sábado, 18 de febrero de 2023

 

Guayana Esequiba: un caso de Forclusión en el sistema jurídico internacional

Dr. Abraham Gómez R.

Miembro de la Academia Venezolana de la Lengua

Asesor de la Comisión de Defensa del Esequibo y la Soberanía Territorial

Miembro del Instituto de Estudios Fronterizos de Venezuela (IDEFV)

Asesor de la Fundación Venezuela Esequiba

 

Los reclamos que hemos intentado por vías diplomáticas, políticas y jurídicas no están sustentados en caprichos chauvinistas, reacciones intemperantes, desproporcionadas o injustas.

En esta controversia centenaria nos respaldan razones irrefragables.

Teniendo como   base esencial lo dicho anteriormente, y en nombre de las instituciones que dignamente represento, me he permitido ir explicando en todas mis conferencias por varias universidades y otros organismos públicos y privados del país – por las redes en sus distintas plataformas-- los argumentos sociohistóricos, las irrebatibles demostraciones cartográficas y los justos títulos jurídicos, en cuanto pruebas constituyentes que nos asisten.

 Ha sido nuestra tarea por más de (45) años; asumida por la restitución para nuestra patria, de lo que le desgajaron en su configuración geográfica.

 

Como es bien sabido, en noviembre pasado nuestra honorable delegación acudió a la Corte Internacional de Justicia a las celebradas Audiencias Públicas, por la Excepción Preliminar que introdujimos el 07 de junio. Nos sentimos orgullosos de la representación que expuso las densas e incuestionables consideraciones por Venezuela. Cada palabra expresada—en el precitado escenario— la pronunciaba nuestro país, íntegramente.

Como parte demanda, ya habíamos asumido el denominado Acto Concluyente –conferimiento de competencia a la mencionada Sala juzgadora— al designar nuestro Agente, el Dr. Samuel Moncada y los Coagentes, Dr. Félix Plasencia y Dra. Elsys Rosario; quienes asumirían la representación directa de nuestro país en todo el juicio, juntamente y en coordinación con el cuerpo de asesores que acompañaremos en este asunto litigioso; además, nuestro país nombró su juez ad-hoc, Philippe Couvreur, conforme al artículo  (31) del Estatuto de ese Ente Jurisdicente.

 

El contenido esencial de la Excepción Preliminar persigue que la Sala no admita la demanda de Guyana contra nosotros; por cuanto, la consideramos una temeridad procesal y no reúne los más mínimos elementos asimilables para un juicio de esta naturaleza.

 

Se conoce suficientemente que cuando se negoció, suscribió  y ratificó el Acuerdo de Ginebra el 17 de febrero de 1966, ( acaba de cumplirse el cincuenta y siete aniversario de tan trascendental evento) por   la representación del Reino Unido (Sr. Michael  Stewart); así también admitido por el Sr. Forbes Burnham (para entonces, primer ministro de la Guayana Británica) y por nuestro país el  excelso canciller Ignacio Iribarren Borges; en ese acto jurídico-diplomático e instante histórico quedó  sepultado –in saecula saeculorum— el laudo tramposo, gestado mediante una tratativa perversa en contra de los legítimos derechos de Venezuela sobre la Guayana Esequiba.

Digamos entonces, toda la dinámica y desarrollo contencional por la Guayana Esequiba debe circunscribirse exclusivamente dentro del texto del Acuerdo de Ginebra, documento que causó estado en la Organización de las Naciones Unidas.

 

Hay un denso cúmulo de interrogantes que para la contraparte han resultado difíciles de explicar; porque la excolonia británica carece de asideros en este pleito. Nunca han tenido respuestas ni acertadas ni asertivas.

 

Comencemos: ¿sobre qué elemento obligacional o compromisorio Guyana ha deducido la Causa de pedir ante el Alto Tribunal de La Haya? ¿El Laudo arbitral que nunca nació a la vida jurídica? o ¿El supuesto acuerdo de demarcación de 1905, derivado de la nombrada decisión ignominiosa firmada en París el 03 de octubre de 1899?

Tal adefesio vergonzoso e infeliz está desprovisto de consistencias para que pueda ser considerado jurídicamente válido.

 

Cada vez que profundizamos - una y otra vez- en examinaciones al inexistente y forcluído “laudo”, nos preguntamos, en purísima realidad, sobre qué elementos objetivos y de convicción se atrevería a preparar la Corte la   motivación y fundamentación para una hipotética sentencia; en caso de que vayamos a juicio.

 

Jamás podemos imaginarnos; resulta impensable en estricto derecho, que ese “laudo” –como pide la contraparte guyanesa—pueda producir Cosa Juzgada (res Judicata), cuya “fuerza” pretenden hacerla oponible a Venezuela.

 

Cabe aquí desempolvar una antiquísima máxima del Derecho Romano, que cobra validez y vigencia en el Derecho Internacional Público: “Lo que ha resultado nulo desde su inicio, no puede ser convalidado por el transcurso del tiempo”.

 

A propósito, tomamos en préstamo –para reinterpretar-- la categoría Forclusión, en cuanto concepto superior epistemológico, construido por el psicoanalista francés Jacques Lacan, quien menciona que cuando un significante no nace o ha dejado de existir en el campo o disciplina que sea, se extingue absolutamente su universo simbólico. Queda nula y rechazada   toda posibilidad de mención o referencia. Ese significante está forcluído.

 

¿Cómo hemos hipertextualizado la Forclusión para todos los efectos del caso controversial, litigioso que nos ocupa?

 

Veamos. Al no existir el significante fundamental (“Laudo Arbitral de París del 03 de octubre de 1899”), sobre el que se constituiría toda la estructura simbólica: pronunciamientos, enunciados, normas, discursos, peticiones, demandas elementos culturales, cualquier significado que se pueda derivar de lo forcluído carece de sentido. Se encuentra vacío. No surte efectos de ningún tipo.

 Si la contraparte insiste en el forcluído” laudo”; entonces, no hay nada qué conseguir en el “inconsciente jurídico internacional”.

 

El significante “Laudo Arbitral de París del 03 de octubre de 1899” no existe, está forcluído; por lo tanto, permea idénticas consecuencias hacia normativas de significaciones concretas, en un supuesto Proceso.

 ¿De qué hablar, contradecir, discutir o dirimir?, si su significante se encuentra forcluído; ha quedado inhabilitada la posibilidad de irrupción o aparición de algo nuevo en el Proceso, por ante la Sala Juzgadora de La Haya.  Advertencia que hacemos—con el debido respeto—en espera de resolución, de pronunciamiento previo para la Excepción Preliminar.

 

Hay que visualizar, procesalmente, que resultarían incongruentes, incoherentes y vacíos todos los significados asociados a un posible juicio, que tenga como causa de pedir “el Laudo Arbitral de París del 03 de octubre de 1899” que devino en un significante inexistente, forcluído; y, por tanto, nulo de nulidad absoluta.

 

Con un significante forcluído se hace imposible discernir jurisdiccionalmente, y menos crear un código de significaciones jurídicas concretas; porque no hay sentido en los discursos e imposibilidad de aprehender la verdadera realidad.

El mencionado “laudo” desapareció —hace 57 años-- del campo simbólico y del sistema jurídico Internacional.

jueves, 16 de febrero de 2023

El Delta en todos los corazones de Julio

 Dr. Abraham Gómez R.

 Miembro de la Academia Venezolana de la Lengua.

 

 

La cultura guarao (guarao con g en memoria del padre Julio) se ha destacado por su pacificidad. Familias enteras, una especie de nación --en término socio-antropológico--, buscaron refugios en los intersticios y recovecos de la multitud de los ríos y caños del Delta del Orinoco.

Admitimos, como razón incontrovertible, que únicamente los Misioneros Capuchinos lograron   establecerse, en actos de convivencia y cooperación, en territorio de esta etnia, por muy invivibles que fueran esos lugares.

Para los misioneros, por su incansable labor pastoral de legar amor a sus semejantes, nunca hubo ni encontraron parajes inhóspitos ni momentos escabrosos. Su corazón marcaba la pauta devocional, y Julio obedecía en inmarcesible acto reverencial.

Por imposición de su cultura ancestral y milenaria, tradicionalmente, nuestros aborígenes vivían, en estos espacios naturales de la recolección de frutas y del múltiple aprovechamiento del moriche: árbol de la vida. Y ciertamente que siempre ha sido así.

La agricultura, tal vez, constituyó la primera “estrategia” comunal introducida por los evangelizadores.

Otra actividad que les confiere suficiente arraigo en un sitio específico es la pesca, mientras que la caza siempre ha sido muy reducida.

Los Capuchinos animaron a la etnia a conformarse en núcleos poblacionales, de cierta consistencia demográfica; con la finalidad de que entre todos –mediante un hermoso esfuerzo conjunto-- pudieran resolver y satisfacer sus necesidades existenciales, con sentido comunal.

El Padre Julio fue un promotor y fundador de bastantes conformaciones poblacionales en nuestro Bajo Delta. Mencionemos a propósito a la comunidad de Ajotejana:  su creatura predilecta y quizás la preferida.

Deseo afincarme para los efectos de este breve relato, en homenaje al padre Julio Lavandero Pérez, en lo que siempre resultó una pasión inescurrible: la estructura morfosintáctica, fonética-fonológica y léxico-semántica del idioma de los guaraos.

 ! Cuántas horas dedicadas a escucharlos, a intercambiar signos lingüísticos, a asimilar los vocablos que denotan específicamente unas cosas; pero que al tiempo connotan otras.

Con seguridad, una muy buena parte de su intelecto y de su corazón lo ocupó la indagación detallista de cómo los Guaraos construían los actos de habla; así también, la utilización versátil de la lengua para decir y hacer; su manera de designar la realidad y   comunicarla.

El padre Julio fue un estudioso incansable de que los Guaraos poseen su particular modo de objetivar las cosas, de aprehenderlas y darles significados.

En bastantes ocasiones me señaló, con autoridad de quien sabe lo que dice: el idioma Guarao no es contradictorio con el castellano o español. Sentenció algo más: ambas lenguas guardan algunos elementos de entroncamientos filológicos.

El Guarao ha sido --por milenios- una hermosa cultura que se expresa, esencialmente, desde la oralidad.

El padre Julio rechazó la tesis peregrina que califica a los recursos expresivos de nuestros guaraos, como una derivación dialectal para aproximar una comunicación –más a o menos apreciable—de este grupo humano. Tal teoría lingüística no resiste el menor análisis.

Quienes disfrutamos los asuntos idiomáticos fundamentalmente de los actos de habla, reconocemos los enjundiosos trabajos de investigación de arqueología social de nuestro Reverendo Julio Lavandero Pérez. 

A los resultados de sus disciplinados y aquilatados estudios nos sometemos

El Padre Julio, toda una vida en estas tierras, nos ha enseñado a partir de sus indagaciones gramaticales que el Uarao y el Castellano responden y provienen de sistemas culturales diferentes; no obstante, complementarios entre sí.

El admirado padre Julio, quien se desempeñó como miembro correspondiente por el Delta del Orinoco en la Academia Venezolana de la Lengua, había nacido el 14 de agosto de 1930, en Casar de Periedo, en la Cantabria de entonces.

 El insigne el escritor deltano, d. José Balza, Individuo de Número de nuestra Academia y el reconocido d. Horacio Biord Castillo, presidente de esta institución y quien escribe continuamos tributando respeto absoluto a la obra imperecedera del padre Julio.

Su otro corazón, la vocación para el sacerdocio pudo haber sido estimulada por la condición de disciplinados practicantes del catolicismo de sus padres, Julio y Joaquina, quienes conformaron una prolija familia de 12 hijos.

Fijémonos en este detalle destinal: sin haber terminado su carrera sacerdotal; le faltaban, según nos relató, dos años denominados de Elocuencia Sagrada;  por urgencia fundacional vino al Delta, a cumplir su misión pastoral en el recién creado Vicariato de Tucupita.

Se le abría, con motivo de tan espléndida circunstancia, un abanico de posibilidades para sus diversas manifestaciones. 

Hacía de todo. Oficiaba misa; promocionaba   las fiestas patronales. Se desempeñaba como  marinero de las curiaras de la parroquia, de vez en cuando  enfermero, organista de la Iglesia San José; así también,  fundador de varias instituciones escolares, escritor e investigador cultural.

 En el Concejo Municipal de esta entidad ofreció aclamados recitales de música venezolana, como cantante lírico. 

Agreguemos a su tesonera labor por la Deltanidad un larguísimo etcétera. Varios corazones repartidos en tantas tareas.

El padre Julio, en amena conversación, tuvo la ocasión de re-crearme una extensa parte de su vida; dedicada, plena y absolutamente, al Delta y su gente.

 

Nos detalló, casi que como una expresión premonitoria: “deseo que me recuerden, como un misionero que Dios envió para acá, por intermedio de sus superiores. Yo me entregué a este apostolado con obediencia. Sabes por qué. Porque los que obedecen no se equivocan, si los que mandan lo hacen obedeciendo la Ley de Dios.”

La vocación es un proceso, que comenzó en mí desde que era niño, y que ha ido creciendo; y como proceso continúa todavía. Pues, aún estoy en ese proceso vocacional. Porque uno es una persona humana, siempre hay amenazas, peligros, tentaciones, luchas…

Ya dije, mi vocación viene desde niño, entregada de por vida. Nunca pensé en retirarme; y cuando yo vine al Delta, vine de por vida. He recorrido todos los caños. En todas las comunidades me conocen. He prestado mis servicios como misionero…

Toda mi vida me he apoyado en Dios y en mi Fe, y en algunas cosas que he aprendido. Dios es el único guía y destino que tiene uno el misionero. Dios es el compañero continuo en la vida del misionero".

Gracias a Dios, por haberme dado la honra de mantener, muchos exquisitos diálogos con el padre Julio. 

 La mayoría de estas conversaciones las entablábamos, simultáneamente a sus labores de cada día, en la Casa parroquial.

Recuerdo que ya cuando estábamos concluyendo, una de esas tertulias, le expuse: padre Julio, los reconocidos escritores siempre tienen una palabra que los identifica; que adquieren mayor uso en su particular constelación vocabular, que parecen una carta de presentación; otros términos, por el contrario, quedan a un costado, jamás los pronuncian, permanecen escurridos, nunca mencionados.

En tal sentido, le habíamos   solicitado al padre Julio pensar en la palabra más difícil en su vida, y la que le ha sido, relativamente, más fácil.

Nos dijo, esa vez, con firmeza y marcada determinación: “la palabra más difícil para pronunciar es la fidelidad. Ser fiel durante toda la vida; y la más fácil, ir por la vida, como los pajaritos., como lo decía y hacía San Francisco”.

Padre Julio, entonces me atreví a insistir: qué parte de su vida ocupa el Delta.

El Delta del Orinoco está en todo mi corazón

domingo, 12 de febrero de 2023

 

Guayana Esequiba: una excepción preliminar consignada con racional optimismo.

Dr. Abraham Gómez R.

Miembro de la Academia Venezolana de la Lengua

Asesor de la Comisión de Defensa del Esequibo y la Soberanía Territorial

Miembro del Instituto de Estudios Fronterizos de Venezuela (IDEFV)

Asesor de la Fundación Venezuela Esequiba

 

El escrito contentivo de interposición de acciones de Guyana contra nuestro país lo conocemos en su totalidad.

Ha sido leído con precisión; analizado de manera  individual, como también  en las distintas reuniones y conferencias, en sus múltiples implicaciones; así además, me  he permitido  estudiarlo académicamente, para saber de qué estamos hablando en tal asunto controversial; por lo que debo decir—para conocimiento público-- que su  elemento más resaltante, concerniente a  Pretensión Procesal, se resume en  solicitarle  a la Corte Internacional de Justicia que confirme “la validez legal y efecto vinculante del Laudo Arbitral de París, dictado el 3 de octubre de 1899”; documento que siempre ha sido considerado por Venezuela como írrito y nulo. Calificaciones con las cuales hemos improntado, desde sus orígenes, a esta vergonzosa tratativa política-diplomática.

Ese “laudo” resultó inexistente, no nacido a la vida jurídica. Por lo que no ha adquirido nunca la validez ni la eficacia jurídica; y es – impensablemente—la causa de pedir de la contraparte. Es nulo de nulidad absoluta.

El rechazo definitivo a la precitada decisión arbitral quedó consumado cuando la propia representación del Reino Unido (Michael Stewart) y de la Guayana Británica (Forbes Burnham) admiten y suscriben, junto con nuestro excelso canciller Ignacio Iribarren Borges, el Acuerdo de Ginebra, el 17 de febrero de 1966 (documento que arriba a sus 57 años de plena vigencia); en cuyo artículo primero destaca:

 “Se establece una Comisión Mixta con el encargo de buscar soluciones satisfactorias para el arreglo practico de la controversia entre Venezuela y el Reino Unido surgida como consecuencia de la contención venezolana de que el Laudo arbitral de 1899 sobre la frontera entre Venezuela y Guayana Británica es nulo e irrito”.

Acaso se requiere una inteligencia superior para interpretar y concluir que el aludido “laudo” quedó invalidado, a partir de ese acto jurídico; y, por lo tanto, jamás debió considerarse oponible para efectos posteriores.

 No hay causa que se haga obligacional o compromisoria – para nosotros-- de ninguna manera y para nada.

Frente a lo anteriormente descrito, prestemos atención a este otro detalle: nuestro país permanentemente ha querido solucionar este pleito entre Estados vecinos, acudiendo a las vías pacíficas directas (autocomposición) conforme a la normativa consagrada en el Derecho Internacional Público.

Sin embargo, nos conseguimos que la excolonia británica, con la cual sostenemos la centenaria contención, jamás creyó en las gestiones de los Buenos Oficiantes: McIntyre, Jackman, Girvan y Nylander quienes tuvieron a bien desempeñarse para arreglar la controversia.

Todo el trabajo de esos funcionarios fue saboteado desde la cancillería guyanesa.

Siempre entendíamos que sus respectivos gobiernos, de cualquier signo político-ideológico, en ningún momento prestaron la debida atención a las iniciativas de los mencionados Buenos Oficiantes, designados por la Secretaría General de la Organización de las Naciones Unidas; atendiendo al contenido, alcance e intención del artículo 33 de la Carta del precitado ente internacional:

“…Las partes en una controversia cuya continuación sea susceptible de poner en peligro el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales tratarán de buscarle solución, ante todo, mediante la negociación, la investigación, la mediación, la conciliación, el arbitraje, el arreglo judicial, el recurso a organismos o acuerdos regionales u otros medios pacíficos de su elección…”

Nótese que hay etapas establecidas en sucesividad hasta alcanzar la resolución del caso.

He sostenido que Guyana aguardó la ocasión, en una especie de emboscada jurídica, para demandar a Venezuela ante la Corte Internacional de Justicia; yéndose, directamente al “arreglo judicial”; contrariando el orden de prelaciones establecido en la citada norma, para zanjar el litigio.

 Lo digo, porque una vez que el actual Secretario General de la ONU, Antonio Guterres, remite el caso a la Corte, el día 19 de enero de 2018; ya Guyana – con bastante antelación-- tenía preparada la demanda contra Venezuela, la cual consignaron el 29 de marzo del mismo año, todo urdido con premeditación y vileza.

En las distintas plataformas, medios de comunicación y conferencias en las universidades, nos preguntan, con insistencia ¿qué hemos hecho y en cuál situación nos encontramos hoy?

Para abreviar en la explicación, digo que el 07 de junio del año pasado Venezuela consignó en la Corte una Excepción Preliminar; acto procesal al cual tenemos derecho, en condición de parte demandada; para resistir y oponernos a la acción interpuesta en nuestra contra. Toda Acción trae en consecuencia una Excepción.

Una Excepción Preliminar es un mecanismo de defensa de los Estados; la cual es legítimamente admitida por la comunidad internacional y utilizada en algunas oportunidades en la Corte Internacional de Justicia, de conformidad con el artículo 79 de su Reglamento.

Hay suficiente base doctrinal y jurisprudencial al respecto.

La Excepción Preliminar entregada (y ratificada en las audiencias públicas en noviembre pasado) por nuestra honorable delegación está basada en formalizar serios cuestionamientos al burdo escrito presentado –unilateralmente—por Guyana.

¿Qué perseguimos, en lo inmediato, con una Excepción Preliminar?

Que la Corte, en sentencia adelantada –de previo pronunciamiento que esperamos prontamente– desestime la demanda, porque constituye un fraude legal y procesal.

Con nuestra Excepción Preliminar nos permitimos advertir a la Sala Juzgadora que la situación es mucho más compleja de lo que la parte demandante ha hecho saber.

Debemos ser enfáticos en pronunciar con insistencia al mundo que no le estamos quitando las dos terceras partes del territorio de Guyana, como ellos “arguyen”, ante el Cuerpo Jurisdicente y en sus vocinglerías por los medios de comunicación a nivel internacional.

Nuestra nación ha sido la víctima, hace más de un siglo, de la usurpación perpetrada con mala fe y añagaza jurídica.

Nosotros tenemos enjundiosa documentación, en tanto títulos jurídicos y respaldo histórico y cartográfico: pruebas constituidas y constituyentes para demostrar que fue el Imperio Británico que nos usurpó y despojó, de una séptima parte de la geografía venezolana, mediante trampas a finales del siglo XIX; incluso tenían la aviesa intención de arrebatarnos hasta el Delta del Orinoco y una considerable parte del estado Bolívar.

Lo que hemos descrito, de manera somera – la demanda guyanesa contra Venezuela-- es lo que vergonzosamente ellos emprendieron; que pensaron que el mandado estaba hecho; que nos quedaríamos de brazos cruzados y bocas silentes.

 Resultó que la inteligencia nuestra analizó y puso en ejercicio la Excepción Preliminar como elemento extraordinario de defensa; que, no obstante, la hemos asimilado con racional optimismo en este asunto litigioso, sin exageradas exultaciones.

Si la Corte no admite la demanda de Guyana, nos corresponde fijar otras estrategias, que informaremos en su debida oportunidad. Entiéndase que como Política de Estado no todo puede darse a conocer públicamente.

Por lo pronto, lo que sí debe saber la población venezolana en general es que nos encontramos en espera de la sentencia de la Sala, --en una u otra probabilidad decisoria-- para lo cual nos hemos declarado en jornadas de investigación documental, concienciación nacional y trabajo permanentes, con el objetivo de afinar el posible Memorial de Contestación o de nombrar nuestros delegados, en caso de que haya que renegociar directamente.

 

 

jueves, 9 de febrero de 2023

 

                ¿Por qué acabar con la Educación?

Dr. Abraham Gómez R.

Docente universitario

Miembro de la Academia Venezolana de la Lengua

 

El más hermoso instrumento y expedito camino para formalizar y sistematizar todo cuanto pensamos y deseamos ponerlo en práctica es a través de la educación.

 La educación se prioriza en la existencia humana, ante todo.

 La Edad de piedra no se terminó porque se acabaran las piedras, sino porque el ser humano procuró superarse; escalar y complejizar sus conocimientos y saberes, para ser mejor cada día.

Con tan   exquisita dimensión de enseñanza-aprendizaje uno abre horizontes y construye sus propios sueños.

Con la Educación los países hacen maravillas.

 Hemos ocupado bastantes horas teorizando cómo acceder y consolidar un proceso educativo exactamente para los tiempos que nos toca vivir y que trace una línea auspiciosa a futuro.

limitadas e implacables han sido las ocasiones en que la Educación, y todo cuanto comporta, ha sido vilipendiada y sometida a condiciones ominosas para intentar ponerla de rodillas.

A los regímenes totalitarios – desde siempre-- les incomodan los ámbitos donde se respire absoluta pluralidad, donde haya un disenso fértil.

A los detentadores de los gobiernos de talante militarista les causa escozor cuando la gente en los espacios educativos piensa con cabeza propia; de allí que vean en cada educador un acérrimo enemigo, a alguien a quien hay que combatir; y si no pueden hacerlo doblegar por sus ideas, lo golpean por sus medios de subsistencia.

Estamos padeciendo   un tiempo de extremos vergonzosos; atribuibles, precisamente, a quienes se creen dueños del Estado; que han hecho dado muestras de perpetradores de crimen a la civilidad, en Venezuela.

Por muy extensas e intensas que sean las dificultades y las abominaciones confrontadas, debemos redoblar nuestra mística para que prevalezca, entre nosotros, la concepción humanista y libertaria; característica esencial de los demócratas.

Debemos cerrar filas al lado del verdadero educador, de la educación y su perspectiva esperanzadora.

 Dicho otra vez, para quienes somos humanistas y demócratas los seres humanos deben ocupar el centro de las significaciones y realizaciones educativas; sin artificiosas imposiciones, mediante un fetichismo de ley, que pretende embadurnar las escuelas de analfabetas funcionales y colocarlos en las aulas de clases, en su doble condición de caricatura de “maestro” y marioneta ideologizada.

El ser humano y la educación primero antes que el Estado.

Nos costará una enormidad la recomposición moral del país; porque el aniquilamiento a la que se somete a una población: maestros, médicos, funcionariado en general no se restringe, únicamente, a acabar a la gente en su condición física, por hambre; también hay el despropósito de arrodillada moralmente, hasta la humillación; para hacer a los habitantes – por cierto, de todas tendencias-- sumisos, sometidos y   dependientes.

Que nadie tenga dudas o confusiones: la intención, marcada con saña por quienes detentan la conducción del Estado, consiste en quebrar cualquier resistencia de los oponentes, al precio que sea y sin medir consecuencias.

Poco valoran si convierten a inermes y dignos ciudadanos (educadores incluidos) en estropajos. Si acaban con enfermos crónicos o incrementan la desnutrición infantil, si dejan en la calle a humildes padres y madres de familia; para alcanzar sus objetivos ignominiosos, de permanecer en el poder a cualquier precio, se trazan la meta permanente de derrumbar a la educación y  las fortalezas morales, que constituyen el refugio de la gente pensante.

Si nos atuviéramos nada más que a la retórica vacía que a cada rato escuchamos de los propagandistas de este régimen sociopolítico que ellos llaman revolución, no habría motivos para temer; por cuanto, así como son incongruentes con la supuesta ideología que propalan, del mismo modo transpiran insustancialidad en las consignas que vocean.

Un día se les antoja elevar proclamas altisonantes para acabar con todo lo que signifique pasado —Cuarta República, según sus pretensiones--- sin tener la menor noción del verdadero modo cómo se ha construido la Historia Republicana de nuestro país.

No hay en los incitadores de este vergonzoso “socialismo del siglo XXI” suficientes asideros teóricos que le den plataforma a lo que dicen. No poseen, incluyendo a militarotes, apreciable piso argumentativo que fortalezca el discurso con el cual aspiran convencer.

Se les abren las costuras por donde quiera y dejan al descubierto las engañifas de su cansona retórica.

Hoy balbucean babosadas, mañana regurgitan en sentido contrario.

Hoy nos traen una ley para posicionar a sus seguidores en las aulas de clases, con el avieso atrevimiento de sustituir a quienes se han profesionalizado – con esfuerzos, dedicación y estudios—en la dimensión más sensible de cualquier sociedad: la educación.

 La historia tarde o temprano cobrará, con creces, tamaña vergüenza y afrenta internacional.

Delta del Orinoco, 09 de febrero de 2023

martes, 7 de febrero de 2023

 

                     Dicho todo en apenas siete palabras

Dr. Abraham Gómez R.

Miembro de la Academia Venezolana de la Lengua

Delta del Orinoco, 07 de febrero de 2023

 

                                                     Augusto Monterroso dejó un gran legado en la literatura mundial y muchos lo consideran como el "genio de lo breve". Doblemente bueno, diríamos en frase común.

Al estarse cumpliendo 20 años de su fallecimiento, queremos recordarlo con una síntesis reflexiva de su obra icónica.

También se dio a conocer en la literatura mexicana contemporánea como gran fabulista. Maestro de la frase, la historia y el género literario breves, incursionó en la tradición de la fábula para renovarla y adaptarla a la sátira y la parodia modernas.

Bastantes escritores han hecho saber en sus textos que las realidades se vuelven siempre inasibles, inatrapables.

No obstante, los suficientes esfuerzos para explicar las realidades, éstas se vuelven escurridizas, elusivas.

 Digamos, además, que las cosas del mundo real o imaginario no se dejan congelar en étimos, vocablos o conceptos; porque, los significantes apenas intentan dar cuenta de pedazos existenciales. No dicen todo cuanto la idea encierra.

 Hay que dejar bastante para la inacabable imaginación.

Esta elogiable terquedad de lo tangible, de lo cotidiano, marca distancia, y se hace ajena a los purismos intelectualizantes que aspiran contener en palabras ideas y emociones; no siempre con elogiables resultados.

El filósofo Bergson sugería (y clamaba) para que al escribir no congelemos la vida; que apenas, nos zambullamos en las existencias y salgamos a flote a bocetear lo imprescindible con algunas figuras literarias, que no lleguen a desnaturalizar la esencia vital.

La realidad prefiere que quienes se aproximen, con intención de aprehenderla en escritos, apelen a las insinuaciones descriptivas, a las metáforas, a las borrosidades para decir o callar.

Si de escribir la realidad se trata también es admisible el uso de las metonimias; ese fenómeno de cambio semántico por el cual se designa una cosa o idea con el nombre de otra; sirviéndose de alguna relación semántica existente entre ambas.

 Prestemos atención, por un instante, a lo siguiente: hasta ahora, el cuento más corto de la literatura contiene apenas siete palabras: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.” Ese es el cuento. Allí está dicho todo. Ni más ni menos.

En estas siete palabras está contenido todo el discurso que su autor el guatemalteco Augusto Monterroso quiso expresar.

Es un ardid valioso, para concitar la lúdica en este género lingüístico.

Sí, todo el texto en apenas siete vocablos. ¡Increíble...!

Nace toda una constelación reflexiva para pensar y elucidar a partir de estas siete palabras.

Ese cuento siempre ha constituido una provocadora insinuación, tal vez invitación, para ahondar nuestros pensamientos, con sentido crítico y con carácter diacrónico.

Pero a pesar de su brevedad no por ello resulta ser un cuento simple y sencillo; más bien, su cortedad exige un análisis concienzudo para determinar con certeza qué fue lo que nos quiso decir este cuentista.

Requerimos afinar el análisis, agudizar nuestra perspectiva para develar las categorías filosóficas que sirven de estribaciones a Monterroso para la construcción de este fino texto; más aún, intentar pesquisar, en la medida de nuestras posibilidades, cuál es su eje argumentativo central.

Monterroso es uno de los máximos escritores hispanoamericanos y uno de los grandes maestros del relato corto de la época contemporánea.

Gabriel García Márquez, refiriéndose a la obra de Monterroso escribió: "Este libro hay que leerlo manos arriba: su peligrosidad se funda en la sabiduría solapada y la belleza mortífera de la falta de seriedad".

La expresa manifestación, plena de sentimientos y sobradas emociones, para encadenar rítmicamente las palabras no es un hecho único que distingue a la poesía de la prosa.

Hasta mediados del siglo XIX constituía la mejor forma de diferenciar ambos usos del lenguaje.

En verdad, ha habido siempre prosas hermosas que contienen a lo interno de su constitución sígnica un inmenso mar de poesía, o suficiente poesía que se puede vocear como prosa.

El cuento que aludimos de Monterroso se ha vuelto a nuestro parecer tan versátil que vale tanto como una hermosa poesía desplegada en prosa.

 

domingo, 5 de febrero de 2023

 

Guayana Esequiba: títulos perfectos con derecho primario y exclusivo

Dr. Abraham Gómez R.

 Miembro de la Academia Venezolana de la Lengua

 Asesor de la Comisión de Defensa del Esequibo y la Soberanía Territorial

 Miembro del Instituto de Estudios Fronterizos de Venezuela (IDEFV)

 Asesor de la Fundación Venezuela Esequiba

 

Siempre hemos poseído un inmenso acervo probatorio desde el punto de vista jurídico, cartográfico e histórico, para desmontar – en caso de que lleguemos propiamente al juicio-- el contenido de la decisión redactada y aprobada con añagaza y trampa, el 03 de octubre de 1899.

 

En bastantes horas de trabajo individual y colectivo, hemos analizado en detalles este asunto litigioso -con sentido autocrítico-- y llegamos a una invariable conclusión, que nos agrada compartir con ustedes en los siguientes términos: toda la probanza –examinada hasta ahora— favorece a Venezuela; por lo que,  nos resultará fácil, con la verdadera narrativa de los hechos constitutivos y fundamentales ( fase postulatoria y sucesivas) destejer al írrito “laudo” arbitral de París, urdido hace más de cien años;  adefesio con el que nos arrebataron una séptima parte de nuestra geografía nacional.

 

También debo ser muy responsable en dejar sentado que la posible comparecencia de nuestra delegación por ante la Corte – en el supuesto de que esa Sala Jurisdicente admita la demanda – depende del Jefe de Estado venezolano; por cuanto, conforme a su atribución constitucional tiene La determinación o última palabra para que la representación de nuestra Cancillería comparezca en las próximas vistas procesales en La Haya.

 

Debo reafirmar, explícitamente, que nos encontramos en una importante disyuntiva.

Aunque ya lo he explicado en reflexiones anteriores, me permito insistir—en resumen-- que hay dos probabilidades sentenciales – esperadas en las próximas semanas-- para la Excepción Preliminar que introdujimos como cuestión incidental, el 07 de junio del año pasado y ratificamos en las Audiencias Públicas en noviembre 2022.

 

Veamos. En un primer supuesto, la Corte desestima la acción interpuesta por Guyana contra Venezuela, y reenvía el asunto controvertido al Secretario General de la ONU, para que explore otras alternativas de solución, contempladas en el artículo 33 de la Carta de las Naciones Unidas: negociación, mediación, conciliación y arbitraje. Quedó descartado el arreglo judicial.

No obstante, para que estemos advertidos y claros. Se puede presentar la otra probabilidad consistente en que la Corte admita la demanda. Siendo así, comenzaría –consecuencialmente-- el juicio como tal. Dígase:  ratificación de la pretensión procesal, contestación de la demanda, reconvención etc.

 

De encontrarnos en la segunda suposición arriba expresada, entonces, se traba la litis y se inicia el Proceso, para conocer el fondo de la causa: validez o invalidez del Laudo. Precisamente, constituiría el instante para que el Jefe de Estado determine la asistencia para hacernos parte del juicio o no comparecencia de nuestra delegación.

Aprovecho aquí para responder las inquietudes y preguntas que me han hecho, en las conferencias y por todos los medios. Explico:  con nosotros presentes – siendo parte del Proceso-- o en nuestra ausencia, el juicio, que se inició hace dos años, no se va a paralizar; porque, la Corte continuará con las etapas subsiguientes; y puede llegar incluso a cumplir la función jurisdiccional decisoria y emisión del fallo, así no esté representada Venezuela.

 Tal Sentencia la tomaría ese Alto Tribunal basado en el artículo 53 de su propio Estatuto.

 

 Cabe la pregunta: ¿Poseemos los suficientes elementos jurídicos, para argumentar- procesalmente— la inexistencia del “laudo”, oponible a nada, y menos como causa de pedir de la contraparte guyanesa; dado que la mencionada decisión arbitral quedó invalidada e ineficaz al suscribirse el Acuerdo de Ginebra, ¿el 17 de febrero de 1966?

 

Según la lectura detallada y del  análisis minucioso que hemos hecho a la solicitud de interposición de acciones de Guyana, en nuestra contra, del 29 de marzo de 2018 ( y ratificada en las audiencias posteriores),  me permito colegir que hay toda una sarta de falsedades, desaciertos, mentiras e impropiedades que  constituyen un fraude procesal; porque, subyace desde el inicio maquinaciones y artificios destinados– mediante el engaño– a impedir la eficaz administración de justicia, en su propio  beneficio.

La contraparte con esa añagaza y disposiciones tramposas ha incurrido en Temeridad procesal.

 

¿Cómo se les ocurre afirmar – en procura de acreditación de la Sala Juzgadora–que el inefable “laudo” es cosa juzgada y debe configurarse (y aceptarse) como válido y vinculante para nosotros?

 Con esa patraña no nos ganarán jamás, en justo derecho.

 

Los reclamos que hemos intentado por vías diplomáticas, políticas y jurídicas no están sustentados en caprichos chauvinistas, reacciones intemperantes, desproporcionadas o injustas. Hemos explicado en las instancias internacionales correspondientes las razones y argumentos sociohistóricos y jurídicos que nos asisten.

 

Permanentemente sostenemos – donde haya que ir-- que ese laudo fue una tratativa perversa; un arreglo político-diplomático (jamás jurídico, ni arbitral de buena fe) que nos perpetró un vulgar arrebato de nuestra extensión territorial; heredada, con justos títulos traslaticios, que adquirieron la condición de títulos perfectos primarios y exclusivos.

Agreguemos allí que la nulidad absoluta del “laudo” acarrea las consecuencias más graves que puede sufrir un acto procesal. Una nulidad absoluta no surte ningún efecto jurídico.

 

La nulidad absoluta –ipso jure—en la sentencia arbitral ocurrió, desde el mismo momento cuando se omitieron los requisitos necesarios para lograr su objetivo. También acaeció cuando se nos colocó, en tanto parte interesada y concernida en una situación de indefensión; inclusive a partir del Tratado de Washington de 1897.

Ya hay algunas opiniones, a lo interno de la Corte Internacional de Justicia, que señalan el desacierto procesal de Guyana, por insistir con el “laudo”; asimismo dicen que con tales recursos argumentativos – en justo derecho— jamás ganarían este hipotético juicio.

No tienen la menor posibilidad jurídica para salir airosos; por eso la desesperación de los representantes de la cancillería guyanesa al ejercer presión a todos los niveles.

Nuestra independencia—y nuestra extensión territorial original-- la logramos en campos de batallas, en sí mismo también comporta un título perfecto. Contrariamente a los relatos con los que Guyana pretende exhibirse en la comunidad internacional. La emancipación guyanesa se obtuvo como   resultado de arreglos obligados de descolonización.

 

Con la intención de reforzar nuestra búsqueda libertaria, podemos añadir lo siguiente: si hubo, el 30 de marzo de 1845 un Título Traslaticio de conferimiento de la soberanía a la naciente República de Venezuela por parte de España, fue porque sesenta y ocho años antes se había consolidado la Capitanía General de Venezuela, a través de la Real Cédula de Carlos III, el 8 de septiembre de 1777 con la cual nos dimos a conocer ante el mundo como Nación. Dos Justos Títulos perfectos para esgrimir ante la Sala Juzgadora, de llegarse al juicio, propiamente.

Acaudalamos Justos Títulos para demostrar y probar, en la Corte Internacional de Justicia, que la Guayana Esequiba desde siempre ha sido nuestra.

sábado, 4 de febrero de 2023

 RESPETA A MI MAESTRO


Dr. Abraham Gómez R.

No le pidas a mi maestro que hipoteque su conciencia; que se arrodille ante ti, porque lo flagela el hambre.
Mi maestro no merece la tamaña humillación que tú le perpetras.
Quizás él pudo enseñarte mucho más que la genuflexión que exiges y el autoritarismo que exhibes como mascarón de proa; condiciones con las cuales ahora haces alardes y ostentaciones.

Te pregunto: ¿por qué el maltrato injusto e inmerecido que le das a mi maestro?

Aunque jamás hayas tenido la mínima preocupación por estudiar y formarte, tu ruindad de espíritu y las nulas ganas de superarte no se las puedes atribuir o endosar a mi maestro; por cuanto, siempre hemos visto al educador – a pesar de los oscuros nubarrones - como ductor de generaciones; por encima de constreñimientos en su vida personal y vicisitudes asfixiantes, que se le tornan a veces difíciles de resolver; todavía así, encara el mal tiempo y extiende su amorosidad en el proceso inacabable de transmitir sus conocimientos y saber que sus lecciones son asimiladas por quienes deseamos que continúe siempre aportando sus luces para todos.

Respeta a mi maestro, que podría tal vez, en cualquier evento y momento de la vida, ser el tuyo también; porque nunca se deja de aprender; y fíjate que aflora una inmensa diferenciación; un abismo que separa al estudiante del estudioso. No es lo mismo; y todas tus demostraciones públicas han reflejado - tristemente - que si alguna vez te matriculaste y te llevaron a alguna escuela tu comportamiento y disciplina debió ser mala y mediocre, y estudioso nunca lo has sido.

No necesito mencionarte; porque, así como emergiste del anonimato - y mediante un golpe de suerte te encaramaste adonde la circunstancia te colocó - del mismo modo te volverás un estropajo de la historia; y todo tú serás de ingrata recordación.

Respeta a mi maestro, quien no ha hecho otra cosa que subsistir para que sus discípulos mantengan la trayectoria indeclinable de propósitos y sueños. Esa hermosa dimensión, cercana a un apostolado, también educa. Tú no lo captas por tu cortedad de miras.
La dignidad que exige mi maestro no constituye un premio de consolación, una petición dadivosa o un obsequio prebendario; solicita recibir en justicia le sea retribuido con creces todos sus inmensos esfuerzos antes, durante y después del aula de clases.
No nos sorprende que no valores o te parezca poco; dada tu marcada e inocultable indigencia cognitiva.

Únicamente te pido que respetes a mi maestro, con quien te cruzarás –pasados los años-en cualquier lugar, y mi maestro aún tendrá la disposición en su palabra y el gesto bondadoso para decirte: ¡yo te quise educar…!

Delta del Orinoco, 19 de enero de 2023.