re-leyendo le encontramos nuevas imágenes, nuevas nociones, nuevas ideas como apropiada referencia para una resistencia intelectual. Entonces, estemos claros. A Nietzsche no se le puede abordar por las ramas. Ni querer ganar prebendas con sus aforismos, porque te descubre la trampa.
Nietzsche se construyó a partir de las infinitas posibilidades de ser que consiguió. Lo hizo de punta a punta en su tramo existencial, desde su primera obra que denominó “De mi vida”, escrita con apenas catorce años de edad en tan sólo quince días, hasta “Ecce homo” terminada un poco antes de caer en la locura; en esta última uno lee “no quiero creyentes…pienso que soy demasiado maligno para creer en mí mismo, no hablo a las masas…”

Acaso se conformaba con que apenas hiciéramos el esfuerzo de interpretar su obra llena de contradicciones, incertidumbres e “invadida de máscaras”.
 La Máscara viene a constituir una destacada categoría en su “tragedia existencial”, consciente como siempre estuvo que el hombre en su mundo-realidad, en el combate de todos los días tiene que apelar a las “identidades múltiples”.

Cuando Nietzsche escribe esto, pareciera señalar que los seres humanos se ven limitados en todas sus actuaciones a ocultarse en unas máscaras, dice: “pues el disimulo es también una máscara, por muy ligera que esta sea. Y que de tanto maquillar nuestro verdadero rostro, hasta en las situaciones más benévolas posibles ya éste desapareció”.

Todo hace de Nietzsche un pensador estimulante, al tiempo que “peligroso” e indomesticable. Bastantes intentos hubo en su época para someterlo; en su momento quisieron normalizarlo, convertirlo en pensador políticamente correcto. Por eso creemos que se llevarán, sino un chasco por lo menos un sustico quienes están deslumbrados ahora con sus escritos, e ilusionados en esta atmósfera política nuestra, con pretender meter a Nietzsche “dentro del corral” para sacarle provecho. Ni él mismo se soportaba. Leamos esta reflexión suya: “recientemente, cuando intenté reconocer escritos míos antiguos que había olvidado, me espantó una característica común a todos: hablaban el lenguaje del fanatismo. El fanatismo corrompe el carácter, el gusto y no en último lugar la salud, quien quiera establecer las tres cosas debe resignarse a un largo período de curación…!.

El filósofo de la irreverencia afirmaba, aunque a escondidas, los testimonios de sí mismo, las condiciones de su alma en cada una de las palabras escogidas para tejer sus aforismos.

Acaso sea verdad, pocos pensadores hasta ese momento de su irrupción habían sido tan autobiográficos. Las ideas plasmadas con espléndido dominio discursivo más que describir un mundo exterior dan cuenta del estado anímico que portaba y que le corroía por dentro, como fuego inextinguible.

Solía decir a cada instante: “espero no ser comprendido tan pronto”.
Era un pensador que no negociaba nociones, que se nutría de eclecticismos y sincretismos, y a la vez jugaba con lo apodíctico. Se servía de las ideas de otros autores, fundamentalmente los clásicos griegos, para afirmar las suyas con ánimo provocador, interesado, calculador.


miércoles, 21 de marzo de 2018


  Debemos recuperar al territorio 
  y a los Esequibanos

“siempre nos ha parecido que caen en una seria contradicción quienes se dicen defender la Guayana Esequiba; sin embargo, nunca hablan de la considerable población que ocupa ese territorio que nos fue arrebatado”

De esta manera lo expone, para nuestro medio, el Dr. Abraham Gómez, quien ha sido invitado a   dictar conferencias en distintas universidades del país, organismos públicos y privados, en torno al citado asunto que debe llamar la atención de la opinión pública nacional.

“en la Constitución de la República Cooperativa de Guyana de 1980, se contempla la distribución político-territorial que ellos han establecido, precisamente en la Guayana Esequiba, reclamada por nosotros con suficientes argumentos”

 “la regiones que delimitaron son: Guainía-Baruma; Poomeron-Supenam; Cuyuní-Mazaruni; Potaro-Siparuni; AltoTúkutu- Alto Esequibo. En cada una de estas regiones eligen un gobernador; y allí conseguimos importantes ciudades, pueblos y asientos demográficos de varios tipos y clases sociales; en cuyo registro censal, más reciente, arroja una población que sobrepasa las 600.000 personas, incluyendo a las etnias Waiwai, Makushi, Arawaks, Akawayos, Saraos, Patamonas, Caribes y Wapashi. Al reconquistar la Guayana Esequiba, con todos esos grupos humanos estamos obligados a enlazarnos como compatriotas”

El Dr. Gómez nos deja saber que, junto a lo que nos ha descrito, hay que sumar también el abandono y maltrato que reciben los Esequibanos que viven en Tucupita, San Félix, Ciudad Bolívar, Tumeremo, El Callao. A ellos, según nos relata se les niega la cedulación como venezolanos.

 Y se pregunta, el Dr. Abraham Gómez, especialista en este tema del Esequibo: “Así pretendemos recuperar aquel inmenso territorio del cual nos despojaron vilmente con el Laudo Arbitral de París de 1899, mientras que a estos compatriotas que proceden del Esequibo los ignoramos y negamos sus derechos”

Quisimos saber su opinión en cuanto a la idea de quienes asoman la posibilidad de convertir la zona de reclamación en un nuevo estado de Venezuela; al respecto nos dijo Gómez: “eso no es necesario, por cuanto los territorios en disputa, desde siempre han correspondido a los estados Bolívar y Delta Amacuro; y así se les incorporarán una vez logrado, con satisfacción, el resultado de la contención”

Después añadió: “Bastantes conglomerados de paisanos Esequibanos han decidido instalarse con toda su familia, y hacer, conforme a sus posibilidades, su modus vivendi con nosotros. No vemos ningún problema sobre el particular”

¿Es posible, una especie de intercambio con los paisanos de allá?, preguntamos.

“Por supuesto. Déjeme darle un interesante dato adicional: los Esequibanos que viven aquí aún conservan algunas tradiciones religiosas, medicinal, cultivo de la tierra y producción piscícola, manufactureras, gastronómicas, educativas, técnicas en general. Acaso no podemos nosotros aprovechar esos conocimientos; al tiempo que, en tal dialógica de saberes, los compatriotas Esequibanos recibirían las necesarias asistencias que refuercen el carácter identitario de la venezolanidad”